CORAZÓN PARTIDO CAPITULO 11

-Eres una mujer asombrosa, de verdad no pensé que pudieras sorprenderme más, pero lo has hecho – le dice Omer mientras la mantenía abrazada – cualquier hombre sería afortunado de tenerte en su vida, ser lo último que viera cada noche, y la mujer con la que despertara cada mañana.

Luego la volvió a besar

-¿Me darás la oportunidad de demostrarte que me he convertido en un hombre mejor?, ¿qué te merezco?

Ella cerró los ojos, apoyando la cara en su pecho, no podía creer lo que estaba sucediendo

-Se rompió mi corazón cuando me sacaste de tu vida, – comienza a decir Defne – y te culpé por todo, me sentía desesperada, tan sola y quise odiarte, pero no pude, no puedo, ¿lo entiendes?

-Lo entiendo – dijo él – pero voy a demostrarte ahora que, estoy de vuelta en tu vida, que pienso quedarme para siempre, no soy cualquier hombre Defne, soy el hombre que quiere tenerte entre sus brazos cada día, quiero pasar el resto de mi vida contigo, demostrándote cuánto te quiero, lo importante que eres, y lo preciosa que eres, ¿puedes confiar en mí?, ¿puedes abrirme tu corazón y dejar que te quiera?, ¿Quieres ser mi compañera, mi amante, y la madre de los hijos que vendrán? ¿puedes arriesgarte a encontrar la felicidad conmigo?

-Sí – le responde ella

– ¿Sí? -repitió él, con una sonrisa

-Sí -afirmó Defne – sin la menor duda

Apenas había terminado la frase cuando fue silenciada por un apasionado beso que la habría hecho caer si no la hubiese tenido sujeta.

Con los ojos cerrados disfrutó del calor de sus labios, del rose de su lengua y la presión de su cuerpo, sentía como si flotaba en el aire.

De repente, Omer la soltó y la miró a los ojos, al ver el anhelo en los ojos masculinos, la sangre se le aceleró en las venas y la idea de que Omer se quedara a pasar la noche le pareció tan natural como respirar.

Por lo que terminó de separar sus cuerpos, y lo tomó de la mano y lo guio rápidamente a su habitación.

–¿Tienes prisa? –le preguntó él riendo.

–Claro que la tengo –aseguró – recuerda que tengo un hijo y despierta a media noche.

–Entonces no perdamos tiempo –susurró

Apenas llegaron a la habitación ella se desabrochó los botones de la blusa, quedándose únicamente en un sujetador que apenas le cubría los senos, los que él no dejaba de mirar.

–Eres increíble –murmuró Omer.

–Me alegra que pienses eso –susurró ella.

Él se quitó la ropa a la misma velocidad de ella, Defne abrió los ojos de par en par para mirarlo, y la expresión de su rostro, alimentó todavía más el fuego de su interior.

Ella se derritió cuando las manos de él se deslizaron suavemente por su cintura y descendieron para recorrerle el trasero, y la boca masculina encontró la de ella, recibiendo una respuesta casi inmediata.

Cuando el calor masculino la invadió, todos los sentidos en el cuerpo de Defne se rindieron a su exigencia, tan urgentemente como cuando un imán atrae a otro. Sus pechos se endurecieron y un anhelo desesperado y ardiente la invadió con tanta fuerza que lanzó una hambrienta exclamación ahogada en la boca de él. Sus suaves espacios secretos absorbieron la erótica danza de la lengua masculina con otro gemido, y arqueó su cuerpo contra el de él sintiendo, con una mezcla de miedo e ilusión, la rígida presión de la erección contra su abdomen.

Arrancando sus labios de los de ella con un ronco gruñido gutural, Omer le tomó el rostro entre las manos y le clavó la mirada con un fuego que indicaba que estaba a punto de perder el control.

 La recostó en la cama, se arrodilló, le abrió las piernas y luego la tomó con la boca, ella jadeó, alzó las caderas y gritó su nombre.

Él se tomó su tiempo saboreándola, lamiéndola, mordisqueándole suavemente el centro de su cuerpo. Su calor lo atrapaba, sus gritos y gemidos alimentaban su deseo de darle más. De tomar más. La llevó hasta el borde del abismo mientras ella le pasaba los dedos entre las manos y le sostenía la cabeza. Omer la tomaba por las nalgas mientras deslizaba la lengua por sus profundidades más internas, y cuando sintió que ella estaba a punto de explotar, se detuvo.

–¿Qué?, ¿Por qué te detienes? – alzó la cabeza y lanzó una mirada dura.

Él sonrió.

-Oh, Dios, cómo necesitaba esto- le dice Omer.

Seguro, confiado y perfectamente dueño de la situación, la acostó por completo en la cama y se montó con cuidado a horcajadas sobre ella. Su mirada hambrienta se dio un banquete con la visión de sus pechos llenos y redondos, con un gruñido de aprobación, se inclinó sobre ella para adueñarse de uno de sus pechos, chupándolo y lamiéndolo mientras le acariciaba el otro con la mano.

Reprimiendo un grito, Defne onduló las caderas bajo él, y con ronco susurro, expresó su deseo.

–Por favor…¡Omer!

Al sentir el urgente ruego de su nombre, él se levantó, y ante la sorpresa femenina, puso la cálida seda de su sexo a la entrada de ella y empujó con fuerza.

Ambos se quedaron quietos ante la urgencia y la profundidad de la posesión de Omer, ella experimentó un deseo tan profundo que los ojos se le llenaron de lágrimas, Omer comenzó a moverse dentro de ella, penetrándola más y más hasta que Defne se tomó desesperadamente a sus hombros y tiró de él hacia ella para besarlo.

Estaba ahogándose en el erótico sabor de su boca, emitiendo desesperados gemidos de deseo, subida a una cresta de pasión y deseo, cuando le llegó el momento. La sorprendió como una ola, llevándola de la seguridad de la costa, golpeándola con la fuerza de un torrente, exigiéndole una entrega total hasta dejarla trémula y llorosa tras su rendición y la fuerza de sus emociones.

Encima de ella, él se quedó quieto y ella se dio cuenta del esfuerzo que él hacía por contenerse.

– No pares.

–Cariño –dijo él con voz ronca–. No podría, aunque lo quisiera.

La volvió a penetrar hasta el fondo, la fuerza de su posesión haciendo que Defne menease sus caderas y apretase los párpados, mientras lanzaba un gemido, y Omer dio un empujón hacia arriba, su erección llenándola tan completamente que ella creyó morir de voluptuoso placer.

Mientas Omer la guiaba apasionadamente hacia alturas más elevadas de placer con sus manos, su cuerpo duro y cálido y su estupenda boca, recibiendo la voraz posesión de su cuerpo con la misma ansia.

Omer empezó a moverse, a retirarse, y ella lo echó de menos al instante. Cerró los músculos para retenerlo, y cuando pensó que lo había perdido, él regresó, y entonces se sintió mejor que bien.

Él fue subiendo el ritmo y la fricción generó en ella oleadas tras oleadas de sensaciones brillantes que crecían en su interior con cada embate. Cada vez iba más y más rápido y subía más y más alto, hasta que llegó una última oleada que la hizo gritar el nombre de su amado, para luego caer en la más exquisita sensación de placer.

Luego él gruñó, y con un profundo estremecimiento, se dejó caer suavemente sobre ella, aplastándola contra la cama con su peso y su fuerza. Sus largas piernas velludas se enredaron en las de ella y su aliento entrecortado le sonó en el oído

Omer estaba jadeando con fuerza, el cuerpo caliente, la piel brillante por el sudor. Levantó la cabeza y la besó en la mejilla.

Ella se apartó el pelo de la cara y lo miró.

–Sigue siendo increíble

–Lo sé, pero solo contigo

Defne, se dijo que, no había otro hombre como él, y lo miró durante un largo rato.

Y mientras él la acurrucaba entre sus brazos…

–Así que… ¿cuándo nos vamos a casar? – le dijo

–¿Casarnos?

–Por supuesto, tenemos mucho tiempo que recuperar

–Bueno yo…

–¿Vas a decirme que no quieres casarte?

– Te amo, y por supuesto que quiero casarme contigo.

-Entonces, ¿Cuándo?

-Cuando aclaremos todo lo sucedido y pongamos a cada cual en el lugar que corresponde.

CONTINUARÁ

3 comentarios sobre “CORAZÓN PARTIDO CAPITULO 11

  1. Este capítulo su pero todo los demás yo sabía que todo iba ser decidas, aunque falta me ecanto bello espero que el 12 sea más feliz, besos cuídense mucho fefita gracias.

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