
CAPITULO 8
Omer despertó de costado, con la cara de Defne sobre su torso, un brazo y una pierna alrededor de su cintura, despertó totalmente excitado, tomando aire, se acostó de espaldas, con cuidado para no despertarla.
La habitación estaba envuelta en la oscuridad, y supo sin tener que mirar el reloj, que había dormido muchas horas. Sonrió entonces, pensando que había hecho lo que la mayoría de los hombres hacían después del sexo, quedarse dormidos.
Aunque a él no le había pasado antes. Claro que no sabía que el sexo pudiera ser así, una experiencia tan intensa que, cuando sintió el orgasmo fue como si su cerebro explotase. Había ido al baño y luego había vuelto a la cama para tomarla entre sus brazos. Y entonces se había quedado profundamente dormido.
Nunca había dormido abrazado a una mujer, y tenía buenas razones para creer que Defne tampoco lo había hecho.
La manchita de sangre que había visto en las sábanas, le confirmó, lo que su cuerpo le había dicho cuando entró en ella… era virgen.
¿Pero, por qué Defne había esperado tanto?
¿No había tenido ningún romance durante estos diez años?
¿Habría estado esperando a alguien especial?
Se le encogió el corazón al imaginar que ella al igual que él, hubiera estado esperando a la persona indicada, que ella lo estuviera esperando a él.
Valió la pena cada día, de cada año, en que se mantuvo soltero y no cedió a los ofrecimientos de las mujeres que parecían lanzarse a su cama, o a los caprichos de su abuelo, quien no dejaba de presionarlo para que sentara cabeza, le decía.
Hasta llegó a ofrecerle su herencia en vida, solo para verlo casado.
Claro que su abuelo jamás se imaginó, que solo un mes después, se reencontraría con Defne.
De la misma manera en la que él no se imaginó que, su amor por ella había permanecido intacto por diez años.
Se levantó de la cama cuando ya el sol comenzó a dar los primeros rayos, salió a mirar al balcón, quería agradecer al cielo o a quien le haya permitido sentir la felicidad de tener a la mujer que amaba a su lado, ahí estaba de pie cuando escuchó a su espalda.
-Buenos días
Cuando volteo a mirarla, toda la ternura que sentía se reflejó en sus ojos, y se acercó a ella.
–Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien?
–Sí. ¿Y tú?
–Mejor que nunca. Ha sido la noche más asombrosa de mi vida.
–Para mí también – le responde ella.
Se acostó a su lado, ella se acomodó y frotó su torso con la nariz, un movimiento que levantó la otra parte de él que estaba despierta. Y cuando deslizó los dedos por su abdomen…
Unos minutos después estaba dentro de ella otra vez.
El agua escurría por su pelo, mojando su cuerpo de igual manera, sonreía al pensar que, si no hubiera seguido el consejo de su amiga, no habría disfrutado de hacer el amor con Omer, no solo una, sino cuatro veces, a lo largo de las casi 16 horas que habían permanecido en la cama.
Al entregarse a la pasión por primera vez, había abierto una puerta que no quería, ni podía cerrar, era solo que Omer la tocara y ella se encendía, y a él le sucedía lo mismo, era solo cuestión de mirar como su miembro de erectaba, con el solo hecho de que ella le susurrara en el oído, que lo deseaba.
Cuando salió de la ducha, se puso una bata que estaba colgada en el baño, le quedaba un poco grande, claro, era de Omer, aspiró su aroma que estaba impregnado en ella, y luego se dirigió a la habitación.
Ahí estaba él, profundamente dormido, ella se recostó a su lado en la cama, y le tocó el hombro.
-Despierta dormilón, ya es tarde – le dice sonriendo – vamos cariño, por favor.
El abre los ojos pesadamente y la mira
-Buenos días – le responde luego de unos segundos
-Buenos días, ¿dónde está el doctor Iplikci, aquel que hasta ayer se levantaba de madrugada?
-Estoy cansado, – le dice con una sonrisa pícara en los labios
Sin siquiera proponérselo, y al pensar en todo lo sucedido en las ultimas horas, ella se sonrojó.
-Lo sé, vamos levántate, ¿tienes hambre?, voy a preparar el desayuno.
-Si, tengo mucha hambre – responde él – pero no de comida.
-Mira tú – dice ella, saboreando en su mente lo que vendría.
-O, ¿acaso tú no?
-Pero ¿no iras a la clínica?
-Digamos que, ahora estoy de luna de miel, que esperen.
-Estoy segura que me culparán, dirán el Doctor Iplikci, ha cambiado.
-Y ¿tú crees que me importa?
Luego la atrae hacia él, la acomoda en la cama y le da un beso
–Eres tan hermosa –le dice con voz ronca
Ella inclinó a un lado la cabeza, sonriendo de una forma que le robó el aliento y le hizo sentir como si pudiese llegar volando a la luna.
–Tú me haces sentir preciosa –murmuró, desabrochándose la bata y dejando que él se la deslice por sus hombros.
Luego frotó su nariz contra la suya antes de buscar sus labios.
–Tú me haces sentir preciosa –repitió en voz baja.
Defne parecía haber sido hecha para él.
Y era para él, pensó, al acomodarla y ver que sus cuerpos encajaban a la perfección.
–Tú me haces sentir como una mujer –musitó sobre sus labios.
Entonces empezó a besarlo, unos besos profundos, apasionados, sujetando su cabeza con las manos.
Ya no había límites, ya no había vergüenza, solo existían dos personas que sentían un insaciable deseo, la una por la otra.
En un frenesí de besos voraces, Omer se puso sobre ella, notando los suaves pechos aplastados contra su torso, los dedos de Defne en su cuello, en sus hombros, el roce de sus uñas, los suaves mordiscos que provocaban cataratas de placer y lo encendían como nunca.
Lo besaba con fervor, apretándose contra él, acariciando su torso, arañándolo, dejando un rastro de fuego.
Omer buscó su cuello para inhalar su delicado aroma, ese aroma tan erótico, tan femenino que era solo de ella.
Notó que intentaba quitarle el pantalón del pijama y cuando no fue capaz de hacerlo, puso la mano sobre la marcada erección y apretó por encima de la tela.
Lo miraba a los ojos, sin miedo, y él pensó que iba a terminar allí mismo, sin tener tiempo para desnudarse.
Jadeando, la acomodó para colocarse entre sus piernas. Sin poder esperar un segundo más.
Sus generosos pechos estaban al descubierto y bajó la cabeza para tomar uno de los duros pezones entre los labios.
El gemido que escapó de su garganta se convirtió en un grito cuando la esclavizó con sus atenciones, besando, lamiendo, mordiendo.
Defne enredó las piernas en su cintura, enlazando los tobillos sobre sus nalgas y arqueando la espalda, su deseo por él era tan maravillosamente evidente.
Estaba húmeda y se movía contra él, intentando encontrar alivio.
Omer buscó su boca en un beso salvaje que ella le devolvió. Una especie de fiebre violenta parecía haberse apoderado de los dos, ella intentó de nuevo desabrochar el pantalón y en aquella ocasión lo consiguió.
Por fin, su erección fue liberada y no hubo un solo momento de vacilación.
Omer, pasó un brazo por su cintura y se enterró en ella hasta el fondo.
Ardiente, ella lo recibió empujando hacia arriba y clavando las uñas en su espalda, urgiéndole a moverse más deprisa. El encuentro era frenético, tierno y duro al mismo tiempo. Sin pudor, ella empujó sus nalgas, murmurando palabras sensuales e incoherentes, hasta que echó la cabeza hacia atrás, y un grito ronco escapó de su garganta.
Omer cayó de cabeza en el éxtasis de su propia liberación, más poderosa e intensa que nunca.
Mientras la abrazaba, experimentando un fiero deseo posesivo, unas palabras flotaban en su cerebro:
Defne, es mi Defne.
Cuando ya se hubieron relajado, y estando aun abrazados ella le dice.
-Tenemos que salir de la cama
-Sí, claro, en algún momento tendremos que hacerlo, pero, ¿tiene que ser ahora? – fue la respuesta de él.
-Omer, amor, tengo hambre, pero de comida – le aclara enseguida sabiendo cual iba a ser su respuesta.
-Está bien, mi amada esposa, yo nací para complacerte, – y así desnudo como estaba salió de la cama -Iré a preparar algo para comer, te espero abajo.
-Iré enseguida – le grita ella cuando él corrió por la escalera.
Ella esperó unos minutos, se levantó y fue al baño nuevamente, luego volvió a la habitación y se puso la bata de Omer.
Cuando llegó a la cocina lo primero que vio, fueron las nalgas morenas y desnudas de Omer, quien llevaba puesto un pequeño delantal que cubría solo sus partes íntimas, su primer impulso fue, ir y tocarlo, pero sabía muy bien que, si hacia eso, terminarían sobre la mesa haciendo el amor nuevamente, por lo que se contuvo.
-Vaya, no sabía que cocinaras.
-Solo lo hago en ocasiones especiales y para personas especiales.
-Mmmm, debo creer que soy especial.
-No hay duda de eso, por esa razón te amo tanto – le dice acercándose a ella para darle un beso – vamos, sentémonos a comer, debemos recuperar fuerzas.
Ella solo se rio.
-¿Llamaste a la clínica?
-Si, ya lo hice, todo marcha bien, no te preocupes, no nos iremos a quiebra, por faltar un día a mi trabajo.
-No lo decía por eso, ¿preguntaste por Feriha?
-Fue lo primero que hice, es su primera semana de tratamiento, y hasta ahora todo marcha bien.
-Nunca te lo he preguntado, pero ¿existe alguna posibilidad de que algo salga mal?
-Tú sabes, no hay nada que garantice que sea cien por ciento efectivo, depende de su cuerpo, de como reaccione al tratamiento, pero como te dije, todo marcha bien, no veo que podría cambiar.
-Esperemos que todo siga igual.
-Feriha es una niña con suerte
– ¿Por qué lo dices?
-Claro, si la vida le regaló una madre como tú, es una niña con mucha suerte.
-Omer, yo te quiero decir algo – le dice jugando con la comida de su plato.
-Claro, dime.
-¿Ahora que tú y yo somos un matrimonio de verdad?, y no sé tú, pero yo voy a luchar para que dure toda nuestra vida, eso te lo prometo.
-Yo digo lo mismo.
-Bueno yo, pensaba que quizás…
-Defne por favor
-Está bien, ¿quieres adoptar a Feriha conmigo?
Él se le queda mirando sorprendido.
-Yo sé que quizás es mucha responsabilidad para ti, ni siquiera te he preguntado si quieres tener hijos, pero si es un matrimonio quien solicita la adopción, existe mayor posibilidad de obtenerla.
Omer seguía sin decir nada.
-No tendrías que hacer mas que firmar los papeles de la solicitud, de lo demás me encargo yo.
Sin decir nada él se levanta y se va a su despacho, luego de unos minutos, que para ella fueron eternos, él vuelve a la mesa.
-Lo siento, si no quieres lo entiendo, yo…
-Defne, lee este documento.
Ella abre la carpeta y lo que vio en su interior la sorprendió tanto, y luego de pensarlo unos segundos, no entendía porque se sentía así, Omer, su esposo era el hombre mas generoso que ella había conocido.
-Y ¿esto?
-Es lo que leíste, le pedí al abogado que iniciara los trámites de adopción.
-Pero, ¿no entiendo?, ¿Por qué lo hiciste?
-Cuando me casé contigo, tenía claro que quería que este matrimonio durara para siempre, y que quería formar una familia contigo, y si Feriha es una hija para ti, también debía serlo para mí.
-Omer, yo, no sé qué decir.
-Solo di, que al igual que yo, quieres formar una hermosa familia, y que Feriha será nuestra primera hija.
-Si, claro que acepto – le dice ella levantándose y sentándose en su regazo, para besarlo.
CONTINUARÁ.

Precioso y muy romántico como siempre
Gracias
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