LA MUJER PERFECTA CAPITULO 13

Sin dejar de besarla, le abrió el frente del vestido.

Ella arqueó la espalda y los pezones se le endurecieron al rozar el torso de Arik. Le ardía el cuerpo mientras se movía en busca de sus caricias y se le aceleró el pulso por la excitación del momento.

Él le bajó el vestido dejando expuestos un hombro, y un pecho. Con los labios le recorrió la mandíbula y un lado del cuello antes de detenerse a mordisquearle el hombro y acariciarle el pecho con besos delicados.

-¿Así que sin brasier?, ¿eh? – dice él – ¿era parte de mi sorpresa?

Antes de poder responder, ella sintió su boca en su pecho y se le nubló la mente. Hundió los dedos en el cabello de Arik y se entregó a las atenciones que le estaba dando.

Una intensa sensación anidó entre sus piernas. Y cuando él pasó a acariciarle el otro pecho, gimió.

–Azra –dijo él con la voz entrecortada– tu sabor es único.

–¿Qué sabor tengo?

–Sabor a cielo –respondió él.

Ella le acercó la cabeza para besarlo y sintió su erección rozándola, era evidente que estaba excitado.

Cuando el beso terminó, él se puso de pie, sin dejar de mirarla se quitó la camisa, y los pantalones.

¡Por Dios!

–No necesitas tu ropa – le dice a continuación

La tomó del tobillo y tiró de ella hacia él. Después de quitarle le vestido, se detuvo y dijo con admiración:

–Braguitas rojas. Ella se sonrojó.

–Creí que a un granjero le podría gustar el color rojo.

-Desde hoy será mi color favorito – le responde

Él le acarició las piernas, las nalgas, y después le recorrió el muslo interno con los labios.

–Vamos a quitarte estas braguitas rojas.

Entonces ella sintió la boca de Arik posada en su calor, y gimió

–¿Qué quieres Azra? – le preguntó él respirando contra su boca.

–A ti. Te quiero a ti.

Arik la tocaba por todas partes, excitándola con la boca y las manos. Sin saber cómo, intercambiaron posiciones y ella terminó sentada encima de él y acariciando su miembro, él suspiró y cerró los ojos.

–Azra…

Ella lo acarició con la boca, saboreándolo, mientras él enredaba la mano en su pelo.

–Eres maravillosa –exclamó él.

Se sacudía bajo sus atenciones y cuando ella notó que estaba al límite, se incorporó, él la sorprendió tendiéndola sobre la cama con un movimiento rápido. Después de saborearla, se adentró en ella con un movimiento fluido y ambos gimieron.

Él murmuró algo ininteligible contra su cuello y al momento empezó a moverse marcando un ritmo al que ella puso el contrapunto. La sujetó por las caderas y comenzó a embestirla en el punto exacto.

–¡Oh! –exclamó ella entre jadeos.

–Déjate llevar –le gimió él al oído–. Hazlo para mí.

Azra no necesitó más estímulo. Inmediatamente se sacudió contra el cuerpo de Arik desencadenando también el orgasmo de él. Se quedaron aferrados el uno al otro mientras oleadas de sensaciones los anulaban dejándolos sin respiración.

Un momento después, él se giró para acostarse en la cama y se puso un brazo sobre los ojos.

–He subido al cielo.

Ella se rio.

Arik la mantuvo abrazada por mucho tiempo.

-Cuando estaba en el orfanato, – comienza a decir ella – durante las vacaciones de verano nos llevaban a una granja, claro que solo a los niños que sacaban las más altas calificaciones, allí nos dejaban montar a caballo, y nos enseñaban el proceso de selección de flores para los perfumes, a mí me encantaba ir a aquel lugar, hasta que conocí tu granja, fue mi lugar favorito en la tierra,- interrumpe su dialogo, por unos segundos, luego lo retoma – he pensado que…si tú quieres claro, podríamos implementar esa idea aquí en tu rancho…

-Nuestro rancho – le corrigió él

-Bueno, nuestro rancho, ¿crees que podríamos hacerlo?, sé que quizás te pido mucho, pero siempre he soñado con…

-Amor, no tienes que darme tantas explicaciones, tus sueños son mis sueños, pero debo reconocer que no se me había ocurrido algo así, tenemos que buscar información, pero la idea me parece maravillosa.

-Mientras tanto averigüe que, a 50 kilómetros de aquí, hay un orfanato.

-Podríamos ir el lunes y conversar la idea ellos.

– ¿De verdad?

-A mi chica todo lo que ella quiera, Azra me haces muy feliz, y yo solo quiero hacerte feliz a ti, y ¿Qué era lo otro que ibas a pedir?

-Es sobre Elif

Arik se movió incomodo

-Si, ya sé que ella se portó muy mal con nosotros, pero sus padres la dejaron en la ruina…

-No te preocupes, le ofreceré una cantidad de dinero mensual, con la condición de que nos deje en paz, y que desaparezca y no la veamos jamás.

-Te amo – dice Azra dándole un beso – eres el mejor esposo del mundo.

-Verdad que si lo soy – dice él riendo

Tres años después, Azra se quedó a los pies de las dos cunas que había en la habitación infantil, observando orgullosa a sus gemelos, Ali y Sirin. Habían nacido prematuros, el niño, Ali, era alegre, inquieto y dormía poco, mientras que Sirin era una bebé mucho más tranquila.

Para ella eran su milagro personal e incluso ahora, no podía creer que fuesen sus hijos.

Tampoco era capaz de describir la felicidad que había sentido al ver las dos pequeñas figuras que tenía dentro del vientre salir de él, ni siquiera se había dado cuenta de que se había puesto a llorar hasta que Arik le había secado las lágrimas.

El nacimiento de los gemelos había sido sencillo, un alivio para Arik, que no había querido perderla de vista durante las más de doce horas que estuvo en la sala de preparto, le había aterrado que algo saliese mal, por eso al séptimo mes de embarazo se trasladaron a Estambul, fue la mejor decisión, porque los pequeños se adelantaron un mes.

El nacimiento de los gemelos coincidió con la sentencia de divorcio.

Elif no puso ningún problema para terminar con el trámite, en gran parte se debió a la suma que Arik le ofreció y la que se le depositaba en su cuenta mensualmente.

Nunca más volvieron a saber de ella, ninguna noticia en los tres años.

Azra y Arik se casaron tres meses después en el mismo rancho, acompañados con las personas que los conocían, en resumidas cuentas, Belma, y los trabajadores del lugar.

La única exigencia que puso Azra, fue que la comida que se prepararía para la celebración de la boda, se hiciera con los alimentos que se cosechó de la huerta en la que Belma y ella habían trabajado con tanto ahínco.

El día de la boda, los gemelos quedaron al cuidado de las mujeres que trabajaban en la casa, eso le permitió a ella vestirse y maquillarse para la ceremonia, claro que solo lo pudo hacer luego de darles de mamar a los dos pequeños y dejar leche para que se alimentaran el tiempo que demorara la boda.

–Estás preciosa – le dijo Belma.

Azra se apartó del espejo para mirar a la mujer que se había convertido en su madre, aquella que nunca tuvo y siempre deseo tener.

–Te queda de maravilla – Belma se colocó detrás de ella – He acertado con la talla.

–Has acertado de pleno – el vestido, tal como lo decía la tradición fue un regalo de la madre de la novia, además de ofrecerse a comprarlo, Belma eligió el modelo, porque ella estaba muy ocupada con los recién nacidos.

Era un vestido largo y sencillo. Era un vestido de boda campestre con corpiño ajustado y falda de vuelo que le iba perfectamente, Azra se había dejado la larga melena suelta y un velo corto le caía sobre los hombros.

–Es justo lo que yo habría escogido – le dice dándole un beso en la mejilla

Belma se había puesto un vestido de seda hasta los tobillos del mismo color que sus ojos.

–Azra, sé que ya te lo he dicho, pero estoy muy feliz de que me dejes ocupar el lugar de tu madre -la mujer deja caer unas lagrimas

–Shh – dice ella y la abraza con dulzura– si hubiese podido elegir a mi madre, créeme que te hubiera elegido a ti con los ojos cerrados.

–Gracias, – le dice secándose las lágrimas – yo también te hubiera elegido como mi hija.

–Espero que sepas que mis hijos son tus propios nietos.

La mujer tenía nuevamente los ojos llenos de lágrimas

La conversación fue interrumpida cuando escucharon el tintineo y las pisadas de los caballos.

–Ya están aquí – dijo Belma

Era el carruaje que las llevaría al prado en el que Arik y ella iban a casarse.

–¿Estás lista? –le preguntó Belma tendiéndole el ramo de rosas blancas y jacintos, parte de las flores que formaban parte del jardín

Salieron juntas, uno de los trabajadores del rancho las esperaba, y al ver a Azra la miró con admiración.

–Arik es un hombre afortunado –aseguró.

Subieron los tres al carruaje tirado por dos caballos blancos.

El cielo estaba completamente despejado, sin una nube. Una vez en el prado, Belma la acompañó hasta el principio del pasillo. Al final estaba su alto y guapo ranchero.

Los invitados se pusieron de pie cuando Belma y ella empezaron a recorrer el pasillo y los músicos comenzaron a tocar la marcha nupcial.

Fue una boda maravillosa, por lo menos a ella se lo pareció.

-La boda perfecta – le susurró a Arik cuando finalizó la ceremonia.

-Para mi mujer perfecta – le respondió él.

–¿Otra vez mirándolos? –le preguntó Arik devolviéndola a la realidad.

–Lo siento, no puedo evitarlo, todavía no me puedo creer que sean nuestros –le confesó ella, girándose hacia la puerta para mirarlo.

Él esbozó una sonrisa y se acercó a sus hijos.

-Son tan bonitos –admitió en todo divertido – sobre todo cuando están dormidos

Azra le devolvió una sonrisa

-Aún son pequeños, necesitan a su madre.

A ella le brillaron los ojos al apoyarse en su cuerpo, y él, inclinó la cabeza para acariciarle la boca muy despacio.

–Y yo diría que tú también me necesitas –añadió ella

–Estoy loco por ti –murmuró Arik, besándola apasionadamente.

Ella estaba demasiado feliz y demasiado centrada en el beso como para responder

Tal como le dijo Arik, aquella vez cuando le pidió que se quedara con él en el rancho, estos tres años, la había amado y también a sus hijos, juntos formaron una hermosa familia, esa con la que ella siempre soñó, además de eso, se cumplió el sueño de formar un rancho familiar para niños huérfanos, en el que tanto, Arik, Belma y ella  administraban.

–Soy el hombre más afortunado del mundo – le dijo Arik – porque encontré dos veces a la mujer perfecta para mí.

–No –murmuró– la afortunada soy yo.

–Los dos lo somos.

Y cuando lo miró supo que tenía razón, en que ambos eran afortunados, y debía añadir a aquello, que ella era la mujer más feliz de la tierra y que esa felicidad duraría el resto de su vida.

FIN

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