SI LA LUNA Y LAS ESTRELLAS CAPITULO 9

CAPITULO 9 Y FINAL

-Ya es muy tarde, debes tener sueño y a mí me queda un buen trayecto para llegar a mi casa.

-Quédate – le dice ella

– ¿Cómo?

-Quédate, claro, si quieres

– ¿Estás segura?

-Sí, ya es tarde y no podría dormir pensando en que te pudiera pasar algo en el trayecto a tu casa.

-Pero… ¿dormirás a mi lado?

-Si tú quieres, pero no necesariamente significa que entre nosotros… espero que me entiendas.

-Claro que sí, te confieso que no me será fácil, pero me conformo con dormir contigo… por ahora.

-Por ahora – repite ella.

Ella lo guía hasta su habitación, ahí le pasa un pantalón de hacer deporte que a ella le quedaba grande, pero a Omer le quedó un poco ajustado.

-¿Puedo dormir sin polera? – le dice al no quedarle buena ninguna de las que ella le pasó.

-Creo que será lo mejor – dice sonriendo.

Defne se puso su pijama y se acostó a su lado.

Cada uno ocupaba un lado de la enorme cama.

-Creo que esta, no era mi idea de dormir contigo – dice Omer

-¿Qué te imaginabas?

-Estar abrazado a ti y dormir de esa forma.

-Eso lo podemos arreglar – le dice mientras se acerca a él y le permite que la abrace.

-Así está mejor.

-¿Omer?

-Mmm

-Sé que es tarde y estas cansado, pero necesito hacerte una pregunta.

-Dime

-¿Cuándo? y ¿cómo supiste que yo era la mujer que conociste en la montaña?, si no me viste esa noche.

-Fue por tu cabello – le dice mientras se lo acaricia

– ¿Por mi pelo?

-Sí, cuando estaba en la carpa lo toqué y lo acaricié, me gustó la sensación que produjo en mi al sentirlo entre mis dedos, la segunda vez que lo sentí, fue en el bar, cuando sin darte cuenta tu cabello rozó mis dedos, desde esa vez, sospechaba que tu amiga no era realmente la mujer que conocí en las montañas.

-No sé qué decir, pero me gusta que me hayas reconocido sin siquiera haberme visto.

-Cuando lo confirmé, fue la noche en la que me besaste, ahí volví a tocarlo y en ese momento supe que tú, eras mi ángel.

-¿Así que me buscaste? Y ¿Por qué?

-Porque me enamoré de ti, esa noche.

-¿Te enamoraste de mí?

-Pues sí, ¿Por qué te extraña?

-Porque esa noche no fui nada agradable.

-Para mí, fuiste el ángel que Dios me envió, y caí rendido a tus pies, ¿me crees?

-Sí, te creo, ahora si podemos dormir – le dice acomodándose en sus brazos nuevamente.

Por más que lo intentó no pudo cerrar los ojos, no había sido una buena idea dormir con Omer, menos aún que su cabeza estuviera en su pecho y pudiera sentir su aroma, si no hacia algo pronto se volvería loca, tenía dos opciones, o se alejaba de ese cuerpo al que quería tocar, o…

–Omer, ¿estás despierto? –susurró ella – cambié de idea, quiero hacer el amor contigo

–Dios!, pensé que no lo dirías nunca –protestó él con voz ronca.

Se acomodó y la besó, tomando su boca con desesperante calma, su lengua jugó con sus labios, hasta que ella le permitió el ingreso a su boca.

 Comenzó a seducir su lengua con la suya, todo lo que hacía era sensual, y despertaba su lívido, le acarició el cabello, antes de deslizar la mano, desde la mejilla hasta el cuello, y de ahí al pecho, donde jugueteó con el erecto pezón.

–¿Dónde aprendiste a besar así? –preguntó ella jadeando.

–Hoy en día se publican unos excelentes manuales de autoayuda.

-Desde luego que aprendiste muy bien, – le dice

Iba a disfrutar cada minuto de esa noche, se dijo mientras Omer seguía desabrochando la camisa, para deslizarla por sus hombros.

Ella lo observó detenidamente, solo para admirar el atlético torso, mientras se preguntaba qué había hecho para merecer algo así. Ese hombre era magnífico, perfecto.

–Eres hermoso – susurró, mientras Omer le arrancó un gemido con sus caricias.

Era un hombre muy intuitivo y sus manos parecían conocer todo sobre su cuerpo.

–¿Es tu primera vez?

Ella solo pudo mover su cabeza afirmativamente

–¿Tienes miedo de que te haga daño?

–No es eso, pero tengo miedo de perder el control, tengo miedo de las sensaciones que surgen de mi interior cada vez que me tocas. Tengo miedo de cruzar la raya y no regresar jamás. Tengo miedo de experimentar algo que no sea capaz de controlar.

–Confía en mí, y disfruta – le dice acariciando su mejilla

El cuerpo de Defne respondió con gran entusiasmo a la sugerencia de Omer.

Él se tomó su tiempo, entendía sus necesidades. Sabía cómo hacerla jadear, y no dudaba en hacerlo, acomodó una almohada bajo su trasero y ella comprendió el motivo, quería que viera el placer que le estaba proporcionando, quería que tuviera una clara visión de todas sus zonas erógenas reaccionando al placer que él le daba.

–Estás hecha para ser amada, mi ángel – le dijo y luego se deslizó hacia abajo.

Defne soltó un pequeño grito al sentir el abrasador aliento sobre los muslos.

–¡Por favor! –suplicó cuando él la empezó a atormentar con pequeños mordiscos sobre la ardiente piel.

Arqueando el cuerpo, gimió al sentirlo piel contra piel. Debería haberse sentido avergonzada, pero en vez de ello el instinto la empujó a levantar las caderas. Estaba más que dispuesta para el placer que él le había prometido.

Y entonces su lengua encontró su femineidad, buscando el centro de su placer, ella podía sentir su lengua mientras jugaba con su clítoris, más lento, más suave, más profundo.

Se quedó muy quieta, no quería moverse o respirar por miedo a distraerlo y que el placer que le estaba proporcionando se interrumpiera. El tiempo se detuvo mientras él la tocaba con mucha lentitud, permitiéndole a ella deleitarse en el momento.

–No te muevas –le ordenó–. Déjame hacerlo todo a mí. ¿Entendido?

Ella respondió entre jadeos algo ininteligible, no quería dejar de concentrarse en él, y en el placer que le estaba proporcionando.

–¡Oh, no, no, no! –exclamó cuando se detuvo–. No te detengas, eres muy malo –susurró ella

Lo último que vio fue la sonrisa de él antes de deslizarse de nuevo hacia abajo.

–No aguanto más –se quejó ella al sentirse invadida por una oleada de sensaciones.

La primera convulsión de placer le hizo arquearse y se oyó a sí misma gritando su nombre.

–Ha sido… impresionante.

–¿Quieres más?

-Sí – fue su contundente respuesta

–Levanta las caderas –le ordenó con voz ronca.

Los pantalones aterrizaron en el suelo seguidos de los de él, verlo desnudo por primera vez le sobresaltó, era un hombre atlético, bronceado, formidable… y estaba excitado

Los besos se hicieron más apasionados y sus cuerpos se entrelazaron como si nunca pudieran saciarse el uno del otro.

Luego se deslizó hacia el estómago y el interior de los muslos terminando por los tobillos hasta que ella pensó que iba a desmayarse de placer. Después continuó por las pantorrillas, besando y lamiendo, lugares que ella jamás habría sospechado que encerraran tal potencial para el placer.

Defne suspiró y apretó el cuerpo contra él. Deseaba experimentar todo lo que Omer quisiera ofrecerle.

Tras excitarla de nuevo, él se estiró y se frotó contra ella, en un aperitivo del placer que aún estaba por llegar. Defne gimió una protesta, pero él solo ralentizó aún más el ritmo, hasta que la sintió suficientemente relajada para introducir solo la punta de su miembro.

La sensación fue tan extrema, tan buena, que la siguiente vez que él inició la retirada, ella pegó las caderas a su cuerpo, reclamándolo.

Ni siquiera estaba segura de poder tomarlo entero y Omer, sintiendo su miedo, hizo maravillas con los dedos y los besos para distraerla hasta introducirse del todo en su interior.

Ambos se movieron al unísono y ella se maravilló ante la ausencia de dolor, de miedo, a pesar del descomunal tamaño de la erección. Omer la llenó de la manera más placentera, masajeándola con eficacia, y no pasó mucho tiempo antes de que llegaran frenéticamente a la inevitable conclusión. Instantes después, el espasmo la sobrecogió y, gritando el nombre de Omer, se abandonó al placer, convulsionándose descontroladamente.

Le llevó una eternidad recuperarse, y otra para que las deliciosas postrimerías se calmaran. él permaneció en su interior hasta que sintió que ella se había recuperado, y entonces empezó a moverse.

Moviendo las caderas lentamente de lado a lado, le volvió a despertar el deseo y, antes de que se diera cuenta, el siguiente clímax la alcanzó. Gritando su nombre, ella sacudió frenéticamente las caderas mientras Omer la sujetaba para que disfrutara cada instante.

–Me estás mimando demasiado –consiguió protestar cuando él inició otra embestida.

Y de nuevo se movía con rapidez dentro de ella

–Más fuerte –le suplicó, firmemente sujeta en sus brazos–. Más deprisa.

¡Sujétame! –gritó en los últimos instantes.

Tomándole el trasero con fuerza, él la mantuvo quieta mientras ella le golpeaba el torso con los puños.

La mente de Defne se había separado del cuerpo. Y supo que, cuando todo se hubiera terminado, allí estaría él para calmarla y asegurarle que estaba a salvo.

Desde luego, aquel era el camino a seguir, decidió ella, totalmente saciada mientras se despertaba lentamente a la mañana siguiente, en la enorme cama, habían hecho el amor durante toda la noche hasta el amanecer. Al primer atisbo de luz, él había saltado de la cama, abandonándola.

El corazón se le expandió cuando lo vio regresar de la ducha. Con la toalla enrollada alrededor de la cintura, era una visión impresionante. Lo tenía todo, el cuerpo de un gladiador y la mente de un sabueso. Era divertido y tierno, y su apetito sexual no conocía límites. Era el amante ideal.

El fin de semana lo pasaron encerrado en la casa, solo abrían la puerta para recibir los pedidos de comidas.

Luego de hacer el amor, algo entre ellos se fortaleció, debía ser por lo que decían, ya no eran más dos, sino uno, ambos sabían que habían encontrado su lugar en el mundo, en los brazos de la persona que amaba.

La esencia de cualquier alpinista, va ligada al deseo de descubrir lugares salvajes y desconocidos, donde poner a prueba sus niveles físicos y psicológicos, consiguiendo elevar el concepto de libertad a su máxima expresión.

Eso sentían ellos juntos en familia, y su hija se había convertido en su mejor aventura, su casa el lugar donde sentían la mayor libertad.

Cuando la pequeña cumplió su primer año, hicieron la primera incursión a las montañas con ella, como siempre tomaron todas las medidas necesarias para que su viaje fuera seguro, más ahora que llevaban el tesoro mas grande de sus vidas.

Ya llevaban cinco años juntos, cinco maravillosos años, donde habían sido felices, de lo que sucedió años atrás ya no quedaban rastros.

 Nihan desapareció de sus vidas, Omer había arrendado el departamento por un año completo, cuando se cumplió ese plazo, ella debió comenzar a vivir por su cuenta, no le fue posible hacerlo en Estambul y lo último que supieron fue que se devolvió al pueblo, ahí su familia la obligó a casarse con un hombre mayor, claramente lo de su embarazo fue todo, una mentira.

Ahí estaban los tres recostados en una manta, mirando las estrellas, la pequeña heredó de Defne el amor por ellas y Omer había aprendido a amarla, porque sabía eran importantes para su esposa.

En una noche de luna y estrellas se conocieron, en una noche de luna y estrella se declaran su amor, en una noche de luna y estrellas se amaron…

 Para Omer y Defne habría muchas más noches de luna y estrellas

FIN

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