EL DESCENDIENTE CAPITULO 6

 Atcha, pensó aturdida que, Alp tenía las pestañas demasiado bonitas, luego se le secó la boca y le costó pensar.

–¿Tienes miedo? –le preguntó él con voz ronca y profunda, haciéndola temblar.

Ella solo pudo negar con un movimiento de cabeza

Y él, tomó su rostro y la besó. Fue un beso embriagador, como un golpe de adrenalina directo a la vena.

Alp, hizo un sonido con la garganta, dejó de besarla, y por un segundo, estudió su bonito rostro sonrojado, la expresión aturdida de sus ojos, y se dio cuenta de que, la quería para siempre, quería ver aquella expresión en su rostro, una y otra vez, día tras día.

Contuvo aquel feroz deseo de hacerla suya, y la besó lenta y delicadamente, como dándole tiempo a que, fuera ella quien finalmente decidiera que sucedería. Disfrutó de su respuesta, y de un pequeño gemido que ella no pudo contener.

-Sevilen…eres tan hermosa… –dijo – beni delirtiyorsun, me vuelves loco, esto último se lo tradujo.

Se inclinó hacia ella, y Atcha, hundió los dedos en su grueso pelo negro, mientras se preguntaba qué estaba haciendo, y al mismo tiempo, se sentía extrañamente segura, y en paz entre sus brazos.

–¿Qué estoy haciendo? – preguntó de repente, con el ceño fruncido, no sabía si la pregunta fue dirigida hacia él o se lo estaba preguntando a sí misma.

–Te estás arrepintiendo –le preguntó él, deteniéndose enseguida

-No – fue su contundente respuesta

Y él volvió a besarla.

Después, le separó las rodillas con una mano, y ella se puso tensa.

–No voy a hacer nada que no quieras que haga –le dijo, decidido a mantenerla allí donde estaba, donde pudiese hacerle alguna de las cosas con las que, hasta entonces solo había podido soñar.

Ella empezó a relajarse, y él le mordisqueó suavemente el labio inferior, antes de volver a meterle la lengua en la boca y comenzar a recorrer su cuerpo con ambas manos.

 A ella se le subió su sabor a la cabeza y notó que se excitaba más, que sus pezones se endurecían y que tenía calor entre las piernas.

Él, le acarició la parte interior de los muslos, acercándose cada vez más al centro de su insoportable calor. Nunca había deseado tanto que la acariciasen.

Alp pasó un dedo por la tela de su bikini y ella notó todavía más calor, levantó las caderas y separó los muslos sin pensarlo.

–Haz… lo que tengas que hacer –murmuró temblorosa, porque no sabía qué era lo que él tenía pensado hacer, pero en esos momentos le daba igual. Si podía satisfacer el desesperado anhelo que tenía dentro, sería suficiente.

Él estuvo a punto de echarse a reír al oírla, pero en vez de eso, la miró con ternura. No sabía qué tenía Atcha, pero despertaba en él cosas que nadie había despertado, y en esos momentos lo necesitaba.

Ella se inclinó hacia atrás y colocó los brazos para sujetarse al tiempo que separaba las piernas para facilitarle el acceso. Alp había soñado con hacer esto con ella, le encantaba su aroma, y los sonidos que emitía.

Se sumergió más en el agua, para tener mejor acceso al lugar que quería acariciar, y una vez estando ahí, dejó que la lengua se deslizara alrededor del clítoris, que sabía que estaba muy sensible, sin tocárselo, pero acercándose cada vez más y más.

El cuerpo de Atcha, se tensó y comenzó a temblar, él levantó la mirada, y vio que ella lo estaba mirando sin romper el contacto visual, apretó los labios contra el clítoris y aplicó presión con los labios, y la lengua, una y otra vez, hasta que, el cuerpo de ella se tensó de tal manera que, él pensó que se iba a romper en mil pedazos.

Entonces, sustituyó la mano con la lengua, y le acarició el clítoris, la presión era mayor, y el movimiento más continuo, ella sintió, como si una corriente eléctrica la hubiese atravesado, arqueó la espalda y todos sus músculos se tensaron. Él siguió acariciándola, y Atcha notó que ardía por dentro. La sensación era casi insoportable.

Mientras tanto, él volvió a besarla introduciendo su lengua dentro de su boca, y comenzó a moverla dentro de su boca, al mismo ritmo que su dedo jugaba con su clítoris.

 Ella dio un grito ahogado, al notar que le metía un dedo en su interior, satisfaciendo una necesidad que hasta entonces no había sabido que tenía. Poco a poco, fue notando latidos de placer cada vez más fuerte, pero no pudo quedarse quieta, ni tampoco encontrar las palabras para decirle que necesitaba más, y más rápidamente. Y como si él supiese qué era lo que necesitaba, hundió todavía más los dedos en ella y le acarició el clítoris al mismo tiempo.

–Venga, hazlo por mí, değerli (preciosa)–le susurró Alp.

 Y ella se dio cuenta de que le había temblado la voz.

Después, nada de lo que ocurrió lo eligió ella, pues hacía un rato que era su cuerpo el que mandaba. Fue como si explotase por dentro y una intensa oleada de placer la envolviese.

–Quiero mucho más de ti –le confesó él con voz ronca, abrazándola con firmeza y sumergiéndola en el agua

–Por favor –le dijo en un susurro, pegada a su cuerpo.

Lo siguiente que supo, es que Alp, se deshizo del bikini y comenzó a jugar con sus pechos, succionando sus pezones, uno primero luego el otro, todo mientras la mantenía a flote tomándola por las nalgas.

Ella echó la cabeza hacia atrás para darle mayor acceso a sus pechos, quería sentir sus labios en cada centímetro de su piel.

-Espera – le dice, y luego lo ve sumergirse, lo siguiente que sintió, fue como se deslizaba por sus piernas la braguita del bikini y cuando emergió, traía en una mano su braguita y en la otra el traje de baño que traía él puesto, quedando ambos completamente desnudos.

-Alp – le dice ella, cuando volvió a tomarla – esta es mi primera vez.

-Me lo imaginé, por eso me esforzaré para que nunca te olvides de lo que suceda esta noche.

-De eso no tengo dudas – fue su respuesta.

Él volvió a besarla apasionadamente, sus labios la devoraron y su lengua entró en su boca a entrelazarse eróticamente con la de ella, haciendo que Atcha se pusiera a temblar, tenía los pezones tan duros que casi le dolían, y un agradable cosquilleo entre las piernas.

Notó una mano grande en su trasero, que la apretaba contra él, contra su erección. Sintió un ligero dolor en la pelvis acompañado de mucho calor.

Ella se colgó de él, dándole libertad a sus manos, él lo entendió perfectamente, porque introdujo una de sus manos entre los cuerpos, y comenzó a jugar con sus pezones que, aun estando bajo el agua fría, se mantenían erectos.

A ella le ardía el rostro, y se puso tensa al sentir que él tomaba sus piernas, y la puso a horcajadas en sus caderas, preparándose para penetrarla.

Sintió el miembro de Alp, grande y duro, buscando la entrada a su cuerpo, y con ayuda de ella, la encontró, lo sintió entrar un poco y luego retirarse, luego volver a insistir, y volver a retirarse, y en cada movimiento lo sentía más, y más adentro, sus músculos internos tardaron unos segundos en acomodarse a su tamaño.

Alp gimió de placer y a ella le encantó.

Estaba muy tenso, eso quería decir que estaba intentando controlarse y tener cuidado, pero no pudo evitar hacerle daño, al entrar un poco más y romper la barrera de su inocencia.

–Lo siento –le dijo él con los ojos brillantes–. He intentado no hacerte daño.

–No pasa nada… Ya no me duele –le respondió, hundiendo las caderas hacia él de manera instintiva y gimiendo con sus movimientos.

–Me gusta tanto que creo que no voy a poder parar –le advirtió, saliendo de su cuerpo para volver a entrar otra vez.

Impuso su ritmo, el que se sentía en las pequeñas olas que acariciaban su rostro, ritmo que ella no tardó en aprender y empezar a moverse.

Con cada embestida, subía un escalón el placer, y disfrutando de cada movimiento, ella llegó a la cúspide.

El segundo orgasmo le llegó a la vez que, a él, y Alp se apretó contra ella con fuerza y no pudo contener un grito de satisfacción.

Atcha tenía el corazón tan acelerado que, a pesar de estar sumergida en el agua, sentía que todo su cuerpo ardía.

Permanecieron abrazados por un momento, para recobrar la respiración y calmar los latidos del corazón.

Luego Alp la besó nuevamente, la llevó hasta la orilla de la piscina, la sentó al borde y salió de un salto, se inclinó para ayudarla a ponerse de pie.

Con cuidado la envolvió en la toalla…

–¿Esperas que me pueda mantener de pie después de eso? –le preguntó ella con un ligero tono de broma en la voz.

Él sonrió, y procedió a tomarla en brazos, la estrechó contra su cuerpo y entró en la casa para dirigirse a su dormitorio y al llegar a la habitación, la sentó en la cama, se dirigió al baño y trajo con él otra toalla con la que le secó el pelo.

–No puedo creer lo que sucedió–le confesó ella con voz temblorosa.

–Pues créelo, sevilen

Y le dio un apasionado beso.

CONTINUARÁ

3 comentarios sobre “EL DESCENDIENTE CAPITULO 6

  1. Que bonito he incluso inocente veo éste capitulo, es cómo que ha sucedido sin planearlo. Muchas gracias Martha. Cómo siempre, historias que nos sorprenden y que no nos cansamos de leer.

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  2. Hola Marta. Este capítulo 6 El descendiente, Espectacular como nos tenés acostumbrada, solo que no encuentro los capítulos anteriores. Dónde le busco ???? Gracias. Un abrazo.

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