UN MILAGRO LLAMADO AMOR CAPÍTULO 9

CAPITULO 9

Ella sintió como el miembro de Omer comenzaba a erectarse debajo de ella, por lo que quiso levantarse

–Escucha –dijo Defne llevándose la mano a la cara–. Creo que ya va siendo hora de…

–¡No! –Omer le tomó la mano para impedir que se levantara

–Omer no podemos… –murmuró ella dulcemente, mientras él le rozó suavemente la barbilla

– Pero te deseo – le dice él

Ella lo miró, era tan guapo y tan masculino… la mirada de deseo le otorgaba un aspecto de otro mundo que se añadía a su atractivo.

A ella se le entrecortó la respiración, entonces la otra mano de él, buscó la nuca de ella y de pronto, sintió los labios en los suyos, cálidos, firmes y absolutamente seductores.

Ella no pudo evitarlo, bajó las pestañas y abrió la boca.

Escuchó un gruñido profundo procedente del pecho de Omer y se rindió a lo inevitable, mientras él la besaba con más profundidad. La quemaba como fuego líquido consumiéndola, disparando una avalancha de deseo al que no podía resistirse.

Su mutuo deseo era irracional y más poderoso que ellos, porque solo querían que aquel momento continuara, que su placer nunca terminara.

No sabía si era por que llevaba mucho tiempo negándose a cualquier tipo de placer sensual, pero sabía que estaba perdida en sus caricias.

Movió los labios por los suyos, segura de sí misma, con los sentidos en sintonía con el contacto.

–Mi amor –murmuró suavemente rodeándole el cuello con los brazos

 El beso, intensamente íntimo, dolorosamente erótico, el contacto de su boca en la suya bastaba para hacerle perder la cabeza. Abrazarla ahora así, sentir su respuesta sin tapujos era una absoluta tortura.

La rodeó con sus brazos urgiéndola a acercarse más, y así escuchar los suaves y desesperados gemidos que surgían de su garganta, la tomó entonces por la cintura para sentarla sobre la mesa y ella, desconcertada, miró como él arrojaba todo lo que estaba encima, al suelo, se tomó de sus brazos para no perder el equilibrio.

Por un momento, que le pareció una eternidad se miraron a los ojos y, desesperada por sentir de nuevo la suavidad de sus labios, separó sus piernas y él se colocó entre ellas para hacerle sentir su innegable deseo, evidente incluso bajo la capa de ropa que los separaban.

Ella se arqueó, los senos le subían y le bajaban, senos que estaban al descubierto y que él anhelaba saborear.

Se dijo a sí mismo que debía ir más despacio, pero notó el deseo de ella, mismo que percibió en su propia sangre y le trazó un camino desesperado de besos ardientes por la línea del cuello. Ella echó la cabeza hacia atrás mientras, un estremecimiento la atravesaba, con su cuerpo inclinándose más pesadamente contra el suyo.

El calor y el fuego crearon un camino peligroso en su interior, arrasando con todo pensamiento racional, mientras las sensaciones se apoderaban de ellos.

Sintió los labios de su esposa, suaves, alimentando los suyos con la misma ansia violenta que le hizo ponerse más duro que una piedra. La atrajo más hacia sí, uniendo sus cuerpos en una línea perfecta y tomando sus suaves gemidos en la boca.

-¡Oh Dios!, qué bien sabes –murmuró moviendo los labios por la sensible piel que tenía bajo la oreja.

Defne se estremeció entre sus brazos, sus codiciosas manos eran cada vez más osadas, mientras le recorrían las nalgas desnudas y subían por su espalda, entonces le arañó la piel de la espalda con las uñas.

Omer sintió una poderosa punzada de deseo, acariciar a Defne, sentir sus suaves gemidos de placer mientras descubría lo que le gustaba, era una delicia sensual que, no había calculado. Estaba completamente a merced de sus sentidos y no solo quería tomar todo lo que ella le ofrecía, sino que además estaba preparado para darle todo a cambio.

–Más –le suplicó ella.

Él le recorrió el cuerpo entero con las manos. Moldeándole las caderas y las costillas, el suave montículo de los redondos senos.

Se inclinó hacia delante y le besó los redondos senos.

–Quiero saborearte –la voz sonaba gutural por la urgencia y no quiso esperar a su respuesta, bajó la cabeza y le tomó el pezón rosado con la boca. Le lamió la piel excitada con la lengua, disfrutando de los suaves sonidos que le indicaban que estaba tan perdida en aquella locura como él.

–Oh, Dios –Defne se arqueó entre sus brazos mientras le pasaba los dedos por el pelo–. Te necesito –dijo con la respiración agitada mientras intentaba desabrochar el delantal.

Omer tomó el delantal, un pequeño y ligero trozo de tela era lo único que lo separaba del paraíso, y cedió con un tirón cayendo al suelo.

Un gemido gutural le surgió del pecho cuando sus dedos encontraron su piel suave y húmeda. Quería caer de rodillas y saborear la dulce miel que le cubría los dedos, pero ella ya estaba apretándose contra él.

–Más, por favor. Quiero más.

En lo único que podía pensar era en, reemplazar los dedos por su miembro, que ya comenzaba a doler por el deseo de estar en su interior, algo que obviamente Defne deseaba tanto como él, porque apretaba los muslos contra su cuerpo.

El primer contacto de la piel contra la suya, le causó un estremecimiento que le recorrió todo el cuerpo y, un gemido surgió de lo más profundo de su ser, mientras olvidaba por completo la razón y nuevamente se entregaba a aquel deseo que era más fuerte que él, penetrándola con un embate profundo y perfecto.

Estaba tan cálida… el cuerpo de Omer se tensó mientras trataba de controlar la urgencia básica de poseerla.

Tenía la frente brillante de sudor, pero antes de que pudiera procesar que tan adentro de ella había llegado, Defne arqueó la espalda y lo tomó con más fuerza, haciendo añicos su mente.

–Despacio –la urgió él sosteniéndole las caderas entre las manos– Eso es, déjame entrar hasta el fondo –gimió mientras los músculos de seda de ella lo rodeaban, sosteniéndolo con fuerza.

Él puso una mano en la mesa, para sostenerla con cuidado, le temblaban las piernas por contener su propio alivio, antes de sentir primero el de su esposa.

–Oh, Dios –ella se tomó a él clavándole las uñas en la nuca–. Voy… voy a… –su cuerpo apretó el suyo, las oleadas tiraban de él más y más profundamente mientras el cuerpo de ella alcanzaba el éxtasis.

En cuanto la sintió llegar, él se dejó ir, moviéndose dentro de ella con un poder controlado, mientras su propio clímax lo atravesaba.

No supo cuánto tiempo estuvieron así, sus cuerpos unidos del modo más ancestral, las respiraciones pesadas.

Levantó la cabeza del suave cuello de Defne, donde la tenía hundida, sentía las piernas tan débiles que tuvo que hacer un esfuerzo por mantenerlas erguidas. La sintió moverse contra él y tomó conciencia de la enormidad de lo que acababan de hacer, de lo descontrolado que había estado.

–¿Estás bien? –le preguntó en voz baja.

–Agua –ella parpadeó – Tengo mucha sed.

Él le apartó un mechón de pelo de la frente con mucho cariño.

–Claro, agua –le dice sonriendo–. Espera aquí, enseguida vuelvo, ¿Seguro que estás bien?

Ella asintió, sin aliento aún.

Él caminó la distancia de la mesa al refrigerador para sacar una botella de agua, y sentía las piernas como lana.

-Creo que ambos necesitamos – le dice ella riendo a carcajadas.

Omer llegó a su lado y se sentó para beber de su botella.

-Lo mejor que podemos hacer el salir de la casa y estar rodeado de personas, si seguimos a este ritmo nos vamos a morir en una semana – le dice ella

Luego de recuperar el aliento, él le respondió.

-Estoy de acuerdo, pero solo hasta esta noche

-Vamos a ducharnos por separados y luego vamos a la clínica, pero antes quiero comer algo, porque como podrás ver está todo en el suelo.

-Lo siento, pero tú me vuelves loco.

-Sí, claro, yo soy la culpable, ve a ducharte, mientras yo recojo todo este desorden – le dic ella

-Yo puedo hacerlo

-No, ve a ducharte primero

-Ah, ya entiendo, tienes miedo que yo entre mientras te bañas, eres muy astuta esposa mía.

-Que bien me conoces esposo mío.

Una vez que ambos estuvieron vestidos se dirigieron a la clínica, ahí estuvieron el resto del día, acompañando a Feriha, ya era tarde cuando volvieron a la casa y como era de suponerse, bastó que llegaran a la cama para que se encendiera en ellos la llama del deseo.

De a poco sus vidas se fueron acomodando a su nueva realidad, ya ambos sabían que se amaban y no perdían momento para demostrarse cuanto lo hacían.

El abuelo cumplió su promesa y Omer se convirtió en el accionista mayoritario de la clínica, esa misma semana él llamó a una reunión de directorio, y ahí también estaba Defne, ella fue la encargada de hacer la presentación.

-Buenos días, para quienes no me conocen soy la doctora Defne Topal, soy oncóloga, y he venido hoy aquí, para que conozcan los casos de los niños que están siendo atendido en uno de los tantos hospitales públicos que existen en este país.

Luego de entregar los informes clínicos, de cada uno de sus pequeños les solicitó que como clínica, pudieran apadrinar el área oncológica del hospital de donde ella provenía, dándoles la posibilidad a los niños de ser sometidos al tratamiento que ellos ofrecían, también les planteo que, ya estaba trabajando con un grupo de personas para levantar la fundación Iplikci- Topal, cuyo único propósito sería juntar recursos para pagar el tratamiento de los pequeños, y que en resumidas cuentas, la clínica no perdería dinero, solo le estarían prestando sus servicios, recibiendo la remuneración post pago.

Según Omer le dijo después de la reunión, existían muchas posibilidades de que su petición sea aceptada.

Su vida seria perfecta, sino fuera por el hecho de que Feriha llevaba dos semanas con el tratamiento, pero ella no notaba mejorías en su estado de salud, esa tarde mientras se encontraba junto a ella en su habitación, la notó en peor estado que el día anterior.

Ella como doctora, tenía acceso a la ficha de Feriha, y sabía muy bien que estaba cursando un cuadro de neumonía, y eso no era nada bueno.

-Buenas tardes – la saluda el doctor, junto a él venia Omer – ¿puede acompañarme a la oficina?, necesitamos hablar – le dice

Ella sabe que algo anda mal, pero no quiere dar rienda suelta a sus pensamientos negativos.

Cuando llegaron a la oficina el doctor se sentó detrás del escritorio, ella y Omer lo hicieron frente a él

-Bueno – comienza a decir el doctor –  como ustedes saben, a Feriha se le comenzó a administrar alemtuzumab intravenoso, una inyección semanal, los efectos secundarios fueron los esperables, fiebre, escalofríos, náuseas y erupciones, lamentablemente en el caso de su hija surgió algo que no esperábamos, le bajaron mucho las defensas, lo que causo una severa infección,  y no ha respondido a los antibióticos que le hemos administrado, por lo que hoy tuvimos una reunión y resolvimos suspender el tratamiento.

-Pero y ¿ahora? – pregunta Defne

-Lo lamento mucho – se disculpa el doctor -, sé que tenía puesta sus esperanzas en este tratamiento, ahora con respecto a su pregunta, solo nos queda realizarle un trasplante de medula, debemos encontrar a un donante compatible.

-Eso ya lo intentamos, lamentablemente Feriha, no tiene padres y es hija única, no encontramos parientes cercanos que estuvieran dispuestos a donar médula.

-Por ahora solo nos queda, ayudarla a salir del estado en el que se encuentra, y rogar para que aparezca un donante compatible, porque ya nombre se encuentra en la lista de espera, solo eso podemos hacer.

CONTINUARÁ

2 comentarios sobre “UN MILAGRO LLAMADO AMOR CAPÍTULO 9

  1. MADRE MIA MARTA ESTOS NO SE CANSAN. ESTAN RECUPERANDO EL TIEMPO PERDIDO. MUY BUEN CAPITULO . ESTOY ARDIENDO 🔥🔥🔥😂😂😂.GRACIAS AMIGA POR ESTOS CAPITULOS TAN ESPECTACULARES ❤❤❤

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