CORAZÓN PARTIDO CAPITULO 5

Transcurrió una semana desde que Omer se fue de su departamento, y no había vuelto a saber nada de él, eso le indicaba que, aunque, haya dicho desconocer la existencia de Melek, y de culparla por mantenerlo lejos de él, el saber de su existencia no había cambiado su manera de actuar, estaba claro que no le interesaba tener una relación cercana con su hijo.

-Defne – escucha decir

-Si, ¿dígame? – responde mientras se levanta – ¿necesita algo?

Otra vez el señor Tranba, ¿Cuánto tiempo más podría evitarlo?

-Necesito que me acompañes a almorzar.

-Pero, ¿y su asistente?

-Quiero que vayas tú, ¿hay algún problema?

-No, por supuesto que no.

-Te espero a la una en el restaurant donde trabajabas, ¿recuerdas?

-En Manu, señor

-Si, ese mismo, no te olvides a la una, puedes tomarte el resto de la mañana libre, nos vemos allá

-Muy bien señor

Intrigada y atemorizada por la invitación, ella se bajó del taxi a la una con 7 minutos

Cuando por fin llegó al restaurant, él ya estaba allí, al verla, se puso de pie y se acercó a ella para darle un beso en la mejilla.

–Siento llegar tarde, – se disculpa.

–No pasa nada, además, permíteme que te diga que ha valido la pena esperarte, estás preciosa.

–Oh! –susurró ella sonrojándose, Deniz la miraba de un modo que a ella no le gustaba –. Este lugar está muy distinto de como lo recordaba –añadió para cambiar de tema mientras miraba a su alrededor– muchas gracias, no solo por la invitación, sino por ayudarme a cambiar la vida

–De nada – dijo mientras le servía una copa de champán – pero debo decir que tú también has cambiado la mía.

–¿Y eso como lo hice? –preguntó ella.

–Antes de que entraras en mi vida, lo mejor que podía decir sobre mí mismo era que estaba ocupado. Ocupado y con éxito económico. Supongo que eso me daba algo de satisfacción. Sin embargo, creo que al ver el amor con el que cuidas a tu hijo, y lo que te esfuerzas por él, creo que has despertado en mí el deseo de formar una familia, tener a alguien en tu vida al que encontrar en casa, alguien por quien tienes sentimientos.

Defne contuvo la respiración. ¿Tener sentimientos?

¿Era posible que…?, no, por favor

–¿Acaso he dicho algo que no debería? –le preguntó él al ver que ella guardaba silencio.

–No, no, en absoluto.

–¿Entonces brindemos por nuestra felicidad, – dice Deniz –

Ella tomó su copa y la levantó a modo de brindis.

–Por ser feliz –dijo, mientras tocaba suavemente la copa de su jefe con la suya.

–Desde luego –afirmó él.

Luego llegó el mesero con la comida, al parecer a su jefe le gustaba decidir por todo y no solo en el trabajo.

La comida era deliciosa eso no lo podía negar, ellos comieron en silencio, hasta que Deniz volvió a tomar la palabra.

–Creo que no me he expresado correctamente – comienza diciendo – eso es porque es la primera vez que me sucede…, Defne yo… estoy enamorado de ti.

–¿Que está enamorado de mí? –preguntó ella atónita.

–Locamente – declaró –. ¿Es buena o mala noticia?

–¿De verdad? ¿Está hablando en serio?

–Sí, lo he pensado mucho antes de declararme, porque no me has dado oportunidad de pasar tiempo contigo y tu hijo, pero si me aceptas, quiero formar una familia contigo, que tu hijo lleve mi apellido, es lo que más deseo en la vida.

–Nunca imaginé … –murmuró a duras penas– no sé qué responder

–Que me aceptas

–¿Podría dejar que lo piense?, esto me tomó por sorpresa, nunca he pensado en usted como hombre, aunque estoy inmensamente agradecida por todo lo que ha hecho por Melek y por mí, pero necesito tiempo.

–Si, por supuesto, el solo hecho de que no me hayas dado un no rotundo, me da ánimo para esperar tu respuesta

–Gracias –susurró ella.

–Pero mientras lo piensas, lleva esto contigo – le dice, dejando un pequeño estuche de una joyería sobre la mesa.

–Tardé mucho tiempo en encontrar el adecuado –dijo él mientras abría el estuche

Defne vio el anillo, había un enorme rubí rodeado de diamantes. Debió de haberle costado una fortuna.

–Un anillo perfecto para mi novia –comentó mientras sacaba el anillo del estuche y se lo ponía a ella en el dedo.

–No – exclama ella, retirando su mano – es hermoso… pero no puedo llevarlo puesto, me sentiría comprometida, y necesito tiempo para pensarlo.

-Está bien – responde él – pero llévalo contigo hasta que me des el sí.

Otra noche sin poder dormir, a Omer se le estaba haciendo costumbre, desde que recibió de Defne la carpeta con los documentos, los recuerdos afloraban en su mente, recuerdos que creía haber enterrado y olvidado, recuerdos del momento en que supo que Defne fue la responsable del robo de los zapatos, pero, sobre todo, recuerdos del maravilloso fin de semana que pasó con ella en la casa de su madre.

Le costó convencerla de que lo acompañara, pero él necesitaba tenerla para sí un par de días, o para siempre, si no hubiera pasado lo que pasó, porque esos eran sus planes, pedirle primero que sea su novia y luego su esposa.

No supo muy bien que fue lo que le sucedió con Defne, pero desde que la besó en aquel restaurant se le metió, no solo en la mente, y en el corazón, sino además en su piel, no dejaba de pensar en ella, y cuando la tuvo ahí, en esa casa que era tan especial para él, sintió que todos los sueños que nunca tuvo, se hicieron realidad.

-Estás aquí – dijo, lleno de emoción, mientras ella recorría la casa, luego le preguntó – ¿Qué te parece?

La respuesta de ella lo sorprendió.

-Se parece a ti, tienes una parte oculta, por fuera, eres un Omer frio, sin sentimientos, y ahora aquí, un Omer que no conozco.

Así es como él se sentía ahora, un Omer que no conocía, un Omer que se dejó arrastrar por el dolor de sentirse traicionado, un Omer que se llenó de ira y no sabiendo que hacer con ella, sacó de su vida a la única mujer que había amado, con la única que había sido feliz, con la única con la que se hizo a la idea de formar una familia y tener hijos.

-Todo lo que tengo, esta casa, la casa de Estambul, yo, y todo, quiero que sea como tú – fue lo que dijo

Luego se inclinó, tocándola solo con los labios, era lo único que necesitaba y Defne bajó la mirada, dejando que las sensaciones la embargaran. Tenía razón, ella se derretía entre sus brazos.

–Cariño…

Era más de media noche y Defne no lograba conciliar el sueño, la declaración de Deniz la tomó por sorpresa, jamás se imaginó que su jefe la quisiera para ser su esposa, menos aún que quisiera reconocer a su hijo, pero Omer ahora que sabía que tenía un hijo, ¿querría reconocerlo como suyo?

Omer, Omer, Omer, porque había aparecido de nuevo en su vida, ahora no podía dejar de pensar en lo que pudo ser y o fue.

Cuantas noches durante estos tres años, y pese a la rabia que sentía por todo lo que le hizo, había revivido y soñado con la primera noche que pasaron juntos, añorando sus caricias, recordando sus palabras, y reviviendo las sensaciones, maldito cuerpo traicionero, que pedía a gritos lo que no podía volver a tener.

Cerró los ojos y se dejó llevar a la cabaña del bosque…

Sonrió e instintivamente, se pasó la lengua por los labios.

–No pasa nada – le había dicho él, y luego, despacio, muy despacio, dándole tiempo para apartarse, inclinó la cabeza hacia ella.

Pero ella no se apartó.

Sus labios eran firmes, pero no exigentes, al contrario, parecían esperar a que ella les diese permiso.

–¿Lo ves? –murmuró después.

Defne no dijo nada, pero de su garganta escapó un gemido cuando la levantó del suelo.

Levantó las manos para tomarse de su camisa. Qué torso tan ancho, tan fuerte. Solo podía escuchar su propia respiración, rápida, entrecortada. Seguían mirándose a los ojos mientras él la apoyaba contra la pared su corazón latía acelerado mientras intentaba tocar el suelo con los dedos de los pies, buscando algo sólido en lo que apoyarse.

Pero él volvió a besarla y no se apartó. Sus besos eran como una droga, y ella no podía moverse. Quería más…

Y él se lo dio. Su lengua deslizándose en el interior de su boca para enredarse con la suya. Era como sentir todas las cosas que más le gustaban a la vez.

Ella le acarició el pelo, corto, oscuro, maravillosamente espeso, y los besos se hicieron más profundos, más ansiosos, enfebrecidos. Lo deseaba con todas las fibras de su ser, quería sentir su cuerpo encima del suyo. No era capaz de apartarse, no quería que terminase aquella sensación. Era como si se hubiera levantado un velo, revelando un deseo que no sabía que existiera en su interior.

Y el deseo de él parecía igualmente fuerte. La besaba en la cara y en el cuello hasta que sus labios conectaron de nuevo en un beso carnal, ardiente.

Él la apartó de la pared para ponerle una mano bajo el trasero y ella respondió automáticamente enredando las piernas en su cintura. Era grande, fuerte y duro. Un instinto básico, desconocido para ella, le hacía desear tocar su piel desnuda y empezó a tirarle de la camisa.

Él trastabilló un poco y Defne notó que la apartaba para dejarla en el suelo.

–Yo… -Pero no pudo decir nada

Lo único que podía ver era su boca y el deseo en sus ojos. Lo único que podía oír era el trueno de su corazón.

Cerró los ojos, para concentrarse en las sensaciones de su boca. Incluso el más breve roce de sus labios la hizo temblar. Él levantó una mano para acariciarle la espalda, el cuello, enredando los dedos en su pelo, manteniéndola apretada contra él para que no pudiese romper el contacto.

Aunque no podría hacerlo, ya no. También ella le acarició el pelo, abriendo los labios para él.

Omer tenía unos labios generosos, firmes y suaves al mismo tiempo. Los tocó con la punta de la lengua, saboreándolos, apretándose más contra él, más y más aún.

Él la dejó dominar durante un momento, pero enseguida la recompensó con una embestida de su lengua. Un involuntario espasmo la hizo temblar, pero seguía acariciando su pelo, lanzándose de cabeza a la tormentosa pasión.

Él levantó un poco la mano que tenía entre sus piernas, rozando las bragas, haciendo que deseara arquearse hacia él.

Lo oyó gemir y ese gemido vibró por todo su cuerpo como si la acariciase íntimamente. Movía los dedos suavemente, como saboreando la húmeda evidencia de su deseo.

Defne se apretó contra el torso masculino y sus pezones se levantaron ante el contacto, él siguió jugando con su clítoris hasta que ella alcanzo el primer orgasmo

CONTINUARÁ

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