
Solo esta vez, se prometió a sí misma Ada, nunca había deseado a otro hombre.
Tenía que hacerlo y no se arrepentiría.
Él, se arrodilló junto a la cama, tomó su rostro con ambas manos y le dio un beso. Ella se dejó llevar por la sensación.
Mert le bajó los tirantes muy despacio y tiró de él, dejando sus pechos al descubierto, mirándola con deseo.
–Eres preciosa –murmuró con voz ronca, inclinándose a besarla en el vientre y todavía más abajo.
–No me tienes que halagar… –gimió ella, cerrando los ojos ante la intensidad de unas caricias tan íntimas.
–No digo más que la verdad –dijo él, levantando la cabeza y mirándola a los ojos–. Acepta los halagos.
A continuación, él metió la mano entre sus muslos para acariciarla íntimamente, pero ella cerró las piernas
–Acepta mis caricias – le dice con delicadesa.
–Está bien–susurró ella, abriéndose para él
–Perfecto… –le respondió él sonriendo–. Porque necesito verte, probarte y tenerte.
El cuerpo de Ada reaccionó a aquellas palabras, las caricias y los besos del hombre la excitaron todavía más. Arqueó el cuerpo para que la acariciase con más intensidad y él se echó a reír.
–Todavía no.
La llevó al límite una y otra vez, la hizo retorcerse, temblar y rogar.
–Por favor…
Él esbozó su maravillosa y pícara sonrisa y después se acercó más y fue bajando con la boca por su cuerpo.
Ada tembló mientras descubría sensaciones nuevas y él metió lentamente un dedo en su sexo.
–Déjate llevar –le pidió.
Y ella se movió de manera incontrolable, siguiendo los instintos de su cuerpo hasta que el orgasmo la sacudió y por fin dejó todos sus músculos muertos contra el colchón, suspirando de placer.
Entonces se dio cuenta de que deseaba aún más.
Él se incorporó.
Con el corazón acelerado, ella observó cómo se quitaba toda la ropa incluida la interior.
Se humedeció los labios y tragó saliva, incapaz de apartar la mirada, incapaz de articular palabra.
-Te gusta lo que vez – le preguntó él
-Si, me gusta y mucho – dice mientras descaradamente lo recorría con la vista
-Era lo que esperabas.
-Más, mucho más – dice tragando saliva
-A mí también me gusta lo que veo, aunque debo decir que eres exactamente lo que pensé que eras
Entonces ella se levantó de la cama y se aproximó lentamente, con fuego en los ojos, estiró el brazo, puso la mano sobre su torso desnudo y clavó las uñas en su piel, suavemente. Después, le dio un beso en el cuello y lo mordió con suavidad, él agitó las caderas.
–Ten cuidado –susurró
Ella lo mordió con más fuerza.
–Creo que no lo haré, siento como si llevara años a dieta, y ahora me muero de hambre.
Se inclinó, le dio un beso en el pecho y fue bajando sobre sus abdominales hasta llegar al hueso de la cadera, donde mordió suavemente y le hizo dar un respingo, y tomó su miembro con la mano y apretó con suavidad.
–Veo que tienes intenciones de matarme – dijo él con la voz entrecortada.
–No he hecho más que empezar. He fantaseado mucho con esto. No tienes ni idea –se inclinó y acarició la punta de su miembro con la lengua.
Ella sintió como las caderas de él, comenzaban a moverse, cuando recorrió su erección con la lengua, levantó la vista y lo observó mientras él con los ojos cerrados disfrutaba de sus caricias.
Se inclinó de nuevo y besó su miembro antes de lamerlo y metérselo en la boca.
Él, se aferró a ella, hundió los dedos en su pelo mientras Ada succionaba una y otra vez su miembro erecto, y cuando sintió que se acercaba el clímax, él la apartó.
–Así no –dijo.
–¿Por qué no?
-Porque quiero estar dentro de ti.
Y él la volvió a recostar en la cama, le separó las piernas con cuidado, se situó entre ellas y la besó.
–Sabes –le dijo–. Eres preciosa. Más de lo que deberías.
Se apretó contra ella.
Ada cerró los ojos, tomó aire, tembló y suspiró mientras la penetraba.
Luego los abrió, y se miraron en silencio y él fue avanzando en su interior, haciéndola suspirar.
Él la besó de manera dulce, despacio, al mismo ritmo al que movía las caderas.
Ella sintió que se derretía y empezó a moverse también.
–Eso es –murmuró él–. Tómame.
Y bajó la mano para acariciarla entre los muslos.
Ada pensó que no quería que aquello terminara jamás.
–Esta vez vamos a hacerlo juntos –susurró él.
Él siguió moviéndose y ella lo apretó con los brazos y las piernas, con todo su cuerpo.
Pensó que aquello era lo que quería y que era todavía mejor que la vez anterior.
El orgasmo la pilló desprevenida, haciendo que todo su cuerpo se sacudiese. Y lo mismo le ocurrió a él. Se abrazaron y se besaron, compartiendo la sensación.
Ada jamás se había sentido tan cerca de alguien, ni tan segura. Aunque hubiese durado solo unos segundos, había sido la mejor sensación de su vida, por lo que no le pareció extraño expresar un…
–Gracias – en un suspiro
–¿Ada…? –le pregunta él.
Pero ella, no quería responder, estaba aún disfrutando de las oleadas de placer que acudían a su cuerpo cada vez que se movía.
-Ada – le dice él nuevamente
Ella no quería hablar, solo quería permanecer en la nube de placer que la envolvía en ese momento.
-Ada, despierta
Ella abrió de manera instantánea los ojos.
– ¿Qué… que sucede?
-Eso quisiera saber yo, -con los ojos brillantes y juguetones – no tengo claro si tenías una pesadilla, o estabas teniendo un sueño erótico.
– ¿Qué? – pregunta ella sin entender aun lo que sucedía.
-Si, desde mi habitación escuchaba tus gemidos – le dice sonriendo de manera pícara – ¿Qué soñaste?, claro si puedes contarme.
-Estaba teniendo una pesadilla – le dice luego de entender que todo fue un sueño, y que no le podía contar la verdad.
Él solo la miraba divertido.
-No sé qué tiene de divertido, fue horrible – respondió molesta al verlo reírse de ella.
-Y ¿Que soñaste?
-Soñé que alguien me aplastaba, – bueno eso no estaba tan lejos de la verdad. – y no me podía mover, ni hablar, fue desesperante para mí, por eso no le veo lo gracioso.
-Porque desde donde yo estaba, parecías disfrutar del sueño
-Pues no, no lo estaba disfrutando, por eso te agradezco que me hayas despertado.
-Está bien, lo siento y de nada.
-Creo que no volveré a comer tarde, o talvez sea la posición, solo tengo tres meses de embarazo y me vientre ya me incomoda para dormir.
Desde que Mert la besó, y aunque el beso no fue lo que se podría llamar apasionado, los recuerdos de la noche que compartieron en el hotel, se repetía una y otra vez en sus sueños.
-Si estás esperando que, alimente, tú ya bien desarrollado ego diciéndote lo maravilloso que ha sido, estás muy equivocado – le había dicho luego del beso, apartándose de él.
-¿Maravilloso? – preguntó él, con una sonrisa.
Sí, pensó.
-No -respondió.
-Podría volver a repetirlo si necesitas…
-No pienso dejar que vuelvas a besarme para demostrar algo.
Mert le tomó la mano y la distrajo con las sensaciones que le crearon sus caricias.
– ¿Y qué es lo que yo quería demostrar?
-Pues que… – trató de buscar una razón, pero al final se rindió – de acuerdo, admito que me gustó, pero no pienso decir nada más, así que deja el tema.
-Por mi no hay problema —respondió él, con una sonrisa de satisfacción.
¿Cómo se había metido en aquel lío?, porque para ella, vivir con Mert si se estaba convirtiendo en un problema.
La decisión de vivir con él le había parecido lo más lógico, pero el beso y la manera en la que la cuidaba, no le ayudaban a sacarse de encima los recuerdos, las sensaciones que vivió en compañía del padre de sus hijos, aquella noche, en aquel hotel.
Al final resultó ser peor el remedio que la enfermedad, porque, si se hubiera quedado solo con la fertilización in vitro, podría alegar que él no tendría derecho a estar a su lado y cuidarla como lo hacía, en cambio ahora, no tenía más opción que aceptarlo.
No podía decir que era un martirio aceptar sus atenciones, pero no las quería, no quería acostumbrarse a depender de nadie, porque cuando él se fuera, seguramente lo extrañaría.
Todas las noches cenaban juntos, él llegaba de su trabajo y le llevaba la comida a la cama y se quedaba a comer con ella, y eso se volvió una rutina que Ada esperaba.
Las conversaciones que mantenían, le permitieron ver un aspecto muy diferente de la personalidad de él, que la sorprendió y la intrigó, no era el hombre irresponsable que ella pensó cuando lo conoció, habían pasado ya dos meses y él aun mantenía la decisión de acompañarla y cuidarla, por eso había llegado a la conclusión de que, si le ocurría algo como les había pasado a sus padres, quería que sus hijos tuvieran a alguien responsable para que cuidara de ellos, alguien como Mert
CONTINUARÁ

Hola Marta, muy buenos días ¿Podrías enviar a mi correo los capítulos 2, 3, y 4 de esta serie. Solo me han llegado el 1 y el 5. GRACIAS
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Que bonito Martha! Me encanta la historia, el ansia que tiene su cuerpo de estar con Mert y disfrutar de él y cómo su mente le dice que no, esa lucha interna no sabemos cómo acabará y de nuevo nos dejas con la intriga que ya nos cuesta esperar. Gracias Martha 😊
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Como siempre genial bravo Marta 👏
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Es uns novela preciosa me gusta mucho
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Sólo he podido leer el capítulo 1 y 5 en el blog, no encuentro los otros y me gustaría mucho, está historia, también es preciosa, por favor ayúdame a acceder a estos capítulos.
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Me encanta
Pero sólo he podido leer el 1 y el 5.
Cómo veo el resto
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Me gusta mucho pero solo he podido acceder al capítulo 1 y al 5. Como puedo leerla entera? Gracias anticipadas
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