UN ANGEL EN NAVIDAD CAPITULO 5

CAPITULO 5

Las malas noticias no habían terminado, a lo sucedido al pequeño Gad, estaba el hecho de que, la navidad se acercaba a pasos agigantados y ellas como directivos de la fundación, aun no encontraban un lugar donde los pequeños y sus madres disfrutaran de la cena, la casa de acogida ya no era segura, por lo que las familias y los niños que se encontraban en ese lugar, debieron ser acomodados en las casas de los voluntarios, mientras pasaban las fiestas y se terminaban los arreglos en la casa que Omer donó en nombre de su madre.

Tampoco habían conseguido el suficiente dinero para los regalos, pero eso lo solucionó Defne y su amiga, cada una se encargó de comprar los regalos que faltaban, ahora solo quedaba buscar un lugar seguro para celebrar la noche buena y la navidad.

-¿Dónde están tus pensamientos Defne? – le preguntó Omer una noche mientras estaban juntos cenando – ¿Qué te preocupa?

-Lo siento

-¿Qué sientes?

-Que piense en otras cosas cuando estoy contigo, debería ser capaz de apartar todo y dedicarme solo a ti.

-Si hicieras eso, no serías quién eres, ahora dime que te preocupa.

-La navidad, solo faltan unos pocos días, y no hemos conseguido un lugar apropiado para celebrarla con los niños.

-Y ¿eso?

-El año pasado conseguimos que el dueño de un hotel nos prestara su comedor y al día siguiente la piscina, pero este año se negó, y ninguna de las personas a las que hemos enviado solicitud, ha respondido nuestras cartas, y ya no nos quedan muchas opciones.

-Entiendo – responde Omer – pero aun quedan unos días, algo se podrá hacer.

-Eso espero – dice ella – aunque no se me ocurre que.

-Ven, deja que te abrace, – dice mientras la lleva al sillón – y te ayudaré a pensar.

-¿Te he dicho lo feliz que soy a tu lado? – le pregunta ella, una vez que estaba cómoda en los brazos de Omer.

-No este día

-Pues te lo digo ahora, soy muy feliz contigo

-Y yo te agradezco que hayas irrumpido en mi vida, y en mi casa, porque tu presencia me hizo ver lo bello, y lo gratificante que es hacer algo sin recibir nada mas que amor a cambio.

-Me alegra saber que valió la pena hacerme pasar por tu amante – dice ella riendo.

-¿Te conté que le ofrecí trabajo en la empresa al guardia que te dejó entrar aquel día?

-No

-Ahora es jefe de seguridad, de alguna manera tenía que compensarlo por lo que hizo, aunque no creo que él sospeche la razón del ofrecimiento.

-Eres maravilloso – le dice dándole un beso

Ella posó los labios en los de él, y durante unos segundo no respondió, sorprendido, era la primera vez que ella tomaba la iniciativa al besarlo, pero luego de inhalar su aroma y sentir su calor, se dejó acariciar, no intentó profundizar el beso, ni se movió más allá de la boca de ella.

Él se separó un instante y vio que ella protestó.

-Mi dulce Defne – susurró sujetándole la cara entre sus manos

Y la besó, en esta ocasión sus labios si se movieron, despacio, con ternura como si tuviera todo el tiempo del mundo, porque ella era la persona más delicada y preciosa de su mundo.

Quizás fue por la manera tan tierna de besarla, o por el vino que se tomó, sin pensarlo, ella se acercó a él, apretó su cuerpo contra el de Omer, y entreabrió los labios como respuesta

En lugar de profundizar el beso, Omer la abrazó con ternura, por primera vez en su vida Defne se sintió pequeña y frágil, femenina, lo único que quería era seguir besándolo para siempre.

Por fin él apartó la boca, ella se quedó mirándolo con un torbellino de preguntas en la punta de la lengua

–No me mires así, te deseo, Defne –le susurró él al oído–. Pero serás tú quien decida.

-Debes saber que no tengo experiencia haciendo el amor.

-Pero, ¿Cómo?, ¿aun eres virgen?

-¿No sé por qué te sorprendes tanto?, no soy la única mujer que quiere hacer el amor solo con el hombre que ama.

-La verdad, no creí que en este tiempo sucediera eso

– ¿Es una crítica?

-No, por supuesto que no, es solo que me sorprendiste nuevamente Defne Topal, y te admiro un poco más si eso es posible, y me considero un hombre afortunado de que me hayas elegido.

-¿Por qué? ¿Por qué serás el primero?

-No, porque quieras compartir conmigo tu vida.

-Y ¿si me quedo esta noche? – dice ella

-¿Estás segura?, no quiero presionarte, como te dije, tú decides cuando.

-Es mi decisión

Él sonrió

-Entonces ven conmigo – le dice

Apenas llegó a la habitación, Omer cerró la puerta, se acercó a ella y sus labios rozaron los de Defne, la dulzura de su boca, estuvo a punto de cortarle la respiración. Él la abrazó con más fuerza contra su cuerpo, y se perdió en la intensidad del beso, ella murmuró de placer, y él profundizó el beso, metiéndole la lengua en la boca, pidiéndole mucho más.

Sin pensar en nada, ella lo abrazó con fuerza por el cuello, y él abandonó su boca, para comenzar a recorrer su rostro con pequeños besos.

– ¿Te gusta? – susurró besándola en el cuello

-No solo me gusta, me encanta – le dice suspirando.

– ¿Y esto?

Le mordió levemente el lóbulo de la oreja, ella tembló entre sus brazos, y le comenzaron a flaquear las rodillas.

Él la sujetaba mientras ella flotaba, cuando le tomó un pecho con la mano y sus dedos se lo acariciaron con destreza, se sintió segura de sí misma y todas las barreras se desmoronaron.

Dejó escapar un suspiro, cuando la otra mano se abrió paso entre sus piernas. El asombro de que la acariciara íntimamente fue tan grande, que se quedó en blanco e, instintivamente, se contorneo contra la mano para sentir más placer.

La ropa era un accesorio innecesario y molesto, Omer parecía opinar lo mismo, porque, dejó de acariciarla para comenzar a desvestirse.

Mientras él se quitaba la camisa, se quedó maravillada por su cuerpo musculoso y bronceado, se quitó los zapatos con los pies y se bajó los pantalones a lo largo de los poderosos y bronceados muslos, quedó solo con unos bóxeres de seda negros y con el pelo despeinado.

 Era mucho más alto que ella, mucho más grande, y le gustaba la sensación de sentirse pequeña y protegida a su lado… y deseada.

–Eres preciosa, – le dijo él mientras le acariciaba el pelo con delicadeza.

Ella contuvo el aliento y miró hacia la cama, tomó aire, pero la mirada de Omer era cálida y eso la relajó, e hizo que se estremeciera por el deseo, quería estar cerca de él, que la acariciara y que la tomara entre los brazos.

–¿Y esto…te gusta?

Defne gimió cuando los pulgares de Omer le rozaron los rizos de la entrepierna. No se detuvo ahí. Comenzó a realizar lentos círculos alrededor del vello, mientras seguía masajeándole la parte interna de los muslos con los dedos. Poco a poco, los pulgares fueron bajando.

–Dios… – susurró ella

Defne abrió los muslos con un largo suspiro. Las caricias de aquellos dedos eran como un valioso regalo.

Tenía los ojos entrecerrados, medio embriagada con las sensaciones, era fantástico sentir los dedos, pero lo que quería de verdad, era tenerlo dentro de ella, muy profundamente.

Entonces, él comenzó a bajar, se tensó y le sujetó la cabeza.

–¡No!

Entonces sintió la lengua contra la tierna carne de su feminidad y las sensaciones le impidieron seguir pensando, él la volvió loca de deseo, para no caer, tuvo que sujetarse de los hombros de Omer.

Nada podía apartarla del gozo creciente, de la magia que aquella lengua y aquellos labios le estaban dando. Incluso los dientes, mordisqueando suave, pero… oh, tan placenteramente.

 El deseo se apoderó completamente de ella y alcanzó el orgasmo, un clímax tan ruidoso que, probablemente, la oyeron en la ciudad.

–Me parece que te gusta…

El verbo gustar no describía lo que sentía.

Ella exhaló el aire entrecortadamente y tuvo que volver a la realidad.

Él esbozó una sonrisa provocativa.

–Acuéstate en la cama – le dice luego de quitarle el vestido.

Se le cerró la garganta, se le paró el corazón, se tambaleó por el deseo y él tuvo que sujetarla y ayudarla a acostarse en la cama.

La besó con avidez. La tomó de la nuca con una mano y le acarició la mejilla con la otra mirándola a los ojos.

–Va a ser una noche larga, Defne.

Omer se acostó a su lado.

–Ven – le dice.

Ella se acercó y él la tomó entre los brazos. Hacía que se sintiera segura y que eso le pareciera muy bien. Además, como estaba tan relajado, ella también podía relajarse. La acarició y besó para aplacar su ansiedad y estaba más que dispuesta cuando él le tomó los pezones con la boca, uno después del otro, hasta que jadeó de placer.

Cuando introdujo una mano entre sus muslos, sin dejar de succionarle los pezones, ella se preguntó si podría desmayarse de placer.

Contuvo el aliento cuando él le puso una almohada debajo de las caderas.

– Relájate – susurró él acariciándole la oreja con el aliento–¿confías en mí?

–Sí…

–Será maravilloso, te lo prometo

Él le pasó la yema de un dedo casi por el borde de la braga …y se la quitó.

–No vas a necesitarla – le explicó

Le encantaba que la abrazara, mientras le separaba los labios y le acariciaba con su lengua el interior de su boca, lo hacía con tanta delicadeza y destreza que estaba al borde del límite.

Gimió del placer, necesitaba eso con toda su alma y agradecía que Omer supiera todo lo que había que saber sobre el placer y cómo proporcionárselo a ella.

–¿Te gustó? – le preguntó él cuando ella se había apaciguado un poco.

–¿Tú qué crees?

–Una vez nunca es suficiente – confirmó él mientras iba bajando el cuerpo.

–¿Qué haces…?

Ella no pudo hacer casi la pregunta cuando notó su lengua, sus labios y sus…

–¿Otra vez? – propuso él.

–Sí, por favor.

Ella jadeaba para tomar aire, pero en vez de sentirse saciada, anhelaba más. Abrió los ojos como platos cuando Omer introdujo un dedo dentro de ella.

–¿Te duele? – susurró él.

Ella necesitaba un momento para poder hablar, para acostumbrarse a esa sensación, al asombro, él aprovechó ese momento para estimularla con la otra mano y ella se olvidó de por qué había tenido miedo.

–¿Te gusta?

Le gustaba tanto que no quería que acabara.

–Sí…

–¿Y ahora? – preguntó él introduciendo otro dedo.

–Sí… Sí…

Ella fue ganando confianza y acostumbrándose a esa sensación nueva, pero él no dejaba de excitarla. No tenía prisa. Tenían toda la noche. Ella se estrechó contra él, quien la tomó por la espalda con la mano que le quedaba libre, y como si fuesen amantes desde hacía años, se sentía segura entre sus brazos y muy excitada.

El cuerpo de Omer era magnífico, pero lo que la mantendría a salvo era el hombre que había debajo. No existía un sentimiento parecido. Todo su cuerpo vibraba por la excitación y estaba preparada para lo que se avecinaba… en su corazón, en su cuerpo y en su alma. Ansiaba la liberación física, introdujo los dedos entre el pelo de él. Era un pelo fuerte y viril, como todo él. Era una tortura, que él aumentó al jugar y chupar su clítoris, una deliciosa tortura.

–Eres despiadado – murmuró ella.

–Tienes suerte… – replicó él con una sonrisa maliciosa.

–Tienes razón – concedió ella jadeando

–Quiero que te vengas a vivir conmigo …

–Es lo que tenía pensado. – le dice ella con una coqueta sonrisa

Se quedó sin respiración cuando se puso encima de ella, apoyado en los brazos, y la besó en los labios, los ojos, la frente y el cuello. Entonces, la besó en la boca y se sintió dominada por una oleada de sensaciones. Dejó escapar un grito tembloroso cuando él puso un muslo entre los de ella, se dejó arrastrar por las sensaciones, y ni siquiera se puso tensa cuando la rozó con la punta de la erección para provocarla. Acabó entrando con mucho cuidado y casi la llevó hasta el límite con profundas caricias.

Fue una sorpresa maravillosa darse cuenta de que quería más. Daba y recibía, acometía y se relajaba, subía y bajaba, se arqueaba… Todo ello rítmicamente y con avidez. Ansiaba que él le diera más de lo que se había imaginado posible.

Ella no pensaba en nada y estaba al borde del límite, cuando él aceleró el ritmo, supo que ambos estaban llegando al orgasmo, ella fue la primera en hacerlo, y con un gruñido lo hizo él, sintió como se vaciaba dentro de ella.

Después de una maravillosa noche de placer, haciendo el amor con Omer, Defne durmió hasta tarde, cuando despertó, él no estaba a su lado, pocos minutos después lo vio en la puerta con una bandeja en las manos.

-Buenos días – la saluda

-Buenos días – responde y le dedica una hermosa sonrisa

-Te ves feliz – dice él – ¿creí que despertarías con hambre?

– Tienes mucha razón, estoy que me muero de hambre y estoy feliz

Defne se acomodó en la cama y él le puso la bandeja en sus piernas, luego se acostó a su lado.

-He estado pensando mientras preparaba el desayuno y creo que encontré la solución a nuestro problema

-¿Nuestro?

-Claro, los problemas de la fundación también son míos – dice mientras come un trozo de pan tostado

-Y ¿en qué pensaste?

-Que podemos celebrar noche buena y navidad en la casa de la montaña, en esta época está cubierta de nieve, tendremos que comprarles trajes apropiados a los niños, también averigüé de una empresa que arrienda piscinas temperadas – ella lo miró sin entender – por lo que vi, calientan el agua con unas pequeñas estufas adheridas a las piscinas, lo hacen con leña.

-Wow – contesto Defne

-Ellos son los encargados de instalar todo, en la casa de la montaña existe suficiente espacio para hacerlo.

-Si, de eso no tengo dudas, pero sabes cuanto dinero se necesita para eso, estamos hablando de comprarle ropa apropiada a casi veinte niños, sin hablar de cuanto necesitaremos para arrendar esa empresa, y el traslado de los niños

-Bueno el traslado de los niños no debe significar algo extra, porque después de navidad será su hogar.

-Creí que faltaba mucho para que eso sucediera.

-No, ya casi terminamos con los arreglos, de aquí a esa fecha ya la tendremos completamente preparada para recibir a las familias, además de eso he pensado que, como vamos a vivir juntos.

-¿Cómo? – exclamó ella

-No te pensarás retractar, me dijiste que sí cuando te lo pregunté.

-Está bien – dice ella sonriendo.

-Bueno como iba diciendo, como viviremos juntos, podemos ofrecerle a la mamá de Gad que sea nuestra ama de llaves y puede vivir en esta casa con él

-Vaya señor Iplikci, sí que pensó hoy

-Ves el efecto que tienes en mí, usted me hace bien señorita Topal

-Todo se escucha muy lindo, pero insisto ¿de donde saldrá el dinero para pagar todo esto?

-También pensé en eso, voy a pedir devuelta algunos favores que he hecho durante todos estos años, si, si, lo sé nadie debe saber de la fundación, ni del lugar donde estará ubicada.

-Omer… no sé qué decir

-Solo hay algo que pido a cambio.

-¿Qué es?

-Que te cases conmigo, y que pases el resto de tus días a mi lado, te amo.

-Y yo te amo a ti – le dice dándole un beso

-Entonces, ¿me darás lo que te pido?, ¿te casarás conmigo?

-Por supuesto que sí, ¿Cómo podría negarte algo después de todo lo que has hecho?

-Ahora sí, ya sacié mi apetito de comida, ahora quiero saciar mi otro apetito – le dice él quitándole la bandeja de las manos, dejándola en el suelo para luego acomodar a Defne en la cama.

Una semana después los niños y madres de la fundación fueron trasladados hasta la casa de la montaña, claro que todo se tuvo que hacer de noche, para cuando llegaron al lugar ya estaba amaneciendo, cuando los niños vieron la nieve, se bajaron del bus y comenzaron a gritar de alegría.

La casa de color verde, contrastaba con el blanco que cubría no solo el pasto, sino todos los arboles del bosque que rodeaba la casa.

El día siguiente, veinticuatro de diciembre, llegó un gran camión que traía en su interior carpas enormes que cubrieron la mitad del terreno que daba al frente de la casa, en una de las carpas se instalaron mesas y sillas y un gran árbol de navidad, debajo del árbol los regalos de los niños, cada uno de ellos con sus respectivos nombres.

Omer le compró a cada niño un traje para la nieve con sus respectivos zapatos, los cuales también estaban aun envueltos como regalos debajo del árbol.

Esa noche los niños, sus madres, más los voluntarios de la fundación, y sus familias, cenaron juntos, mientras afuera de la carpa caía la nieve.

Al finalizar la cena, la sorpresa para los niños fue mayúscula al ver ingresar a papá Noel, quien fue el responsable de entregarles los regalos.

El día de Navidad, para la hora en que los niños se levantaron las piscinas climatizadas ya estaban preparadas, luego de el desayuno, los niños se dirigieron al lugar donde las habían instaladas y se sumergieron en ellas hasta la hora del almuerzo.

Esa fue la primera navidad vivida en la casa de la montaña.

Cinco años después, Defne estacionó su auto afuera de la gran casa rural, así la llamaban en lugar de casa hogar, del auto descendió Omer y traía en sus brazos a su hija Emine, y Gad, venía acompañado de su madre.

-Hola – saludaron a los pequeños que jugaban en el patio, ya era verano y las frutas estaban listas para ser comida por ellos, y era exactamente lo que estaban haciendo – ¿listo para celebrar el cumpleaños de Emine?

-Si – gritaron y corrieron al interior de la casa

-¿Quién tiene ganas de comer pastel? – preguntó Omer una vez que todos estuvieron sentados a la mesa

La mayoría de las personas que habitaban la casa ese año, eran familia, compuestas por la madre y uno o más hijos.

Durante los últimos años habían ayudado a más personas de las que les hubiera gustado, su anhelo era cerrar la fundación y que ninguna persona necesitara de su ayuda, pero mientras existieran mujeres o niños que buscaran un lugar donde alejarse de la violencia y comenzar de nuevo, la fundación existiría y ellos seguirían trabajando para cambiar vidas

Mientras Omer miraba por el gran ventanal a los pequeños que jugaban en el patio, entre ellos incluidos, Emine y Gad,  Defne llegó a su lado y lo abrazó.

-Te quiero – le dice ella

-Y yo a ti más – le responde él, y salieron juntos de la casa.

-Mamá – exclamó la pequeña al verlos.

Omer tomó a la pequeña en un brazo y con el otro rodeó la cintura de Defne.

Era casi un sueño, pensaba Omer mientras miraba a su alrededor, nunca hubiera creído que algo así le sucedería, se había pasado la vida solo, y de pronto estaba rodeado por personas que lo querían y lo necesitaban, tenía una esposa maravillosa de la cual estaba muy enamorado, y una hermosa hija.

Sin duda su madre estaría feliz y orgullosa de ver en lo que se había convertido su casa, la que ella construyó pensando en que sus nietos la disfrutarían.

-A los niños les gusta subir a los árboles y les gusta comer la fruta de ellos – le decía mientras él le ayudaba a plantar los árboles, sin duda ella estaría feliz viendo como no solo su nieta disfrutaba, sino también muchos otros niños, pero lo que más la haría feliz, es verlo a él rodeado de tanto amor.

Defne siempre le recordaba que, él había sido el ángel que vino a salvar la navidad, pero lo cierto es que ella era el ángel que enviaron para salvarlo a él, y que, juntos habían logrado un hermoso milagro, añadir una sonrisa en el rostro de niños que sufrieron dolor, y dar esperanza a mujeres que ya la habían perdido.

FIN

5 comentarios sobre “UN ANGEL EN NAVIDAD CAPITULO 5

    1. Gracias Martha eres genial, te envió un fuerte abrazo y como siempre nos regalas lo mejor y por supuesto queremos más y más con está hermosa pareja, muchas felicidades y que tengan un excelente año 2023

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