IKINSI SANS CAPITULO 13

CAPITULO 13

– Una relación como me lo propones no debe ser peor que lo vivimos estos últimos años, supongo que tienes razón, debemos ir más lento – le dice él – pero no tenemos que decidir nada, ¿cierto?

– No hoy, pero si pronto – responde ella – ahora ¿podemos irnos a dormir?

-Adelántate, me quedaré un momento aquí.

Defne llegó a la habitación, miró a Emine una última vez y luego se acostó, apenas cerró los ojos, supo que no podría dormir, no podía sacar de su menta el rostro de Omer, sentía que de alguna forma con la decisión que había tomado, lo había herido nuevaente, eso no la dejó conciliar el sueño.

Sin saber qué hora era Defne y cansada de dar vueltas en la cama, se levantó con una decisión tomada, solo había una manera de tranquilizar a Omer y de demostrarle lo mucho que lo amaba, que no estaba en sus planes alejarlo de sus vidas, buscó entre las cosas de Omer, se sacó el pijama y se vistió con una de sus camisas.

Descalza bajó, encontró a Omer sentado en la oscuridad, sin moverse, con los ojos cerrados, él no se percató de su presencia.

Defne sabía que había veces en que las acciones tenían más valor que las palabras.

Ella le tomó las manos, y él abrió los ojos, Defne lo impulso para levantarlo del sillón, cuando lo logró se le aproximó lentamente, tomó su rostro entre las manos, se puso de puntilla y apretó sus labios contra los de él, en un beso intenso, lleno de pasión.

Omer se separa de ella, mientras tomaba aliento, y sintió que el corazón, le latía a toda velocidad.

-Si vuelves a hacer eso, no sé seré capaz de detenerme.

Ella lo miró durante unos segundos tratando de adivinar lo que estaba pensando. Al ser incapaz de hacerlo, se dejó guiar por sus instintos.

Comenzó a sacarle la ropa, primero el polerón que era lo que más le estorbaba, quería tocar su piel, luego lo demás, no se detuvo hasta tener su torso desnudo y a su merced.

– ¿Quién te dijo que tenías que detenerte?

-¿Emine? – preguntó él.

-Dormida

-Y ¿si despierta?

-Tendrás que correr – responde ella con expresión solemne – porque yo no podría subir tan rápido como tú, además, en ese tiempo podría cambiar de opinión y ¿no creo que eso te guste?

A él le hizo gracia lo que decía así que le siguió el juego.

-No, no me gustaría

-No – dijo ella al tiempo que levantaba su rostro ofreciéndole los labios en una silenciosa invitación.

-Desde luego que no te gustaría.

Omer la tomó por el trasero y la atrajo hacia él para que sintiera lo excitado que estaba.

–Te deseo –dijo mordisqueándole la oreja– Quiero besar y acariciar cada centímetro de tu cuerpo. Quiero redescubrir qué es lo que te gusta.

–¿Y yo podré hacer lo mismo?

–Cariño, soy todo tuyo –dijo acariciándole la clavícula–. Puedes hacer conmigo lo que quieras.

Ella se pasó la lengua por los labios.

–Y ¿Qué estamos esperando? – dice ella

–Me gusta tu manera de pensar.

–Llévame a la cama antes de que me eche sobre ti y te tome aquí mismo.

–Me gustaría verlo – responde él, mientras tomaba algo de un plato que tenía en la mesa –Ten una aceituna –dijo metiéndosela en la boca– te dará energía para lo que viene a continuación.

–Muchas promesas, quiero hechos, no promesas.

–Claro que veras, no solo hechos, también estrellas –murmuró y le dio un suave azote en las nalgas– prepárate, porque no he podido pensar en otra cosa desde aquella noche.

Tal vez otra mujer se hubiera mantenido firme, pensó Defne, mientras subía la escalera de la mano de Omer, y hubiera recordado el dolor que había experimentado cuando él desapareció tan bruscamente de su vida, y lo hubiera usado como escudo para protegerse, pero esa otra mujer no lo habría amado tanto, tan incondicionalmente como ella amaba Omer. Él me ama, como yo lo amo, él me extraño, como yo lo extrañe a él.

–Tengo que darte las gracias–dijo y la besó en el hombro, provocándole un escalofrío– gracias por seguirme amando, pese a todo lo que sucedió, y por perdonarme, pero más que todo gracias por mantener vivo nuestro sueño y permitirme ser parte de la familia que un día soñamos tener. Ahora, te voy a hacer el amor como lo he soñado por muchas noches.

Y la besó apasionadamente. Sus cuerpos ardientes y húmedos se acoplaron, Omer se recostó en la cama y la hizo colocarse encima. Defne se aferró a él sin dejar de devorar su boca y cuando sus lenguas se encontraron, a punto estuvo de tener un orgasmo.

Luego, deslizó las manos por su pecho desnudo y sus brazos. Estaba deseando acariciar todo su cuerpo.

–Qué grande estás – le dijo

–Vaya, gracias –contestó él, sonriendo.

Su miembro se estiró como si se hubiera dirigido a él directamente.

–Me refería a tus músculos –dijo ella poniendo los ojos en blanco– Han crecido en estos años. Yo sigo estando igual.

–Siento no estar de acuerdo –replicó metiendo la mano por la camisa para tomar uno de sus pechos– Has crecido en los sitios adecuados –añadió desabrochándole la camisa y luego sacándosela – Deja que te vea.

Estaba un poco avergonzada sentada a horcajadas sobre él mientras la devoraba con la mirada. Trató de comportarse con naturalidad y evitó cubrirse con las sábanas. Su vientre no era tan plano y sus caderas se habían ensanchado un poco después del embarazo. También sus pechos habían aumentado.

–Eres preciosa.

Omer se incorporó y tomó con su boca uno de sus pezones. Una oleada de placer la invadió y se arqueó, clavándose contra su erección. Él contuvo la respiración y soltó un jadeo.

–¿Te gusta?

Su lengua dibujó un círculo sobre su pezón. El ambiente fresco y la humedad de su boca hicieron que se le pusiera la piel de gallina, él cerró los ojos y la mordió suavemente, mientras ella se abalanzó sobre él, buscando su miembro erecto.

–Oh, cariño, qué bien.

Lamió su otro pezón y los jadeos se convirtieron en una súplica continua. Toda ella pedía más. Deslizó la mano por su entrepierna y la penetró con un dedo.

–Omer, te deseo.

–Me tienes, cariño –dijo mientras repartía besos por sus pechos.

El dedo se hundió más en ella, despertando zonas que llevaban años dormidas.

–Eso es… oh, es una sensación maravillosa. Pero quiero verte desnudo y sentirte dentro.

–Tranquila –dijo él riendo–. Lo tengo todo bajo control.

Su dedo entraba y salía a la vez que el pulgar dibujaba pequeños círculos sobre su zona más sensible. Enseguida se dejó llevar y, aferrada a sus hombros, echó la cabeza hacia atrás.

–Eso es, cariño, estás preciosa.

Ella abrió los ojos al sentir que la tomaba por la cintura y le hacía volverse. A continuación, la besó, mordisqueando su labio inferior.

–Tu turno.

–No tan rápido. Tenemos tiempo.

–Quítate ya el pantalón –le pidió, tratando de soltarle el cinturón.

–Paciencia.

Entonces, empezó a acariciarle el ombligo con la barba y siguió bajando por su vientre. Al llegar a sus caderas, ella se contoneó.

–Ya veo que todavía tienes cosquillas.

–Omer…

Esperaba que le quitara las bragas, sin embargo, siguió besándola por encima de la tela, la sensación de su boca cálida sobre su zona intima la llevó al límite otra vez.

De un tirón, le bajó las bragas hasta las rodillas y le colocó las piernas por encima de su cabeza.

Ella apoyó los pies en su espalda y él se quedó mirando su desnudez como si fuera un cofre lleno de tesoros. Lentamente le hizo separar las piernas y le pasó la lengua por su piel sedosa.

–¿Te gusta?

Ella asintió.

Se arqueó al sentir que le pasaba la lengua por el clítoris. Una sensación electrizante se expandió desde la base de su columna vertebral. Otra vez estaba muy cerca.

Cuando volvió a lamerla, todo su mundo estalló, dejándola sin fuerzas mientras una tras otra las olas de placer seguían llegando.

Después de no supo cuánto tiempo, volvió a tomar el control de las sensaciones, miró a Omer y le ordenó.

–Desnúdate

Él sonrió, se quitó la ropa que le quedaba, y se acostó a su lado desnudo.

Era impresionante, verlo así, completamente desnudo, y a su merced, esperando expectante, para lo que ella fuera a hacer con una sonrisa en los labios.

Había perdido práctica, se sentía inexperta, carraspeó y deslizó un dedo por su pecho.

–¿Qué te gustaría que te hiciera?

–Todo lo que me hagas me parecerá bien –contestó él, acariciándole la cadera.

Defne bajó la mirada, sus caricias estaban surtiendo efecto y se sintió poderosa, extendió las manos sobre el vientre de Omer y le acarició los abdominales. Luego, siguió deslizándolas por su espalda, bajando por su trasero hasta volver por la cadera y acabar dibujando círculos alrededor de su ombligo.

La respiración de Omer se aceleró.

Ella se mordió el labio y lo miró a los ojos. Aquel hombre tan atractivo era suyo. Tomó su pene entre las manos y lo vio inspirar hondo. Se miraron a los ojos mientras ella empezaba a acariciarlo. Cuando le pasó el dedo por la punta, él jadeó.

–Oh, cariño, no sabes lo que me está gustando.

La besó y tiró de su labio inferior.

–No puedo esperar más, quiero estar dentro tuyo –dijo él con voz ronca.

–¿Arriba o abajo? – le preguntó

–¿Eh? Arriba.

–Tus deseos son mis órdenes –dijo él sonriendo y rodó para colocarla sobre él– Cielo santo, eres preciosa.

Se sentó a horcajadas sobre él.

Adoración fue lo que vio en sus ojos. Se hundió en él y comenzó a cabalgar, hundiéndose lentamente una y otra vez.

–Qué bien me haces sentir.

Ella sintió que sus reservas y sus inseguridades se desvanecían.

Omer la sujetó por las caderas, apretándola contra él. Un torbellino de emociones se reflejaba en sus pupilas dilatadas. Cada vez la tomaba con más fuerza y su respiración era entrecortada.

Ella también se estaba acercando al orgasmo y aceleró el ritmo.

–Oh, preciosa –dijo de una manera que la hizo derretirse.

Luego se incorporó y tomó un pecho en su mano, como si tuviera un tesoro, después de besarlo, se llevó el pezón a la boca, cuando succionó, las sacudidas del éxtasis se apoderaron de ella. Una vez, dos veces, cerró los ojos y siguió moviéndose. El placer era abrumador y su cadencia se ralentizó, estaba perdiendo la energía.

Rodaron otra vez y Omer tomó el relevo. El ritmo era intenso.

Solo estaban ellos dos moviéndose cada vez más de prisa hacia el final del camino, y el final llego demasiado pronto, los envolvió y los mantuvo agarrados con fuerza, durante unos segundos se encontraron suspendidos en el espacio, y después como pasaba siempre, se produjo la caída y la vuelta a la realidad. Omer la abrazó con más fuerza que antes porque no quería que terminara aquel maravilloso tiempo junto.

Se quedaron inmóviles mientras recuperaban la respiración, Omer le besó la frente.

-Te amo – se escuchó en el silencio de la habitación. Exhaustos y abrazados se durmieron.

Despertó con el agradable olor a café recién hecho.

-Buenos días dormilona – escucha que le dicen y abre los ojos, solo para encontrarse con Omer.

-Buenos días – lo saludo recibiéndoles la taza – gracias, ¿Emine?

-Está en el jardín lista para salir.

-¿Adonde?

-Es una sorpresa – ella solo sonríe – con respecto a lo de anoche…

-Lo de anoche fue maravilloso, y te amo, toma tu café, te estaremos esperando.

-Omer – le dice ella, antes de que saliera de la habitación – te amo, por favor no lo olvides

-No lo haré – le responde y vuelve para darle un beso en los labios – nunca más lo olvidaré

CONTINUARÁ

2 comentarios sobre “IKINSI SANS CAPITULO 13

  1. Que pedazo de capítulo ,que decidida Defne,que bonita familia.Precioso ,ardiente.Muchas gracias Marta,Paqui.❤️ Buenas noches 🤍💕

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