
CAPÍTULO 4
No, ¿Por qué yo?, era lo que se preguntaba en su mente, no entendía porque su jefe la había elegido para ser su compañera de por vida.
Sí Mía le dijo la verdad, solo existía una razón para que él la hubiera mordido.
-No, no quiero – logró decir.
-No quiero – repitió
Pero su jefe parecía no escucharla y ella comenzó a gritar por ayuda. A lo lejos escuchó una voz que le decía.
-Señorita, señorita.
-¿Qué?, ¿Qué pasó? – dice ella, aun aturdida.
-Se durmió – le dice el taxista – parece que tuvo una pesadilla, porque estaba gritando.
-¿Fue solo un sueño?, gracias a Dios – exclamó aliviada
-Ya llegamos – le dice el hombre
-¿Llegamos?, – le dice al ver que aún le quedaba por recorrer una pequeña colina -pero ¿me puede llevar hasta la puerta de la casa?, si quiere le puedo pagar extra.
-Lo siento, pero solo puedo llegar hasta aquí, en todo caso no queda mucho por recorrer, solo debe subir y se encontrará de lleno con la casa.
-Entonces, ¿podrá esperarme?, no tardaré mucho.
-Debió decirle eso al operador de la compañía, me acaban de llamar, debo regresar enseguida, tengo que llevar a un pasajero al aeropuerto, pero puede llamar y pedir que le envíen otro taxi.
Ella solo suspira.
-Bien, así lo haré, muchas gracias
Se bajó del auto y comenzó a caminar, se sentía mental y físicamente exhausta, pero siguió adelante y sintió una tremenda alegría cuando se dio cuenta de que había llegado a la casa, se detuvo un instante y trató de relajarse, entre el miedo que sentía después de la pesadilla y el cansancio se sentía morir.
Tomó la carpeta con los documentos que tantos problemas le estaban causando y, con ellas en la mano, dio los últimos pasos que le faltaban para llegar a la casa.
La casa entera estaba a oscura, solo se veía una luz en una de las ventanas, sentía que estaba a punto de desmayarse, pero siguió adelante, dio tres golpes a la puerta y esperó.
¿Cómo se iría a su casa una vez que su jefe le recibiera los documentos?, seguramente le cerraría la puerta en las narices una vez que tuviera en sus manos lo que ella le vino a dejar,
¿Qué haría después?, se sentía demasiado cansada para pensar lo que sucedería una vez que entregara la carpeta que había ido a llevar.
Todo estaba tan silencioso, contó hasta cien y volvió a subir los escalones, pero esta vez, tocó el timbre. Quería irse a dormir, no quería estar en ese lugar, se dijo que volvería a contar hasta cien, y si nadie abría, le dejaría una nota pegada a la puerta y se iría.
Pero, la puerta se abrió, era su jefe, su impresión fue tal, que, al verlo, se quedó muda un instante.
—Adelante —la invitó,
—Quería estos documentos —le dijo – solo vine a eso, creo que es mejor que…
—¿Qué te sucede?
—Nada
—Estás blanca como un papel —comenzó a decir, la miró y la tomó del brazo —¿Estás enferma?, parece que te vas a desmayar, entra —dijo él y la llevó del brazo adentro de la casa, donde estaba la chimenea encendida—. Quédate aquí un momento —le indicó— Enseguida vuelvo.
En cuanto él se fue, ella se dejó caer en el sillón, era tan cómodo y ella estaba tan cansada. La puerta detrás de ella se abrió de golpe, se dio vuelta y vio a su jefe.
—Te traje algo para que comas —dijo para explicar el tazón que llevaba en una bandeja— come algo mientras hablamos.
¿Hablar? ¿De qué iban a hablar?
—No pretenderá dictarme una carta —dijo ella, haciendo gesto de levantarse, pero él le indicó que se quedase sentada.
—¿Has comido algo hoy? —comentó, mientras acercaba una silla y se sentaba Ella solo movió la cabeza indicando que no
¿Por qué cuando estaba cerca de ese hombre su lengua parecía pegarse a su paladar?, pero debía hacer un esfuerzo y responder, no quería quedar como una idiota ante él.
—Como dijo que quería los documentos en sus manos hoy, no me dio tiempo de nada – logró decir
A pesar de estar tan cansada que no podía mantener los ojos abiertos, logró comer algo de lo que su jefe le trajo en la bandeja.
Cuando de repente comenzó a sentir una horrible sensación de náuseas, ¡Dios santo!, no ahora, no aquí, no en la casa de su jefe
¿Dónde estaría el baño? -Se preguntó
-Defne, ¿te sientes mal?
-¿El baño?, ¿Dónde está el baño?
-En el segundo piso, la primera puerta a la izquierda
Miró hacia el lugar que él le indicaba, se puso de pie y trató de disculparse, pero cuando el estómago se le contrajo, ya no le dio tiempo de pensar en nada. Instintivamente, encontró el baño, y llegó justo a tiempo.
Se sentía demasiado enferma para sentirse avergonzada por lo que le estaba sucediendo, lo único en lo que podía pensar al agacharse, era en lo mal que se sentía.
—Oh, querida—murmuró él con los negros ojos fijos en el pálido rostro, mientras le sujetaba el cabello, para que no se lo ensuciara.
Una de sus enormes manos le sujetó la cabeza, Defne sabía que él nunca sabría lo reconfortante que le resultó ese gesto.
—Lo… lo siento —dijo ella, cuando acabó, y él la sentó en un taburete.
—Algo comiste que te hizo mal —afirmó él, pero su tono no era acusador, sino compasivo.
—No he comido nada —negó ella con la cabeza
—¿No has comido nada?
—Usted me dijo que quería esos documentos hoy, ¡Perdón! —exclamó y comenzó a vomitar nuevamente.
Luego su jefe la llevó hasta una habitación, donde la sentó en la cama, y se quedó junto a ella Durante las siguientes horas estuvo terriblemente descompuesta.
Dos veces se volvió al baño y dos veces su jefe la acompañó, Defne pensaba que nunca acabaría, pero finalmente pasó. Su jefe también pareció darse cuenta de lo mismo, cuando la ayudó a sentarse en el taburete. Se sentía totalmente agotada y no opuso ninguna resistencia cuando él le dijo que levantase la cabeza.
—Pobrecita —murmuró con dulzura y le refrescó la cara con agua—. ¿Cómo te sientes ahora?
—Bien —dijo ella con valentía e intentó ponerse de pie, pero sintió las piernas débiles. Él la sujetó inmediatamente.
—Apóyate en mí —sugirió, y ella lo hizo con gusto. La llevó lentamente a la cama y la hizo sentarse. Sintió cómo le retiraba el pelo de la frente y supo que se sentía mejor cuando comenzó a pensar que debía irse de esa casa, antes de que dieran las doce, y su jefe se convirtiera en vampiro y le chupara la sangre, porque, como se sentía en ese momento, no podría pelear para impedirlo.
—¡Necesito irme! —exclamó sin poder controlarse.
—No, por supuesto que no, esta noche te quedas Eso la sobresaltó y el corazón le dio un vuelco.
—No me puede retener a la fuerza —lo acusó.
—Te irás cuando ya estes recuperada —y le dijo—: Quédate donde estás
Defne sentía que no podía mover las piernas y que, aunque lograra ponerse de pie, seguramente caería al suelo, solo pensaba en dormir, él se alejó un instante y volvió con una camisa limpia— tu ropa esta sucia – le dice, y le dio la espalda.
Defne se quitó la ropa que estaba con vómito, se puso la camisa que él le pasó. Todavía no se la había abrochado cuando él se dio vuelta, así que, con la mayor naturalidad del mundo, la ayudó. Luego retrocedió y la recorrió con los ojos, hasta llegar a las largas piernas.
—Te queda mucho mejor que a mí —comentó—¿Te portarás bien o tendré que meterte también en la cama? —le dijo, antes de que ella pudiera pensar en una respuesta.
Él salió de la habitación y ella se acostó enseguida, nunca se había sentido tan cansada, talvez su jefe la hipnotizó para que se quedara en esa casa esa noche, recordó como actuaba la joven la noche que se enteró de la existencia de los vampiros, pero ahora no le importaba nada más que descansar.
Lo único que quiero es dormir y que mi jefe no me muerda mientras lo hago, rogó, y se quedó dormida en cuanto tocó con la cabeza la almohada.
Durmió profundamente hasta el otro día, cuando abrió los ojos, y recordó lo que había sucedido, se examinó el cuello enseguida, pero no tenía ningún rasguño, menos una mordedura.
Levantó la vista y se dio cuenta de que su traje y su camisa, secos y planchados, estaban colgados de la puerta del armario.
Se levantó de la cama para vestirse, aun se sentía un poco débil, pero se dijo que estaba bien, se dirigió al baño.
Ya estaba totalmente vestida y se estaba poniendo los zapatos cuando la puerta se abrió lentamente y su jefe entró, como si no quisiera despertarla. Se sorprendió al verla levantada.
—¿Cómo te sientes?
—Bien —le dijo ella
—Te he preguntado cómo te sientes —repitió él y le dirigió una mirada seria.
—Un poco mejor —le dice, avergonzada, al recordar lo amable que había sido con ella.
Él le escudriñó el rostro y ella se dio cuenta demasiado tarde de que no tenía ni una gota de maquillaje, estaba pálida y ojerosa.
—¿Tienes ganas de desayunar?
—¡No! — exclamó, la sola mención de comida la hizo sentirse mal—. Gracias por cuidarme, yo… lamento todos los inconvenientes que le di, gracias por todo señor —dijo con sinceridad
—De nada – le responde – fue un placer
¿Aquello en su rostro era una sonrisa?
—Sí, bueno yo, …
¿Por qué se había ruborizado?
— Será mejor que me vaya —dijo, sin poder seguir mirándolo -voy a pedir un taxi.
Agradecida que el taxi no se hubiese demorado mucho, ella salió de la casa, al estar afuera se giró para despedirse, pero él le dice.
-¿Qué haces?
-Yo… solo quiero decir que nos vemos en la oficina.
-Me refiero a que, ¿Por qué te detienes?, te voy a acompañar hasta el taxi.
-No es necesario
-Claro que lo es, ahora puedes comenzar a caminar, por favor.
Defne bajó la pequeña colina en silencio, nerviosa, de todo lo que pensó que pudiera suceder en su vida, nunca imaginó pasar la noche en la casa de su jefe vampiro y que él la cuidara como lo hizo.
Por fin llegaron al lugar donde la esperaba el taxi, él le abrió la puerta y ella entró y se acomodó.
Su jefe se inclinó hacia ella y se le quedó mirando. Ella se quedó hipnotizada.
—¿Sabes una cosa, Defne? Creo que eres una persona encantadora.
Cuando él le acercó los labios a su boca, ella no pudo reaccionar. Fue un beso tierno y rápido, que no le dio tiempo para protestar, cuando él se enderezó añadiendo—:
—Nos vemos en la oficina.
Defne necesitó cinco minutos de camino para poder reaccionar, luego toma su teléfono, marca un número
-Mia, no puedo seguir con esto.
– ¿Por qué?, ¿Qué sucedió?, ¿te mordió?, Defne, estas ahí, por favor contéstame.
-No, no me mordió
-¿Entonces?
-Él… me besó
CONTINUARÁ

Estoy perdida,no se que pensar,pero me encatnta me encanta, muchas gracias Marta
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