EL AMOR ES MI TESTIGO CAPÍTULO 4

—Ya hemos llegado —dijo Omer estacionando el auto en la puerta de la casa.

—Y justo a tiempo —el bebé se comenzaba a despertar—. Hay que darle el biberón.

—Llévalo adentro, mientras yo sacó las cosas.

Temprano en la mañana los tres fueron de compras, necesitaban armar el cuarto del niño y eso les llevó mucho tiempo.

—¡Qué bien estar de vuelta en casa! —se oyó un ruidito proveniente del asiento trasero—. Ya ves, imposible olvidarse de él —abrió la puerta de atrás y sacó la sillita—Pues, vamos adentro, creo que necesitas cambiarte los pañales y tomar un biberón.

Defne se fue directo a la cocina, pero el niño comenzó a llorar intensamente, estaba preparándole o tratando de preparar la leche, cuando Omer entró a la cocina.

-Ve a cambiarle paños mientras le preparo la leche.

-Está bien, muchas gracias

Ella tomó al niño y subió a la habitación, acababa de terminar de cambiar el pañal cuando Omer le llevó el biberón caliente. Tomó al bebé en los brazos y empezó a dárselo.

—¡Vaya genio que se gasta! —dijo él sentándose a mirar.

—Esperemos que se comporte ahora que tiene una habitación para él solito — continuó Omer sonriendo – traeré la cuna para armarla y la pondré en la habitación junto a la tuya.

—Cómo te lo agradezco mucho, pero me sentiría más cómoda si la dejamos aquí en esta habitación —dijo ella, poniendo al pequeño sobre su hombro para que expulsara el aire.

—Si tú lo prefieres así… está muy bien.

—Los bebés necesitan un montón de cosas, más adelante tendrás que trasladarlo a la otra habitación.

Que estaba diciendo, tenía que concentrarse en la razón de todo lo que estaban viviendo, no tenía ningún derecho sobre ese niño, cuando la mujer recobrara la memoria o él supiera quien era realmente, tanto el pequeño como ella desaparecería de su vida para siempre

Omer se quedó mirando al pequeño, que ya se había dormido.

Si alguna vez fuera padre, quisiera un bebe tan hermoso como él y porque no pedir también una madre con la mujer que en ese momento estaba arropando al niño.

Terminaron muy tarde de armar la cuna del bebe y luego siguieron con el baño, le pusieron su pijama y lo acostaron en la cuna, ahí se quedaron mirándolo hasta que él cerro los ojos y se durmió.

A Omer no le importaba dormir en una habitación distinta de la suya, había estado en muchas diferentes en los últimos meses dieciocho meses, se bajó de la cama al no poder dormir y se quedó mirando por la ventana. Era pasada la

medianoche y podía ver una tenue luz en la habitación de la mujer. Imaginó que estaría dándole el biberón a Omer.

¿Por qué Sinan habría elegido darle su nombre al pequeño? y a decir verdad, él se podía ver reflejado en muchas características del bebe, al verlos juntos nadie dudaría que él era su verdadero padre, tenía tantas preguntas y ninguna tenía respuestas… todavía, pero ya tenía claro lo que debía hacer para esclarecer la primera y más importante de todas

-Si la mujer era la verdadera madre de Omer

En mitad de aquel silencio comenzaron a oírse los llantos del pequeño e, instantes después, pudo sentir a Emine paseándose por la habitación.

El pequeño Omer tenía carácter fuerte. Sonrió, al pensar que hasta en eso se parecía a él. Los gritos del bebé se hicieron más intensos y comenzó a preguntarse qué estaría pasando. No. Él no tenía experiencia de primera mano con bebés. Claro que Emine tampoco la tenía, los gritos del pequeño le hicieron sospechar que quizás se tratara de algo importante. Se puso la bata, camino a la habitación de la mujer.

Defne estaba asustada y desesperada, nada de lo que intentaba parecía calmar los gritos del pequeño. Se ponía rígido y lloraba aún más. Había intentado mecerlo, acunarlo… pero nada.

De repente, escucho la voz de Omer.

—¿Puedo entrar?

—Ay, sí, por favor…

—No puedo conseguir que deje de llorar. No sé qué le pasa, si le he hecho algo mal, ya no sé qué hacer…

Sin dudarlo, Omer se acercó a ella y tomó al niño en sus brazos. Lo colocó contra su pecho y empezó a acariciarle la espalda de arriba abajo, moviéndose hacia delante y hacia detrás. Instantes después pudo oírse un saludable eructo.

—Creo que lo peor ya ha pasado —dijo él sonriendo. Defne se quedó asombrada.

—¿Y por qué conmigo no le salía?

—Le habría terminado saliendo igualmente.

El pequeño Omer giró la cabeza y se durmió tan feliz sobre su pecho.

—Mira esto, ¿qué me dices? Creo que tenía gases, eso es todo.

—Tengo que conseguir un libro.

Trató de alisarse el pelo con las manos y cruzó los brazos sobre su fino camisón. Una timidez repentina se apoderó de ella.

Le sorprendió el sentimiento de intimidad que le producía verlo con el bebé en los brazos.

—¿Dónde lo pongo?

—¿El qué?

—Al pequeño, que dónde lo pongo. ¿En la cuna?

—Sí, por favor.

Omer obedeció y se quedó mirando cómo Emine lo tapaba con la manta que le había comprado en la tarde.

Debería irse, pero le resultaba imposible dejar de mirarlo. Por más que había intentado no encariñarse, era como si el pequeño, le hubiera abierto el pecho y atrapado el corazón. Intentó respirar profundamente y miró a Emine y eso fue peor.

—¿Tú crees que dormirá toda la noche seguida ahora?

—Probablemente, pero tú deberías aprovechar ahora que puedes y descansar un poco también.

Sin moverse, y tras una pausa, le contestó:

—Sí. Muchas gracias por todo.

—De nada, mujer. Tú lo único que tienes que hacer ahora es meterte a la cama y dormir, buenas noches, Emine.

Se dio media vuelta y salió de la habitación.

Defne se consideraba una mujer fuerte, pero los últimos días había menguado esa fortaleza.

Ver morir en sus brazos a una persona que ella debía proteger y escuchar sus últimas palabras.

-Prométeme que cuidaras de mi hijo y que solamente se lo entregaras a mi familia.

Desde ese momento supo que no podía confiar en nadie, era su responsabilidad lo que había sucedido, porque ella le conto a una persona de la agencia el lugar donde se mantenía a la testigo.

El disparo provino desde fuera de la casa y por su experiencia el francotirador también debía acabar con ella, por lo que rápidamente corrió a la habitación del pequeño, tomó una caja y lo puso dentro, no se acordó de sacar pañales o algo que el pequeño pudiera necesitar, sabía que a la agencia no podía ir, porque no sabía cuántas personas estaban involucradas en la traición.

Subió a su auto dejando al niño en la parte de atrás entre los asientos para que fuera más seguro, no tenía tiempo de instalar la silla para bebés, y condujo hasta el lugar que creyó era más seguro, el hospital regional, estando allí inventaría algo que le permitiera dejar al niño unos días ahí, aún no sabía si fue su buena o mala suerte que la hizo perder el equilibrio al ingreso del lugar y caer de espaldas con el pequeño en brazos, el golpe fue muy fuerte y quedo desorientada por largos minutos.

En algún momento alguien la vio y salieron desde el hospital con una camilla, le quitaron al niño de los brazos y los ingresaron a urgencias y lo que sucedió después es historia.

¿Por qué estaba en esa casa, en esa cama?, aun no lograba entenderlo, ella tenía claro que el hombre que dormía en la siguiente habitación no era su esposo, pero

la duda era ¿será el padre del pequeño que dormía a su lado?, tenía muchos rasgos en común como el color cabello, los ojos y las pestañas.

Sin duda podrían pasar como padre e hijo y ¿ella?, por mucho que no le gustara la idea se sentía cómoda en esa casa formando parte de la farsa de ser una familia.

Con todos pensamientos se durmió, solo para soñar que alguien venia y le quitaba al bebé de sus brazos y ella no podía moverse para quitárselo, solo podía gritar y el primer nombre que salió de sus labios fue el de Omer, lo grito con tanta fuerza que cuando despertó, no supo si lo había dicho en voz alta o se quedó solo en el sueño.

El sentir que la puerta se abría de golpe le dio la respuesta, su grito había despertado a Omer, lo vio entrar a la pieza y correr a su lado, la tomó entre sus brazos, le acarició la espalda y le dio un tierno beso en el cabello.

—Tranquila ya todo paso, fue solo una pesadilla —le dice tratando de calmarla.

Siguió acariciándola, mientras le quitaba el pelo de la cara llena de lágrimas, ella pareció calmarse.

—Fue horrible – le dice – soñé que alguien me quitaba al niño de los brazos y yo no podía moverme.

—Y me llamaste para que te ayudara.

-lo siento, yo… no me di cuenta que grité en voz alta

Ella levantó la cara para mirarlo y a él se le aceleró el pulso. Antes de darse cuenta, había llevado sus labios a los de ella, intentando convencerse de que lo hacía para consolarla. Le acarició los labios, sintiendo su dulzura y su ternura. Ella puso sus dedos sobre su pecho y él sintió que el contacto le abrasaba la piel.

La estrechó contra su cuerpo y la besó con pasión. Le abrió los labios con la lengua, Defne dejó escapar un gemido de placer. A Omer el fuego le recorrió el cuerpo. Hacía tanto tiempo… tanto tiempo, desde la última vez que había

deseado a alguien, ansiado esa cercanía, ese contacto físico… Pero no, no podía permitírselo. Se separó de ella y pudo ver el mismo deseo en sus ojos.

—Omer… —dijo ella tan suavemente que parecía que ya eran amantes. Sintiendo un escalofrío, él intentó contenerse.

—Lo siento, no debería haberlo hecho, ha sido una tontería. Se levantó, pero ella no quiso dejarlo marchar.

—Por favor, no te vayas —dijo en un susurro.

Él se quedó inmóvil. Tenía que salir de allí, pero al ver el pánico en el rostro de Defne, no supo qué hacer.

Lo que era necesitar a alguien, eso sí lo sabía muy bien. Sin decir una palabra, la tapó con la manta, se acostó a su lado y la abrazo. Se mantuvo así hasta que notó que su cuerpo

se relajaba.

Se había dormido, sonrió y empezó a intentar recostarla sobre la cama, pero ella se sujetó a él con fuerza.

—Por favor, quédate… —dijo prácticamente dormida—, sólo un ratito.

—Muy bien me quedo un ratito —le susurro.

Se acostó nuevamente a su lado y puso la cabeza de ella sobre su hombro. Quizás juntos, abrazados, pudiera alejar a los demonios que la habían hecho gritar de esa manera pidiendo que él la ayudara.

Defne, se fue despertando lentamente y poco a poco, los recuerdos de la noche anterior comenzaron a asomar a su mente, su pesadilla, el beso de Omer, su forma de abrazarla…

Parpadeó y abrió los ojos: allí, dormido a su lado en la cama, estaba él. No sólo a su lado, sino con la mano sobre su… Se quedó de piedra. Intentó respirar para calmar la descarga que sintió al notar la mano de él sobre su piel. El corazón le empezó a latir desesperadamente.

«¡Ay, Dios mío! ¿Y ahora qué hago?».

Permaneció inmóvil, escuchando su respiración, que parecía sentirse de lo más a gusto con la situación. Quizás para él despertarse al lado de una mujer fuera algo habitual. Claro, debía de serlo, era demasiado atractivo, un pinchazo en su corazón le dio a conocer que ese sentimiento era lo que mucho denominaban celos.

¿Por qué nunca se había despertado al lado de un hombre? Había soñado con ello, eso sí, con que alguien como Omer irrumpiera en su solitaria vida, pero su vida era demasiado complicada para que ese sueño se hiciera realidad.

Cerró los ojos para poder disfrutar intensamente el estar entre sus brazos, pero inmediatamente se dio cuenta de que no debía, no podía permitirse depender de ese hombre.

Ya la había ayudado bastante. No era cuestión de complicar las cosas más de lo que ya lo estaban.

Trató de deslizarse hacia el borde de la cama para escaparse. Fracaso total. Omer murmuró algo incoherente y la estrechó todavía más contra él, dejando su cuerpo literalmente pegado al de ella.

Ahogó un grito, incapaz de ignorar el repentino calor que le recorría el cuerpo. Entonces, por si no tuviera ya bastante, la mano de Omer comenzó a moverse debajo de la sábana, primero sobre su estómago, luego sobre sus caderas y, finalmente, sobre su pecho, haciéndole sentir el éxtasis cuando sus dedos suavemente pellizcaron su pezón. Cerró los ojos, perdiéndose en un embeleso repentino.

Aunque se moría de ganas de dejar que él la siguiera acariciando y ver qué se sentía, finalmente su sentido común se impuso y apartó la mano de su cuerpo.

—Omer —murmuró levantándose.

—¿Qué? —dijo él sentándose de un salto. Se frotó los ojos y la miró—. ¿Emine?

¡Ay, Dios mío! —saltó de la cama como si hubiera visto un fantasma—. Por favor, dime que no he hecho nada.

—No, no, absolutamente nada —le interrumpió ella rápidamente.

Omer pareció aliviado, lo que dejó la autoestima de ella un tanto afectada.

—Lo siento mucho —comenzó a decir él—. Me iba a ir cuando te durmieras, pero me quedé dormido…

—Estábamos los dos agotados —dijo ella.

Clavó la mirada en sus hombros, increíblemente anchos, en su torso… decidió mirar rápidamente a otro sitio… su cara, por ejemplo.

—Ya, pero eso no significa que pueda aprovecharme de la situación.

—No pasó nada, te digo —insistió ella—. Vamos a dejar ya este tema — se levantó y se dio cuenta de que estaba en camisón.

Sus miradas se cruzaron. La de él todavía soñolienta, pero tan sexy como de costumbre.

—Iré a preparar el biberón del bebe —dijo ella.

—Yo tengo que ducharme —replicó él mirando a otro lado.

Omer salió de la habitación dejándola en compañía del pequeño, quien ya daba señales de estar despertándose, ella respiró aliviada y se preguntó si sería capaz de mirar a Omer a partir de ese momento y no pensar en sus besos, sus caricias.

Porque la había besado, eso era un hecho, desde el día anterior, no había dejado de sentir cosas nuevas. Una mirada suya, una sola mirada, y su cuerpo cobraba vida. Y la forma en que la había besado la noche anterior… Más que suficiente para echar a volar sus fantasías eróticas.

No, no podía ser. Ahora no tenía tiempo de pensar en hombres. Ahora tenía que centrarse en buscar culpables.

Omer aun no podía creer lo que había sucedido la noche anterior, pero al verla tan frágil sintió la necesidad de consolarla, a quien quería mentir, lo suyo no había sido otra cosa si no el inmenso deseo de probar esos labios y no se pudo contener, ¿a qué? o a ¿quién le teme de esa manera?, los sueños son el reflejo de

nuestros sentimientos y ella estaba aterrorizada, necesitaba algo al respecto y aun no sabía que…

Tomó su teléfono

-Sinan, necesito verte… sí, sí lo conozco te espero entonces

Esa fue toda la conversación, se habían acostumbrado a decir lo justo y necesario, sabían muy bien que podían estar grabando sus conversaciones.

Luego de desayunar y con el pequeño durmiendo, Omer le informo a Emine que saldría de la casa por un momento y media hora después estaba sentado esperando a su amigo en un café en el centro de la ciudad.

-Omer, amigo – lo saludo Sinan – ¿Qué tal la vida de padre?

-Muy gracioso, pero a decir verdad no es tan malo como me lo imagine

-Entonces ahora si existe la posibilidad de que un dia te cases y tengas hijos.

-Podemos hablar de que es realmente importante

-Si claro dime.

-Necesito que hagas algo por mi

-Estoy a tus servicios

-Como siempre, te pido la más absoluta discreción.

-Como siempre

-Te he traído dos muestras de cabello, necesito que le hagas un examen de ADN, para saber el grado de parentesco que existe entre estas dos personas.

-Muy bien, pero puedo saber a quién pertenecen las muestras.

-No, o por lo menos no aun, depende del resultado te digo a quien pertenecen

-Amigo cada día te entiendo menos, pero no te preocupes hare lo que me pides.

-Sinan, ahora mismo no tengo nada claro, solo muchas preguntas y espero que el resultado de ese examen me ayude con alguna de ellas.

CONTINUARÁ

Un comentario en “EL AMOR ES MI TESTIGO CAPÍTULO 4

Replica a Adela Cancelar la respuesta