
-¿Defne? – pregunta él, inseguro
-Aquí estoy – responde ella
-¿De verdad eres tú?
Ella solo sonríe
-Tengo miedo – le dice él
-¿Miedo a qué?
-A que sea solo un sueño.
-Si quieres te puedo pellizcar – dice ella riendo.
Él se acerca lentamente y cuando llega a su lado la toma de las manos
-Mi Defne, he esperado tanto este momento – luego espera unos segundos en silencio y pregunta – ¿estás completamente segura de que esto es lo que quieres?
-Lo quiero tanto como tú – respondió ella muy segura
Por fin Omer pudo respirar, y sacó de un golpe todo el aire que tenía contenido en sus pulmones.
Él, levantó una de sus manos y le dio un beso en la palma.
Defne sintió calor, sintió placer.
–¿Estás asustada?
–No, confío plenamente en ti.
Esta vez quien sonrió fue él.
-Dios!, si esto es un sueño, no quiero despertar nunca más
-Omer, quiero decir algo, – él la mira, atento para escuchar lo que ella quiere decir – cuando me dijiste que ibas a ser el primero en todo, tenías razón
-Lo sé – le responde él
Después de su confesión y de la respuesta de Omer, Defne levantó la cabeza lentamente y miró a los ojos del hombre que amaba.
No habría sabido decir si, fue ella, o no quien, comenzara aquel beso, lo único que sabía era que lo deseaba con todas sus fuerzas, incluso lo había saboreado antes de que se hiciera realidad.
En lugar de dejar los brazos quietos, los levantó y los echó alrededor del cuello de Omer, sin dejar de besarlo.
Deseo, era lo que estaba despertando en ella aquel beso, pensó, mientras él la apretaba un poco más contra sí.
Si pudiera, se fundiría con él, absorbería su esencia y su espíritu para que pasara a ser parte de ella, más de lo que ya era, se amoldó al cuerpo de él, mientras el beso iba ganando en intensidad de una manera que parecía perfectamente natural. Era como si por fin hubiese encontrado su sitio.
Omer había sido su primer amor, y seguía siendo su único amor
Sintió cómo a medida que el beso se profundizaba, el deseo dentro de ella la consumía, y quería más. Un deseo que amenazaba con hacer enmudecer su sentido común, sentía que moriría, si Omer no la comenzaba a tocar, y como si, una vez más, él pudiese leerle los pensamientos, comenzó a acariciarle el cuerpo.
El roce de sus dedos desencadenó una maravillosa sensación en cada curva y en cada centímetro de piel por el que pasaban sus manos.
-Acaríciame – le pidió él – necesito comprobar que de verdad estas aquí, a mi lado, que no es otro de mis sueños.
Pero esta vez no era un sueño.
Ella era muy real, la sintió real mientras le acariciaba el cuerpo con sus pequeñas manos y disfrutó del irrefrenable deseo que crecía en ella y que le gritaba que la hiciera suya.
Ella se comenzó a liberar de la ropa que los separaba sin dejar de besarlo ni un momento, desabrochó su blusa por completo dejando al descubierto su brasier de encaje negro, e hizo lo mismo con la camisa que llevaba él.
Luego recorrió su rostro, su cuello y su torso con la boca.
Omer emitió una especie de gruñido, estaba perdiendo el control gracias al que había mantenido la cordura durante las últimas semanas, porque ahora el deseo era mucho más fuerte, un deseo que había mantenido acallado en su interior, un deseo que ahora se le salía por todos los poros de la piel.
Detuvo las caricias de Defne sobre su cuerpo, solo porque quería hacer lo mismo que ella, saboreó su piel a medida que ella iba descubriéndola, una piel dulce y tentadora. Quería tocarla por todas partes, besar cada rincón de su cuerpo.
Jamás había sentido semejante excitación, no quería detenerse hasta llegar con ella a la cima del placer, pero, por más que el cuerpo le suplicara que no parara, no podía continuar sin estar seguro de que ella lo deseaba tanto como él.
Con un esfuerzo increíble, se apartó lo suficiente para mirarla a la cara y buscó una respuesta en sus ojos.
–¿Qué ocurre? –le preguntó ella.
–Prometo que es la última vez que pregunto, ¿Estás segura?
Estaba siendo considerado con ella. Si no le hubiese entregado ya su corazón, aquella pregunta había bastado para que lo hiciera.
–Dios, nunca he estado tan segura de algo en mi vida–le dijo con impaciencia y estrelló su boca contra la de él.
Está vez, ella no fue sutil, en su beso había una carnalidad que dejó a Omer sin aliento. Ella le había dejado muy clara su postura silenciándole como lo había hecho, pero, a pesar de que su propio cuerpo ardía y amenazaba con nublarle el pensamiento, supo que debía controlarse, ella había acudido a él por voluntad propia, sin dudarlo, porque confiaba en él, confiaba en que la trataría como ella se lo merecía al ser su primera vez.
Sin embargo, cuando el calor del cuerpo de Defne lo envolvió por completo, todo pensamiento racional desapareció de su mente. ¿cómo podía seguir pensando cuando tenía entre sus brazos a una mujer tan hermosa, una mujer a la que, amaba?
La lengua de Defne le lamió los labios y borró todos los pensamientos, su cuerpo respondió y se tensó con una nueva energía que se centraba exclusivamente en las sensaciones, en lo maravilloso que era tenerla entre sus brazos, piel contra piel, con los labios de ambos fundidos en uno solo y el calor interior centrándose exclusivamente en una parte de su cuerpo que ardía de necesidad, le devolvió el beso con un fervor que indicaba el profundo deseo que sentía hacia ella en aquellos momentos.
Defne movió su cuerpo de manera que su miembro rozó el centro de su feminidad, Omer se echó a temblar y gruñó, abrazándola aún con más fuerza. Como respuesta, ella le clavó las uñas en los hombros y apretó el cuerpo más firmemente contra el de él, como si deseara que los pezones se le quedaran impresos en el torso.
Omer le deslizó una mano por la espalda hasta alcanzar la curva del trasero e incluso más abajo, para poder acariciarla más íntimamente.
Ella, gimió de placer contra sus labios y echó la cabeza hacia atrás.
Él bajó los labios hasta la suave y pálida columna del cuello, lamiéndole el pulso que latía allí y mordisqueándole suavemente el lóbulo de la oreja. Sintió que ella temblaba de la cabeza a los pies. Sin embargo, por muy delicioso que todo aquello fuera, no le resultaba suficiente. Quería tener acceso a todo su cuerpo y no podía hacerlo allí, la levantó y sentó en el primer mueble que vio, mientras la animaba a que separara las piernas.
Él oyó que ella contenía el aliento cuando se dio cuenta de sus intenciones. Sin embargo, no se apartó. Él le deslizó los dedos por el interior de los muslos mientras ella temblaba de anticipación por sentir sus siguientes movimientos. Sin embargo, se tomó su tiempo. Dejó que los dedos se fueran acercando poco a poco a su objetivo para luego volver rápidamente hacia las rodillas, ella protestó, mientras él volvía a deslizarle los dedos hacia el centro, inclinando la cabeza para besarle la cremosa piel, y seguir el sendero que los dedos acababan de marcar
Defne tensó las piernas bajo sus caricias, entonces, llegó por fin al centro. Ella se inclinó hacia atrás y colocó los brazos para sujetarse al tiempo que separaba las piernas para facilitarle el acceso.
Omer levantó la mirada y vio que ella lo estaba mirando. Sin romper el contacto visual, apretó los labios contra el clítoris y aplicó presión con los labios y la lengua, succionando, mordiendo, saboreando, hasta que el cuerpo de ella se tensó de tal manera que, él pensó que se iba a romper en mil pedazos.
Y así fue. El clímax la golpeó con fuerza, dejándola completamente inerte de satisfacción.
Esperó unos minutos para tomarla en brazos, y la estrechó contra su cuerpo.
–Terminemos esto en el dormitorio –le dijo.
Cuando por fin entraron en su habitación, la dejó sobre la cama y, al cabo de pocos segundos, recostado a su lado, la besó apasionadamente, no había delicadeza alguna en aquel beso. Fue duro, apasionado y húmedo, todo lo que esperaban ambos, lo que necesitaban, ella devolvía el beso de la misma manera, demostrándole que, lo reconocía a un nivel instintivo, casi sin darse cuenta.
Por fin ella estaba allí, entre sus brazos, contra su cuerpo. La pasión los envolvía a ambos de manera que tan solo existían el uno para el otro.
Él le extendió las palmas de las manos sobre la espalda desnuda, ella tenía la piel ardiendo, casi como si tuviera fiebre, sentía que él sí la tenía, fiebre por ella. Bajó una mano lentamente, hasta colocársela encima de la curva del trasero.
Flexionó los dedos sobre la piel desnuda y la apretó con fuerza contra su potente erección, ella suspiró contra sus labios, y apretó las caderas contra él cuando repitió el movimiento, y gimió suavemente antes de besarlo con una necesidad, que expresaba claramente lo mucho que lo deseaba.
Ella no tardó en desabrocharle el pantalón, para luego introducir las manos y liberar su miembro, él gruñó de placer cuando ella lo tomó con fuerza y comenzó a acariciarlo desde la base a la punta.
–Me dijiste que te acariciara –le dijo ella con una picardía en la voz que lo hizo desearla aún más.
–Hmm…
No pudo decir nada más porque ella eligió precisamente aquel instante para apretar su miembro un poco más. Las sensaciones se apoderaron de él, obligándole a echar la cabeza hacia atrás y gemir de placer.
–Mi cuerpo es todo tuyo –le dijo suavemente contra los labios– y yo quiero el tuyo solo para mí…
Luego tomó sus palabras y las convirtió en acción, la recorrió entera, con sus manos, su lengua y su boca, la vio gemir, contorsionarse y suplicar.
Entonces, y solo entonces, se colocó encima de ella, le separó las piernas para que pudiera acomodarse mejor contra su cuerpo. Estaban a punto de unirse. La punta del pene se vio rodeada del calor de ella. Él empujó un poco y se detuvo, otro poco y se volvió a detener, no quería lastimarla, hasta que por fin sintió que todo él estaba dentro de ella.
-¿Te hice daño? – le preguntó
-Mmm – recibió como respuesta
Al principio, no encontraba el ritmo adecuado por el esfuerzo que estaba haciendo por controlarse. Sin embargo, al final se impuso la complicidad.
Al principio lento, suave, entraba y salía de ella mientras la observaba disfrutar con cada embestida que le daba, luego el ritmo fue creciendo más y más, hasta que sintió que perdía el control.
Sintió que el cuerpo de Defne se tensaba a su alrededor, escuchó el grito que se le escapó de los labios cuando el segundo orgasmo se apoderó de su cuerpo. Entonces, y solo entonces, se dejó él llevar. El placer se apoderó de cada centímetro de su cuerpo y de sus pensamientos. Llevaba demasiado tiempo esperando sentir aquella perfección. Eso y la increíble mujer que tenía entre sus brazos.
Su mujer.
Tal cual era su deseo, al día siguiente despertaron abrazados, y la sensación de amanecer juntos, fue única.
Desde ese día, buscaron formas para poder amarse sin que nadie se enterara, mucho menos la familia de Defne, porque de ser así, tendrían que dar demasiadas explicaciones.
La boda, fue todo lo que soñaron y más. Ella llevaba su vestido, el que, la hacía lucir como una princesa, o por lo menos a él se le pareció, mientras la miraba caminar por el pasillo de la iglesia.
No le quitó los ojos de encima hasta que llegó a su lado y ahí delante del ministro, le prometió amarla por el resto de su vida, promesa que cumpliría, de eso estaba seguro, escuchó a su emocionada mujer, prometer amarlo cada día, y añadió, comenzar todos los días con un beso y un te amo.
Luego el ministro dijo
-Los declaro marido y mujer, esposo puede besar a su esposa
Y él la besó. Fue un beso largo que los dejó sin aliento.
–Te amo, Defne Iplikci, y te voy a amar toda mi vida –le dijo acariciándole la cara–. Te amo más de lo que creía posible. ¿quieres pasar el resto de tu vida a mi lado?
Ella le devolvió la caricia.
-Sí, sí quiero pasar el resto de mi vida contigo, y amarte para siempre, y así ser el mejor ejemplo para nuestros hijos.
–“Nuestros hijos”, me gusta cómo se escucha, gracias por ser quién eres, porque eres todo lo que he querido siempre, así que supongo que debo darte las gracias, por haberte esforzado tanto por entrar a mi vida.
Ella se rio.
–Prefiero pensar que nos habríamos encontrado de cualquier forma.
-Sí –la abrazó con fuerza – estoy deseando ver qué nos depara el futuro.
–Yo también lo deseo –murmuró ella tomándolo de la mano Y de esa manera comenzar su recorrido, no solo por el pasillo de la iglesia, sino también por el camino que la vida les tenía deparado… pero, ya como familia.
FIN

Preciosa historia Martha, hoy he leído todos los capítulos y me han parecido maravillosos y un final espectacular. Muchas gracias por todas tus historias.
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Muy bella felicidades
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Gracias por compartir estas historias tan bellas, para mí, son el complemento de la novela.Esta especialmente me ha encantado.
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Me ha parecido preciosa y me ha encantado el personaje de Defne. Gracias
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