LA MUJER PERFECTA CAPITULO 4

CAPITULO 4

Antes de que él pudiera reaccionar, Elif le echó los brazos al cuello, y tiró de él, hacia ella.

Cuando Arik se dio cuenta de lo que estaba pasando, ya no quiso reaccionar o pensar.

El beso comenzó suavemente, como en un lento susurro, rozando sus labios contra los suyos, Elif susurró su nombre, lo cual provocó en su estómago una especie de intenso fuego. Trató de recobrar el control, pero ella lo sostuvo con más firmeza y se apretó contra él.

El deseo de controlarse, no obstante, desapareció muy pronto. Se echó sobre ella, recostándola sobre la cama. Ella se estremeció y él se dio perfecta cuenta de ello, la besó aun más apasionadamente, disfrutando del sabor de sus labios, de su lengua.

Le acarició el cuello, ella tembló, y gruñó en su boca. El beso se hizo más intenso aun, cuando él le acarició un seno y ella se lo facilitó, separándose un poco, agradeciendo y buscando aquella deliciosa caricia.

Pasó un dedo por un pezón y ella se arqueó, acoplándose a él con una pasión tan intensa que le hizo retorcerse de placer.

De pronto, sin saber cómo había llegado a aquella postura, él se vio entre las piernas de ella, con las caderas dulcemente aprisionadas entre ellas. Y se dio cuenta de que, Elif se acomodaba para sentir su erección.

Era una sensación intensa, tóxica. Estaba fuera de control. Su corazón latía con tanta fuerza que podía oír sus latidos con la fuerza de un tambor de guerra.

-Yo – dice él, separando los labios – estoy sudoroso y con olor a establo

-No me importa – le dice ella

-¿No te importa?

-No, es más tu olor me gusta, se siente varonil – dice mientras le besaba el cuello.

-¿No sé qué sucedió contigo?, pero esta nueva Elif me encanta.

-Vaya, gracias.

-Pero me sentiría más cómodo si me dejas bañar.

-Está bien – le responde apartándose por completo de él – puedes irte.

-Pero no lo tomes así

– ¿Me deseas?

-Te deseo y mucho, desde hace semanas que muero por hacerte el amor.

-Y entonces, ¿Por qué huyes de mí?

-No estoy huyendo – le responde sonriendo – es solo que…

¿Cómo le explicaba que tenía miedo de que llegado el momento en que recuperara la memoria se arrepintiera de lo que sucediera entre ellos, y lo abandonara nuevamente?

Pero verla así, acurrucada en la cama con la desilusión en sus ojos sintiéndose rechazada, no era algo que le gustara más.

-Ven a la ducha conmigo – le propone

-¿De verdad?

-Claro que sí.

-Ya – exclama levantándose de la cama de un salto.

-Ven – le dice y y la condujo de la mano hacia su habitación y luego al baño, el corazón de Elif latía furiosamente, y la sangre le corría por las venas como lava incandescente.

Arik abrió el grifo de la ducha, y comenzó a quitarle la ropa. Después se desnudó él, y tomados de la mano, se metieron en la bañera, debajo del chorro de agua

Ella se quedó mirándolo, con el pelo mojado, el agua corriéndole por el musculoso vientre, y los brazos colgando a los lados del cuerpo, era la imagen viva de la seducción irresistible, se echó jabón en las manos, y empezó a enjabonarlo suavemente, primero sus hombros, luego su pecho, después su cintura…

Se quedó muy quieta, como en un trance, hasta que sus cálidos y sensuales labios volvieron a sellar los suyos, y una ola de calor la recorrió cuando la mano de Arik se cerró sobre uno de sus pechos y frotó el sensible pezón con el pulgar hasta hacerla gemir.

Luego inclinó la cabeza para lamer y succionar el pezón endurecido, y ella sintió que afloraba un calor húmedo entre sus muslos, como si se estuviera derritiendo por dentro. Se apretó de nuevo contra él, ansiosa, y deslizó las manos por su ancha espalda. Sin embargo, cuando dejó que una de sus manos se desviara hacia delante al llegar al costado, y tocó su miembro, se detuvo, avergonzada se apresuró a apartar la mano.

–No… no la apartes –murmuró él junto a su oído, volviendo a colocarle la mano en su entrepierna– Me gusta que me toquen.

Elif empezó a acariciar con renovada confianza su miembro endurecido, que parecía de satén, pero al cabo de un rato la detuvo.

–Todas estas… semanas me has estado… volviendo loco de deseo – murmuró Arik  

Ella no podía dejar de estremecerse de placer.

–¿De verdad?

-No sabes cuantas veces soñé con tenerte así, bajo la ducha y hacer contigo todo lo que voy a hacer

Seguido a eso, se arrodilló y puso una de las piernas de Elif sobre su hombro, Arik subió, beso a beso, por la cara interna de su muslo.

Se le cortó el aliento cuando él deslizó la lengua por su piel.

–Cada vez que te miro, te deseo –murmuró Arik con voz ronca, depositando un reguero de besos en su tembloroso cuerpo.

Luego introdujo la cabeza entre sus muslos, poseyéndola y enloqueciéndola con su lengua y con sus dedos. La tensión iba en aumento y cuando creía que ya no podría aguantar más, ocurrió una explosión mágica que la hizo sentirse como una estrella fugaz, un placer inimaginable que sacudió todo su cuerpo y la dejó aturdida, porque nunca habría pensado que pudiera llegar a experimentar unas sensaciones tan increíbles.

Luego él se incorporó.

-Ponme los brazos alrededor del cuello, y las piernas alrededor de mi cintura – le dijo al oído mientras sujetaba sus nalgas firmemente y empezaba a levantarla hacia él.

Algo nerviosa hizo lo que él le ordenó, cuando sus cuerpos quedaron cómodos, él se hundió en ella.

 Pero el cuerpo de Elif no reaccionó como si hubiera estado preparado para aquella invasión, sintió tanto dolor que casi gritó, pero por suerte logró contenerse mordiéndose el labio.

Estaba segura de que si hubiera gritado lo habría estropeado todo, porque Arik se habría sentido culpable por haberle hecho daño, cuando estaba segura de que ese dolor se debía solo al tiempo que no había tenido relaciones.

Fue un alivio notar que al cabo de un rato el dolor desapareció por completo, y el corazón empezó a latirle con fuerza cuando Arik comenzó a moverse, entrando y saliendo de ella. Jadeante, le rodeó las caderas con las piernas y saboreó el intenso placer que experimentaba con cada embestida. La excitación que sentía iba en aumento, pero quería más, respondiendo a cada ola de aquel salvaje placer, y de pronto un nuevo orgasmo se apoderó de ella.

Bajo una cascada de agua caliente y vapor hicieron el amor hasta que sus cuerpos quedaron saciados de placer.

–Vaya… –susurró aturdida cuando hubo recobrado el aliento.

–Ha sido increíble –murmuró Arik, estaba agotado, lo notaba en los brazos y las piernas flojas, pero se sentía completamente satisfecho.

¿Cómo era posible que el sexo con Elif le hubiera parecido tan distinto de las otras veces que había hecho el amor con ella?, se preguntó.

Cuando ambos se hubieron recuperado, él la envolvió en una sedosa toalla y empezó a frotarle el cuerpo y el pelo mientras besaba y acariciaba cada rincón de su cuerpo con gran ternura. Finalmente, la ayudó a ponerse una toalla seca.

Elif se sentía en el paraíso, la ternura y el cariño que Arik le demostró solo se comparaba con lo buen amante era, un amante ardiente y apasionado, pendiente de darle a cada instante lo que más la hiciera disfrutar.

Y no sólo eso. Era evidente que entre ambos existía una afinidad, un sentimiento especial, que de alguna forma los transportaba a una dimensión exclusiva para ellos dos.

Mientras terminaba de acomodarla en la toalla, la miró sonriente, y le susurró al oído.

-Se que aun es de día, pero ¿Qué te parece si nos vamos a la cama?

Con un movimiento de cabeza, ella afirma.

Arik la lleva de la mano y ambos se acomodan en la cama, él manteniéndola abrazada.

-No puedo creer que no me acuerde de como hacíamos el amor, fue… maravilloso.

-Elif, yo debo pedirte disculpas

-¿Por qué? – le pregunta ella.

-Porque me acabo de dar cuenta que lo que yo pensaba no era real.

-Podrías ser más claro, no te entiendo.

-Creí que una de las razones de nuestro distanciamiento era porque tenías un amante, pero tu cuerpo me dijo lo contrario.

Ella se quedó en silencio mirándolo.

-¿Cuánto hace que no hacíamos el amor? – le pregunto después.

El respiró profundamente

-Hace mucho tiempo

-¿Cuánto?

-Meses, hace nueve meses.

-Oh Dios, no puedo creerlo, ¿entonces… tenía razón al creer que nosotros teníamos problemas?

-Si, tenías razón – le responde él

-¿Puedes contarme lo qué pasó?, ¿yo te fui infiel?

-No, o por lo menos que yo supiera, y tu cuerpo me ha confirmado que hace mucho no tenías intimidad.

-¿Entonces?

-No lo sé, yo trabajaba mucho, tú te aburrias, no éramos compatible, creo.

Era un buen resumen, mucho más ahora que sabía que ella no tenia un amante como él creía, lo demás… en realidad ya no importaba, y lo que sucediera en el futuro lo resolvería a medida que llegara, por ahora era feliz con su esposa, y no lo iba a echar a perder por quedarse pegado en el pasado.

Elif había dado muchas muestras de haber cambiado, podía ver en sus ojos, en sus palabras y en sus actos, a la misma mujer de aquella noche, la mujer de la que él se enamoró a primera vista, y que nunca más volvió a ver en su esposa, hasta después del accidente.

-Me convertí en una persona horrible, ¿verdad?, ¿por eso nadie me quiere en esta casa?

-¿Qué te parece si dejamos el pasado atrás? – le dice Arik dándole un beso en la frente.

-Estoy de acuerdo, pero primero quiero decir algo.

-Te escuchó, pero será lo último, porque luego quiera volver a hacerte el amor.

Ella le sonríe feliz.

-Prometo que de ahora en adelante, seré la mejor esposa que un granjero pueda querer, y que me voy a ganar el cariño y el respeto de todos los trabajadores, porque este es mi hogar y quiero vivir aquí contigo para siempre.

CONTINUARÁ

2 comentarios sobre “LA MUJER PERFECTA CAPITULO 4

  1. Gracias Martha eres increíble nos transportas con cada palabra a imaginar cada movimiento, gestos, pero por favor no tardes pues ya quiero ver qué trama la hermana y que harán estos dos enamorados al saber la verdad, gracias Martha

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