
CAPITULO 7
Giró la cabeza sobre la almohada y miró hacia el otro lado de la cama, ahí lo vio, durmiendo profundamente a su lado y sintió que el pánico se apoderaba de ella.
¿Qué había ocurrido la noche anterior?, trató de recordar, pero el dolor de cabeza que tenía no se lo permitió.
Estudió sus facciones mientras dormía, se veía tan tranquilo, relajado, como hasta ahora nunca lo había visto.
Deja de pensar estupideces, mejor piensa qué sucedió anoche.
Lo último que recordaba, era haber bebido una copa de licor que le ofreció uno de los camareros, que Omer había contratado para atender durante la cena, pero no le podía echar la culpa al alcohol, porque solo fue una copa, aunque si a eso le sumaba, el no haber dormido la noche anterior y no probar bocado durante todo el día… Dios, ¿Qué había hecho?
Se volvió y se quedó de espaldas mirando hacia el techo, tratando de recordar si había hecho o no el amor con Omer.
Sí se dejaba llevar por lo que vestía, diría que sí, porque de otra manera no podía explicar por qué estaba vestida solo con una camisa de pijama y él estaba con el torso desnudo.
Y ¿Dónde estaba su ropa?
Omer se movió y se recostó de lado, por un momento ella pensó que se despertaría y sintió que el corazón le daba un vuelco, pero se quedó quieto y siguió durmiendo.
Observó su oscuro pelo, su fuerte y bronceado torso… mejor no seguir pensando, tenía que salir de allí antes de que se despertara, no podía enfrentarse a él, sentía demasiada vergüenza.
Bajo un pie de la cama y se deslizó por debajo de las sábanas intentando no hacer ruido, eso solo la llevó a terminar en el suelo de rodillas, se quedó quieta un momento, recuperando el aliento.
Omer volvió a moverse, pero esta, vez una de sus manos buscaba en el lado de la cama donde ella había dormido.
Se puso de pie, ya la situación era humillante como para que más encima, él la encontrara de rodillas en el suelo.
-Buenos días – escucha que le dice Omer, aun somnoliento – ¿estás bien?
Defne levantó la mirada, creyendo que se encontraría con sus ojos burlones, pero solo vio genuina preocupación.
-Sí, lo estoy, ¿dónde está mi ropa?
– ¿Por qué estás tan apurada?, ¿no creo que hayas pensado en dejarme solo como la vez anterior?
– ¿Omer?, ¿nosotros anoche… hicimos el amor?
– ¿Qué, no me digas que no recuerdas nada?
-La verdad no.
-Uy!, eso fue un golpe bajo a mi orgullo de hombre – dice él golpeándose el pecho y dejándose caer sobre las almohadas.
-Por favor, puedes responder a mi pregunta.
– ¿Qué crees tú?, ¿qué te dice toda esta escena?
-Que… hicimos el amor, pero yo no recuerdo nada.
-Qué pena por ti, lo que es yo recuerdo todo con lujo de detalles -le dice mientras la mira de arriba abajo.
-Dios! – dice ella, dejándose caer en la cama – y ¿ahora qué?
-Qué te parece si te metes a la ducha mientras yo bajo y preparo algo para desayunar.
Ella lo observo por un momento.
– ¿Cómo puedes estar tan tranquilo?, por supuesto, esto debe ser normal para ti, despertar con una mujer diferente por día, pero yo no soy así, no soy mujer de una sola noche, talvez no me creas, pero es la verdad.
-Lo sé, – fue su respuesta – Defne, date una ducha, mientras yo te traigo la ropa y conversamos durante el desayuno, ¿te parece?
Omer se levantó, y salió de la habitación, dejándola ahí sentada en la cama, luego de unos minutos, se metió al baño, se duchó y cuando salió, tal como lo había dicho él, sobre la cama estaba su ropa, se vistió rápidamente y bajó.
-Ven – le dice Omer, – el desayuno está listo, te preparé unas tortillas, te sirvo té.
-Por favor – le dice mientras se acomoda en la silla
Una vez que ambos estuvieron sentados desayunando, él le pregunta.
– ¿Defne?, ¿Por qué estas tan enojada conmigo?
– No creo que tenga mucha importancia después de lo que pasó entre nosotros.
-Para mí la tiene, ¿te enojaste porque te devolví el dinero?
-De verdad que no me gustaría hablar de eso.
-Por favor – insiste él.
-Está bien – le dice ella – no solo fue porque me devolviste el dinero, fue de la manera en que lo hiciste, me humillaste, me hiciste sentir como si yo fuera una de esas mujeres que cambian sexo por dinero y lo que hice contigo, no lo había hecho nunca con ningún hombre.
-Pero te das cuenta que tú me hiciste lo mismo
-No, no fue lo mismo, lo que hice fue un arrebato, como todo lo que sucedió esa noche, no lo pensé, solo actué, sobre todo porque creía que nunca más lo volvería a ver, sin embargo, usted, lo planificó, pensó en cada detalle, de cómo haría para hacerme pagar lo que hice, además sabía muy bien que después de eso me quedarían solo dos caminos, dejar de trabajar para usted o tragarme mi orgullo y quedarme.
-Lo siento – le dice él – juro por la memoria de mi madre, que nunca fue esa mi intención, si, reconozco que tienes razón al decir que me gusta tener la última palabra, y que cuando supe que eras tú la mujer de aquella noche, pensé que me habías seguido, pero pasaban los días y no hacías nada para que supiera quien eras, eso me frustró, y en un arrebato decidí acorralarte hasta que me dijeras la verdad, perdóname por lo que te hice sentir, no lo hice a propósito, me gustaría mucho que nuestra relación volviera a ser como antes.
– ¿Cómo antes?, ¿Qué quiere decir con eso?
-Que puedes seguir contradiciéndome y siendo tan contestataria como lo eras antes de este incidente… ¿me puedes perdonar?
Ella suspiró.
– ¿Podría decir que no?, si anoche dormimos en la misma cama y hicimos el amor.
-Defne, jamás he creído que seas mujer de una sola noche.
-De dos talvez – dice ella tratando de sonar sarcástica, pero en su voz se escuchó solo amargura.
– ¿Qué significa eso?
-Exactamente lo que entendiste, me gustas mucho y muero de ganas de hacerte el amor, pero esta vez será a conciencia y cuando tú lo decidas, eso no significa que de vez en cuando no te robaré uno o dos besos en la mañana y otros tantos en la tarde.
-Y ¿Quién le dijo a usted que yo le voy a permitir que me bese?
-Siempre me ha gustado tu franqueza Defne, que no tengas problemas en decirme la verdad a la cara, con esa misma franqueza, responde, ¿te gusto verdad?
-Sí, – le dice luego de unos segundos – pero no significa…
-Que aceptarás mis besos cuando te los pida.
-Exactamente
– En cambio yo… aceptaré encantado, cuando quieras robarme un beso – dice él
Ella sonríe…
-Cuidado con lo que dice, se puede arrepentir después.
-Señorita Defne, aunque lo oculta muy bien, tiene mucha locura, dentro suyo.
-Creo que se hace tarde, nos vamos, tengo mucho trabajo que hacer.
-Muy bien, pero antes debo asegurarme, ¿está todo bien entre nosotros?, ¿me perdonaste verdad?
-Sí.
Llegaron juntos a la oficina y si alguien notó que ella aun llevaba la ropa del día anterior, no hicieron ningún comentario, por lo menos no frente a ellos.
La mañana estuvo tranquila, Defne terminaba algunos documentos que quedaron pendientes del día anterior, cuando se abrió la puerta, vio entrar a su jefe y fue consciente de como él la recorría con sus ojos negros de arriba abajo.
– ¿Sucede algo señor Omer?
-Nada – luego se sentó en el borde del escritorio.
-Señor, podría sentarse en una de las sillas, están para eso.
-Sabes, estoy cansado y tengo sueño, es que cierta señorita, me mantuvo ocupado anoche – terminó de decir él
Ella se sentó, tratando de mostrar indiferencia
-No ha escuchado que un caballero no tiene memoria – le dice ella sarcástica.
-Yo tengo otro dicho, si un caballero disfruta de hacer el amor con una mujer, jamás se olvida de ella.
-No sé si sentirme halagada o enojada, pero como no recuerdo nada de lo que sucedió anoche, fingiré que no sé de qué me habla y volveré al trabajo.
-Aguafiestas – le dice él
-Tome, esto es para usted – le dice entregándole unas carpetas – es el presupuesto de los tapiceros, debe revisarlos y firmarlos.
-Gracias, – le dice, guiñándole un ojo se levanta del escritorio y sale de su oficina.
-Defne – dice la rubia entrando a su oficina una hora más tarde – necesito que pases toda esta información al computador y luego me lo envíes a mi correo. – y deja caer unas carpetas sobre el escritorio.
-Creo que hay un mal entendido, – responde ella -yo soy asistente del señor Omer, no suya, por lo que este trabajo no me corresponde hacerlo – recoge las carpetas y se las devuelve.
– ¿Qué pasa? -le dice la rubia en un susurro asegurándose de que no la escuchara nadie más que ella – ya te acostaste con el jefe y crees que eso te da derecho a no hacer las tareas que te corresponde.
-Si me acosté o no con mi jefe ese es mi problema, ¿Qué es lo que le molesta?, ¿Qué no haga lo que usted me ordenó?, o ¿que haya hecho, lo que usted no pudo?
-Tienes respuesta para todo, ya verás como en un minuto te bajo de la nube donde estás.
La vio salir de su oficina para ir directamente a la de Omer, aunque no lograba escuchar lo que decía, se lo podía imaginar, por fin Omer, levantó el intercomunicador.
-Defne, ¿puedes venir por favor?
-Enseguida señor – le dice
Apenas abrió la puerta se encontró con la mirada burlona de la rubia.
-Usted me dirá – dice mirando a Omer
– ¿Qué fue lo que ocurrió, ¿me lo puedes explicar?
-Por supuesto, la señorita Yasemin, quiere que haga un trabajo que no me corresponde, le expliqué que soy su asistente y solo trabajo para usted, pero a ella no le gustó mi respuesta parece.
-Por supuesto que no, tú solo eres una asistente y tienes que estar al servicio de todos los que trabajamos en el área administrativa.
-En eso te equivocas – le dice Omer a la mujer – Defne es mi asistente, y ella trabaja únicamente para mí.
-Cariño, no te molestes – le dice la mujer al notar el tono de voz de Omer – yo no tengo secretaria, y necesito ayuda…
-Si necesitas ayuda, consíguela con alguna de las secretarias, estoy seguro de que si ellas pueden te ayudarán, pero Defne solo hace lo que yo le pido.
-Muy bien, así lo haré – dice la rubia saliendo de la oficina.
Con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios, Defne dice
-Sí no me necesita para algo más, vuelvo a mi trabajo.
-Un momento – le dice él
– ¿Sucede algo?
Omer se levanta de detrás del escritorio y se acerca a ella.
-Quiero besarte, ¿me das permiso?
Defne lo mira, le sonríe, con un leve movimiento de cabeza, le da el sí y al mismo tiempo se acerca a él y le ofrece los labios.
Omer inclinó la cabeza muy despacio y rozó sus labios con infinita ternura, ella ni siquiera pensó en resistirse cuando el beso se hizo más profundo, más apasionado, dejándola sin aliento, la besaba como un hombre hambriento, un beso profundo, interminable, que le llegó al alma y le afectó más de lo que le gustaría admitir.
Omer dejó escapar una especie de gruñido cuando ella se apartó.
–Estoy loco por ti, tus besos me encantan –le dijo al oído, mientras la besaba en el cuello.
-Quizás debería volver a hacerlo -dijo ella, sin pensárselo dos veces.
Durante un instante, él no estaba seguro de haber oído bien… ¿estaba pidiéndole un beso?
La presión de su sangre aumentó y le zumbó en las sienes.
-Siempre será un placer cumplir sus órdenes.
-Omer… yo…
-¿Sí? – le dice él
Era la primera vez que pronunciaba su nombre, sin el señor, y eso era todo lo que necesitaba.
Su boca se posó sobre la de ella, acariciando suavemente sus labios, con un beso tan dulce, que hizo que la sangre se le agolpara en la parte de arriba de los muslos.
Él no intentó nada más durante mucho rato, después, acarició sus labios con la punta de la lengua, hasta que ella abrió la boca para él.
Advirtiéndose, que debía ir despacio, exploró aún más adentro, saboreando la dulzura de su boca.
Defne apoyó los brazos en su cintura, después, deslizó las manos hacia su pecho, acariciando y explorando como un gato curioso.
Él no disfrutaba de los besos largos, pues sólo los había visto como un preludio para el acontecimiento principal, pero ahora sí le gustaban. Besos lentos y profundos que no acababan nunca… además de que Defne, sabía muy bien, y.… besaba muy, muy bien.
– ¿Omer?
– ¿Ummm?
-Debemos detenernos -susurró ella entre besos, y suspirando, se apoyó sobre su pecho
–Me gusta escuchar mi nombre en tus labios
Ella no tuvo tiempo de responder porque se abrió la puerta y entró la rubia.
-Cariño, me olvidé… – hasta ahí llegó la frase.
-Yasemin, -le dice él, aun sosteniendo a Defne – por favor antes de entrar a mi oficina… pregunta si puedes hacerlo, no te quedes ahí, estamos ocupados…
-Sí lo noté – dice la mujer.
Luego de eso sale de la oficina dando un portazo.
CONTINUARÁ.

Me encanto que Omer le dijera a la rubia, estamos ocupados, JaJaJa
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