DEL AMOR AL ODIO, UN CAMINO A LA SEDUCCIÓN

CAPITULO 8

El sonido era persistente y molesto, Yiliz lo escuchaba cada vez más cerca, pero ella se negaba a salir del lugar donde estaba, sabía que estaba durmiendo, y lo hacía plácidamente, por lo que no quería despertar, pero fue inevitable.

-Ya callen esa cosa – murmuró sin abrir los ojos.

-Listo – escucha decir a su espalda, luego una mano masculina la abraza por la cintura y la acerca a su cuerpo.

Ella se quedó muy quieta.

-Buenos días – le dice Arik mientras le besaba el cuello – sé muy bien que estás despierta.

-Me niego a abrir los ojos – responde ella, se gira y se acomoda entre los brazos de su marido – déjame seguir durmiendo.

-Yo tampoco quiero levantarme, pero el deber me llama.

-A ti, porque yo no tengo más que la video llamada en la tarde.

Luego comienza a pasar la lengua por el pecho de Arik.

-Yiliz, si sigues haciendo eso, ninguno de los dos saldrá de la cama.

-Y ¿Qué tiene de malo eso? –  le pregunta, mientras con el pulgar comenzó a dibujar pequeños círculos, con la idea de excitar a Arik. Cuando la mano de ella llegó a su sexo, y comenzó a acariciarlo, la excitación se convirtió en deseo.

-Yiliz – dijo con voz entrecortada.

Pero ella no detuvo su mano, y con la otra, llegó a sus nalgas y la apretó con fuerza.

Arik le apartó el cabello de la cara.

-Eres una picara.

-Pero, si no estoy haciendo nada.

-Claro que no, solo estás jugando con fuego.

Luego Yiliz, le puso la mano en el hombro y la deslizó por el brazo, maravillándose de la fuerza y definición de los músculos. Puso la otra sobre la mano de él, que estaba en su mejilla, y le encantó sentir en su rostro la textura de su piel, su ancha palma y sus fuertes dedos. Giró la cabeza, le besó la palma y se la lamió.

 Él gimió y comenzó a besarle el cuello, deslizando sus labios por él hasta llegar al hombro. Ella echó la cabeza hacia atrás, aferrándose a su mano.

Él alzó la cabeza para mirarla a los ojos, la besó en la boca, y la pasión se apoderó de ambos, Yiliz le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo hacia sí.

Mientras él la besaba larga, y apasionadamente, a ella se le endurecieron los pezones con sus besos, y apretó su piel contra la de él.

Arik la abrazó con fuerza y rodó sobre sí, de modo que ella quedó encima, con el cabello cayéndole como una cortina en torno al rostro masculino, volvió a besarla en la boca. Ella, desnuda, se sentó a horcajadas sobre él.

–Eres increíble –susurró él al tiempo que le besaba los senos.

Ella tomó entre sus manos su erección, y la acomodó en la entrada a su cuerpo, mientras, él deslizaba las manos hacia arriba de sus muslos.

-¿Así está bien? –preguntó ella.

–Como sea –gimió él tomándola por las caderas y penetrándola.

Llena de energía, ella se balanceó sin parar contra su cuerpo.

–Es maravilloso –murmuró él– eres maravillosa.

Ella se inclinó para besarlo y sus lenguas se enredaron.

Él le acarició todo el cuerpo hallando lugares secretos que la hicieron retorcerse de placer.

Por fin, él rodó con ella encima para situarla debajo. La embistió con fuerza, cada vez más deprisa. El mundo desapareció. Todo dejó de existir salvo ellos, su aliento en su oreja, el aroma de su piel, el contacto con su cuerpo mientras la conducía a una cima inimaginable.

Ella gimió al quedarse suspendida ante el abismo durante un largo instante.

–Yiliz –gritó él, vaciándose en su interior. Ella cayó al abismo en espirales de puro éxtasis.

–Arik –exclamó con voz entrecortada.

Sus brazos la tomaron con fuerza, y lentamente, la caída en picado terminó y aterrizó en las almohadas.

Sus corazones latían desbocados, ambos respiraron hondo. Ella sintió el peso caliente de su cuerpo. Era una sensación muy agradable.

–Caramba –exclamó él apartándole el cabello del rostro.

–No voy a discutírtelo.

–¿Peso mucho? –él levantó la cabeza.

–No –contestó ella mirándolo a los ojos – me gusta.

Él volvió a besarla, cada vez más larga, y apasionadamente. Le puso la mano en un seno y el pezón se le endureció.

–¿Lo hacemos de nuevo? –preguntó él con voz estrangulada.

–Sí, claro que sí.

Al final ninguno de los dos se levantó de la cama como tenían planificado.

Yiliz estaba desnuda, y la sábana solo le cubría desde la cintura hacia abajo, lo mismo que Arik. Este paseaba sus dedos por la espalda de ella, mientras la escuchaba suspirar.

-Señor Arik – dice la señora de la cocina al entrar intempestivamente a la habitación  

Lo más rápido que le fue posible, Arik cubrió la desnudez de Yiliz.

– Oh! – exclamó la mujer – lo siento, yo… solo le traía su café, como no bajó… lo siento

-Está bien, por favor déjeme el café en la mesa.

Yiliz se giró, prestando mucha atención a que la sábana cubriera su cuerpo.

-¿Le preparo un café a la señora? – le preguntó.

-No, yo bajaré luego – responde ella.

-Muy bien, la esperaré en la cocina, pero no tiene porque apurarse, cuando llegue le tendré su café calentito – le dice, mientras le guiña un ojo, y luego sale de la habitación.

-Oh por Dios, ¿te diste cuenta, me guiñó un ojo? – dice ella riéndose.

-Pasaste a formar parte de las personas apreciadas por ella.

-Pero si antes no me soportaba, era claro que nunca fui santo de su devoción.

-Las personas tienen derecho a cambiar de idea.

-Si, tienes razón, por eso mismo he decidido levantarme e ir a tomar el café que me ofreció, pero primero, me voy a bañar – y dicho aquello sale de la cama.

-¿Te acompaño?

-No, tienes que tomarte tu café – dice, luego cierra la puerta del baño.

Los siguientes días recuperaron la complicidad que habían tenido antes de la boda, esa que los hacía pasar tiempo juntos, reír mientras veían una película, y mirarse con deseo durante la cena, sabiendo bien lo que sucedería una vez que se fueran juntos a la cama.

Además de eso, Arik la invitaba cada mañana a dar una vuelta por el rancho montando a caballo.

Casi un mes después, cuando llegaron a la casa luego de su paseo por el rancho, salió a recibirlos una mujer. A Yiliz se le borró la sonrisa de la cara. Era Asli, ¿qué hacía allí?

-Buenos días, – los saludó.

-Asli, ¿Qué haces aquí? – le preguntó Arik, una vez que desmontó el caballo.

-Vine a pasar unos días con ustedes, ¿espero que no les importe?

Ignorando a Yiliz completamente, Asli fue hacia Arik sonriéndole de manera casi indecente, quiso darle un beso en los labios como la vez anterior, pero Arik giró la cara a tiempo, y el beso rosó su mejilla.

-¿Qué te parece el rancho? – preguntó girándose para mirar a Yiliz.

-Es precioso -contestó sinceramente- me gusta mucho.

-Vine a visitarlos, porque mi hermano me dijo que mi comportamiento de la otra noche fue muy descortés, así que pensé que aprovecharía esta visita para disculparme con Yiliz, y así, mientras Arik trabaja, me quedaré contigo encantada – finaliza.

Ni Arik, ni Yiliz, emitieron palabra alguna, por lo que la mujer un poco avergonzada prosiguió.

-Pero si molesto, solo díganlo y me vuelvo a mi casa.

-La verdad – comienza a decir Yiliz – no esperábamos visitas tan pronto, tomando en cuenta que somos recién casados, ¿verdad, cariño?

Arik se limitó a sonreír.

-Pero en tu caso, haremos una excepción – añade mirando a la joven – sobre todo porque Yiliz necesita una compañía femenina para entretenerse durante el día.

-Gracias cariño – exclama entusiasmada la mujer – ya verás que con Yiliz nos haremos grandes amigas.

Eso solo si los polos se deshielan, pensó la aludida.

Arik llevó los caballos al establo, y Yiliz entró a la casa, seguida por la joven.

-No creías que la guerra había terminado – le dijo la mujer.

-¿Guerra?, ¿Cuál guerra?

-La guerra por quedarse con Arik, te lo repito, observa y verás, en menos de una semana te irás de esta casa.

-Eres muy graciosa, esta noche le diré a Arik lo que acabas de decir, y seguramente nos reiremos, claro, luego de hacer el amor – le dice sonriendo.

-Disfruta tus últimos días a su lado.

-Me voy a tomar un café, no tengo tiempo para esto – dice ella, no estaba dispuesta a entrar en su juego.

Se dirigió a la cocina, la señora ya estaba esperando con la taza de café servida

-¿Qué hace esa mujer aquí? – le preguntó

Yiliz se encogió de hombros, desde la mañana en que la encontró con Arik en la cama, la mujer había cambiado su actitud con ella, la trataba casi como si fuera su hija.

-Dice que me viene a echar de la casa.

-Pero, ¿Qué se ha creído esa loca?, siempre viene a dar solo problemas, sus padres la mimaron demasiado, y cree que puede conseguir todo, entre ese todo, está el señor Arik, pero él nunca caerá en sus garras.

-Por lo que vi, no se llevan nada mal

-Si no fuera porque los padres de ambos eran muy amigos, estoy segura que el señor Arik no la soportaría.

Aquella noche estando en la cama, Yiliz recordó las palabras de la mujer, y viendo el comportamiento de la joven mientras cenaban, sumado al comportamiento de Arik, le nació una pregunta, miró a su marido a la cara y le dijo

-¿De verdad no has tenido una aventura con Asli?

-No, ¿por qué? – preguntó extrañado.

-Asli vino a sacarme de esta casa -le dijo.

-No le prestes atención, es solo una niña inmadura.

-Ten cuidado Arik, ella está detrás de ti, y me ve como un impedimento para tenerte, por eso no me quiere aquí.

-Yiliz, no será ella quien te diga cuando irte, esa decisión la debes tomar solamente tú – fue la respuesta de él.

CONTINUARÁ

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