EL DESCENDIENTE CAPITULO 8

CAPITULO 8

En una semana, la que fue maravillosa, Alp, durante el día la llevó a recorrer Estambul.

Conoció el palacio Topkapi, residencia de sultanes y epicentro del Imperio otomano, Santa Sofía, que alberga impresionantes ejemplos de arte bizantino, y al Museo de Kariye (iglesia de Chora), otro monumento bizantino famoso por sus soberbios fresco, el Museo Arqueológico, la mezquita Azul, la basílica Cisterna, el Gran Bazar, con sus más de 4.000 tiendas, y el Bazar de las Especias.

Cada uno de esos lugares, era agasajado con las hermosas historias que Alp le contaba sobre cada una de ellas, y durante todo el tiempo ella debía llevar la cabeza cubierta, y las gafas puestas, para que así nadie la pudiera reconocer.

Luego en las noches, dormían juntos y cada noche volvían a hacer el amor.

Al tercer día sucedió lo que temían, mientras almorzaban en un pequeño puesto de comida a la orilla del rio, el teléfono de Alp comenzó a sonar.

-Sí – contestó él

Del otro lado se escuchaba el mayordomo agitado y cuando colgó

-Nos vamos – dijo

-¿Qué pasa?

-La policía vino a la casa.

-Oh, Dios, estoy perdida, me van a arrestar…

-Por supuesto que no, ya habíamos pensado que esto podía suceder, ven conmigo – dice

Ella lo sigue hasta una lancha que estaba anclada a la orilla del rio, luego de subir a bordo, él la ayudó a hacer lo mismo.

La lancha no demoró más de diez minutos y vieron la casa de Alp.

-Entraremos por la parte de atrás, te vas directo al baño, te mojas el pelo y bajas, los empleados les dijeron a los policías que estabas tomando una ducha.

Ella asintió con un movimiento de cabeza

-Mientras yo los mantendré ocupados…

-Bien – le dice ella nerviosa.

-No debes preocuparte, no dejaré que te suceda nada malo.

Ella vuelve a mover la cabeza afirmativamente.

Tal como él le había dicho, lo tenían todo preparado, al bajar de la lancha, la esperaba una de las mucamas y la ayudó a llegar a su habitación sin ser vista, apenas llegó vio sobre la cama una muda de ropa, entró al baño, se quitó la ropa que llevaba puesta y se metió debajo del agua, luego a toda prisa se vistió, sin secarse el pelo bajó corriendo la escalera.

Estaba ya en el último escalón, cuando escucha al policía un poco alterado.

-Ve – dice Alp – aquí está ella, ya debería saber que las mujeres tienden a demorar cuándo se bañan.

-Lo siento – dice ella casi sin aliento – bajé apenas pude estar presentable, lamento haberlo hecho esperar.

-Hemos recibido información de que usted ha estado recorriendo Estambul – dice mirándola directamente a los ojos.

Y antes de que ella pudiera contestar, lo hace Alp.

-Eso es imposible, la señorita Atcha, no ha salido de la casa, de eso somos testigos todos quienes vivimos aquí.

– ¿Y me imagino que están dispuestos a atestiguarlo ante un juez?

Dice el policía mirando desafiante a Alp

-Ante quien sea – responde él sin pestañar y con el ceño fruncido – no solo yo, sino cada uno de mis empleados.

Luego de un momento, en el que pareció que los hombres mantenían un duelo de miradas, el policía habló

-De eso no tengo dudas, pero les voy a informar, que, de ahora en adelante, la señorita Atcha tendrá una visita diaria, así nos aseguraremos que lo que dicen es verdad.

Solo después de firmar los documentos que traía el policía, y vieron que este salió de la casa, ella pudo respirar con tranquilidad.

-Lo siento – dice él – tendremos que dejar nuestras salidas hasta que estés completamente libre, no quiero arriesgarme

-Ni yo – responde ella – en todo caso, estoy feliz con todo lo que he podido recorrer en tu compañía

Al séptimo día, Alp le anunció que debía viajar, y que nuevamente estaría fuera una semana.

-Prometo que trataré de volver lo antes posible, – le informa – ¿Atcha?, dime que me vas a extrañar.

-Por supuesto que te voy a extrañar, aprovecharé el tiempo para terminar mi trabajo en la biblioteca, así los días pasaran más rápido.

-Está bien, pero no hay apuro, puedes trabajar con calma, no quiero que estés agotada cuando vuelva – termina de decir.

Al día siguiente ya estaba sola en esa inmensa casa, se levantó temprano y se fue directo a la biblioteca, el trabajo que quedaba no era mucho, en dos o tres días ya estaría todo bien organizado, luego los detalles, le llevaría otro par de días, creía que todo estaría completamente terminado más o menos cuando Alp dijo que volvería.

A media tarde del quinto día de trabajo, se dirigió a la cocina a buscar un vaso de agua, pero al abrir la puerta escuchó qué los empleados conversaban entre sí.

–Que su familia está ansiosa, esperando que les anuncie que se va a casar -escuchó decir a la señora de la cocina.

–Creo que no es una novedad – le respondió alguien

–No, pero parece que empieza a tomárselo más en serio, porque ha estado durante estas últimas semanas –continuó la mujer– reuniéndose con posibles candidatas y ha hablado con sus familias de la posibilidad de casarse con una de ella

-Esto de arreglar los matrimonios es un asco, solo por ser un Sultán, no lo dejan elegir con quien casarse

Aunque no lo nombraron, era claro que hablaban de Alp, ella sintió que se mareaba, comenzó a verlo todo algo borroso, era como si se le hubiera subido de repente la sangre a la cabeza y no pudiera oír bien lo que decían, sus oídos solo parecían capaces de percibir un ensordecedor rugido que le estaba dando dolor de cabeza.

Como autómata, caminó de vuelta a la biblioteca, se dejó caer en un sillón y comenzó a recordar todo lo que había vivido con Alp, las imágenes se dejaban ver una detrás de otra, era verdad, no llevaban mucho tiempo juntos, pero lo habían disfrutado ambos, y él parecía feliz a su lado.

Tomó el libro más cercano a ella y lo abrió en cualquier página y comenzó a leer, necesitaba relajarse para poder pensar con claridad.

“Cuando una persona se siente, por fin, deseada, – decía el escritor – despierta algo, despierta muchas cosas, y no hay nada más increíble que darle la bienvenida a aquel sentimiento por el tiempo que dure, darle la bienvenida a aquella piel que desconocía que sabía dulce, o esa boca que nunca volvería a estar vacía. No hay nada mejor que encontrarlo.

Y ella lo había encontrado, pensó, en los brazos de Alp se sentía deseada y quizás hasta algo más.

En estos momentos era imposible salir de esa casa, por lo que huir no era una opción posible y tal vez fuera la mejor jugada del destino.

Y decidió que el tiempo que durará su estadía en esa casa, disfrutaría de lo que existía entre ella y Alp, después, ya habría tiempo para pensar en el después

Las lágrimas quedarían para después, las recriminaciones quedarían para después, pero ahora, solo quería disfrutar de todo lo que Alp pudiera darle, y se llevaría con ella un gran y hermoso recuerdo.

Decida a seguir el consejo de quien sea que escribió ese libro, siguió trabajando para terminar su tarea y estar completamente libre para cuándo llegará Alp.

A día siguiente ya avanzada la noche, aún estaba inmersa en su labor cuando escuchó que la puerta de la biblioteca se abría y creyendo que era el mayordomo

-Muchas gracias puede irse a casa, no necesito nada – dice sin mirar

-Ni siquiera a mí – escucha decir y con una sonrisa se gira y exclama.

-Alp, volviste

-Si – le responde él también sonriendo

Pero ninguno de los dos se movió de donde estaba

 –¿Me extrañaste? – le pregunta él

– ¿Te lo digo con palabras?, o ¿quieres que te lo demuestre? – le dice ella mirándolo pícaramente.

– ¿Puede ser de ambas formas?

-Te extrañe mucho – responde ella.

Ella camina hacia donde él estaba, cuando llegó a su lado lo rodeó por la cintura y se acurrucó en sus brazos, y se apartó lo justo para tomarle la cara en las manos.

-Ahora te lo voy a demostrar

Alp había estado anhelando su sabor y sus caricias desde el mismo instante en que la dejó en la habitación en la mañana que debió viajar.

Cuando sus labios se encontraron, un intenso fuego se encendió en su interior.

La llevó contra una puerta cerrada, le levantó las manos sobre la cabeza y acercó las caderas a las suyas.

–Al sillón –murmuró ella mientras él trazaba un rastro de besos desde su boca hasta su cuello

Para cuando llegaron, ella ya lo tenía prácticamente desnudo, él se quitó los zapatos y la ayudó a desvestirse.

Ella lo sentó en el sillón, y se sentó encima de él.

Alp le cubrió los pechos con las manos y se los apretó con delicadeza. Sentía sus muslos contra los suyos y el húmedo calor de su cuerpo contra su piel. Al acariciarle los pezones, ella respondió con un intenso gemido y se inclinó sobre él, dejó que Alp disfrutará al saborear sus pechos, para luego separarse y comenzar a explorar ella su cuerpo, lamiéndolo, besándolo y mordisqueándolo desde el cuello y descendiendo.

A medida que avanzaba, se iba deslizando y cuando llegó al ombligo, lo miró con una pícara sonrisa, le abrió las piernas suavemente, se arrodilló y acomodó entre ellas.

–Hueles muy bien, todo tu cuerpo huele muy bien.

Sonriendo, ella agachó la cabeza y tomó su erección con su boca.

Él se obligó a relajarse y a disfrutar mientras ella se tomaba su tiempo para darle el mayor de los placeres.

Cuando alcanzó el clímax, ella se sentó encima y él la rodeó con los brazos, mientras ella seguía moviéndose seductoramente sobre su miembro

Se quedaron abrazados hasta que él sintió que su cuerpo cobraba vida de nuevo, la giró y la recostó en el sillón, para devolverle el placer que ella le había dado, saboreando su piel, y su calor, deteniéndose para disfrutar jugando con su clítoris.

Ella se retorcía de placer debajo él.

–Ahora, por favor, te quiero dentro de mí llenándome y amándome.

–Por supuesto, lo que tú quieras. Siempre.

Se adentró en su cuerpo lentamente, sintiendo cómo ella lo recibía centímetro a centímetro. Y entonces, cuando se había hundido en ella por completo, se detuvo para disfrutar de ese momento de profunda conexión.

La besó. Fue un beso largo y húmedo que los dejó sin aliento.

–Te extrañé – le dice.

Y entonces comenzó a moverse. Despacio primero y después más y más rápido hasta que juntos llegaron al clímax. Invadido por una inmensa felicidad, sintió el pulso acelerado de ella y su cuerpo sacudirse bajo el suyo hasta que de pronto se relajó y se quedaron así disfrutando de la conexión existente entre ellos.

CONTINUARÁ

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