
CAPITULO 12
Tal parecía que su cuerpo cobraba vida, y actuaba por propia voluntad, arqueándose contra él. Lo rodeó por el cuello, mientras Omer la estrechaba contra él. Sus cuerpos estaban tan ardientes como sus bocas.
Omer agitó las caderas, como si fuera incapaz de contener el deseo de hundirse en ella. Y ella, jadeó excitada, porque ente sus piernas sintió su erección. Llevada por la excitación, su boca y sus manos estaban por todas partes, era un asalto sensual a sus sentidos, las suaves caricias se mezclaban con toques más firmes. De pronto, él se deslizó hacia abajo serpenteando por el cuerpo de ella, hasta que pudo tomar uno de sus pezones con la boca. Luego, lo acarició con la punta de la lengua.
Defne dejó escapar un grito, llevada por el efecto de aquel simple roce. El placer invadía cada centímetro de su cuerpo, estremeciéndose con violencia, por lo que terminó clavándole las uñas en la piel morena, y sudorosa de él.
No satisfecho con la intensidad de su reacción, Omer volvió a tomar su pezón con la boca, y lo succionó con fuerza.
Ella sintió que la visión se le nublaba. Respiró hondo, pero se sentía incapaz de llenar de aire sus pulmones. Aquello era el paraíso. Ni siquiera encontraba las palabras para describir aquella increíble sensación que le provocaba su boca lamiéndole los senos.
Entonces, él deslizó una mano entre ellos, por su ombligo, y más abajo. Contuvo la respiración mientras sus dedos acariciaban sus pliegues hasta dar con el centro de su placer. Sabía mejor que ella cómo satisfacerla, dónde y cómo tocarla. Cada caricia la elevaba a nuevas alturas. Entonces, Omer cerró los ojos, y empujó con sus caderas, hundiéndose en ella centímetro a centímetro. En un momento dado se detuvo, y ella se agitó, protestando.
–Shhh –murmuró, y la besó en la comisura de los labios–. Dame un momento. No quiero hacerte daño. Es mejor acabar con ello cuanto antes.
Defne asintió, mientras él se separaba para volver a hundirse de nuevo.
Abrió los ojos como platos, y un grito ahogado escapó de su garganta. Podía sentirlo en su interior. Lo tenía sujeto. No podía distinguir si la sensación ardiente de su interior era de placer, o de dolor. Quería más, necesitaba más.
Gimió suavemente, y se agitó. Quería algo que no sabía describir.
–Despacio. – dijo él.
La besó, acariciando su lengua con la suya, y el beso se volvió más apasionado. Levantó su cuerpo separándolo del de ella, y arqueó las caderas antes de embestirla de nuevo.
Luego volvió a bajar, apoyándose en los codos, sin apartar la mirada de la suya.
–¿Estás bien?
–Muy bien –contestó ella sonriendo.
–Eres preciosa, perfecta… Toda mía.
El tono posesivo en su voz la hizo estremecer, y otra sacudida de placer recorrió su cuerpo.
–Sí, toda tuya –susurró.
Su voz tembló. Apenas podía pensar, mucho menos hablar. Tenía el cuerpo rígido. Sus sentidos estaban alterados y estaba a punto de dejarse llevar. Un solo roce, una caricia más y…
Él la abrazó, y volvió a hundirse en ella. La obligó a separar los muslos un poco más, y se hundió más profundamente. Defne perdió el control, era la sensación más bonita, y espectacular que podía haber imaginado.
Estaba perdida en el fiero ritmo del deseo, moviéndose con él, cada vez más rápido, hasta que llegó el poderoso final. Omer intentó alargar el placer de ella con cada embestida, pero al cabo de un instante, estalló también, dejándose caer sobre ella, casi sin respiración.
Cuando volvió a recobrar la cordura, estaba rodeada por los brazos de Omer, que la besaba suavemente en el cuello. Estaba encima de él. Tenía el pelo hacia un lado mientras él acariciaba la curva del hombro.
Defne levantó la cabeza para mirarlo, sintiéndose algo aturdida.
–¿Cómo llegue aquí?
Él sonrió y deslizó las manos por su cuerpo desnudo, hasta detenerse en su trasero.
–Yo te puse ahí. Me gusta tenerte encima. Creo que podría acostumbrarme.
–Oh
–¿Te has quedado sin palabras? ¿Tú? – le preguntó divertido.
Ella no respondió, las palabras sobraban en ese momento, solo disfrutó de las caricias en su espalda.
–¿Te he hecho daño?
Ella sonrió al percibir preocupación en su tono de voz.
–No, ha sido perfecto, tan perfecto que no encuentro palabras para describirlo.
Las suaves caricias de Omer la relajaron tanto, que, sin darse cuenta, se durmió pegada, milímetro a milímetro a su cuerpo desnudo.
Tiempo después…
-¿Estás bien? – murmuró Omer encendiendo la lámpara de noche.
Defne estaba sentada en el borde de la cama, una mano en su espalda baja, la otra en su vientre abultado.
-Creo… creo que es hora. – susurró.
Omer se incorporó de inmediato, completamente despierto.
Al verlo moverse por la habitación, volvió a recordar el momento en el que, con incredulidad, vio el informe de la ecografía que anunciaba que esperaba un hijo, y no solo eso, tenía ya cinco meses de embarazo. Ahí entendió los cambios que había estado sufriendo en su cuerpo. Cambios que ella asumió como consecuencia del estrés por el trabajo.
Después de que ella resultara ganadora de la competencia, la empresa Cherry recibió muchos nuevos clientes, lo que significó que ella, como la diseñadora principal, debiera trabajar más de lo normal, no solo dibujando, sino que también instruyendo a los nuevos diseñadores que por necesidad debieron contratar.
Pensó en innumerables maneras de contarle a Omer que iba a ser padre, y en cada una de ellas, no lograba ver la reacción que tendría ante tamaña noticia. Nerviosa, y al mismo tiempo, aún sorprendida, aquella noche esperó a terminar de cenar, y simplemente puso sobre la mesa el informe de la ecografía, donde venía adjunto la foto de su hijo, o hija. Cuando la doctora le preguntó si quería conocer el sexo de su bebé, su respuesta fue decir que no. Eso era algo que definitivamente debía compartir con Omer.
Sin entender lo que estaba sucediendo, lo vio tomar el informe, luego la miró a ella, volvió la mirada al informe, luego de vuelta a ella. Y sin decir nada, se levantó, se acercó, la ayudó a ponerse de pie, y con ternura, extendió una mano apoyándola en su vientre, en lo que ella asumió como un gesto protector.
-Espero que sea niña, y que se parezca a ti. – y eso fue todo.
Durante los siguientes meses, se leyó todos los libros sobre el parto. Había tomado clases prenatales con ella, había empacado y reempacado la maleta del hospital múltiples veces.
-¿Cuánto tiempo llevas sintiendo contracciones? – le preguntó, devolviéndola al presente.
-Desde medianoche. – admitió. – no quería despertarte hasta estar segura.
Una vez que él se vistió, la ayudó a hacer lo mismo, tomó el bolso, y con cuidado la llevó hasta el auto.
El viaje al hospital fue una mezcla de pánico controlado y emoción pura.
Cuando llegaron al hospital, Defne tenía contracciones cada tres minutos. Todo se volvió un borrón de actividad. Enfermeras, doctores, formularios, habitaciones, máquinas que pitaban. Pero a través de todo el caos, Omer nunca soltó la mano de Defne. Durante las siguientes 8 horas vivió cada contracción con ella. Respiró a través de cada momento de dolor. La animó cuando estaba exhausta, y se convirtió en su ancla en el mar de la intensidad que es el trabajo de parto.
-Puedo ver la cabeza. -gritó el doctor. – En la próxima contracción necesito que puje con todo lo que tiene.
Omer miró hacia donde el doctor estaba señalando, y vio algo que lo cambió para siempre. La cabecita de su hijo cubierta de cabello oscuro, abriéndose paso hacia el mundo.
-Oh, Dios mío. -susurró. -puedo verlo. Puedo ver a nuestro bebé
Con una contracción final, el bebé salió completamente al mundo.
-Es un niño. – el doctor anunció.
Inmediatamente la sala se llenó con el sonido más hermoso que Omer había escuchado en su vida, el llanto fuerte y saludable de su hijo.
-Papá, ¿quiere cortar el cordón? -preguntó la enfermera extendiendo unas tijeras hacia él.
Por un momento, se quedó paralizado. Papá, lo estaban llamando papá.
-Ve. – susurró Defne con una sonrisa. – Corta el cordón de tu hijo.
Con manos temblorosas, Omer cortó el cordón umbilical, oficialmente separando a su hijo del cuerpo de su madre y convirtiéndolo en una persona independiente.
Cuando le pusieron a su hijo en los brazos por primera vez, pensó que su corazón simplemente se iba a detener. El niño era perfecto, deditos minúsculos que se tomaron inmediatamente a su dedo, ojos que se abrieron por un momento para mirarlo directamente, y una cara que era una mezcla perfecta de él, y Defne.
-Hola, pequeño. – murmuró su voz quebrada por la emoción. -Soy tu papá. Te he estado esperando toda mi vida.
Exhausta pero radiante, Defne extendió sus brazos.
-Déjame verlo.
Omer colocó cuidadosamente al bebé en los brazos de su madre, y la imagen de los dos juntos fue algo que sabía que recordaría por el resto de su vida. Ahora mismo no importaba el no haber recuperado sus recuerdos, porque como ese momento, había creado nuevos recuerdos con la mujer que amó desde que la vio por primera vez.
-Es perfecto. – la escuchó susurrar, examinando cada detalle de la carita de su hijo.
-Te amo. – le dijo a Defne inclinándose para besarla suavemente. -A los dos, más de lo que creí que era posible amar a alguien.
-Te amamos también. – respondió ella. – ¿Verdad, pequeño? Amamos a papá.
En ese momento, como si hubiera entendido que estaban hablando de él, el bebé abrió los ojos y miró directamente a Omer. Y en esos ojos oscuros, e inocentes, vio su futuro completo, y eso fue suficiente para entender, nuevamente, que había tomado la decisión correcta al dejar de lado su orgullo, y elegir el amor.
FIN

como siempre expetacular, muchas gracias por compartir tus historias
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