
Defne y su amiga Nihan, tomaron el ascensor para subir al último piso, donde estaba el despacho del nuevo director ejecutivo.
Al llegar al lugar notaron que en la puerta había una placa de latón que decía, Omer Iplikci director general
La recepción era tan elegante como la recepcionista, quien estaba perfectamente vestida, peinada y maquillada, les sonrió desde detrás del mostrador.
–Buenos días.
–Buenos días –la saludan ellas, devolviéndole la sonrisa– nos citaron a esta hora, somos las recepcionistas
¿Para qué dar sus nombres, si en realidad a nadie le importaba ese detalle?
La empresa había cambiado de director, y por alguna extraña razón, ese hombre dio la orden de que quería conocer personalmente a todo el personal, y cuando dijo a todos, eran todos, ellas eran las recepcionistas de la empresa, algo así, como personas invisibles para todos.
–Le diré que han llegado – le responde la mujer
La recepcionista se inclinó hacia un intercomunicador que estaba conectado a unos auriculares y un micrófono, y le anunció que ya estaban allí, la recepcionista cortó la comunicación y se levantó.
–Las acompañaré a su despacho. Por aquí…
Defne y su amiga y colega, siguieron a la recepcionista por un amplio pasillo.
La recepcionista abrió la puerta del despacho y las invitó a entrar.
Defne fue la primera en hacerlo, y su mirada se dirigió directamente hacia el hombre, quien estaba sentado detrás de una reluciente mesa de caoba, era increíblemente guapo, llevaba una impecable camisa blanca, con una corbata azul, y tenía la chaqueta del traje gris colgada del respaldo de la silla.
Se levantó con una sonrisa de bienvenida y ella se quedó sin respiración.
–Buenos días –el hombre rodeó la mesa y tendió la mano a su amiga primero– Nihan, encantado de conocerte.
–Lo mismo digo – responde la mujer
Su amiga parpadeó varias veces y se sonrojó como si le hubiesen presentado a una estrella de rock.
Luego, él le tendió la mano a ella, quien la estrechó mientras tragaba saliva disimuladamente. La presión, firme y delicada a la vez, de sus dedos largos y fuertes le provocó una oleada de sensaciones por todo el cuerpo. Fue como si hubiese pasado una corriente eléctrica de su mano a la de ella y se le erizaron los pelos de la nuca, eran unos dedos ardientes y ella no pudo evitar imaginarse, lo que sentiría si le recorrieran otras partes del cuerpo, los pechos… los muslos… La miró a los ojos y el corazón le dio un salto mortal, mientras la calidez de su mano le derretía los rincones más íntimos de su cuerpo.
–Espero que la cita no les haya causado algún inconveniente…
La voz grave y el brillo abrasador de sus ojos color negro, le provocaron otra oleada ardiente por dentro.
Notaba la reacción incontenible de su cuerpo, el pulso acelerado, la humedad entre las piernas,
la avidez por estar cerca de él… Era como si un imán muy poderoso la atrajera hacia él.
Defne retiró la mano, pero siguió notando el cosquilleo, como si su contacto, le hubiese alterado para siempre el sistema nervioso.
–No, en absoluto, es un placer conocerlo – responde ella
¿Por qué usó la palabra placer?, habiendo tantas palabras tenía que usar justamente esa.
–Para mí es mucho más placentero –replicó él con un brillo delatador en los ojos.
La cabeza de Defne, se llenó de imágenes, donde el placer lo recibían ambos, imágenes de él, desnudo entre unas revueltas sábanas y… en erección. Notó que se ponía roja y que se le secaba la boca. Retrocedió un paso para alejarse de él y se tropezó, pero él, la tomó justo a tiempo para sujetarla.
–Cuidado…
Sus dedos eran como una tenaza sobre la muñeca, y sintió un escalofrío por toda la espalda solo de pensar dónde podían llegar a tocarla, dónde le gustaría que la tocaran. Estaba atónita por la reacción traicionera de su cuerpo. Hacía años que no pensaba siquiera en las necesidades sexuales, pero en ese momento, con solo un contacto de la mano de ese hombre, una oleada de excitación sexual le había despertado los sentidos aletargados y los había convertido en un torbellino incontrolable.
No podía dominar las ansias de su cuerpo. ¿Lo notaría él? ¿Notaría el efecto de su contacto en ella?
–Gracias -le dice, y él le soltó la muñeca.
–Siéntense – les ordena
–Cuanto tiempo llevan trabajando para esta empresa –les preguntó
-Más de dos años – responde Nihan
-¿Ambas?
-Si, postulamos juntas al trabajo.
-Entonces, ¿se conocen desde antes de comenzar a trabajar aquí?
-Pues sí, ¿eso significa algún problema?
-No, para nada, solo quiero conocerlas
Él se puso unas gafas, que hacían que fuera más atractivo todavía, peligrosamente atractivo.
–Según leí en sus expedientes, ambas tomaron cursos para poder acceder al puesto de secretaria
–Sí, pero hasta el momento no hemos tenido suerte
–¿Conocen la razón para ello?
Nihan lo miró sin saber qué decir, y Defne fue quien tomó la palabra
–Cada vez que alguna secretaria toma vacaciones o días libres, por alguna razón prefieren contratar a personas ajenas a la empresa
Él la miró detenidamente durante un segundo y asintió con la cabeza.
–Entiendo.
Ojeó algunos documentos más y ella contuvo la respiración, hasta que creyó que le iban a explotar los pulmones, ¿habría dicho algo incorrecto?, en todo caso era la verdad, ya llevaban dos años esperando una oportunidad y en sus narices se las negaban
Después de unos minutos, que le parecieron siglos, el hombre se quitó las gafas y las dejó encima de unos documentos
–Muy bien, es todo por ahora – es dice
–Muchas gracias –le dijo Defne con un alivio evidente.
–Han sido muy amables al venir hasta acá
El hombre la miró a los ojos y ella notó algo cálido que le bajaba por la espalda.
–Ha sido un placer. – le vuelve a decir
Defne se levantó rápidamente y también levantó a su amiga.
El hombre también se levantó y rodeó la mesa para estrecharle la mano a Nihan.
–¿Serías tan amable de dejarme un rato a solas con Defne?, la recepcionista te dará un té o un café.
–Claro –responde ella
Nihan dio media vuelta y salió del despacho antes de que ella pudiera decir o hacer algo.
El hombre miró a Defne con unos ojos penetrantes.
El corazón se le salía del pecho como si hubiese subido corriendo los cincuenta pisos en vez de haber utilizado el ascensor.
–Yo, tengo que volver…
–Espera – le dice él, tomándole la muñeca
Miró los dedos, no podía dejar de pensar en esos dedos largos y bronceados por otras partes de su cuerpo, unas partes que ya le vibraban solo de sentir la calidez de ese contacto por encima de la tela.
–Por favor, suélteme –le pidió ella con un hilo de voz.
Sin embargo, se temía que los ojos estuvieran diciendo lo contrario.
Él tomó aire, le soltó la muñeca y volvió a soltar el aire con un sonoro suspiro.
–Intenta relajarte –siguió diciendo mirándola a los ojos con un brillo muy intenso– tu rostro es más hermoso cuando sonríes
Defne tragó saliva y le miró la boca. Se humedeció los labios y tomó aire. ¿Estaba coqueteando con ella? Sí, sin duda, pero lo malo era que a ella estaba gustándole.
–Mmm… ¿Qué otra cosa quería decirme?
Él se acercó lo bastante como para tocarla, lo bastante como para que se le desbocara el corazón otra vez, lo bastante como para que pudiera oler el aroma cítrico de su loción para después del afeitado…
Hacía años que no estaba tan cerca de un hombre tan viril. Seguramente, no lo había estado nunca. Su sensualidad la acariciaba y la estremecía, le producía un cosquilleo de excitación por toda la piel.
Él tomó un mechón de su pelo y lo palpó entre los dedos como si estuviera tocando un diamante de valor incalculable. Tenía una expresión indescifrable
–¿Por qué me tienes miedo?
Él se lo preguntó con una voz grave y un poco ronca que le puso la carne de gallina.
–No… No lo tengo…
Habría sido mucho más convincente si la voz no le hubiera salido como un susurro destemplado, si el corazón no estuviera latiendo como si fuera a salírsele del pecho y si las piernas no le flaquearan.
–Mentirosa.
Él sonrió con indolencia, le pasó el pelo por detrás de la oreja y volvió a bajar la mano a un costado. Sin embargo, se quedó tan cerca que, si daba un paso, sus pechos se pegarían al pecho de él y su pelvis se pegaría a la pelvis de él. Empezó a sentir un hormigueo en los pechos, un hormigueo que hizo que sintiera sus curvas femeninas como no las había sentido nunca, y que también sintiera una palpitación entre las piernas, como la contracción de unos músculos muy íntimos que despertaban de una hibernación muy larga.
Se pasó la lengua por los labios resecos.
–Está demasiado cerca, no puedo respirar casi.
–Pues retrocede –replicó él–, no voy a impedírtelo.
Ella levantó la barbilla… y él, la besó.
Defne no estaba preparada para esa oleada de deseo que la arrasó por dentro en cuanto sus labios se encontraron con los de ella, y se adaptaron como si estuvieran hechos a su medida. Tenía unos labios firmes y delicadamente persuasivos a la vez.
Él ladeó la cabeza para besarla mejor y dejó escapar un gruñido desde el fondo de la garganta. Ella separó los labios ante la insistencia de su lengua.
La estrechó contra él, la rodeó con los brazos hasta que no hubo nada entre los dos, aparte de la ropa… y aun así, pudo notar la necesidad de su cuerpo. Su propio cuerpo reaccionaba primitivamente, sucumbía mientras la boca del hombre seguía excitándole el deseo hasta un punto que no había conocido jamás en su vida, un deseo abrasador y apremiante, doloroso y placentero a la vez, como un tormento exquisito y seductor.
Él la soltó y le tomó la cara entre las manos sin separar los labios, como si no pudiera soportar alejarse de ella.
Y ella le devolvió el beso con idéntica pasión, con avidez por el sabor y la textura de sus labios, embriagada por un torbellino de los sentidos que solo le permitía pensar cuánto lo deseaba. Él volvió a cambiar de postura y dejó escapar otro gruñido mientras su lengua se entrelazaba con la de ella. El deseo le recorría la espalda como una descarga eléctrica y sentía lava entre las piernas.
Nunca había estado tan excitada… y solo por un beso.
Nunca había deseado tanto a alguien, era como un dolor que no podría mitigar de ninguna manera.
Él le introdujo una mano entre el pelo y movió la boca con la de ella, como si intercambiaran un anhelo incontenible, un anhelo que sentían donde sus cuerpos estaban más íntimamente pegados…
Entonces, él separó la boca con la respiración entrecortada y el deseo reflejado en los ojos.
–Esto lo aclara todo.
–¿Qué?
Él sonrió y le pasó un dedo por los labios.
–Que me deseas tanto como yo a ti.
–Solo fue un beso, nada más.
–Si esto fue solo un beso, ya quiero saborear todo lo que tienes para dar, señorita Defne Topal.
CONTINUARÁ

Un comienzo muy intenso!! Uf 🔥🔥🔥
Me gustaMe gusta