DEL ODIO AL AMOR UN CAMINO A LA SEDUCCIÓN CAPITULO 15

CAPITULO 15

Yiliz se sentía que estaba en una nube de felicidad, escuchar el latido del corazón de su hijo, y verlo en la pantalla del ecógrafo, fue la experiencia más maravillosa de su vida, pero sabía que ese sentimiento, estaba íntimamente relacionado con el hecho de que, Arik estuviera a su lado, y se mostrara tan emocionado como ella al conocer a su hijo.

-Vamos a comer – escucha que le dice él, al salir de la clínica – tenemos que celebrar que nuestro hijo se encuentra perfectamente bien dentro de ti – luego le toca el vientre.

-Arik – le responde ella – también me gustaría celebrar, pero creo que ahora mismo lo que debes hacer, es ir al departamento y descansar, mejor aún, dormir un par de horas.

-Después de ver a mi hijo, mi energía se renovó.

-Eso dices tú, pero tu cara dice todo lo contrario, ve a descansar, yo volveré al trabajo.

-Lo haré – dice él – pero si me prometes que esta noche celebraremos con una cena en mi departamento.

-Eso no tengo que prometértelo, sabes bien que no me perdería una cena hecha por la señora Cera.

-Me hubiese gustado que dijeras otra cosa, pero por ahora me conformo con eso, te dejo en la oficina, y me voy al departamento a dormir.

-Y esta noche me cuentas, porqué tuviste que ir al rancho, y también porqué estás tan cansado.

Luego de aquello, Arik la llevó hasta su trabajo, la dejó ahí, y él se fue a su departamento.

A las seis en punto, vio al chofer que la había estado trasladando, entrar a su oficina.

-Señora, el señor Arik me envío a buscarla – le anuncia.

-Está bien, solo deme unos minutos.

Durante toda la tarde, creyó que quien vendría por ella, sería el propio Arik, por lo que, al ver al chofer, se sintió un poco desilusionada, luego, para animarse, se dijo que era mejor así, Arik debía descansar, las ojeras que le vio en la tarde, hablaban de lo cansado que debía estar.

-¿Te vas? – le preguntó su asistente al verla recoger el bolso.

-Si. – respondió ella.

-Claro – la asistente la mira y sonríe – si llegó Arik, es lógico que quieras irte temprano.

-No digas eso, siempre me voy a esta hora.

-Si tú lo dices.

-¿Tienes alguna queja por quedarte a cargo de la empresa cuando yo no estoy?

-Para nada, sabes que es un trabajo que disfruto al máximo.

– Que bueno, porque de una vez te aclaro, durante todo el tiempo que esté cuidando de mi hijo, te quedarás ocupando mi lugar en la empresa, con el salario que corresponde a tu nuevo cargo.

-¿Me estás hablando en serio? – dice la mujer asombrada.

-Por supuesto, no hay nadie en quien confíe más que en ti, sé que cuidarás de esta empresa como si fuera tuya.

-Jefa, me siento honrada por la confianza que me está brindando.

-Ahora debes buscarte una asistente, que sea tan eficiente como lo eres tú.

-Así lo haré.

-Ahora si me voy, porque me está esperando una cena deliciosa en casa.

-En casa, que lindo se escuchó eso.

-¿Cierto? – dice ella riendo – nos vemos mañana.

Dicho aquello, salió del lugar.

Quince minutos más tarde, ya estaba llegando al edificio, sorprendiéndose, al ver a Arik fuera de él, esperándola.

-Bienvenida-le dice dándole un beso en los labios.

-Vaya, gracias.

-Apresurémonos, la cena está en el horno, y no quiero que se queme.

-Te das cuenta que estoy embarazada de 6 meses y no es bueno que corra.

-Puedo llevarte en brazos, si quieres.

-No, ya no, estoy muy pesada.

-Te juro que puedo llevarte a ti y a mi hijo.

-Tu hijo y yo, queremos caminar.

-Cobarde – le dice él, tomándola de la mano y yendo al interior del edificio.

Al entrar al departamento, ella vio la mesa del comedor hermosamente adornada.

-La señora Cera, nos dejó la cena preparada, pero ella se tuvo que ir a cuidar a su nieto, te dejó muchos buenos deseos.

-Ósea que estamos solos.

-¿Te da miedo estar a solas conmigo?

-No, por supuesto que no.

-Qué bueno, dame solo un minuto, iré a apagar el horno, o la carne se quemará.

Arik tardó solo un minuto y ya estuvo de vuelta con ella.

-¿Yiliz?, ¿me extrañaste? – le pregunta solemne, sorprendiéndola.

Se miraron un momento, y ella entendió, que este era un momento crucial en su relación, que la respuesta que le diera, significaba mucho para él, y podría cambiar sus propios planes.

-Si, -le dice ella finalmente

Arik le sonrió, y luego él tiró de ella para estrecharla en sus brazos, con cuidado de no hacerle daño. La besó, mordiéndole suavemente la comisura de los labios, la besó en las mejillas, en el cuello, nuevamente en la boca expectante.

Yiliz se olvidó de todo, de la cena, del cansancio, de todo. Perdió la noción del tiempo y del espacio, sólo sentía el calor de sus labios, el maravilloso calor que se expandía por su cuerpo con sus caricias.

Ella lo besó apasionadamente, pero aquello no le alcanzaba. Él volvió a besarle las mejillas, el cuello, la boca. La estaba volviendo loca, pero ella disfrutó de aquel delicioso tormento.

 Quería que aquel momento durase toda la vida. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que estuvo ahí, en sus brazos, y ahora lo tenía allí mismo, para ella.

Arik levantó la cabeza y la miró, tenía la respiración agitada y el brillo del deseo en sus ojos.

-Me vuelves loco, eres una tentación hasta para un santo, y como sabes bien, yo no soy un santo.

Después, comenzó a desabrocharse la camisa.

-¿Qué estás haciendo? -preguntó ella.

-Me estoy quitando la ropa, después, te quitaré la tuya.

Ella dio un paso hacia atrás.

-¿Y la cena? -dijo con la voz ronca – ¿acaso no tienes hambre?

-Si, y mucha -dijo él tirando la camisa al suelo y siguiendo con los pantalones- pero mi apetito no lo saciará la comida que preparó la señora Cera.

Él dejó escapar un suspiro, y con dulzura añadió

– Sin ti me estoy muriendo, te necesito para revivir, y para vivir.

La tomó en sus brazos y el calor de su cuerpo desnudo le atravesó su ropa.

-Por favor, no luches, estoy tan cansado de estar sin ti… Después, la besó.

Sus labios eran la seducción misma, moviéndose cálida y persuasivamente sobre los de ella, apremiándola a que lo aceptara. Mientras, con las manos desabrochó su blusa, se la deslizó por los hombros, su brasier siguió el mismo camino.

Ella cerró los ojos, rendida, permitiéndole el acceso a la dulce humedad de su boca, ya no podía negar que anhelaba aquello, tanto como él.

Entonces, él, la tomó en brazos, y la llevó a la habitación, la depositó en la cama, y con sus dedos largos comenzó a redescubrirla.

Cuando volvió a besarla, ella respondió ardientemente. Apretó sus pezones duros contra el pecho de él, y lo buscó con las manos. A cambio, ella sintió las caricias de Arik entre sus muslos, y se oyó gemir de placer.

Luego de deshacerse del resto de la ropa, tanto de ella como la de él, Arik se recostó, y la levantó para dejarla a horcajadas encima de él.

-Tómame, leí que para una embarazada es la mejor posición para hacer el amor.

-¿Leíste? – dice ella entre excitada y  divertida

Pero despacio, ella lo poseyó. Su cuerpo se cerró en torno a él como los pétalos de una flor. Él permaneció quieto observándola, conteniendo el aliento mientras con sus manos recorría todo su cuerpo. Deteniéndose para jugar con sus pechos, y darle especial cuidado a sus pezones, lo que enviaba cargas eléctricas de placer a la parte más erótica de su cuerpo,

Ella empezó a moverse despacio, saboreando cada sensación, después, aumentó el ritmo y sintió que la respiración de él se agitaba. Ella lo controlaba. Como la luna al océano. Utilizando su cuerpo como un instrumento de placer. Después, antes de que pudiera imaginárselo, perdió todo el control y sus cuerpos unidos se movieron de manera frenética buscando la consumación.

Lo oyó susurrar su nombre y ella le respondió en silencio mientras juntos alcanzaban el clímax. Después, al rato, lentamente, centímetro a centímetro, se soltó de él y se recostó a su lado en la cama.

Yiliz se tranquilizó por fin. Se sentía agotada. Él le besó los párpados.

-Te amo.

Ella abrió los ojos para mirarlo.

–¿Es cierto?

–¿Que te amo? Claro que sí. Te has convertido en la mujer más importante de mi vida. Dios Santo, te quiero tanto – le dice abrazándola.

Los fuertes brazos de Arik la rodeaban, y ella lo miró a los ojos, vio en ellos un profundo amor, el amor que ella correspondía plenamente. Levantó una mano para tocarle el rostro.

-¿Cómo puede ser esto? ¿Cómo puede ser posible tanta felicidad? – le dijo ella.

 -Yo sólo sé, que no me la merezco -respondió él con una tierna sonrisa – pero te prometo que me pasaré la vida haciéndote feliz.

CONTINUARÁ.

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