SE SUBASTA MI AMOR CAPITULO 10 Y FINAL

CAPITULO 10

Antes de que Defne pudiera reaccionar, Omer tomó su boca. En el beso se veía reflejado el deseo, y la necesidad interior que tenía de ella.

Fue un beso devastador, ciego y hambriento. Ella disfrutó del beso, y de Omer, sentía la presión de sus senos en su pecho, mientras la tomaba y la subía sobre él.

Pero nada era suficiente, ni siquiera que ella no tuviera tapujos en su respuesta.

Un gemido se escapó de la garganta de Defne, mientras él, recorría cada centímetro de su boca con la lengua.

Con la yema de sus dedos, Omer, recorrió su cuerpo, desde la espalda hasta llegar a las nalgas, donde disfrutó moldearlo con las manos.

Defne arqueo su espalda, necesitaba que Omer tomara sus pechos, que jugara con sus pezones, él respondió a su silenciosa petición, puso su mano en uno de ellos, los pezones se sentían duros, jugo con ellos mientras miraba como ella se retorcía pidiendo más.

Él la volvió a acostar de espalda y tomó sus pechos nuevamente, con su lengua moldeaba los pezones, succionando y soltando, deseaba seguir bajando, hasta el valle que estaba descubierto entre sus senos, llegar hasta lo plano de su vientre y seguir más abajo…  quería tocar, saborear y explorar cada centímetro del cuerpo de su amada, hasta volverla loca de pasión, pero esta vez lo haría despacio y disfrutaría junto con ella todo lo que su cuerpo se lo permitiera

Omer volvió a buscar su boca, profundizó el beso, con una seguridad y destreza que la dejó temblando e hizo que sintiera la boca hinchada de sensualidad y satisfacción, no sabía que un beso podía ser tan delicioso, sentía el cuerpo de su amado, fuerte, cálido y familiar, lo sentía como un regalo, una promesa, suyo para siempre, si lo quería.

No supieron cuánto pasó, podía ser un minuto o toda una eternidad, él apartó su boca, solo para bajarle el pijama y dejarla desnuda frente a él.

Su boca, hambrienta, bajó para seguir jugando con su pezón, sensibilizándolo hasta que ella gritó de placer.

-Esto es fantástico – dijo ella con la voz entrecortada y con los ojos cerrados.

Él retiró su boca y la miró solo para verla disfrutar de sus caricias, pero volvió a bajar en busca del otro seno y acariciarlos, mientras un pulgar bajaba y trazaba círculos alrededor de su humedad.

-Levanta las caderas – le dice, cuando ella lo hace, él le quita por completo el pijama.

Después volvió a enterrar su cara entre sus pechos, mientras con sus manos los acercaba a su lengua, para pasarla primero por uno, luego por el otro pezón.

Omer solo llevaba el pantalón, en algún momento se había deshecho de la camisa del pijama, Defne podía sentir su erección tensa a través de la tela, ella quería acariciarlo, pero él se lo impidió, bajando por su vientre, y al llegar allá abajo, le separó las piernas para con su lengua jugar con su clítoris.

Ella ardía, mientras él empujaba su lengua dura hacía el interior de su femineidad, estaba tan excitada que comenzó a moverse como si él estuviera dentro de ella.

Se perdió en las sensaciones, sus manos sujetas a las sábanas eran el testigo mudo de lo que estaba sintiendo, hasta que ya no pudo más y con un grito de placer, llegó al orgasmo, fue tan furioso, que de un golpe se sentó, rogándole a Omer que no siguiera, porque sentía que explotaría de placer.

– ¿Estás bien? – le pregunta él preocupado.

Ella solo se recuesta nuevamente a disfrutar de las olas de placer que venían una tras otra.

No supo en el segundo exacto en el que Omer se acostó a su lado, abrió los ojos y lo miró, tenía una expresión de preocupación en su rostro.

-Estoy bien – le dice – creo que fui a la gloria, y volví

Él se rio a carcajadas, y ella aprovechó para acostarlo por completo en la cama y comenzó el mismo recorrido que él había hecho en ella, acariciando, lamiendo hasta hacerlo vibrar, gemir y estremecerse, llegó con sus caricias hasta su miembro y lo rodeó, primero con sus dedos sintiendo como él respondía, luego lo introdujo a su boca, y con su lengua jugó con él, con el ritmo y la precisión justa, sabía que él igual llegaría a la gloria.

-Defne, por favor – le escuchó decir, al tiempo que se apartaba de ella.

Ahora ambos estaban al mismo nivel de excitación, aun estando Omer acostado, ella se sentó a horcajadas sobre él, frotó las caderas y el estómago contra su cuerpo, pasó los pezones erectos por su pecho, quería mostrarle cuan excitada estaba.

Necesitaba que la penetrara, y él lo entendió, la tomó y se acomodó, ella estaba tan húmeda que la penetró sin darle siquiera tiempo a respirar, un momento después, dejó escapar una mezcla de gruñido y gemido, y oyó como él gruñía a su vez, mientras la tomaba de las caderas, la  levantaba y dejaba caer una y otra vez, primero lento, luego fue acrecentando el ritmo hasta que llegó un momento en el que ya no se pudo controlar y sus movimientos fueron furiosos, ella disfrutó de cada embestida, hasta que ambos llegaron a la cima juntos, segundos después, saltaron al otro lado del abismo e iniciaron una caída libre, lo que duró, ninguno lo supo, fue un oscuro baile, de gemidos que los dejaron débiles, sin aliento.

Siguieron en esa posición juntos sin moverse, solo se escuchaba el ritmo de su respiración entrecortada, la caricia de él sobre la cadera de ella, y la boca de ella contra su pecho

– ¿Estás bien?

-Mejor que bien – fue su respuesta – no me quiero mover.

Aun con él adentro, seguía disfrutando de cada movimiento que hacía. Por fin luego de unos minutos, ella se bajó y se recostó en la cama.

– ¿Siempre será así? – pregunta con los ojos cerrados.

-Te iba a hacer la misma pregunta.

Defne se estiró en la cama como si fuera una gatita, y le dice

-Tengo hambre

– ¿Tienes hambre?

-Mucha – le responde

-No sé si podré moverme – fue la respuesta de Omer

Luego de unos minutos, Omer se levantó de la cama, y desnudo como estaba salió de la habitación, para volver minutos después con una bandeja que contenía queso, aceituna, galletas saladas, dos tazas de café.

Ella lo ayudó a acomodar la bandeja en el centro de la cama, el café lo dejaron para el último. Al parecer, ambos tenían hambre porque la bandeja queda vacía en unos pocos minutos, luego se tomaron el café.

El fin de semana lo disfrutaron estando solos en la casa de Omer, hicieron el amor las veces que quisieron y el lunes en la mañana Omer la llevó hasta su oficina.

– ¿Te veo a la noche? – preguntó antes de que ella abriera la puerta.

– ¿Quieres llevarme a alguna parte?

-Sí, a mi casa, y de ahí a la gloria

Ella sonrió.

-Lo prometes.

-Lo prometo. ¿Paso por ti entonces?

-Por favor, pero primero debo ir a mi casa, ¿no te importa?

-Para nada. Te voy a extrañar – le dice dándole un beso apasionado.

-Yo también, siento como que estoy en…

– ¿En qué?

-No nada. Nos vemos más tarde entonces.

– ¿Podríamos ir al cine, o cenar si quieres?

-¿O podríamos quedarnos en la casa y tú me cocinas algo rico, que me permita recuperar fuerzas?

-Me parece fantástico.

Ella se bajó del auto, y caminó hasta el edificio, pero aun sin voltear, podía sentir los ojos de Omer sobre ella.

Ese día se sentía en las nubes, amaba a Omer, cuando estaba con él, quería compartir todos los detalles de su vida, aunque fueran insignificantes.

Sintió el deseo de llamarlo por teléfono al menos media docena de veces, sólo para oír su voz, estaba irracionalmente impaciente y nerviosa, porque no podía sacárselo de la cabeza, durante toda la mañana, podía sentir su aroma en su cuerpo, y se estremecía al recordar como hicieron el amor el fin de semana

Y la sola idea de volver a hacer el amor hacía que su cuerpo… la oficina no es lugar para pensar en hacer el amor, Defne, se dijo, agradeciendo y maldiciendo al mismo tiempo el timbre del intercomunicador que interrumpió sus pensamientos.

Mirando por la ventana de su oficina, Omer sonreía, el estar solo, le permitía exteriorizar lo que sentía, si fuera posible, gritaría hacia la calle lo feliz que era, pero se rio de sí mismo, si lo viera alguien de la oficina creería que se volvió loco, pero la verdad era esa, estaba loco, loco de felicidad, loco por Defne, la amaba, la quería en su cama cada noche, quería a Defne solo para él, quería tiempo juntos, ver una película, conversar, comer, reírse, acostarse juntos, en otras palabras quería vivir con ella bajo el mismo techo y esta noche se lo diría, se lo rogaría si fuera necesario.

Tomó su teléfono y envió un mensaje, escribió solo dos palabras, te amo. Dos minutos después, recibió de vuelta un mensaje con tres palabras, también te amo.

Eso era la felicidad, se dijo, solo con leer esa frase, su cuerpo se llenó de energía, y su corazón se hinchó de dicha, al grado de que sentía que estaba a punto de estallar, eso era lo que provocaba.

Por fin el día llegó a su fin, apenas dieron las seis, salió de su oficina y ante la mirada atónita de su secretaria le dice.

-Me voy. Nos vemos mañana

-Esta… bien… señor Omer – le responde ella, sin poder creer que él se fuera tan temprano, acostumbrada a ver que él era el último en dejar la oficina, le extrañó mucho la situación.

Apenas Defne recibió el mensaje de Omer diciendo que la esperaba abajo, ella tomó su bolso, se despidió y se fue directo al ascensor.

Se subió al auto y él la besa apasionadamente.

-He deseado esto todo el día – le dice una vez que se separó de ella – hoy ha sido el día más largo, solo quería que dieran las seis y poder verte

-A mí, me pasó lo mismo, creo que estamos locos – dice y se ríe.

-Bendita locura, porque me siento el hombre más feliz del mundo.

-No creí que alguna vez sintiera lo que siento por ti, pero te amo.

-Mejor nos vamos, quiero estar a solas contigo.

Estacionaron el auto afuera de la casa de Defne.

– ¿Vienes conmigo? – le pregunta ella

-Sí, claro.

Ambos bajaron del auto, y tomados de la mano, entraron a la casa.

-Puedes recorrerla mientras preparo algo de ropa – dice ella.

-Eso haré.

Defne, entra a su habitación, toma sus maletas y comienza a guardar todo lo que podría necesitar.

-Te ayudo en algo – escucha que Omer le dice desde la sala.

-Sí – fue su respuesta

Lo vio llegar hasta la puerta y mirar sorprendido las maletas que estaban en el suelo.

-Y ¿eso, que significa?, no es que me queje, pero cuanto tiempo piensas quedarte conmigo – le dice expectante

Ella lo miró un poco avergonzada y le dice

-El tiempo que me quieras a tu lado, lo he estado pensando durante todo el día, y sé que es repentino, pero creí que… bueno… tú y yo… podríamos vivir juntos… no olvídalo fue una pésima idea.

– ¿Estás loca? – le dice él

– ¿Omer? – exclama – solo debes decir que es muy repentino, no tienes por qué ofenderme.

-No, mi amor, me entiendes mal, quiero decir que estás loca al pensar que es todo muy repentino. Te he esperado por años, yo también he estado pensando, sé que tú no crees en el matrimonio, pero…

Él se arrodilla y pone frente a ella una pequeña caja de terciopelo negro.

-Defne Topal, me concedes el privilegio de ser mi esposa.

– ¿Estás seguro, de que no te vas arrepentir después?

-Estoy completamente seguro, te amo y quiero pasar el resto de mi vida contigo, solo necesito saber si tú quieres lo mismo.

Ella comienza de a poco a mover su cabeza afirmativamente, luego de unos segundos sale de sus labios el tan preciado.

-Sí, quiero pasar el resto de mi vida contigo – le responde

-Entonces, hagámoslo oficial. – los ojos oscuros de Omer se clavaron en los de ella como si fueran los únicos seres en toda la tierra. Levantó la cajita y sacó un anillo

-Oh cielos. – dice ella al ver el hermoso anillo que él deslizaba por su dedo.

-Si no te gusta…

-Claro que me gusta, es el anillo más hermoso que he visto en mi vida.

-Dime que nos casaremos lo antes posible. – se inclinó y rozó sus labios con su lengua. – porque me estoy volviendo loco. – fue la razón que le dio.

Ella presionó los labios entreabiertos contra los suyos y Omer sintió la caricia de su lengua y la deliciosa suavidad de su boca

-Por favor casémonos cuanto antes – le dice ella

-Te amo – le dijo Omer

-Y yo a ti – respondió ella, sintiendo como él la llevaba hasta la cama y delicadamente la acostaba para luego acomodarse a su lado.

Desde ese día vivieron juntos, para casarse no tuvieron prisa, incluso Sinan y Yasemin lo hicieron antes que ellos.

Tal como lo habían comentado Omer fue el padrino de Sinan el día de su matrimonio

Ellos lo hicieron un año después, cuando Defne anunció que esperaban a su primer hijo, un pequeño Omer.

La ceremonia de su matrimonio la llevaron a cabo en la casa de la montaña, fueron muy pocos los invitados, además de las familias, solo unos pocos amigos, por supuesto entre ellos Yasemin y Sinan.

–¿Estás lista? – le pregunta su hermano

Defne inspiró hondo y lo tomó del brazo, deseando que se le calmaran los nervios que le revolvían el estómago. Después de todo, ¿por qué iba a estar nerviosa? Jamás había estado más segura de nada en su vida.

–Lista –dijo, sonriéndole

–Estás realmente hermosa hermanita –le guiñó un ojo y le dio un beso en la mejilla–. Eres una mujer sorprendente, y Omer tiene suerte de tenerte. Asegúrate de recordárselo a diario.

–Lo haré.

Serdar le puso una mano con firmeza sobre la suya, esperó a que le arreglaran el vestido de novia que ella misma había elegido.

La orquesta interpretaba una suave melodía mientras Defne y su hermano llegaban hasta el pequeño grupo de gente reunido

Y ahí estaba él, esperándola, espléndido con un traje beige y una camisa blanca que acentuaba su bronceado.

–Es el momento –dijo Serdar en tono suave mientras colocaba su mano sobre la mano de Omer.

–Estás maravillosa –le dijo él mientras le daba un beso en los labios, un beso lleno de promesas, antes de retirarse y admirar su vestido de color marfil.

–Y tú, estás increíblemente guapo – dijo ella mientras le daba un apretón en la mano y se volvía hacia el ministro para que empezara la ceremonia.

El servicio fue breve y romántico, tal y como lo habían deseado ellos dos, y antes de que se diera cuenta, Omer la había besado hasta dejarla temblando, con el coro de aplausos de fondo.

Una celebración que continuaría hasta bien entrada la noche.

Mientras Omer y Defne en el interior de la casa, se disponían a reafirmar su amor una y otra vez, íntimamente hasta que la muerte los separe.

FIN

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