SI LA LUNA Y LAS ESTRELLAS CAPITULO 1

La esencia de cualquier alpinista, va ligada al deseo de descubrir lugares salvajes y desconocidos, donde poner a prueba sus niveles físicos y psicológicos, desafiando la verticalidad de las montañas. Consiguiendo elevar el concepto de libertad a su máxima expresión, pero evidentemente, hay lugares remotos, en los que el sabor de la incertidumbre, está presente y garantizada desde que sales de casa.

Y este era sin duda uno de esos lugares, le tomó un día completo llegar a la cima, la sensación era inigualable.

Preparó su carpa, porque ya estaba atardeciendo, y quería mirar con una taza de café mientras el sol se ocultaba.

Desde adolescente se sintió llamada por el montañismo, o senderismo como lo llaman algunas personas, por lo que se lo había tomado por mucha responsabilidad, el montañismo necesita de una preparación previa adecuada antes de practicarlo. El montañista se vale de una vestimenta particular además de un conjunto de accesorios y artefactos conocidos como equipo y ella contaba con todo aquello.

Siempre tomaba la precaución de avisar el lugar exacto donde acamparía y cuantos días estaría en la montaña, hasta el momento nunca había tenido algún tipo de problema que le significara tener que pedir ayuda, hasta ahora…

Ya con su taza de café en las manos y sentada frente a una fogata, se dispone a disfrutar del atardecer, cuando divisa en el horizonte un punto blanco con estelas de humo, entrecerró los ojos, para tratar de ver con mayor claridad lo que era, cuando comprendió lo que sucedía, soltó su taza, se puso de pie y se preparó.

Pudo ver como la avioneta perdía altura y se estrellaba muy cerca de donde ella se encontraba, por lo que de inmediato entro a su carpa, tomó su mochila donde tenía la caja de los primeros auxilios y corrió lo más rápido posible para llegar al lugar donde ocurrió el accidente.

Por fin después de cinco minutos donde no se detuvo, llegó al lugar, pero al parecer había llegado tarde, porque la avioneta estaba completamente calcinada.

Sabía muy bien que después de una explosión como aquella, no existía ninguna posibilidad de encontrar a alguien con vida, por lo que solo se acercó a mirar si podía ver el número de la matrícula y dar una alerta del accidente a las autoridades.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, trató de llamar por su teléfono, pero el lugar no contaba con señal, anotó el número de matrícula en su celular y se disponía a volver al campamento, cuando le pareció escuchar un ruido.

Se acercó al lugar desde donde provenía el ruido, y vio a un hombre tirado en la tierra tratando de arrastrarse.

Ella lo toma y da vuelta.

-¿Dígame cómo se siente? – le pregunta

-No puedo ver – fue la respuesta del hombre.

– ¿Cómo así?

-La explosión, creo que me golpeé la cabeza y quedé ciego.

Ella igual que las películas le pasaba la mano por delante de los ojos, pero al parecer era cierto, el hombre estaba ciego.

-Por favor lléveme al hospital, necesito que me revise un médico, no quiero quedar en estas condiciones para siempre – le ruega él

-Muy bien, pero tendrá que ayudarme, tenemos que subir al lugar donde está mi campamento, ahí tengo cobertura para el teléfono.

-Pero como voy a caminar, si no puedo ver.

-Tendrá que confiar en mí. – le dice ella

– ¿Cómo así?

-Yo lo voy a guiar, por eso tendrá que confiar en mí.

-Bien.

Él se levanta con la ayuda de Defne y luego ella guía su mano hasta su hombro.

-Ahora solo debe caminar recto, pero vamos de subida, – le indica ella

-Por favor vaya lento, no me quiero caer.

-Pero si vamos lento, se oscurecerá y ahí será mucho peor, en esta zona hay lobos, por eso debemos llegar lo antes posible al campamento.

El hombre trata de llevarle el paso, aunque le costaba y ella lo sabía.

Lo que ha Defne le tomó cinco minutos recorrer, ellos lo hicieron en media hora, pero por fin llegaron al campamento.

El fuego se estaba apagando, ella le ayudó a sentarse y le echó leña a la fogata que comenzó a arder nuevamente.

-Mire – dice ella – acomode sus manos le voy a echar agua para que se lave la cara.

El hombre le obedeció y se lavó la cara, poniendo especial atención a sus ojos, como creyendo que de esa manera podría recuperar la vista.

– ¿Quiere que le sirva un café antes de llamar a emergencia?

-No, por favor llámelos enseguida.

-Muy bien – Defne busca su teléfono en la chaqueta, pero no estaba, luego lo hizo en el pantalón, pero tampoco estaba.

-Diablos – dijo

-¿Qué sucede?, ¿no me asuste por favor?

-Creo que se me cayó el teléfono

-Pero ¿cómo?

-Lo último que recuerdo fue que lo tenía en la mano cuando lo escuché a usted, seguramente ahí lo perdí

-Y ¿no puede ir a buscarlo?

-¿Ahora?, imposible, ya anocheció, es muy arriesgado, mañana apenas salga el sol iré por él.

-Y ¿Qué vamos a hacer esta noche?

-Me imagino que del lugar donde salió notarán su ausencia, o al lugar donde debía llegar, alguien tiene que extrañarlo.

-No – le responde él

– ¿Cómo qué no?, ¿Acaso no le dijo a nadie que saldría en la avioneta?

-No, no le dije a nadie, se suponía que era un viaje corto, solo para relajarme, luego de…

-Ay Dios, que irresponsabilidad más grande, ¿Qué hubiese pasado si yo no estoy aquí ahora?, en sus condiciones no habría podido sobrevivir esta noche, los lobos lo… no me lo quiero ni imaginar.

¿Irresponsable?, nadie podía decir que Omer Iplikci era un hombre irresponsable, desde que tenía uso de razón su vida estaba dirigida por una agenda, sabía exactamente en qué lugar debía estar a cada hora del día, por primera vez, hizo algo que estuvo fuera de esa agenda y mira lo que pasó.

-No suelo ser una persona irresponsable – le dice molesto, por la reprimenda que le acababa de dar– esto es algo puntual, además un accidente lo puede tener cualquiera, ahora si le molesta tenerme aquí, debió dejarme a merced de los lobos.

-Mira este… – le responde, luego se tranquiliza y le dice – de nada.

-Lo lamento, muchas gracias, te debo mi vida, podré saber el nombre de mi salvadora.

-Defne, Defne Topal.

-Mucho gusto – le dice él – soy Omer Iplikci.

-Bien, ahora que ya nos conocemos es mejor que entremos a la carpa, debo ser sincera y decir que es un poco estrecha, pero es más segura que estar aquí afuera.

-Yo… no me gusta sentirme inútil…

-Vamos, por una vez en la vida dejarse ayudar no le vendrá mal, solo le pido que me de unos minutos, tengo solo un saco de dormir así que tendremos que arreglarnos con él.

Defne entró a la carpa, hizo espacio para dos personas, dejando el saco de dormir abierto, para así taparse los dos con él.

-Bien, ahora si ya está listo, puede entrar, perdón, pero… debe sacarse los zapatos, ¿necesita que lo ayude?

-Por favor – le dice él – Dios es horrible sentirse así.

-No se preocupe, como le dije, de vez en cuando es bueno dejarse ayudar.

Ella lo ayudó a entrar a la carpa, cerrándola luego de eso, también le ayuda a recostarse y a continuación le quita los zapatos… y ¿los pantalones?, mejor no, mientras más ropa llevara puesta era mejor.

-Recuéstese – le dice ella – nos taparemos con el saco de dormir, espero que pueda descansar.

Defne se acostó al lado del hombre y se tapó con su parte del saco.

La noche estaba muy silenciosa, demasiado para su gusto

-Defne, ¿Qué haces?

– ¿Cómo?

– ¿Estudias?, ¿trabajas?, ¿Qué haces en tu vida diaria?, no sé si puedo preguntar tu edad.

-Haber, trabajo, por ahora de forma independiente hasta que me tenga que hacer cargo de la empresa de la familia, en cuanto a mi edad, no tengo problema al decir que tengo 30 años.

– ¿Estás casada entonces?

-Aunque le parezca extraño, no, no estoy casada

-Perdón si te molestó la pregunta.

-No debí ser tan brusca, pero no entiendo porque las personas creen que a esta edad ya estoy vieja para casarme y tener hijos

-Entonces, ¿si quieres tener marido e hijos?

-Sí, ¿Por qué no?, pero hasta ahora no me ha interesado ningún hombre como para pensar en formar una familia con él

-¿No tienes novio?

-Pero ¿Qué es esto?, ¿un interrogatorio?

Él solo se rió.

-No, lo siento, es solo que no quiero dormir, se supone que no debo hacerlo, es por el golpe en la cabeza.

-Entiendo, entonces cuénteme de usted.

-No hay mucho que contar, ya sabe cómo me llamo, tengo 33 años, al igual que usted, me gustaría formar una familia.

-Entonces, tiene novia.

-Sí, se podría decir que si

– ¿Cómo es eso de, se podría decir que sí?

– La razón de que tomara la avioneta así de forma irresponsable tiene relación con ella.

– ¿Discutieron?

-No sé si se le puede llamar discusión, ella me está presionando para que nos casemos.

-Pero eso es bueno o por lo menos debía serlo, si usted quiere tener una familia.

-Debería, pero cuando pienso en casarme con ella, algo en mi interior me dice que no es la indicada, sé que suena horrible, pero debo ser sincero conmigo mismo primero y luego con ella, por eso tomé la avioneta, creo que necesitaba libertad para pensar.

-Lo entiendo más de lo que se imagina, por eso mismo hago montañismo, por la libertad que siento al estar aquí arriba.

– ¿No te da miedo venir sola?

-No, claro que tomo todas las precauciones habidas y por haber, gracias a eso nunca he tenido ningún accidente, además… en este lugar no solo encuentro libertad, es perfecto para mirar las estrellas.

– ¿Estrellas?

-Si, el cielo esta despejado, hay absoluta oscuridad, puedes ver el cielo completamente estrellado.

-Entonces, ¿te gustan las estrellas?

-No solo me gustan, me fascinan, si no fuera porque mi abuela me obligó a estudiar administración de empresas, seguramente seria astrónoma o astronauta.

– ¿De verdad?

-Sí, cuando era pequeña, siempre me imaginaba saltando de una estrella a otra y siempre pensaba lo mismo, y ¿si somos únicos?, Y ¿si el universo nos quiere a todos seamos como seamos?, y ¿si la vida de una persona no fuera mas importante que la de otra? Y sí… ¿fuéramos estrellas?

Luego de esas palabras, quedaron en completo silencio, hasta que Omer dice…

– ¿Defne?

– ¿Sí?

-Gracias por todo, nunca olvidaré lo que hiciste por mí.

-No se preocupe, puede que algún día necesite de su ayuda.

-Todo lo que necesites- le dice él

-Ahora lo único que necesito es descansar, mañana me levantaré temprano e iré por el teléfono y todo estará mejor.

-Sí, así será

Defne se durmió casi en seguida, en cambio Omer no pudo dormir en toda la noche, podía sentir el calor del sol en la carpa cuando se atrevió y se acercó a su ángel salvador, con mucho cuidado, con su mano buscó su rostro, aunque no podía verla su voz hablaba mucho de ella, pero necesitaba saber cómo era, y si sus ojos no se lo permitían, las yemas de sus dedos quizás le darían forma al rostro de la desconocida.

Por fin tocó su nariz, de ahí subió para tocar su pelo, siguió por la frente, las cejas, los ojos, bajó hasta la nariz y por fin dibujó con sus dedos sus labios, ahí se detuvo…

– ¿Qué haces? – escucha que le dice ella.

-Lo siento mucho, no quise hacer nada malo, solo quería darle un rostro a tu voz.

-Acaso no sabes que para hacer eso, debes llevar tiempo sin tener visión.

-Yo… lo siento nuevamente.

-Ya amaneció, así que voy por el teléfono, espérame aquí adentro, no me demoraré tanto, creo.

-La esperaré.

Defne no demoró prácticamente nada, el helicóptero de rescate llegó media hora después de que ella llamara al equipo de rescate, lo recostaron en una camilla y se lo llevaron del lugar.

-La mujer, ¿viene con nosotros? – preguntó Omer, cuando estuvo instalado en el helicóptero.

-No, ella prefirió bajar caminando la montaña.

-No alcancé a despedirme de ella, – dice

-Pero ¿sabe cómo se llama?

-Defne Topal

-Después la puede buscar, si es que ella no lo busca a usted.

-Sí, tiene razón- dice Omer en un susurró

CONTINUARÁ

Un comentario en “SI LA LUNA Y LAS ESTRELLAS CAPITULO 1

  1. Este inicio si que es original,parece mas bien de una pelicula, y el hecho fe que sea Omer quien este indefenso y dependa de ella, me parece maravilloso, gracias amiga

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