EL IMPLACABLE CAPITULO 7

CAPITULO 7

De repente, Arik sintió que Deliha se levantó de la cama, se había quedado dormido solo por un momento, por primera vez en su vida, le había hecho el amor a una mujer durante toda la noche.

Cuando planeo su venganza, creyó que la mejor manera de castigarla, sería no hacerle el amor durante esos dos meses, y hacerla vivir en la agonía de que, cada noche podía ser la noche, pero cuando la tuvo en sus brazos, y comenzó a acariciarla, se encendió tanto su deseo por ella, que no pudo mantener sus planes

–¿Qué haces? – preguntó al abrir los ojos y verla camino al baño

–Tengo que irme, pero primero necesito una ducha …- le responde ella entrando al baño.

–Tú no vas a ningún sitio –la interrumpe él, saliendo también de la cama, para luego verse entrando en la espaciosa ducha.

–¿Qué haces? –exclamó Deliha, enojada.

-Quédate conmigo, pero no por el chantaje, quédate porque me deseas tanto como yo a ti…

Arik sabía que estaba actuando como un loco, pero le daba igual porque su ansia por Deliha en ese momento era abrumadora. La apretó contra su torso y buscó sus labios ansiosamente, apartando el pelo mojado de su rostro.

Ella apoyó las manos en sus anchos hombros para no perder el equilibrio. La intensidad del beso la había tomado por sorpresa, pero su lengua exigía una respuesta…

Reconoció la fuerza de su deseo, sospechando que Arik no era capaz de llevar siempre el control. Más que sorprenderla, esa sospecha la excitó como nunca porque él era tan controlador que la sacaba de quicio. De hecho, la pasión que estaba demostrando era demasiado para ella y se le subía a la cabeza.

Pasó las manos por su fuerte torso, sintiendo la urgente erección contra su cintura, ese hombre la volvía loca, habían estado haciendo el amor casi toda la noche, descansaban por minutos y luego seguían el maratón de sexo.

En cada nueva oportunidad, él, le enseñaba las maravillas del sexo, y ella era una alumna muy obediente y muy dispuesta a aprender y a poner en práctica todo lo aprendido.

Durante las horas metida en la cama de Arik, perdió la vergüenza, por eso no le sorprendió lo que sin pensar hizo… se había puesto de rodillas.

El agua caliente caía sobre su cabeza, separándola del mundo y de las inhibiciones que le impedían experimentar. Por primera vez en su vida se sentía libre para hacer lo que deseaba. Quería hacer aquello y se sentía orgullosa de ese arrebato de pasión.

Deslizó sus delgados dedos por los fuertes muslos masculinos, cubiertos de vello oscuro, y sonrió al notar la feroz tensión de Arik cuando inclinó la cabeza para mirarla.

Dejando escapar un gruñido ronco, se apoyó en la pared y arqueó las caderas para facilitarle la tarea, sin intentar esconder su placer mientras lo acariciaba con la boca, la lengua y los ágiles dedos.

Su potente reacción la excitó aún más, por segunda vez era ella quien llevaba el control y lo que le faltaba en experiencia lo compensaba con creatividad y entusiasmo.

Permitirse perder el control era una novedad para Arik, una novedad muy seductora. Y cuando no pudo seguir aguantando el placer que provocaba su ardiente boca la tomó en brazos, empujándola contra la pared y levantándola para enredar las piernas de Deliha en su cintura. Empujó hacia el glorioso, estrecho y húmedo canal con un rugido de masculino placer, sintiendo que estaba a punto de perder la cabeza.

Aun un poco adolorida por la experiencia de la noche, ella sintió cada centímetro del duro y rígido miembro mientras entraba en ella. Le puso los brazos al cuello para no perder el equilibrio y apoyó la cabeza en la pared mientras entraba en ella, se apartaba y empujaba de nuevo, su corazón desbocado, el aliento, rompiéndose en su garganta.

Tan sensible estaba que, cuando él incrementó el ritmo de sus embestidas, el placer llegó a una intensidad casi dolorosa. Pero por fin él calmó esa tormenta y ella gimió de gozo, moviendo las caderas hacia delante, y cuando llegó el clímax, demasiado poderoso como para controlarlo, enviando una explosión de sensaciones por todo su cuerpo hasta que cayó sobre el torso de Arik, exhausta.

Cuando por fin pudo bajar de la nube, él estaba envolviéndola en una toalla.

–Esto no debería haber ocurrido –murmuró ella.

–Lo siento, pero no estoy listo para que esto se termine –le confesó a regañadientes, tomando otra toalla para secar su pelo.

–¿Entonces? –susurró ella, débil como un gatito mientras la acostaba sobre la cama y la cubría con una toalla.

Arik no respondió, Deliha seguía afectándolo de una forma que no podía entender. Lo hacía sentir vivo, loco de deseo, y por alguna razón no se cansaba de ella. Un solo beso hacía que quisiera más y más.

Tomó su cara entre las manos, disfrutando de la suavidad de su piel y de la belleza de sus facciones. Saboreando sus rosados labios el deseo se convirtió en una tempestad.

Él besaba con la misma potencia salvaje con la que hacía el amor, pensó Deliha, mareada. El incendio que provocó en su pelvis cuando sus lenguas se encontraron en un íntimo asalto hizo que se apretase contra él. El deseo era como una tormenta eléctrica, encendiendo cada sitio que tocaba, desde las puntas de sus sensibles pechos a los delicados pliegues entre los muslos.

–Sigo deseándote, – le respondió mientras pasaba los labios ansiosamente sobre sus pechos, lamiendo y mordisqueando hasta hacer que se agitase, frenética de deseo.

La atormentó con todas las caricias carnales que había aprendido en su vida y ella gimió su nombre una y otra vez. Y a él le gustaba mucho cómo sonaba su nombre en los labios de ella.

Deliha no creía que Arik pudiera hacer que lo desease de nuevo tan pronto, cuando aún estaba exhausta, pero de algún modo él había llevado al borde del precipicio una vez más, y la primera embestida del poderoso cuerpo masculino, le pareció gloriosamente necesaria.

Arqueó la espalda, mientras un salvaje torrente de sensaciones la hacía suspirar, él abrió sus piernas y se colocó sobre ella embistiéndola con todas sus fuerzas. Deliha intentaba moverse, todas sus terminaciones nerviosas electrificadas por el ritmo pagano de sus embestidas y por la inexorable aproximación al clímax. Cuando llegó, se rompió como un cristal, sorprendida por la intensidad de la sensación.

Cayó de nuevo sobre la almohada, agotada por completo, mientras él gruñía y temblaba de placer como un animal satisfecho.

Lo último que sintió ella, fue que Arik la acomodaba en la cama y la cubría.

No supo cuantas horas durmió, solo que cuando lo hizo el sol se estaba ocultando nuevamente, su primer pensamiento fue que tenía que salir de ahí, su madre debía estar preocupada sin saber noticias de ella, en casi 24 horas.

-¿Qué haces? – preguntó por segunda vez Arik

-Me voy – le dice terminando de acomodarse la ropa – este era el trato, o no lo recuerdas.

-Lo recuerdo muy bien, así como recuerdo que te pedí que te quedaras solo porque me deseas.

-Te deseo no lo niego, pero necesito irme

-¿Por qué?

-Mi madre debe estar preocupada, prefiero irme

-Si me deseas y yo te deseo y en la cama somos increíble, ¿por qué no te quedas a vivir conmigo?

-¿Por dos meses? – pregunta ella

-Hasta que nos saciemos el uno del otro.

-Lo siento, pero yo quiero más que lo que me ofreces, ya sabes como ubicarme, nos vemos, adiós -dice ella y sale prácticamente corriendo de la habitación.

Durante dos semanas no supo nada de Arik, luego de ese tiempo, le envió un mensaje de texto

“Esta noche a las siete paso por ti”, eso fue todo, ella quedó mirando la pantalla del teléfono, y se sintió idiota al creer que podía esperar algo más de él

 La llamó una hora antes de pasar a recogerla para decirle que se retrasaría y que se encontraran directamente en el restaurante. Hasta le envió un taxi, cuando llegó al lugar, estaba lleno de personas, el mesero la guía hasta la mesa donde debía estar Arik esperándola.

Pese a que sabía que era estúpido esperar algo bueno de ese hombre, Deliha estaba emocionada con volver a verlo.

Mientras caminaba atravesando el restaurante, y a pocos metros de la mesa, se detuvo en seco al ver a Arik besando a una mujer.

Como si el momento hubiera quedado atrapado en el tiempo, ella vio cómo luego de terminar de besar a la morena, él la miraba desde el otro lado de la mesa con fría serenidad, como si no la reconociera, como si ella no fuera nadie.

Deliha tuvo la sensación de que todos los presentes la miraban y se reían, los amigos de Arik estaban disfrutando abiertamente de su humillación.

Nunca en su vida se había sentido tan humillada, y aunque entendía que no tenía derecho de reclamarle nada a Arik, lo haría y luego de eso rompería el acuerdo.

Comenzó a caminar con su mente trabajando a mil por hora, pensando que palabras le diría, cuando alguien se cruzó en su camino.

-¿Eren? – dice al ver a su ex novio frente a ella

-Hola – le dice él – ¿podemos conversar?

-Eren, sé que te debo una disculpa por lo que pasó entre nosotros, pero este, no es el mejor momento

-No vengo por tu disculpa, solo quiero conversar, por favor

Deliha suspiró para tranquilizarse, luego echó una mirada al lugar donde estaba Arik, y lo que vio le gustó, ya no la miraba con la sonrisa cínica en los labios, su expresión ya no era serena, estaba molesto.

Si existía en el mundo la posibilidad de que Arik pagara la humillación que había sentid, ella la tomaría y lo disfrutaría, pensó.

–¿Y bien?  –preguntó Eren.

–Está bien –le respondió con una sonrisa

Eren la llevó hasta el exterior del restaurant

-¿Quieres que vayamos a algún lugar mas tranquilo?

-La verdad yo… – comenzó a explicarle

–Deliha no puede ir contigo – dice Arik detrás de ella – porque tiene un compromiso conmigo.

Luego le puso la mano en la cintura.

–¿Qué ocurre? –preguntó Eren sorprendido.

–Deliha, Por qué no le explicas a tu ex novio porque no te puedes ir con él?

Aunque Arik parecía tranquilo, tenía los puños apretados, y su pecho subía y bajaba como si estuviera a punto de perder el control.

–¿Un compromiso nosotros? –preguntó ella, dando un paso al lado para soltarse de él – no lo creo – luego le habla a Eren – acepto ir a un lugar donde podamos conversar tranquilamente

–Muy bien – responde el hombre visiblemente complacido – pediré un taxi enseguida

–Tú no mueves un pie lejos de mí – le ordenó Arik

–Mírame y verás como lo hago

–Deliha, si te vas con él, convertiré tu vida en un infierno

-Eso ya lo hiciste Arik, querías humillarme, lo lograste, ya ganaste, te vengaste de mí, no sé qué otra cosa te queda por hacer, pero lo que sea, es mejor que seguir a tu lado.

Arik lanza una risotada sarcástica.

-Te equivocas si piensas de esa manera

-Haz lo que quieras – le dice y se va con Eren, quien ya la esperaba con la puerta del taxi abierta

CONTINUARÁ.

11 comentarios sobre “EL IMPLACABLE CAPITULO 7

  1. Ufff, cómo sé pone de celoso nuestro Arik!! Tiene derecho ella hacerle sufrir todo lo que quiera y a mi me encantaría que lo dejara volverse un poco loco. Muchas gracias Martha 😊 😘

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