
CAPITULO 14
Un momento después, abandonaba la calidez de la casa, para adentrarse en la noche fría. Se dirigió a la furgoneta y miró por encima del hombro mientras abría la puerta.
Se estaba yendo, y se sentía muy extraño, Arik no hizo nada para detenerla cuando dijo que se iba.
Abrió la puerta y se metió en el vehículo. Lo había conseguido, se había marchado con dignidad. Le había deseado buenas noches, lo había besado en la mejilla y se había ido. Ella tenía el control, era así de simple.
Todo lo que tenía que hacer era conducir, durante un momento se quedó observando la casa oscura, y sin entender el porqué, salió de la furgoneta.
Cuando entró a la casa, Arik estaba en el mismo sitio donde lo había dejado.
–Cambie de opinión – le dice – me voy a quedar.
–¿Estás segura? –contestó en voz baja.
–¿No te alegras de que lo haya hecho? –preguntó dubitativa.
Por toda respuesta él, le tendió los brazos y ella los aceptó. La besó en los labios y ella sintió que se derretía. Fue un beso largo y dulce, lleno de anhelo y ternura que le puso la carne de gallina y le endureció los pezones.
Luego la acostó boca arriba en el suelo al lado de la chimenea, y le quitó los pantalones y las braguitas, arrodillándose en el suelo.
–Te necesito tanto –susurró.
Puso los muslos de ella sobre sus hombros y se inclinó para besar la orquídea rosa de su sexo, dándole un placer intenso y tierno a la vez.
Lo primero que ella notó es que él, conocía todas sus respuestas, como si le pudiera leer la mente
Y que aprendió a cómo ser paciente cuando ella necesitaba más tiempo, cómo prolongar el placer hasta el límite, y después empezar de nuevo incluso antes de que ella misma supiera que estaba preparada.
Cuando el deseo de tenerlo dentro fue demasiado intenso, lo llamó y él se acercó a ella. El peso de su cuerpo y la forma en que la penetraba eran cosas que estaban más allá del miedo y de la duda.
Alcanzaron el orgasmo juntos, y se quedaron acostados viendo las llamas de la chimenea brillar.
-¿Desde cuándo se adueñó de mis sueños? – dijo Deliha al abrir los ojos.
La respuesta la tenía en su cabeza, pero se negaba a pronunciarla, había sido desde el mismo momento en el que Arik la despidió en la puerta de su casa, sin obligarla, o convencerla de que se quedara con él esa noche.
Y desde esa noche, el único acercamiento que tuvo fue a través de los correos electrónicos pidiéndole una cita, a la que ella se había negado, buscando cualquier excusa, y de eso ya habían pasado dos semanas
Ella se lo imaginaba caminando como un león enjaulado ante el hecho de que no se hacía lo que él quería, porque seguramente todo lo que le dijo fueron solo palabras, fingirá hacer todo lo que yo quiera, pero al final terminará haciendo lo que él quiere, pensó.
Pero, nada, no hubo reproches, no hubo malas palabras, no hubo nada…
¿Quiere decir acaso que, me dio el control? ¿Que al hacer el trato estaba dispuesto a dejarme hacer las cosas a mi manera?
¡Y era eso lo que ella iba a hacer! Si es lo suficientemente idiota como para dejarme llevar la voz cantante, ten por seguro que lo haré. Y veremos qué tal le sienta.
La siguiente semana solo tuvo tiempo para trabajar en la casa de Arik, había mucho más trabajo de lo que había imaginado cuando aceptó la oferta.
La mansión tenía ocho dormitorios, y cada una con un cuarto de baño, cuatro salones, una biblioteca, una cocina enorme, una sala de música y una sala de juegos, sin mencionar otra media docena de habitaciones y la casita de invitados.
Le iba a llevar mucho tiempo decorar la casa. Decidió empezar con las habitaciones más importantes y terminarlas antes de empezar a pensar en el resto de la casa. Desde el punto de vista de Arik, lo más importante era la cocina, el comedor y los salones. Él podría seguir acampando en el dormitorio sacando la ropa de una maleta hasta que el resto de la casa estuviera terminado, eso le escribió en uno de los correos que recibió.
Fiel a su palabra, le dio una tarjeta de crédito para que hiciera las compras de la casa. Ella encargó una cocina a medida a una de las tiendas más exclusivas, mobiliario cómodo para el salón y una serie de piezas antiguas. Esperaba que realmente el presupuesto fuera grande, porque la cuenta estaba creciendo vertiginosamente.
Esa tarde, estaba concentrada terminando los detalles de la cocina
–Ayer les hice una oferta a los propietarios – escuchó decir a su espalda.
–Por Dios me asustaste, creí que estaba sola, quedamos en que me avisarías cuando pudiéramos vernos
-Y he cumplido mi palabra, pero en esta ocasión vine a ver a la decoradora de mi casa, me imagino que no necesito enviar un correo para eso
– No, por supuesto que no, ¿De verdad te vas a quedar?
–Sí.
–Arik, este es un gran paso –le dijo con seriedad–. No tiene nada que ver con comprar unos cuadros o cambiar la cocina. Sé que eres un hombre rico, pero si cambias de opinión puede que te cueste mucho vender la casa.
–Estoy decidido.
Ella no respondió y fingió seguir con su trabajo.
– Vi los cuadros con los que decoraste el salón, son maravillosos.
–Deben de serlo, porque pagaste una fortuna por ellos.
–Siempre estarán aquí, igual que yo.
–¿De verdad?
–Definitivamente, aun no lo entiendes ¿verdad?, te deseo en mi vida, Deliha ¿Puedo tener esperanza o solo estás jugando conmigo?
Sus miradas se encontraron en lo que pareció un duelo, y la primera en hablar fue ella
-Tal vez -respondió – Convénceme.
– ¿Qué quieres que haga?
-Quiero sexo contigo, pero no quiero que pienses que eres mi dueño, es solo eso… sexo
– ¿Algo más?
-Si, esta vez quiero hacerlo a mi manera.
Él asintió con la cabeza y se acercó a ella.
-No me toques –dijo ella con la barbilla levantada– dije a mi manera, desnúdate – le ordena
Sin decir ninguna palabra y sin dejar de mirarla, él, comenzó a desabrocharse la camisa, después los pantalones, y finalmente se quedó desnudo ante ella.
Deliha se aproximó lentamente.
-Ahora gírate, quiero verte completo
Él hizo lo que le pidió.
Ella estiró el brazo, puso la mano sobre su torso desnudo y clavó las uñas en su piel, suavemente.
Después, le dio un beso en el cuello y le mordió con suavidad, esa era la prueba de su poder.
–Ten cuidado –susurró él.
Ella le mordió con más fuerza.
–Claro que no, me perteneces y haré contigo lo que quiera, -lo tomó del pelo, le agachó la cabeza, y lo besó en los labios e invadió su boca con la lengua.
Cuando se separaron, estaban los dos sin aliento y ella tenía la cara sonrojada.
–Solo me tocarás cuando yo te lo permita – le ordenó – solo cuando yo te lo diga
Se inclinó, le dio un beso en el pecho y fue bajando sobre sus abdominales hasta llegar al hueso de la cadera, donde mordió suavemente y le hizo dar un respingo, tomó su miembro con la mano y apretó con suavidad.
–Deliha, ¿qué estás tratando de demostrar? –preguntó él con la voz entrecortada.
–Que eres mío, o por lo menos tu cuerpo lo es –se inclinó y acarició la punta de su miembro con la lengua.
Aun cuando su mente le decía que no debía aceptar aquello, su cuerpo se rindió a lo que Deliha le estaba ofreciendo.
Cuando ella recorrió su erección con la lengua, estuvo a punto de perder el control. Se apartó de ella con el corazón desbocado.
–No puedo… Deliha, para.
–¿Por qué?
Él la tomó de las manos y la levantó
–¿Es así como te hacía sentir?
–Si, ahora ya sabes cómo me sentía, siempre, siempre que estaba contigo
-Lo siento – le dice él abrazándola – no puedo borrar el pasado, solo puedo demostrarte que ya no soy el mismo.
Y luego la besó, el beso fue tal como ella lo soñó, fue un beso largo y dulce, lleno de anhelo y ternura, ella sintió que se derretía, se le puso la carne de gallina, le endureció los pezones.
Dulce, tierno y al mismo tiempo apasionado, con su lengua recorrió sus labios, pidiendo permiso para entrar a su boca, permiso que ella le dio con un suspiro.
Luego se separó de ella, y sin dejar de mirarla a los ojos, le dijo
-Te amo, eres la única mujer en mi vida, la única mujer con la que deseo hacer el amor, ¿me das tu permiso?
Ella asiente con la cabeza
-Gracias – le responde él y comienza a desabrochar los botones de la blusa, uno a uno y sin dejar de mirarla.
Le quitó la blusa y ella hizo lo mismo con su sujetador, luego se quitó los pantalones y las braguitas y quedó en igualdad de condiciones con él.
En ese momento lamentó no haber acondicionado una habitación, porque no existía una cama donde hacer el amor, pero eso no importó mucho, porque Arik la levantó en brazos y la llevó hasta lo que era su despacho, y la acomodó en la alfombra al lado de la chimenea.
– ¿Qué crees que vas a hacer? – le pregunta ella al ver que él tomaba una bolsa de caramelos del escritorio
–Los compré hace unos días, me recordaron a ti, pequeños y dulces, los guardé, esperando a que aceptaras alguna de las invitaciones que envié al correo –abrió la bolsa, sacó un caramelo y se lo colocó en el muslo. Se inclinó, tomó el caramelo con los dientes y después lamió su piel con la lengua–. Relájate y disfruta.
No tuvo que pedírselo dos veces. Le colocó otro caramelo justo debajo del ombligo, después otro, y otro. Hasta crear sobre su vientre un sendero que llegaba hasta sus pechos.
Finalmente, le colocó otro en los labios.
–Mantenlo ahí –le ordenó–. Siempre me pareció que eras dulce como un caramelo.
Agachó la cabeza y pasó la lengua sobre su clítoris, ella se retorció y dejó escapar un gemido amortiguado.
–Cuidado –le dijo él– no dejes caer los caramelos
Se acercó al caramelo que descansaba en la parte baja de su vientre, justo por encima de su vello púbico, lo tomó con los dientes y después lamió su piel.
Siguió el sendero de caramelos hasta sus pechos y se detuvo a estimular sus pezones con la punta de la lengua antes de succionar con fuerza y saborearlos como había hecho con los caramelos.
Cuando terminó con el dulce de su cuerpo, subió hasta su boca y recorrió sus labios con la lengua, antes de capturar el caramelo y besarla.
–Sabes a cereza –murmuró ella.
–Tú también.
La tomó por las caderas y cambió de postura para que ella estuviera sentada encima, a horcajadas.
-Impón, tú, el ritmo – le dice
Ella le colocó las manos sobre los hombros y se acomodó para que pudiera penetrarla. Mientras lo hacía, él observaba su cara, veía la expresión de placer que iba apoderándose de ella.
Él estaba a su merced. A merced del calor que le rodeaba, del ritmo que ella marcaba y que lo volvía loco. Y de pronto se sintió desesperado, como si un agujero de deseo y de necesidad se abriera en su interior, como si nunca fuese a quedarse satisfecho.
Se dejó llevar por el ritmo que le impuso Deliha, se contuvo hasta poder alcanzar el clímax junto con ella.
Ella soltó un gemido gutural, arqueó la espalda y sus músculos internos se tensaron alrededor de su miembro. Entonces, él también se dejó llevar y se derramó en su interior en un orgasmo que recorrió todas las células de su cuerpo, abrasándole desde el interior, con una intensidad tal que creía que no quedaría nada de él cuando terminase.
Pasados unos minutos, ella salió de él, se levantó, Arik la miró y vio sus labios hinchados y sus ojos confusos.
Deliha se dio la vuelta, tomó su ropa y así desnuda como estaba, abandonó la habitación.
CONTINUARÁ

¿Y los anteriores capítulos?
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Ay por Dios Martha, que ganas tenia de volver con éste hombre y averiguar hasta donde el límite de Deliha, me encanta cómo se está portando con el, ante la duda de si el ha cambiado. Gracias Martha 😊.
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