EL DESTINO Y SUS CASUALIDADES CAPITULO 9 Y FINAL

CAPITULO 9

-¿A cenar? – le pregunta Omer

-Si, a cenar, o ¿tienes otros planes?

-No, por supuesto que no, pero ¿sabes qué hora es?

-Pues sí, las once de la mañana.

-Y para la cena faltan muchas horas, ¿tú crees que yo me podría concentrar en el trabajo después de lo que acabas de hacerme y peor aún pensar en lo que me harás?

-¡Omer! – le dice ella horrorizada – te pueden escuchar.

-Y ¿qué si me escuchan?, mejor invítame a almorzar y después, tú sabes. – dice guiñándole un ojo – dame un segundo voy a llamar a Sinan para avisarle que me voy.

-Pero…

-Pero ¿Qué?, me hiciste esperar mucho tiempo, no creas que te voy a dar un minuto para que cambies de opinión, me voy contigo y nuestra hija, punto.

-Está bien – le responde ella

Llama a su amigo y este se sorprende por lo que él le dice.

Luego de eso Omer toma con una mano el moisés de la pequeña, que a esa altura se estaba moviendo, abre la puerta de la oficina y luego le ofrece la mano libre a Defne, esta se la acepta y salen de la oficina

En el camino se encuentran con Sinan.

-Ah! – le dice sonriendo – ahora lo entiendo.

-Me voy, no volveré hoy, así que la empresa es tu responsabilidad.

En media hora ya estaban los tres en el departamento, Defne llevó a la niña a la habitación para cambiarle los pañales, le dio la leche, para luego dejarla sentada en el coche, y que Omer cuidara de ella.

-Voy a cocinar algo para que almorcemos – dice

-No, ya me preocupé de eso, pedí comida, de hecho, ahí debe estar – dice cuando escuchó el timbre, se levantó y fue hasta la puerta, deja entrar a un camarero que traía un carrito.

-Buenas tardes señora – la saluda

-Buenas tardes – le responde ella perpleja por lo que ve

El hombre extiende sobre la mesa del comedor un mantel blanco, añade al medio un candelabro con velas, luego procede a acomodar los servicios, las copas, enciende las velas y se queda de pie al lado de la mesa.

-Señor, todo listo, pueden pasar a la mesa.

Omer se acerca a Defne, quien aún no salía de su asombro, la toma de la mano, la lleva hasta la mesa, le acomoda la silla y la ayuda a sentar.

-Pero… ¿en qué momento hiciste todo esto?

-Mientras estabas con nuestra hija.

-Eres increíble.

-Solo lo que se merece mi princesa – le dice.

La comida estaba deliciosa, pero por alguna razón, ambos solo comieron pequeñas porciones.

-Se puede retirar – le dice al camarero – muchas gracias por todo.

El hombre tomó las cosas de la mesa y las volvió a acomodar en el carrito y se dirigió hasta la salida, Omer le dio una propina, luego cierra la puerta y se dirige a Defne.

-Del postre me encargo yo.

-De eso no me cabe ninguna duda – le dice ella – pero primero debo acomodar a Laurie en su cuna, ¿me esperas?

-Te diría por siempre, pero la verdad, es que te he extrañado tanto que ya no quiero esperar más.

Una vez dentro del dormitorio, Defne dejó a la pequeña en su cuna, se gira y Omer la mira a la cara, la tomó por las mejillas y le dio un beso lento y profundo, hasta que ella respondió y se apoyó en él, aferrándose a su cuello para mantener el equilibrio, luego la levantó en vilo para llevarla a la cama.

Defne se acostó y observó cómo Omer se quitaba la ropa, y como siempre le sucedía, se le cortó la respiración al verlo, era tan masculino y extremadamente sexi, cuando él se acostó a su lado, se acercó a su calor y entreabrió los labios para que la besara. Sonrió al notar que sus labios la besaban con más pasión de la habitual. La había extrañado, y le encantaba esa idea.

Omer le quitó el vestido que traía, dejándola solamente con la braguita que traía puesta.

Ella apartó las ropas de la cama y se metió debajo

Él no intentó detenerla, pero la miró fijamente y suspiró.

-Por favor, deja que te vea…

Ella hizo lo que él le pedía, apartó las ropas de cama dejando su cuerpo expuesto, y él fijó su atención en la perfección de aquellos pequeños y blancos pechos.

-Eres preciosa, no sabes cuanto anhelaba verte así.

Omer trazó el círculo de su pezón rosado con el dedo índice y ella cerró los ojos y tembló, presa del deseo y del calor que sentía entre las piernas.

Cuando él rodeó uno de sus pechos con la mano, gimió, la acarició con cuidado, como si sus pechos fueran algo muy delicado.

Omer la observaba, él estaba tan excitado como un adolescente que estuviese disfrutando del cuerpo de una mujer por primera vez. Inclinó la cabeza y recorrió su piel suave y sedosa con la boca, entreteniéndose en los pezones con la precisión de un entendido.

Ella abrió la boca para respirar, era evidente que le gustaba lo que él le estaba haciendo, tenía el corazón acelerado y pronto fue imposible evitar que sus caderas se movieran, era consciente de todo su cuerpo, y del calor y la humedad que tenía entre los muslos, se arqueó contra él, con el deseo insoportable de sentir más y dejó escapar varios gritos sin querer.

Cuando su esposo puso la mano en la parte más sensible de su cuerpo, se quedó quieta, pero, él continuó, la acarició a través de la barrera de la braguita y ella se sacudió sorprendida antes de empezar a retorcerse de placer.

Él levantó la cabeza para mirarla y le dijo con toda sinceridad qué era lo siguiente que quería hacerle, le quitó la braguita con mucha delicadeza.

—Cierra los ojos, relájate y disfruta —le dijo, separándole los muslos.

Defne estaba temblando como un flan, él bajó hasta su ombligo y hundió la lengua.

Omer le puso la mano en las nalgas y la observó, abierta y desnuda ante él, y su cuerpo excitado temblando de deseo.

Ella notó que tenía los pezones erguidos, pero la humedad y el calor que había entre sus piernas era un tormento.

Omer la acarició con cuidado, jugó, la apretó y probó con la lengua la parte más íntima de su cuerpo, hasta que ella se sintió consumida de placer.

Se oyó gemir y gritar, no pudo evitarlo, había perdido el control, había perdido la cabeza y se estaba dejando llevar por un ansia cada vez mayor, y alcanzó el clímax, gritó con fuerza.

Después de varias olas de húmedo placer, se quedó tumbada, sin fuerzas, en la cama. Impresionada por lo que le acababa de ocurrir.

—Oh, por Dios, como te extrañaba —susurró, medio mareada.

Él se recostó a su lado, la abrazó y ella notó su erección.

-Vaya… Creo que he sido muy egoísta —murmuró.

-No, para nada, he disfrutado verte temblar de deseo – fue su respuesta.

–No te muevas, – le dice -quédate como estás. Hazlo por mí.

Omer tragó saliva, pero obedeció, ella le acarició el cabello y le dio un beso en la comisura de los labios.

Luego, le pasó la lengua lentamente por los labios y se dispuso a asaltar su boca, pero él le succionó el labio inferior, arrancándole un gemido con un beso exigente y hambriento que le hizo ponerse de puntillas e inclinar la cabeza para que la tomara con más facilidad.

–Princesa –dijo él.

Y Defne aprovechó para apartarse, poniendo fin al beso y comenzó a descender por su pecho, rozando los pezones de Omer con la punta de su lengua

–Quiero darte el mismo placer que me has dado

Omer se puso duro como una roca, mientras Defne seguía su recorrido, llegando a su cintura, donde con sus dientes, le bajo los bóxeres sin dejar de mirarlo a los ojos.

El sexo de Omer se puso aún más duro, y ella se sintió increíblemente poderosa.

–Quiero hacer realidad tus fantasías, todas tus fantasías–dijo

Entonces se acomodó entre sus piernas tomó su sexo y lo comenzó a acariciar con movimientos lentos y suaves, casi cautos. Omer bajó la mirada, y esperó, entonces ella abrió la boca y lo rodeó con los labios.

Los latidos de su corazón se aceleraron al instante, azuzados por la cálida humedad de su boca, y el contacto de su lengua. Llevaba demasiado tiempo esperando este momento, y fue como entrar de lleno en el paraíso.

Rendido a ella, se empezó a mover hacia delante y hacia atrás, mientras ella succionaba una y otra vez, con una mano cerrada sobre la base de su sexo.

Al cabo de unos momentos, Defne alzó la vista y preguntó con malicia en los ojos.

–¿Te gusta?

Más excitado que en toda su vida, hundió las manos en su cabello y guio su boca, enseñándole cuánta presión quería, dónde la quería, cómo usar la lengua y qué ritmo llevar, pero, cuando ya estaba a punto de llevarlo al orgasmo, cerró las manos sobre sus muñecas, la llevó a su lado en la cama.

–Te necesito, – le dice – No sabes cuánto te necesito.

Omer se acomodó entre sus piernas y la penetró poco a poco, para que sintiera hasta el último centímetro de su sexo, ella soltó un gemido tan largo y suave que estuvo a punto de hacerle perder el control.

–¿Te he hecho daño?

Ella se arqueó hacia arriba, hasta casi tocar su pecho con los pezones.

–No. Es que había olvidado lo que se siente cuando estás dentro de mí – respondió con sensualidad–. Es como…  si te pudiera sentir en todas partes.

Ella le puso una mano en su corazón, que latía con fuerza.

–Tú, estás aquí, –siguió hablando– estoy perdidamente enamorada de ti.

-Te amo tanto – fue su respuesta, -que creo que me volví loco.

Luego, soltó un suspiro, la penetró con tanta delicadeza como le fue posible y se empezó a mover.

Poco a poco, perdieron el control de sus sensaciones, empujados hacia las alturas del orgasmo, encantados ante la perspectiva de volar juntos nuevamente.

Y entonces, Omer soltó un grito ahogado y se vació en ella, con la espalda empapada de sudor.

Luego quedaron ambos uno al lado del otro, en la habitación no se oía nada, salvo el sonido de sus agitadas respiraciones.

Omer tomó a su esposa y la acomodó en sus brazos.

-Por favor, nunca más te alejes de mi lado, no puedo vivir sin ti, y no es solo una frase, es la verdad.

-Lo prometo – le dice – ¿Omer?

-Dime, princesa.

-Talvez no es lo que quieres escuchar ahora, pero ¿puedo dormir?

-Vaya, ¿te deje agotada?

Ella le da un pequeño golpe en su pecho.

-No es por eso, es solo que…

-No podías dormir en esta habitación donde hicimos el amor tantas veces.

-¿Cómo lo supiste

-Porque a mí me sucedía lo mismo, por eso me fui a vivir a otro lugar.

-Lo siento

-No mi amor, ahora ya no importa, estamos juntos y eso es lo que importa, ahora duerme.

-Y ¿tú?

-Yo te observaré y me diré lo afortunado que soy de tenerte a mi lado y que juntos hayamos formado una hermosa familia con la pequeña Laurie.

-Te amo – fue lo último que dijo Defne antes de dormirse.

Omer, miró a su mujer hasta que también se durmió abrazado a ella.

Aun con los ojos cerrados buscó el cuerpo de su esposa, pero como no pudo sentirlo, abrió los ojos y se sentó de prisa, mira el lado de la cama que ella debería estar usando y estaba vacío, se tapó la cara y dijo.

-Maldición!, era solo un sueño.

Recorrió la habitación con los ojos y se encontró con la cuna de la pequeña y el alma le volvió al cuerpo, se levantó así desnudo y salió de la habitación, escuchó a Defne conversarle a su hija.

-Despertaste – le dice ella con una hermosa sonrisa.

-¿Qué están haciendo?

-Laurie tenía hambre y como estabas durmiendo, vinimos hasta acá a tomar la leche, ¿estas bien?

-Sí, ahora ya lo estoy, por un momento creí que todo había sido un sueño…

-Señor Omer Iplikci, me va decir que tenía sueños eróticos conmigo.

-Cada noche – responde él

-Entonces, tendremos que hacerlos realidad

-Defne, no juegues con fuego.

-Y ¿Cuál es el problema, nos quemamos?

-Necesito una semana a solas contigo, me debes la luna de miel.

-¿Quieres que viajemos?

-Sí, por supuesto.

-Pero y ¿Laurie? – pregunta ella expectante.

-Ella viene con nosotros por supuesto, está muy pequeña para dejarla con alguien, contratamos una niñera y que viaje con nosotros

– Me parece perfecto.

-Pero, Defne, en las noches te quiero toda para mí.

Ella le sonrió, lo besa y le dice.

-Ya soy toda tuya…

Dos semanas después, se encontraban en las Maldivas, disfrutando, del sol durante el día y de su amor por las noches, así lo hicieron por dos semanas, que fue el tiempo que duró su luna de miel.

Aun cuando estuvieron casi nueve meses separados, al cumplir el año de casados, Omer organizó una celebración en su nueva casa.

Casa donde vivía ya con Defne y Laurie, los invitados fueron muy pocos, solo los más cercanos, entre ellos Sinan y la abuela de Defne.

Cuando estaban sentados a la mesa y antes de cenar, Omer pide la palabra.

-Debo decir con certeza que nunca he sido tan feliz como en estos últimos meses, tengo a mi lado a la mujer que amo, y junto con Laurie,  formamos una hermosa familia, puedo decir que mi vida esta completa, hoy cumplimos un año desde que nos prometimos amarnos hasta que la muerte nos separe y pretendo cumplir esa promesa – luego se gira hacia su esposa y le dice – toda mi felicidad te la debo a ti, porque luchaste por Laurie como si ella de verdad fuera tu hija, es que hoy somos una familia, sé que en tu corazón la sientes tu hija, aunque legalmente no sea así.

Omer le ofrece su mano, ella la toma y se queda de pie al lado de él.

-Por lo menos, así era, hasta hoy – Sinan le alcanza una carpeta y él se la pasa a Defne, ella la abre y lee su contenido, con ojos llenos de lágrimas pregunta.

-Y ¿esto que significa?

-Esos, mi amor, son los papeles de adopción de Laurie, si los firmas te convertirás en su madre legalmente, sé que tu amor por ella no cambiará por este papel, pero eso te dará la seguridad de que nadie pueda arrebatarla de tu lado.

-Yo… no sé qué decir.

-Solo debes decir, sí, los firmaré – le dice él bromeando

-Por supuesto que los firmaré, ella es mi hija.

Desde ese día, Laurie fue legalmente hija de ambos, luego en la noche mientras estaban en la cama, Omer le contó que su amigo Sinan fue el encargado de todo, él ubicó a la madre de la pequeña y esta accedió a cederte la custodia, lo demás fue solo papeleo, de los que se encargaron los abogados.

– ¿Eres feliz? – le pregunta Omer, al terminar de explicarle todo.

-Soy inmensamente feliz, y ¿tú?

-Siempre que te tenga a mi lado seré feliz.

Y así terminó su primer aniversario, el primero de muchos, los que celebraron junto a la familia, familia que fue creciendo, Laurier necesitaba hermanos, eso dijo Omer, así que ellos le dieron dos, un varón y una niña.

Así continuó la historia de amor de Omer y Defne, historia que comenzó con una noche de pasión, que se convirtió en un amor eterno…

FIN.

3 comentarios sobre “EL DESTINO Y SUS CASUALIDADES CAPITULO 9 Y FINAL

  1. Querida Marta D. Acabo de terminar de leer por segunda o tercera vez todos los 9 capítulos seguidos como a mi me gusta. Muchas gracias por hacerme pasar un buen rato. Me encantan tus relatos. Espero poder seguir tus novelas y disfrutarlas como he cho con la actual aunque ya me he leído también varias. Un abrazo y que sigas disfrutando escribiendo como yo leyéndolas.

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  2. Apreciada amiga Marta D, hace muy poquitos dias que sigo tus historias de omer y defne, y escribes tan bonito, que ya me e convertido en adicta a ellas,y valoro el gran esfuerzo que haces para regalar desinteresadamente ilusion y entretenimiento, Muchas gracias por tu generosidad, y felicidades por el gran trabajo que haces.

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