ATREVETE A AMAR CAPITULO 6

Las puertas del ascensor estaban por cerrarse, cuando de pronto una mano lo impidió.

Cuando se percató de aquello levantó la cabeza para encontrarse con la mirada seria de Defne.

–Defne… yo, lo siento, quizás me sobrepasé con las caricias, pero….

Sorprendido la ve entrar y luego de que las puertas se cerraran, ella apretó un botón y el ascensor se detuvo, luego la ve dar un paso hacia él, después, dos, tres, cuatro, hasta quedar a centímetros de su rostro.

– ¿Por qué detuviste el ascensor?

-Porque, ahora, en este ascensor, voy a besarlo…y terminar o que usted comenzó. – le responde

Tomó sus manos y las puso en las caderas de ella, quedando aún más cerca de él.

-Nos verán, puede haber cámaras vigilando – dijo él torpemente.

-Y ¿Acaso eso no es más excitante?

–Esto es una locura –dijo mirándola, pero cuando sus ojos se detuvieron en la boca, se olvidó de todo, acortó la distancia y la besó.

Estaba sobrecogido por la pasión que emanaba de ella, provocando en él, una respuesta igualmente apasionada.

La lengua de Defne dentro de su boca, hizo que su cuerpo cobrara vida, que su deseo sexual lo desbordara.

Mientras sus lenguas jugaban con extraordinario erotismo, sintió contracciones de arrebato, delirio y frenesí en el sexo.

Ese era el motivo por el que, no había hecho el amor por mucho tiempo, nadie lo había excitado hasta ese punto. Los dardos del deseo lo hicieron consciente de todos y cada uno de los rincones de su cuerpo, algo nuevo para él.

La desazón en la entrepierna se tornó insoportable, un palpitante anhelo que rogaba la posesión. Un anhelo que necesitaba satisfacer.

Sin separar la boca de la de ella, la empujó hacia la pared, los muslos de él en contacto con los suyos y provocando una enfebrecida expectación. Todas y cada una de sus zonas erógenas esperaban con ansia la satisfacción. Notó la hinchazón de su sexo, el cosquilleo, los espasmos mitad dolorosos mitad placenteros.

Sin dejar de besarla, comenzó a conocer el cuerpo de Defne, le acarició el cuerpo muy despacio, desde los senos a los muslos y hacia arriba otra vez.

Entonces, bajó el rostro hacia uno de sus pechos, acercó la boca y comenzó a lamérselo por sobre la tela del vestido. La sensación fue exquisita.

Abrió la boca sobre un pezón, continuó lamiéndolo y, después, lo chupó hasta hacerla gemir de placer. Cambió de pecho, le sometió a la misma tortura y un extraordinario deleite se apoderó de ambos.

–Eres preciosa –le dijo devuelta en su boca – Toda tú eres preciosa.

–Cuidado con lo que dices, me voy a hinchar como un pavo –dijo ella con una sonrisa irónica.

–Aquí el único que se está hinchando soy yo –dijo él con una media sonrisa y brillo en los ojos.

–Ya me he dado cuenta.

Ella tocó el miembro con una mano para examinarlo. Estaba grande y duro, y eso le produjo un gran placer, lanzó un gruñido, después, respiró hondo y, al tiempo que soltaba el aire, retiró la mano de ella y la sujetó en la suya.

–No quiero precipitarme. Quiero darte tiempo.

Ella estaba sumamente excitada, él lo notaba, pero quería llevarla aún más allá, por lo que volvió a posarle la boca en los pechos, pero esta vez, quitó la tela para su contacto fuera más íntimo, su deseo aumentó. Su respiración fue haciéndose más sonora mientras sus labios, la lengua saboreaban el cuerpo de Defne

–Sabes deliciosa –le susurró.

Era la primera vez que se daba cuenta que excitando su voz enronquecía.

Había leído artículos sobre los cambios que provocaba en el cuerpo del hombre la excitación, pero jamás había imaginado que le ocurriera a él.

Por Dios, como lo excitaba Defne, sus besos le causaban un insaciable apetito de más, y le provocaban un enorme placer, el que no había sentido jamás.

Omer comenzó a juguetear con la lengua en el interior de su boca. Poder, pasión, posesión, sus labios transmitían todo eso.

Ella comenzó a acariciarlo, los hombros, los brazos, el torso, esas caricias solo provocó que aumentara su deseo, por lo que él, continuó besándola como si estuviera dispuesto a devorarla, como si ya no pudiera aguantar más.

Ella gimió, cerró los ojos, cuando él comenzó a besarle el cuello, mientras le mordisqueaba el cuello, la sintió estremecer, él cerró la boca contra su piel y succionó.

–Mira cómo me pones – le dice él

El deseo se había apoderado de su mirada, tomándolo por la camisa, ella le dice

–Yo igual te deseo – responde ella

Su seguridad le infundio seguridad, por lo que la levantó el vestido y le acarició las caderas. Ella gimió con fuerza y apretó la entrepierna contra su pelvis. Tan cerca. Tan duro. Con la cabeza echada hacia atrás, se dejó llevar por la sensación.

Omer la sujetó por el trasero mientras con la otra mano le retiraba la tanga del medio. Mirándola a los ojos, le cubrió la entrepierna con la mano. Despacio, comenzó a explorar y acariciar los pliegues de su sexo.

–Oh, Dios – dijo él, ella estaba tan húmeda, eso lo excito aún más

Ella se estremeció mientras él le acariciaba la parte más íntima de su ser una y otra vez.

–Por favor, –susurró ella, ocultando la boca contra su cuello.

Estaba deseando que ella lo tocara, le acarició el cuello con la lengua y lo saboreó.

Con un hábil movimiento, él se deshizo del vestido, de forma que ella se quedó con los senos y el sexo al descubierto, expuesta ante su mirada devoradora, él posó la mirada sobre sus senos, tenía los pezones erectos, la miró a los ojos y se los acarició haciendo círculos sobre ellos.

Después, se inclinó y se los lamió despacio, una y otra vez, luego le cubrió un pezón con la boca.

Ella se estremeció, y se separó de la pared mientras él succionaba sobre su pecho.

Él podía sentir como el placer recorría su cuerpo, y comenzó a juguetear con la lengua sobre su pecho, y, cuando sintió ella que no podía más, empezó a hacerle lo mismo en el otro.

Defne empezó a temblar, mientras él seguía jugando con su clítoris, ella movió la cabeza y apretó la pelvis contra su mano, estaba a punto de llegar al orgasmo.

–Abre los ojos, –susurró él–. Quiero verte.

Ella abrió los ojos, solo para ver que él tenía la boca sobre su pecho y sus ojos negros se habían oscurecido aún más.

Él no dejó de acariciarla.

–Déjate llevar, –dijo él.

Y la vio llegar al orgasmo, pero no paró de acariciarla hasta que tensó los músculos del cuerpo, apoyó la frente sobre su hombro y le sujetó la muñeca.

–Eres mejor de lo creí.

Él dejó la mano en su entrepierna para calmar el temblor de sus músculos. Con la otra le retiró un mechón húmedo de la frente.

-Esto aún no ha terminado – le dice él

-Eso es lo que espero

Él la sujetó de nuevo por el trasero y la levantó

–Quiero estar dentro de ti, ahora – le dijo

Se acomodó entre sus piernas y ella se colocó a horcajadas, volvió a acariciarle los pechos, como si no pudiera saciarse de ella, le separó los labios mayores y después, suavemente, le introdujo un dedo.

Ya seguro de que ella lo había aceptado, le metió dos dedos y los movió dentro de ella como si fuera lo más preciado del mundo.

–¿Todo bien?

–Maravillosamente bien –respondió ella con un tembloroso suspiro.

Se preparó para penetrarla, muy despacio. Ella jadeó de placer, pero él creyó que había sido por el dolor y salió de su cuerpo.

–¿Te hice daño?

–No, en absoluto. Lo que pasa es que me sorprendió lo bien que se siente, lo bien que tú me haces sentir.

Volvió a penetrarla, lentamente, centímetro a centímetro, hasta que ella le aceptó entero. Después, comenzó a moverse despacio, a embestidas suaves que la hicieron estremecer de placer. No era tan directo e intenso, pero el ritmo de los movimientos provocó un exquisito anhelo.

Ella estaba a punto de alcanzar el clímax, pero aún incapaz de llegar al punto de aquel viaje sin retorno.

Omer, le acarició el clítoris con los dedos mientras se movía y desencadenó una explosión. Oleadas de un insoportable placer la sacudieron, el feroz impacto la hizo gritar.

 Esperó a que ella se calmara para, con una serie de rápidas y duras embestidas, dejarse llevar al punto álgido del placer.

El repentino orgasmo lo sacudió como un huracán. Se quedó sin respiración hasta que, por fin, todos los músculos de su cuerpo se relajaron y sus huesos parecieron haberse tornado líquidos.

Después, silencio, un silencio profundo. Una absoluta paz los envolvió y se entregaron a aquella exquisita relajación…

–Ha sido… increíble –susurró ella – Enloquecedor. Magnífico. Mágico.

¡Vaya, vaya, vaya!

Él sonrió y le dio un beso en la boca, volvió a acariciarle los pechos, como si no pudiera saciarse de ella.

-Creo que alguien está solicitando el ascensor – dice ella

-Eso creo, será mejor que nos vistamos rápido, ¿Defne?

– ¿Omer? – la escucha decir, mientras ella se aleja como llevada por algo o alguien lejos de él

-Defne! – grito.

Y se encontró gritando su nombre una y otra vez, acostado en la cama, en su casa y solo.

-Defne, porque no respondes el teléfono

-Nihan, ¿Por qué me despiertas?, estoy cansada quiero dormir.

-Lo mismo te digo, no he dormido nada pensando en lo que pudo haber pasado anoche.

Defne suspira y se sienta en la cama.

– ¿Quieres la versión resumida? o ¿te cuento todos los detalles?

– ¿Tengo que responder a esa pregunta?

-No, por supuesto que no, primero la versión resumida, luego detalle por detalle.

-Que bien conoces a tu amiga, ahora comienza.

-Resumiendo, el señor Omer se comportó fríamente…

-Lo suponía – la interrumpe Nihan.

-Hasta que – sigue diciendo Defne – nos besamos mientras bailábamos.

-Oh, eso no me lo esperaba, ¿y?…

-Y, cuando volvimos la mesa, no dejo de acariciarme, se comportó como el hombre más romántico del mundo – termina de decir con un largo suspiro

-Ay!, que mal que solo fuera por una noche.

-Pues … la verdad… el noviazgo se extendió por una semana más.

– ¿Cómo?

-El señor Pamir se quedará por una semana en Estambul. Por lo que seguiremos siendo novios todo ese tiempo.

CONTINUARÁ.

2 comentarios sobre “ATREVETE A AMAR CAPITULO 6

  1. Uff, Martha que sueños tiene nuestro chico!! AL principio cría que era verdad y llegó el despertar! Ale a seguir esperando a ver que picia hace Pamir, creo no se privara de hacer algo. Vamos a ver mañana. Gracias Martha 😊

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