
Cuando Omer la depositó en el piso, ella se apartó de sus brazos
–Yo … quiero … lo que quiero es usar la ducha, si puedo –dijo, dando unos pasos hacia atrás maldiciendo para sí la cojera que le robaba toda dignidad.
–Claro. Te mostraré dónde está –dijo él.
Antes de que ella cerrara la puerta del baño, él le tomó la mano.
–Espera un momento, aunque no creo que la uses por mucho tiempo, vas a necesitar ropa un poco más cómoda.
Omer le recorrió el cuerpo con la mirada con evidente ansia, tanto que Defne contuvo el aliento, pero, de repente, se dio la vuelta y se marchó, rompiendo el hechizo.
Ella se apoyó contra la pared y lanzó un áspero suspiro.
Cuando Omer estuvo de vuelta, le dio una camiseta gris y un pantalón corto negro. Su mirada seguía ardiente, pero con una especie de distancia que no le había notado antes.
Ella recibió la ropa con cortesía, cerró la puerta, y se dejó caer en la silla con un suspiro de alivio. Apoyó la ropa sobre un mueble junto a ella y alargó la mano para tomar una toalla con que secarse.
Lo único en que podía pensar era en que Omer, le había pedido que pasara la noche con él. Nunca nada le había parecido tan tentador y aterrador a la vez. Cerró los ojos un instante.
Cuando los volvió a abrir, escuchó a Omer detrás de la puerta
–¿Defne? ¿Te encuentras bien?
Al oír su voz preocupada del otro lado de la puerta, ella se enderezó e hizo un esfuerzo por responder con calma. Los latidos de su corazón apenas le permitían oírse.
–Estoy bien, gracias. Enseguida voy.
–Si necesitas de mi ayuda, solo me hablas estaré aquí esperando.
–De acuerdo –dijo.
Sus ojos, reflejados en el espejo se veían desorbitados por el miedo y la excitación.
¿Podría satisfacer a un hombre como Omer?
Se metió a la ducha y dejó caer el agua caliente por su cuerpo, prestó mucha atención a su pierna, porque a esa hora comenzaba a dolerle, luego salió, se secó y se puso la ropa que Omer le prestó.
–Listo – dijo cuando abrió la puerta, Omer se dio la vuelta al oírla.
Se oía música suave, algo clásico, probablemente Schubert.
Omer, la recorrió de arriba abajo, con su enorme camiseta y sus pantalones, e hizo que todo pensamiento coherente se le fuese de la cabeza.
La ropa grande, en vez de restarle, parecía acentuar su feminidad. Se notaba que no llevaba sujetador y la camiseta le marcaba los pechos llenos y erguidos, haciendo que con solo mirarla se sintiese excitado. Tan duro y excitado que era una agonía estar allí frente a ella.
–¿Mejor? – logró decir él
–Si –dijo ella, dirigiéndose inquieta hacia él.
De repente, al ver el anhelo en los ojos masculinos, la sangre se le aceleró en las venas y la idea de quedarse a pasar la noche le pareció tan natural como respirar.
Él alargó los brazos antes de que ella llegase y la estrechó contra su pecho con fuerza, de modo que los pechos de ella se aplastaron contra la firme pared de su torso. Sus sentidos se vieron invadidos por el calor y la dureza masculina, por el contacto de piel contra piel, por el indiscutible magnetismo que él exudaba.
-Oh, Dios, cómo necesitaba esto- le dice Omer.
Ella se derritió cuando las manos de él se deslizaron suavemente por su cintura y descendieron para recorrerle el trasero, y la boca masculina encontró la de ella, recibiendo una respuesta casi inmediata.
Cuando el calor masculino la invadió, todos los sentidos en el cuerpo de Defne se rindieron a su exigencia tan urgentemente como cuando un imán atrae a otro. Sus pechos se endurecieron y un anhelo desesperado y ardiente la invadió con tanta fuerza que lanzó una hambrienta exclamación ahogada en la boca de él. Sus suaves espacios secretos absorbieron la erótica danza de la lengua masculina con otro gemido y arqueó su cuerpo contra el de él sintiendo, con una mezcla de miedo e ilusión, la rígida presión de la erección contra su abdomen.
Arrancando sus labios de los de ella con un ronco gruñido gutural, Omer le tomó el rostro entre las manos y le clavó la mirada con un fuego que indicaba que estaba a punto de perder el control.
–Tengo que estar seguro… de que esto es lo que quieres.
Con el pulso acelerado, se hundió en las profundidades de los aterciopelados ojos marrones, esperando una respuesta.
–Estoy segura –susurró ella.
Aquello era lo que él necesitaba oír.
La levantó en sus brazos y la deposito cuidadosamente sobre la enorme cama.
Él se quitó la camisa y luego la dejó caer en un movimiento fluido mientras ella devoraba con los ojos el magnífico torso bronceado. Seguro, confiado y perfectamente dueño de la situación, se montó con cuidado a horcajadas sobre ella y luego se inclinó para apoyarle las manos en los pechos. Fue como si la hubiese atravesado un rayo. La pelvis femenina se arqueó hacia él mientras cerraba los ojos y emitía un profundo gemido. Luego, los pulgares de él comenzaron su magia en los sensibles y tiesos pezones bajo la tela de la camiseta y ella volvió a abrir los ojos para encontrarse mirándola con una pasión intensamente erótica.
–Quítate la ropa.
Con dedos trémulos comenzó a obedecerlo, forcejeando con la camiseta. Pero consciente de los poderosos muslos a ambos lados de los suyos, el plano estómago, le resultó casi imposible lograr que sus dedos hiciesen lo que ella quería.
–Deja que te ayude.
En menos de un segundo le había quitado la camiseta y la tiraba al suelo. Su mirada hambrienta se dio un banquete con la visión de sus pechos llenos y redondos, con un gruñido de aprobación, se inclinó sobre ella para adueñarse de uno de sus pechos, chupándolo y lamiéndolo mientras le acariciaba el otro con la mano.
Reprimiendo un grito, Defne onduló las caderas bajo él y con ronco susurro expresó su deseo.
–Por favor…
Él levantó la cabeza, le apoyó las manos en las caderas y le tiró de los pantalones, dejando al descubierto el triángulo negro de tela que apenas la cubría y mostraba el plano vientre y los suaves muslos.
Luego, antes de que ella se diese cuenta de lo que pretendía, él le separó las piernas, hizo a un lado la delgada barrera de tela y le metió el dedo en el cálido y húmedo centro de su feminidad. Con las pupilas dilatadas por la sorpresa, sus músculos apretaron con fuerza la súbita y erótica invasión y sus manos se aferraron a los bíceps masculinos como si de ello dependiese su vida.
–¡Omer!
Al sentir el urgente ruego de su nombre, él se levantó, se quitó los pantalones y la ropa interior y luego le arrancó a ella el resto de la ropa. Ante la sorpresa femenina, puso la cálida seda de su sexo a la entrada de ella y empujó con fuerza.
Ambos se quedaron quietos ante la urgencia y la profundidad de la posesión de Omer, ella experimentó un deseo tan profundo que los ojos se le llenaron de lágrimas, Omer comenzó a moverse dentro de ella, penetrándola más y más hasta que Defne se tomó desesperadamente a sus hombros y tiró de él hacia ella para besarlo.
Estaba ahogándose en el erótico sabor de su boca, emitiendo desesperados gemidos de deseo que nunca había pronunciado en su vida, subida a una cresta de pasión y deseo, cuando le llegó el momento. La sorprendió como una ola, llevándola de la seguridad de la costa, golpeándola con la fuerza de un torrente, exigiéndole una entrega total hasta dejarla trémula y llorosa tras su rendición y la fuerza de sus emociones.
Encima de ella, él se quedó quieto y ella se dio cuenta del esfuerzo que él hacía por contenerse.
–Estoy bien –le susurró, con los ojos llenos en lágrimas–. No pares.
–Cariño –dijo él con voz ronca–. No podría, aunque lo quisiera.
La volvió a penetrar hasta el fondo, la fuerza de su posesión haciendo que Defne menease sus caderas y apretase los párpados mientras sentía el calor líquido derramarse dentro de ella. Un alarido de guerrero surgió de los labios masculinos cuando su pasión llegó a su cenit.
Luego, con un profundo estremecimiento, él se dejó caer suavemente sobre ella, aplastándola contra la cama con su peso y su fuerza. Sus largas piernas velludas se enredaron en las de ella y su aliento entrecortado le sonó en el oído.
Defne cerró los ojos un instante. Necesitaba de aquellos preciosos momentos para comprender la magnitud de lo que acababa de sentir
–¿Te encuentras bien? ¿No te hice daño? No era mi intención que la primera vez acabase tan rápido –sonrió él en la semioscuridad, como si su ego pudiese soportar una broma incluso en un momento tan crítico.
Defne sintió que también ella sonreía en respuesta.
–Estoy bien. Estuvo- estuvo bien.
–¿Bien? –exclamó él, sacudiendo su despeinada cabeza con un fiero gruñido – Cariño, en todos mis años de varón sexualmente activo, no creo que jamás nadie me haya dicho que mi comportamiento haya estado bien. Me temo que tendrás que pagar por ese comentario tan obviamente injustificado.
–¿Pagar? ¿Cómo?
Defne lanzó una exclamación de sorpresa cuando él la agarró súbitamente de la cintura y se dio la vuelta para ponérsela encima. Se encontró mirando su sonrisa burlona, con el largo cabello rozando el pecho masculino. Su pobre corazón se aceleró locamente ante la perspectiva de lo que podría ser el supuesto castigo.
–Señorita, sinceramente espero que tenga tanta resistencia como yo, porque el efecto que tiene sobre mí en este momento quizá indique que tendré que seguir toda la noche.
–¿Es eso… posible?
–¿Me estás desafiando?
El rostro súbitamente serio, Omer le apoyó las manos sobre la suave piel de las caderas, haciéndola deslizarse con cuidado a lo largo de la tersura de su miembro erecto, como si los dos hubiesen sido hechos para aquello solamente. Inmerso en su embrujo, su mirada recorrió ávidamente el rostro femenino, ruborizado por la excitación, con salvaje y primitiva satisfacción masculina, totalmente absorto en la idea de amarla de todas las formas posibles durante el resto de la noche.
Defne lanzó un gemido y Omer dio un empujón hacia arriba, su erección llenándola tan completamente que ella creyó morir de voluptuoso placer. Si, aquello era hacer el amor, pensó, mareada.
Mientas Omer la guiaba apasionadamente hacia alturas más elevadas de placer con sus manos, su cuerpo duro y cálido y su estupenda boca, recibiendo la voraz posesión de su cuerpo con la misma ansia, se dio cuenta de que todo el tiempo había estado esperando al hombre apropiado para que despertase la pasión insaciable que era capaz de dar.
De repente él gruñó, dándose la vuelta y llevándola consigo hasta que ella quedó con la espalda nuevamente contra el colchón. Cerrándole las caderas con sus fuertes muslos, le levantó los brazos por encima de la cabeza, aprisionando sus muñecas contra la almohada detrás de ella, para poder deleitarse con su deliciosa desnudez
-¿Te hago daño?
–¿Te refieres a mi pierna? –preguntó ella, probando a mover el muslo y bloqueando mentalmente el dolor–. No –replicó, los labios trémulos.
No quería que él se interrumpiese. Lo que le estaba dando era más importante que cualquier dolor y además se sentía como si hubiese estado esperando toda su vida aquel viaje por los sentidos, no estaba dispuesta a interrumpirlo ahora.
–Estoy bien. ¿No te parece que estoy bien? –añadió con descaro.
–Cariño, me deslumbras, un hombre tendría que buscar mucho para encontrar algo tan hermoso –le dijo y sin más preámbulo la penetró de un fuerte empujón, borrando mágicamente todo pensamiento coherente que ella pudiese tener.
Omer empezó a moverse, a retirarse, y ella lo echó de menos al instante. Cerró unos músculos que no sabía ni que tenía hasta ahora tratando de retenerlo, y cuando pensó que lo había perdido, él regresó, y entonces se sintió mejor que bien.
Él fue subiendo el ritmo y en la fricción que generó, ella volvió a encontrar las estrellas, esta vez esparcidas por la superficie del mar, oleada tras oleada de sensaciones brillantes que crecían en su interior con cada embate. Cada vez iba más y más rápido y subía más y más alto, hasta que llegó una última zambullida y las oleadas cargadas de estrellas se azotaron contra ella y la arrastraron ya sin fuerzas hasta la orilla, lentamente y a regañadientes regresó del delicioso lugar al que él la había llevado
Pero se sentía… bien.
Omer estaba a su lado jadeando con fuerza, el cuerpo caliente, la piel brillante por el sudor. Levantó la cabeza y la besó en la mejilla.
CONTINUARÁ

Sin preámbulo ni nada la ha llevado al infinito. Hermoso capitulo Martha.
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No puedo leerla porque no me salen los primeros capitulos
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