SUEÑA

CAPITULO 1.

¿Cómo podía haberle cambiado la vida en tan poco tiempo?, se preguntaba Omer, mientras miraba el mar moverse con majestuosidad, teniendo de fondo un cielo gris, casi negro.

Todo a su alrededor daba vueltas, y estaba borroso. Sólo se escuchaba el graznido de una solitaria gaviota en el cielo, incluso aquel sonido, parecía pertenecer a otro mundo.

Él era feliz, tenía todo lo que cualquier persona pudiera anhelar. Unos padres que se amaban, y que lo amaban, una buena situación económica que les permitió vivir tranquilamente, pero todo eso se desmoronó cuando su madre fue diagnosticada con cáncer.

-Maldito cáncer – exclamó.

Y como si el clima sintiera su desesperación, la lluvia comenzó a caer sobre su cabeza.

No sabía dónde estaba, aquella mañana tomó su auto y salió sin rumbo fijo. Se detuvo en aquel lugar, para mirar el mar, había algo en él que lo relajaba, y eso era lo que más necesitaba en ese momento. Dio el ultimo vistazo al lugar, para luego volver a la ciudad, necesitaba enfrentarse a su realidad.

Cuando se giró para volver a su auto, la vio en la distancia, al principio creyó ver un fantasma, la mujer corría bajando velozmente los desgastados escalones de madera que llevaban a la playa, llevando un vestido blanco, y largo, como si fuera una novia, que el viento movía juntamente con las nubes en el cielo.

Por algún motivo sus ojos quedaron fijos en ella, y se alarmó, al observarla correr, se veía tan ensimismada, por algo que parecía afectarle, entonces todos sus instintos se pusieron en alerta, haciendo que todos los músculos de su cuerpo se tensaran, preparados para salir corriendo si la joven se dirigía hacia el mar.

Su corazón dejó de latir desde el momento en que la vio adentrarse hacia el agua, mientras su pelo, movido por el viento, flotaba alrededor de su rostro.  Entonces, había habido un instante paralizador en que, vio como las olas la habían hecho desaparecer.

Ni siquiera se dio cuenta que había echado a correr hacia el mar. Sin detenerse y mientras corría, se quitó los zapatos, además de su abrigo y polerón… Una vez que llegó al lugar donde la había visto por última vez, se detuvo, pero no la veía, pensó que la había perdido.

Escuchó un gemido de desesperación que fue silenciado bajo el pesado torrente de agua. Jadeante y sin aire, la vio luchando con las olas.

-Socorro – la escuchó decir

Dios Santo, por favor… pensó, y se echó a nadar para llegar a ella.

Trató de tomar aire con la esperanza de poder aguantar bajo el agua, sus años como salvavidas le había enseñado que debía conservar la calma, y concentrarse, las personas que entran en pánico tienen más probabilidades de cometer errores, pensó, además, puede poner tensa a la víctima. una persona desesperada era muy peligrosa, lo que puede llegar a complicar el rescate, por lo que no debía llegar directamente a ella… pero cuando levantó la vista para ver donde se encontraba, la había perdido nuevamente.

Se sumergió para mirar debajo del agua, y volvió a emerger, entonces, vio un remolino de pelo rojo y un pálido rostro. Se sumergió nuevamente en el agua, y estirando los brazos logró alcanzarla.

-Te tengo… le dijo por encima del rugido del agua sobre su cabeza.

Por un minuto temió que fuera demasiado tarde. Su cuerpo estaba flácido, pero de repente, empezó a toser sofocada. Avanzó nadando hacia la orilla, con ella acomodada sobre su pecho.

Defne estaba a punto de desvanecerse, cuando sintió cómo unas fuertes manos la tomaban por los brazos y la levantaban hasta sacarla del agua. Abrió la boca todo lo que pudo para inhalar una bocanada de aire. La ráfaga de aire en sus pulmones inundados de agua, que tanto había intentado no tragar, le provocó tos, y la cabeza le daba vueltas. La fuerza de la corriente del agua hizo que se tambaleara débilmente de nuevo, pero los fuertes brazos que la sostenían la sujetaron con más fuerza, rodeándola por la cintura y el pecho, y apretándola contra algo musculoso y cálido

-Resiste – la voz era áspera y tosca – temí no llegar a tiempo. ¿Estás bien?

Asintió con la cabeza.

-Bien… -consiguió decir finalmente.

Sus pies no tocaban el fondo del mar, por lo que rezaba para que su rescatador no la soltara, temiendo ser arrastrada de nuevo por la marea y las olas. Pero él no parecía tener la más mínima intención de soltarla.

-Casi hemos llegado… – le dice

Abriendo los ojos, pudo ver el tono dorado de su piel aceitunada. Con una ligera inclinación de cabeza, pudo ver que tenía el cabello negro.

Tenía que llevarla a la orilla y asegurarse de que no hubiera sufrido ningún daño, pensaba Omer, de modo que, apretando los dientes, empezó a avanzar más rápido.

Hasta que por fin llegaron a la orilla, manteniéndola aun entre sus brazos, la sacó del agua y se dejó caer con ella en la arena, lejos del mar, quedando ambos, mirando al cielo gris, y siendo mojados por la lluvia.

-No me dejes- dijo la mujer mientras se echaba a llorar

– No me dejes – volvió a decir.

Omer se sentó, por instinto la atrajo hacia él y la abrazó fuerte.

-No tengo intención de hacerlo – le dijo, con tal intensidad que hasta él se sorprendió.

Dejó que la joven se desahogara

-Me salvaste – dijo ella – ¿Por qué lo hiciste?

-Fue instinto creo, la verdad solo lo hice, no me detuve a pensar la razón.

-Supongo que tengo que darte las gracias.

– ¿Qué sucedió? – le preguntó, manteniéndola aun abrazada – ¿Qué te llevó a meterte al mar de esa manera y con este clima?

-Eso ya no importa- luego levanta la cara, y lo mira a los ojos – gracias por no dejarme morir

Se inclinó hacia delante para darle un breve y cálido beso en los labios. Al menos eso pensaba, y gratitud era todo lo que tenía en mente, pero cuando sus labios entraron en contacto con los suyos, él respondió de inmediato. En el espacio de tiempo entre un latido de corazón y el siguiente, aquel beso consiguió que su cuerpo, y su mente llegaran a recobrar la vida.

Él la fue acomodando sobre la arena quedando casi sobre ella, pero sin dejar de besarla.

Defne se sentía completamente desinhibida, y aquello la hacía sentirse bien. A lo mejor, tendría que estar resistiéndose, pero, ¿qué daño podían hacer unos cuantos besos?, no había ningún peligro. Además, le gustaba mucho como él la besaba, era mejor que comer chocolate, le pasó los brazos por el cuello. ¿Qué tenía aquel hombre que estar en sus brazos le resultaba tan familiar?

Omer deslizó la mano debajo del vestido de la pelirroja y le acarició la piel con la palma de la mano, sintiendo que se estremecía.

-¿Quieres que me detenga? – le preguntó

 Ella negó con la cabeza, él se quedó mirando fijamente la boca, los labios mojados, voluminosos y suaves y sintió que el control se le escapaba de las manos. Un beso más se dijo

Pero el primer beso se convirtió en el segundo y luego en el tercero, y en un abrir y cerrar de ojos, la deseaba tanto que no podía parar de tocarla.

La necesidad de acariciarla y de sentirla cerca, de sentir su piel desnuda, era tan intensa que le desabrochó el vestido mojado, alcanzó uno de sus pechos, y comenzó a acariciarlo.

La escuchó gemir, siguió besándola, mientras sus manos seguían recorriendo su cuerpo y desabrochando más botones para tener mejor acceso a su piel, todo eso mientras la lluvia caía sobre ellos.

Defne sintió que el corazón se le aceleraba, y se apretó contra el cuerpo del desconocido. Él se colocó entre sus piernas, la tomó de las caderas y se apretó contra ella, deslizando una mano entre sus muslos, sin dejar de besarla, y colocándole las piernas alrededor de la cintura.

Sabía que debía detenerlo, pero estaba tan a gusto en esos brazos que no quería parar. Ahora mismo en lo único en que podía pensar era en las maravillosas sensaciones que estaba teniendo, en los labios, en la lengua y en los dedos de su salvador. Se sentía mareada, como si le faltaba el aire, se sentía como si estuviera volando.

Sintió que los labios del hombre recorrían su cuello, su hombro, probando, mordisqueando, enviando deliciosas sensaciones a sus terminaciones nerviosas. No había manera de parar aquello. Defne sabía que estaba perdida y no le importaba.

El desconocido se concentró en sus pechos y ella pensó que debía de estar oyendo los latidos del corazón. A continuación, él la miró a los ojos y supo que sucedería.

Lo vio bajarse los pantalones, dejando su erección a la vista, se colocó sobre ella, y sin dejar de mirarla a los ojos, se introdujo en su cuerpo.

Ella sintió una punzada de dolor, él se retiró, para luego volver a entrar, y así lo hizo, una y otra vez, con suma delicadeza, hasta que estuvo por completo dentro de ella.

A continuación, la llenó un exquisito placer, él comenzó a moverse en su interior, como si siempre hubiera estado allí. Ella se entregó a la maravillosa sensación de sentirlo dentro de ella. La realidad ya no existía, sólo aquel momento de maravillosa intimidad entre ellos. Cuando se acercó el orgasmo, gritó, y él se unió a ella en el clímax, arqueándose sobre ella, con el cuerpo tenso, a final, ambos se dejaron caer sobre la arena, jadeando.

Omer mantuvo los ojos cerrados disfrutando de lo que acababa de vivir, si alguien le hubiera dicho que se olvidaría de la tristeza con la que llegó a aquel lugar, y en los brazos de la mujer a la que acababa de salvar, se sentiría pleno y vivo nuevamente, no le habría creído, pero míralo aquí, sonriendo, feliz.

-Debo irme – la escucha decir

Para cuando abrió los ojos, ella ya estaba vestida.

-¿Qué haces? . le pregunta

-Me voy – dice corriendo por la arena.

-¿Cómo te llamas? – le gritó

-Defne – le respondió gritando igual

– ¿Defne cuánto? 

-Cuando nos veamos nuevamente te digo mi apellido

– ¿Cómo te encuentro? – le gritó, mientras se acomodaba los pantalones.

-Solo el destino lo sabe – fue su respuesta.

Omer corrió para ver hacia donde iba, pero llegó tarde, porque ya había desaparecido, así que tendría que hacer lo que ella le dijo, dejar al destino que se encargara de reunirlos nuevamente.

CONTINUARA.

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