LA MIRADA DEL DESEO CAPÍTULO 5

Le Marais, es perfecto para alojarse en París, recordó haber leído en una revista, por eso eligió ese hotel para cuando los protagonistas de su novela, tuvieran su primera noche juntos.

Se enamoró del lugar una vez que lo vio en fotos, recordaba bien que, se mostraba un hermoso atardecer desde la ventana de la habitación, atardecer, que ella aún no había podido disfrutar.

Omer había reservado la Suite de luxe, cuya habitación estaba en el sexto piso del edificio, en París, los mejores hoteles no son grandes edificios como se pueden encontrar en otras ciudades, y desde donde ella estaba de pie en la ventana, podía ver la ciudad iluminada, era realmente hermosa, por algo la llaman la ciudad de luz.

Aún sumida en sus pensamientos, no escuchó cuando Omer llegó a su lado, solo sintió cuando este la abrazó por la espalda y le dijo.

-Te doy un millón por tus pensamientos

-Lo siento, pero no están a la venta

-Entonces talvez los podrías compartir conmigo de manera gratuita.

-No era nada importante, solo pensaba en mi novela y en que no me imaginé llegar hasta este lugar.

-La vida te sorprende cuando menos te lo esperas.

-Eso parece, ¿fuiste de compras? – le dice al ver las bolsas que había sobre la mesa.

-Sí, y espero que te guste lo que compré, ven, acércate

-Y ¿Por qué me habría de gustar a mí?

-Porque lo que compré, es para ti, para que me acompañes a cenar

Ella se acerca a una de las bolsas y saca de su interior un hermoso vestido de color verde.

– ¿Qué significa esto? – le pregunta molesta

-Es un regalo, hice una reserva para cenar en un hermoso lugar y creí que te gustaría lucir algo exclusivo.

-Y ¿se supone que debo darte las gracias?

-Bueno, no, yo solo…

-Tú solo te imaginaste que eras Edward y yo Vivian, y que no tendría algo decente para ir a cenar contigo, por eso te viste en la necesidad de comprarme ropa.

-Me estás mal interpretando– dice él

-No lo creo, Omer, yo no soy una prostituta como Vivian, tengo dinero suficiente para comprarme mi propia ropa, y si llegado el caso, no te gusta cómo me visto, pues sales tú solo a comer y yo pido la cena aquí.

-Está bien – dice él quitándole el vestido de las manos y devolviéndolo a la bolsa –, olvida que te compré ropa, solo espero que esto si lo aceptes.

– ¿Qué es? – pregunta, mirando la bolsa que Omer le ofrecía.

-Ábrelo

Ella lo hizo, era una agenda personalizada, traía impreso su nombre en cada página, además de eso, un juego de lapiceras con las iniciales, D y T.

-Y, ¿esto? – preguntó ella aun sabiendo la respuesta.

-Es para que escribas tu nueva novela.

-Yo, no sé qué decir, me estaba lamentando no haber traído mi computador para… bueno tú sabes.

-Si quieres lo podemos cambiar por un computador.

– ¡No! – exclama ella – este regalo es realmente hermoso, nunca había tenido un cuaderno con mi nombre, y claro está, tampoco lapiceras.

-Entonces, ¿me puedo considerar perdonado?

-Sí – le dice sonriendo y moviendo la cabeza.

-Entonces vamos a cenar, tengo hambre, y necesito recuperar fuerzas, tenemos una noche entera por delante.

– ¿Tú nunca te cansas?

– ¿Acaso podría hacerlo? ¿teniendo como compañera a una mujer tan sensual como tú?

¿Sensual?, nunca se habría imaginado que un hombre la llamara de esa manera

-Me tienes que dar unos minutos, tengo que alizar mi pelo.

– ¿Por qué?, me gusta así.

-Estás bromeando, parezco una muñeca de trapo.

-Tienes el cabello hermoso, por favor compláceme, déjalo así.

-¿Lo dices en serio?

-Sí.

-Solo deja que le de forma y nos vamos.

-Te espero – le dice mientras ella va camino al baño.

El restaurante al que la llevó, era muy ruidoso y estaba lleno de gente. El camarero saludó a Defne con cara de sorpresa.

– Madame! –exclamó – – c’est un plaisir que vous le serviez

– Oh, Merci –contestó con una sonrisa.

– – Je suis un fidèle admirateur de lui, j’ai lu son roman, il me fascine (soy su fiel admirador, leí su novela, me fascina)

–Creo que encontraste a un admirador –le dice Omer mientras tomaba asiento y una vez que el camarero los dejó solos.

–Así parece.

–Hablas muy bien el francés.

–Ah. Mi novio era francés– dijo encogiéndose de hombros.

Defne se inclinó hacia delante.

–Creo que, lo correcto es que cada uno pague lo que pide.

Se quedó tan sorprendido como si ella se hubiese levantado y puesto a bailar sobre la mesa.

–Dime que es una broma, –dijo.

– Pues no–lo contradijo ella, y vio cómo fruncía el ceño–. ¡Por el amor de Dios! ¡me vas a decir que nunca has compartido la cuenta con una mujer!

–Por supuesto que no, –dijo fríamente, luego añadió – además fui yo quien te invitó, hoy pago yo, la próxima vez te dejo que lo hagas tú.

Ella vio que no serviría de nada insistir.

El mesero volvió con la carta y le entregó una a cada uno.

–¿Champán? – le preguntó Omer.

–¿Celebramos algo?

–Claro, nuestra primera noche en Paris.

El mesero se alejó de la mesa por un momento, luego volvió con una botella de champán, les sirvió y esperó junto a la mesa para anotar su pedido

–¿Sabes ya lo que vas a comer? –preguntó Omer tras echar un vistazo rápido al menú.

–Lo mismo que tú –contestó ella.

Él alzó las cejas un instante y pidió la comida en un correcto francés. Cuando el mesero se hubo marchado, ella se recostó en su asiento y meneó su copa de champán mientras lo miraba seriamente.

–También hablas francés.

–italiano y español.

–Debe de ser útil para conquistar mujeres.

–No lo sé, dime tú, –dijo con perversión, mientras brindaba con ella y observaba su cara volverse roja.

–Eso estaba fuera de lugar.

–Lo siento, pero no puedo evitarlo, me gusta ver como enrojeces.

Le quitó la copa de entre los dedos, la dejó en la mesa y le sostuvo la mano entre las suyas

– ¿Sabes por qué? Porque cuando lo haces me vuelves loco, y quiero quitarte la ropa y hacer el amor contigo lenta y apasionadamente.

Las uñas de ella apretaron con fuerza la mano.

–Detente –dijo con desesperación.

–¿Estoy consiguiendo que te excites? –bromeó.

–Puede ser – fue todo lo que dijo

Él le soltó la mano y le devolvió la copa.

–Entonces será mejor que bebas.

–Se me va a subir a la cabeza.

–¿Con solo una copa?

-Eso le sucede a quienes no estamos acostumbradas a beber alcohol.

-Sería interesante ver cómo te comportas con unas copas demás – le dice él con una de esas sonrisas que le aceleraban el corazón

–Aquí viene el primer plato –dijo ella, para cambiar el tema

–Perfecto –dijo.

– Tout a l’air exquis, (Se ve todo exquisito) –le dice al camarero sonriéndole, luego prueba la comida y se dirige a Omer – también sabe delicioso.

–¿Es que vamos a hablar de comida? –preguntó él.

– ¿De qué quieres hablar?

Él siempre huía de las conversaciones profundas como de la peste, pero, en ese momento, quería mantener una con ella.

–Háblame de tu novio –dijo.

–¿De mi novio? –preguntó ella, parpadeando–. ¿Por qué quieres hablar de él?

–Porque quiero saber del hombre que te robó el corazón.

–¿Es que no sabes que no se puede obtener una imagen objetiva de alguien a través de su ex pareja? –preguntó ella.

–¿Acaso lo odias?

–No, no lo odio.

Y eso era parte del problema. Había sentido muchas cosas buenas por él, esas cosas que se supone que tendría que sentir por el hombre con el que pensaba compartir toda su vida, respeto, atracción, admiración. Esas cosas tan valiosas que luego demostraban no serlo tanto, cuando no se sentía amor, ni pasión.

–Éramos totalmente distintos –dijo

–¿Y cómo era?

Resultaba tentador decir que era lo opuesto a él, pero, en su lugar, dijo:

–Es un hombre guapo, inteligente, educado.

–Es una manera muy halagadora de describir a un hombre –observó él.

–No tengo nada malo que decir de él

–¿Entonces?, ¿Por qué no están juntos? –preguntó mirándola fijamente.

–Bueno, porque nos dimos cuenta de que no nos amábamos lo suficiente –dijo con sinceridad– Pero no me invitaste a cenar para hablar de mi ex.

–No –dijo mientras se recostaba en su silla para que el mesero retirara los platos–. ¿Querian tener hijos?

–¡Esa es una pregunta muy personal!

Se inclinó hacia adelante y le tomó la mano de nuevo, acariciándola con su pulgar.

–¿No crees que lo que hemos hecho juntos nos da derecho a ese tipo de preguntas?

Ella se encogió de hombros. Quizá él corría el riesgo de confundir la intimidad sexual con la intimidad real. Pero de pronto pensó que por qué no decírselo.

–Hablamos de la posibilidad de tener hijos, desde luego. Pero de esa manera superficial en que uno lo hace cuando comienza una relación, ya sabes, queríamos una casa más grande, con cerca blanca y con niños jugando en el jardín.

–Vaya, – le dice – y, ¿sigues en contacto con él?

–Sí, de hecho, él está en una relación.

–¿Está casado entonces?

–No, pero viven juntos, ella piensa que el matrimonio es una institución pasada de moda y no quiere hijos.

–¿Y tú? –hizo una pausa – ¿Piensas que está pasado de moda?, digo lo del matrimonio y los hijos

–Por supuesto que no –dijo

-Entonces, ¿quieres tener hijos?

-Sí, sí quiero, y también sueño con casarme, claro que ya no espero tener una gran casa con cerca blanca, pero si todo lo demás.

Él le rellenó la copa, Defne no se había dado cuenta de que ya se había bebido la primera, y quizá eso fue lo que le dio coraje para preguntarle lo siguiente, aunque a él no le había importado preguntarle sobre su vida privada.

–Y ¿tú?, cuantas ex tienes

Él imaginaba que llegaría esa pregunta

–Solo he tenido una relación importante en mi vida –dijo con tranquilidad– hasta ahora.

–Vaya, pensé que me dirías no llevo la cuenta.

-Contrario a lo que te parezca, tampoco soy un promiscuo.

-Háblame de ella, claro si eso no te causa dolor.

-Fue hace mucho tiempo, cuando era joven.

– ¿Cómo era?

–Era dulce y tierna, me recordaba a cada momento cuanto me amaba –dijo sonriendo.

–Y tú la amabas también, supongo.

–Pues sí –dijo–. Era una mujer que vivía sin preocupaciones, disfrutaba de la vida como solo ella sabía hacerlo.

-Y si era tan perfecta, ¿Por qué la dejaste?

– ¿Quién dijo que yo la abandoné?

– ¿Ella te dejó?

– ¿Por qué te sorprendes?

-No lo sé, solo me sorprendió, ¿has mantenido el contacto con esa mujer?

-No, no la he visto hace muchos años, prácticamente nos criamos juntos, compartimos las mismas experiencias, las mismas esperanzas, los mismos sueños. Queríamos tener una gran familia, muchos hijos, educados con los mismos valores que nosotros.

–y ¿Qué sucedió entonces? –dijo suavemente.

–Lo que ambos queríamos no pudo ser, el destino había planeado otra cosa para nosotros.

Hubo una pausa la que ella no se atrevía a romper.

–Nunca le había hablado a nadie de esto –dijo él

–¿Nos vamos? – le pregunta ella, por algún motivo, no le gustó que él aun conservara el recuerdo de esa mujer intacto en su memoria, tanto así, que ella pudo palpar los sentimientos que aun mantenía por ella.

Él tomó su copa de champán y se la bebió de un trago.

Luego miró el reloj.

–¿No quieres postre?

–No tengo hambre.

–Yo tampoco.

–Cuando salieron del restaurante, él la abrazó con fuerza y la miró con expresión feroz.

–¿Sabes lo que voy a hacer ahora, Defne Topal?

Ella negó con la cabeza, aunque se hacía una idea de lo que era. Pero quería que se lo dijera.

Le dijo al oído:

–Voy a llevarte al hotel, te voy a desnudar, y a dejar que me desnudes tú a mí, para pasar el resto de la noche haciendo el amor, hasta que me ruegues que pare.

–¿Y si no lo hago?

–Pues no pararé.

Ella se estremeció y, en ese momento, tuvo el coraje de tomarlo de la mano, para seguir el trayecto hasta el hotel.

CONTINUARÁ.

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