EL COLOR DEL AMOR CAPITULO FINAL.

CAPITULO 12

-Ahora ya estoy lista – dice Defne aun abrazada a Omer

-¿Para qué? – le pregunta él

-Para hacer el amor contigo

-¿Que? – exclama Omer

-Claro, si aun tú lo quieres.

-¿Estás segura?, porque yo puedo seguir esperando

-Te dije que cuando volviera a hacer el amor, seria con el hombre del que estuviera enamorada, y yo a ti te amo

Omer la quedó mirando fijamente y el silencio los rodeó.

-Y yo te amo con todo mi corazón –dijo con voz profunda

Defne se humedeció los labios, y se excitó por el modo en que la mirada de Omer siguió el movimiento. Sintió una ráfaga de poderío femenino al saber que era capaz de excitar tanto a aquel hombre tan masculino.

–¿Qué me respondes?

Omer la estrechó aún más entre sus brazos, levantándole después la barbilla con los dedos de modo que sus ojos se quedaron clavados en los suyos.

–He estado esperando que me digas esto

Le bajó las manos a la cintura con gesto insistente mientras la levantaba.

Defne se inclinó hacia delante y le besó el cuello, saboreando su delicioso sabor.

–¿Vas a besarme o no?

Él esbozó una sonrisa lenta e indolente que anunciaba pasión.

–Estaba esperando a que me lo pidieras –murmuró contra sus labios.

Ahora que la tenía exactamente donde quería, sintió que los dedos le temblaban al verse alcanzado por una poderosa emoción, era más profunda que cualquier cosa que había experimentado nunca con ninguna mujer. Sabía que lo que le pasaba con Defne era muy poderoso, lo supo la noche en la que la conoció.

La llevó al dormitorio en brazos, ella le besó suavemente el lóbulo de la oreja, y él arqueó el cuello para darle mejor acceso.

Las seductoras caricias de Defne habían acabado con cualquier vestigio de sofisticación que le quedara, y habían dejado al hombre de Cromañón en su lugar. Pero hizo un esfuerzo por bajar el ritmo y la colocó en el centro de la cama. Le desabrochó uno a uno los pequeños botones del vestido. Incapaz de contenerse, bajó la cabeza y le capturó uno de los tensos pezones entre los labios a través de la prenda, humedeciéndole la tela con la lengua.

Un suave gemido escapó de labios de ella y cuando alzó la vista vio que se estaba mordiendo el labio inferior.

–Tienes unos senos preciosos –murmuró.

Ella se revolvió incómoda en el colchón y trató de quitarse el vestido, él sacudió la cabeza, se colocó a horcajadas sobre ella y le sostuvo las muñecas con las manos a cada lado de la cabeza.

–Déjame a mí –le pidió– me prometí que cuando volviéramos a hacer el amor, me tomaría mi tiempo.

Descendió por la delicada columna de su cuello para poder cubrirle los senos y admirar los rosados pezones, ella se arqueó en la cama y le levantó la camisa, sacándola del cinturón. Omer levantó la cabeza y se la sacó con una mano, gimiendo cuando ella le arañó el torso y el vientre cubriéndole la erección con la mano.

Luego le cubrió de besos el escote, frotándole con la barba uno de los erectos pezones y luego el otro antes de cubrirlos con la boca, torturando su receptiva piel con la lengua y los dientes antes de tomarlos profundamente en la boca.

Ella gimió y se arqueó más alto en la cama, y él le puso las manos en las caderas y la besó más abajo, deslizándole las braguitas por las piernas.

Le bajó la mano por el cuerpo y le colocó una pierna sobre su muslo, antes de deslizar una mano entre sus cuerpos para cubrirle el sedoso vello. Estaba húmedo, el aroma de su excitación le puso más caliente, cuando le separó las piernas e introdujo los dedos en su calor, ella gimió su nombre y un poderoso deseo creció en él.

–Dios, eres preciosa –se bajó un poco más, le mantuvo las piernas abiertas y comenzó a besarle los muslos antes de subir un poco hacia arriba.

–Omer –ella se tomó se su cabello, provocándole escalofríos en la nuca–. Necesito…

–Yo sé lo que necesitas –él le abrió aún más las piernas para colocar los hombros entre ellas y le tocó la suave piel con la lengua.

Defne se retorció debajo de él y tuvo que anclarle las caderas a la cama con el antebrazo mientras le devoraba el dulce centro del cuerpo, lamiéndola hasta que ella se revolvió como una gata gritando su nombre una y otra vez.

Se dio cuenta de que estaba a punto del orgasmo, su cuerpo se estremecía, y apresuró los movimientos llevándola más alto, necesitaba sentirla contra la lengua. Nunca antes había sido así para él. Aquella profunda necesidad de complacerla, de escuchar sus suaves gemidos de rendición mientras le daba placer. Y cuando finalmente ella alcanzó el orgasmo fue el momento más dulce que recordaba haber vivido.

Sin darle tiempo a recuperarse, subió y le tomó la boca con otro beso apasionado. A pesar de tener el cuerpo tan profundamente excitado, casi le bastaba con complacerla a ella y que alcanzara el éxtasis entre sus brazos. Pero entonces ella le tiró del cinturón del pantalón y supo que ella tenía tantas ganas de tenerlo dentro como él de estar allí.

Encargándose de la tarea, él se quitó el pantalón y gimió aliviado cuando los dedos de Defne tomaron su miembro, cerró los ojos mientras ella se retorcía en la cama y cambiaba la mano por la boca, volvió a gemir y le pasó la mano por la melena mientras ella utilizaba los labios y la lengua para volverlo tan loco como había hecho él.

–Defne… –la levantó un poco y la colocó debajo de su cuerpo–. Necesito estar dentro de ti –gruñó colocándose entre sus piernas.

–Sí –ella le sostuvo el rostro entre las manos y le puso la boca en la suya mientras su cuerpo se hundía en ella.

Entonces Omer gimió, Defne levantó el cuerpo hacia el suyo y él contuvo un gemido mientras se hundía más profundamente en su apretado interior.

Sin darle apenas tiempo para ajustarse, se movió dentro de ella llenándola una y otra vez con embates profundos y seguros. Era como si su cuerpo perteneciera a una parte primitiva de sí mismo a la que no había tenido acceso antes porque se sentía poseído. Poseído por una necesidad de reclamarla y hacerla suya.

–Relájate, cariño… estás muy tirante. Sí, Dios, sí. Así.

Omer se estremeció, le tomó el trasero con las manos, la colocó en ángulo y entró en ella todavía con más ímpetu, animado por sus pequeños gritos de placer pidiendo más hasta que en un momento salvaje ambos estuvieron más allá del límite de la razón y del espacio y alcanzó la satisfacción más placentera que había sentido en su vida.

Si moría en ese instante, lo haría feliz, estar dentro de Defne era la experiencia más maravillosa y placentera que pudiera tener en la vida.

Debió de quedarse dormido porque en algún momento Defne se había acurrucado entre sus brazos. ¿O fue él quien la colocó allí? En aquel momento no le importaba porque solo podía pensar en su femenino peso apoyado contra él. Al sentir que estaba despierta, él le apartó cariñosamente el pelo de la frente.

–Estoy encantado. Un colchón suave. Sábanas suaves. Una mujer suave. ¿Qué más puede pedir un hombre?

Dos horas después Defne, y luego de volver a hacer el amor con Omer, debió levantarse de la cama y volver a su casa, si su abuela se enteraba que pasó la noche afuera, sobre todo ahora que estaba de novia, seguramente le daría un gran sermón de cómo debía ser el comportamiento de una señorita.

-Hermana – le dice Serdar, al día siguiente – la abuela nos pidió, y tú sabes que cuando ella pide algo no queda otra opción más de obedecer.

-Ya y toda esa frase es para…

-Para explicarte que, tenemos que ir a buscar un salón para tu fiesta de matrimonio.

-Pero, yo creí que eso ya estaba listo.

-Para que veas, las señoras de la familia, se les olvidó ese pequeño detalle.

-¿Cómo que pequeño detalle?, por Dios Serdar, es un gran detalle, no puedo creer que a mi abuela se le haya olvidado, y la señora Neriman, es increíble.

-Ya no te enojes, tiene solución, ¿o no?

-Y ¿Dónde se supone que encontraremos un salón lo suficientemente grande para la cantidad de personas que están invitados al matrimonio?

-Ya hice una lista de lugares apropiados, lo único sí, es que tenemos que ir hoy mismo, ¿te parece bien?

-Claro que me parece bien, ¿a qué hora nos vamos?

-Solo esperamos a que estes lista y nos vamos

-¿A qué te refieres con que esté lista?, acaso así como estoy no estoy bien.

-Para ir al supermercado, claro que sí, pero para ir a salones elegantes y conversar con los gerentes, no, no lo estás, ve a ponerte bonita.

-Está bien, pero cuando vea a la abuela le diré lo que pienso de todo esto.

-Ya, ya, ahora ve a prepararte

Una hora después el auto en el que iban se detuvo frente a un hotel conocido para ella.

-¿Qué hacemos aquí?-  pregunta Defne

-Este lugar es apropiado para la celebración de tu matrimonio, ¿te acuerdas cuando nos colamos en la fiesta?

-Si, claro, pero…

-El lugar es elegante, y amplio, cabrían perfectamente los 200 invitados, ven vamos, el gerente nos espera.

Ambos entran al hotel donde son, efectivamente recibido por gerente, el hombre los lleva al salón principal, al lugar donde Defne vio por primera vez al hombre enmascarado o mejor dicho a Omer.

-Por aquí por favor – escucha que dice el gerente.

-Muchas gracias, Defne – Serdar se dirige a ella – voy al baño y vuelvo, espérame aquí, volvemos enseguida.

Defne se quedó de pie en el centro del salón, de repente comenzó a sonar un vals y las luces del salón bajaron de intensidad, ella sonrió, mientras veía a un hombre que bajaba la gran escalera del salón de baile, con la capa negra flotando detrás de él.

Era Omer, llevaba una máscara, e iba vestido de negro de los pies a la cabeza, y la capa que le daba un aspecto de ángel de la muerte, igual que la noche que se conocieron.

Él llegó a su lado y le ofreció la mano, la que Defne aceptó con gusto, ella abrió la boca para decir algo, pero él levantó la mano y le puso un dedo a los labios para silenciarla.

Emocionada, permitió que él la abrazara y al compás de la música se deslizaron por el salón, siguieron bailando sin decir ninguna palabra, hasta que Omer se detuvo, se soltó de ella, le tomó la mano y la apretó, rozando la sensible piel de la muñeca con el pulgar, y la miró profundamente a los ojos.

-Te quiero Defne Topal – le dice – quiero pedirte que me permitas ser, el hombre que te haga más feliz de lo que has sido hasta ahora, y quiero pedirte que estés a mi lado, día y noche, quiero ser el hombre que te llene de buenos recuerdos, aquel de quien le hables a tus nietos, el hombre que te ame el resto de tu vida, y aquel a quien tú ames el resto de su vida.

Con un suspiro ella exclama

–Ay, y yo te amo tanto… –incapaz de contener la alegría un momento más, le rodeó el cuello con los brazos–. Creo que me enamoré de ti aquí mismo, porque nunca conseguí olvidarte por mucho que lo intentara.

–Y gracias a Dios por eso, porque yo tampoco te pude olvidar.

–Qué locura –lo regañó con dulzura besándolo con tanta ternura – ¿y todo esto lo planeaste con mi hermano?

–Así es como me haces sentir la mayor parte del tiempo. Loco y feliz y… ¿por qué lloras?

–¿Estoy llorando? –ella se quitó con los dedos las lágrimas que no sabía que estaba derramando–. Es que soy muy feliz. ¡Nunca me imaginé que podría llegar a sentirme así!

–Lo que quiero es que te sientas así conmigo, para siempre.

–Sí. Así será.

–No lo olvides –Omer la abrazó con más fuerza y sacó una cajita del bolsillo– quiero demostrarte lo mucho que te amo, y quiero que todo el mundo sepa que eres mía –él abrió la cajita y dejó al descubierto un enorme anillo con un reluciente diamante.

–Oh, Dios mío…

Él se arrodilló y en esa posición le preguntó

-Defne Topal, ¿te casarías conmigo?

–Oh, Dios mío, sí –susurró ella riendo– Oh, Dios mío sí, mil veces, si

–Gracias a Dios –Omer la besó sonoramente y le deslizó el anillo en el dedo, – Porque estamos hechos el uno para el otro y siempre ha sido así.

Y aquí estaba, frente al espejo con un hermoso vestido blanco, a escasos minutos de la ceremonia en la que se convertiría en mujer de Omer

Si era sincera, debía reconocer que el vestido le quedaba muy bien, sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de su futuro marido

-Estoy un poco nerviosa -fue lo primero que le dijo

-No tienes por qué, te ves muy hermosa con ese vestido… lo que me recuerda…

Sacó un estuche del bolsillo – éste es mi regalo de boda.

Abrió el estuche y sacó un anillo.

-Pero se supone que el anillo me lo debes dar durante la ceremonia.

-Este fue el anillo que mi padre, le dio a mi madre como regalo de bodas – le dice mirándola a los ojos, luego lo deslizó por su dedo.

Visiblemente emocionada ella logra decir.

-Es precioso

Y lo besó…

Se miró por última vez en el espejo, reconociendo que se sentía satisfecha con la imagen que lograba ver en él, el vestido, las perlas, los pendientes y el anillo le daban un aire de princesa de cuentos de hadas.

– ¿Lista? -dijo él

-Lista – le dice ella tomando su ramo de novia.

-Te espero en el altar, no te tardes.

-Ahí estaré.

Se casaron dos semanas después, fue un día glorioso. Defne caminó al altar del brazo de su hermano, y este le entregó la mano de su hermana al hombre que seria de ahora en adelante su esposo.

Terminada la ceremonia Omer la miró a la cara y le preguntó

–¿Estás feliz?

–Mucho. ¿Y tú?

Él asintió, acariciándola con la mirada.

–Por supuesto que sí. ¿Cómo no lo voy a estar? Eres la mujer más maravillosa del mundo, la vida no podría ser más perfecta.

Entonces se inclinó y la besó.

–¿Ya te he dicho que te amo?

–No estoy segura. Pero repítemelo, por si acaso.

Él sonrió y la besó una vez más.

–Te amo, te amo, te amo.

-Yo también te amo, mi amado esposo.

Fin

4 comentarios sobre “EL COLOR DEL AMOR CAPITULO FINAL.

  1. Que bonito Martha!! Ha sido una historia preciosa y esperando las próximas para no dejar de leer ninguna. Muchas gracias Martha, nos haces vivir con nuestros chicos en cada novela que nos ofreces. Te deseo todo lo mejor.

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  2. Hery, me ha encantado,como diemprey nos cautivas con nuevas historias del amor entrega nuestros chicos. Nada que tomando las palabras de Iz, ellos son leyenda. Defne, Omer y su amor.

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