
Apenas hubieron entrado a la casa, Omer la levantó en brazos como si fuera una pluma, y la llevó por las escaleras hasta su habitación, donde la depositó sobre la cama.
-Bésame. -le suplicó ella sin pudor.
Él se inclinó sobre ella, conmovido por su espontaneidad, como por la expresión de deseo que reflejaba su rostro. Empezó a acariciarle los labios con los suyos, jugando con ellos, mientras profundizaba el beso. El corazón le latía acelerado, a medida que el placer tomaba el control de su cuerpo.
La escuchaba suspirar suavemente bajo sus manos, mientras se dejaba desvestir…
Cómo extrañaba que él la tocara, como lo estaba haciendo. Finalmente, su cuerpo desnudo quedó expuesto a la luz de la lámpara de la mesita.
Omer se sentó, inmóvil, para admirar su piel brillante y luminosa, sus finos y delicados hombros, sus senos altos y erguidos, de pronto, ya no pudo dominar su deseo. Fue como una llama cegadora, un campo de fuerza, algo que inevitablemente terminó por apoderarse de los dos.
Él comenzó a desnudarse, mientras se imaginaba explorando el cuerpo de su esposa hasta la saciedad. Ella se quedó ahí mirando hipnotizada, mientras Omer se quitaba la ropa, dejándola expuesta a su hambrienta y ardiente mirada.
Siguieron besándose, y cuando ella alcanzó el punto en el que no pudo más, él se puso de pie se bajó la cremallera de su pantalón, se los quitó sin apartar los ojos de ella, luego siguió la ropa interior. Omer le acarició la comisura de los labios con el pulgar, luego hundió sus labios en los de ella y bebió de su dulce sabor, saboreando el erótico movimiento de su lengua
-Quiero disfrutarte entera. – le dijo. –Para mí, esta es la primera vez que voy a hacer el amor contigo.
Su voz era como humo que se disipó por cada rincón de su cuerpo
-Relájate y disfruta – susurró en la boca mientras introducía su mano en su zona húmeda.
La intimidad de la caricia en su zona intima, sumado a efectividad de su lengua en la boca, la llevaron a la locura, solo sentía placer al frotarse contra la mano y boca, permitiendo que la llevara una, y otra vez a la cima. Cuando logró alcanzar el miembro ya erecto de Omer, cerró su mano su mano sobre él, lo sintió contener el aliento, y gimió
-Tengo que hacerte mía ahora. – le dijo al borde de la desesperación.
Abrió las piernas en silenciosa invitación, y cuando él se puso sobre ella, alzó las caderas para permitirme el acceso total a su cuerpo. El primer embate la dejó sin aliento, pero cuando Omer comenzó a moverse dentro de ella, se dio cuenta de que había aún más, y en cada sucesivo embate, él la fue penetrándola, más y más profundamente
Cuando alcanzaron el clímax, fue tan intenso que el grito de Defne compitió con ferocidad con el gemido que surgió del pecho de Omer.
Y así como estaban, se quedaron abrazados, extasiados el uno del otro, luego de haber recuperado el aliento, él la acomodó entre sus brazos
-Soy un hombre muy feliz. – le dice.
-Y yo soy una mujer muy feliz.
-Mi mujer. – la corrige él. – ahora quiero dormir abrazado a ti todos los días, y despertar de la misma forma.
Defne se estiró bajo las sábanas, estaba amaneciendo. Una sonrisa apareció en sus labios, del día anterior recordaba todo, se alegraba enormemente de haber tenido la valentía de ir a buscar a Omer, porque gracias a eso, ahora era una mujer completamente feliz, sin su esposo estaba incompleta, de eso estaba segura.
Omer aun dormido a su lado tenía el rostro relajado, y una expresión casi de fragilidad. Su cabello estaba revuelto, ella aprovechó para tocarlo. Igual que ella, él estaba desnudo. Su sonrisa se convirtió en un gesto travieso, y sus ojos brillaron cuando lo abrazo, permaneciendo así, sin hacer nada, solo disfrutando de la sensación de amar, y ser amada.
Sintió como el cuerpo de él se tensaba, como si se hubiera despertado al tocarlo, entonces Omer abrió los ojos y la abrazo
-¿Estás bien? – le preguntó mirándola con cariño
-Mmmm. Si. – contestó ella, apretándose contra él y sintiendo su excitación. – Pero podría sentirme mejor.
-¿Como?
Omer arqueó una ceja, y ella le puso una mano en su mejilla, la textura de su piel la hizo estremecer
-Así…
Y pasó el dedo por los labios de su esposo y luego lo besó, la respuesta de él, fue un beso tan cariñoso, y dulce como ella jamás había experimentado
-Te amo -le dijo cuando la falta de aire les hizo separarse, luego enredo sus dedos en el pelo de ella. – También te deseo.
-Delicioso. Divino -dijo ella una hora después
Omer se incorporó sobre un hombro, y se inclinó sobre sus pechos
-Para mí ha sido como estar en el paraíso – aseguró acariciándole el vientre, y la zona inferior de este.
-Perdón que te corrija, pero fue la segunda vez. No te preocupes, vendrán muchas más. – le aseguró ella.
Ella tenía razón, las noches de pasión, y amor se repitieron entre ellos por muchos años. Tanto así que dos años más tarde, Defne se sentó en el balcón de su casa, y se tocó el abultado vientre. Sonrió al sentir las patadas de su hija, la que iba a nacer cualquiera de aquellos días.
Había dejado el trabajo, y su empresa era administrada por Iso, eso le permitía organizarse para el día del nacimiento de su primer bebé.
Había pasado tanto en esos dos años, su hermano Serdar por fin se declaró a Nihan, y ahora eran marido y mujer. Se quedaron a vivir con a la abuela Turcan.
Sinan conoció también el amor, sus días de don Juan había quedado en el pasado. Seda, así se llamaba la mujer que lo enamoró, bueno, a decir verdad, fue él quien la conquistó, ella solo se dejó querer.
Solo quedaba su amigo Iso, que aun no lograba hacer realidad su sueño de formar su familia, pero Defne estaba segura de que muy pronto, eso iba a cambiar.
Sonrió al ver llegar a su marido. Para cuando él recordó lo que había pasado en esos dos meses, ella ya sabía lo sucedido el día del accidente. Una mañana, estando en la oficina recibió el llamado telefónico de la mamá de Iz, quien le aseguró que su hija estaba totalmente arrepentida por haber sido la causante del accidente.
Desde que se enteró que Omer se había casado, se obsesionó con la posibilidad de que él volviera con ella, por esa razón lo esperó escondida en el auto para rogarle que abandonara a su esposa y se fueran juntos a América, en vista de que él se negó ella tomo el volante y comenzó a forcejear con Omer causando que él perdiera el control del vehículo.
Tras todo lo vivido, no podía negarle el perdón, más aún, sabiendo que la que más consecuencia sufrió, fue Iz. Posibilidades de volver a caminar no existían, medicamente hablando era imposible, solo se podía esperar un milagro. Además, ella era inmensamente feliz con su marido, negarle el perdón era imposible para Defne.
Y aunque Omer intentó contarle lo que sucedió cuando lo recordó, ella solo le dijo que dejaran todo en el pasado, que solamente pensaran en su futuro juntos.
-¿Qué tal estás, cariño? -le preguntó él al llegar a su lado.
-Bien, solo un poco nerviosa.
-¿Qué tal está nuestra hija? -añadió arrodillándose a su lado.
-Muy bien, creo que va a ser futbolista – sonrió.
-Espero que se parezca a ti -le dice besándola.
-Espero que se parezca a ti -contestó ella
A quien se parecía lo averiguaron solo unas horas después. Emine Iplikci Topal se anticipó a la fecha que le habían dicho los doctores por tres semanas.
Omer acompañó a su mujer durante todo el proceso del parto. Una vez que le entregaron a su hija, se olvidaron de que querían saber a quién se parecería, porque para ellos, la pequeña era única, la más hermosa, y perfecta bebé que habían visto.
Tres meses después del nacimiento de la pequeña, celebraron su bautizo. Los acompañaron la familia, y amigos.
Defne, cuyo cuerpo aun guardaba vestigios de haber sido madre, tenía los pechos llenos y eso era algo que no solo disfrutaba la pequeña Emine, Omer también lo hacía.
Para esa ocasión, ella iba vestida con un traje de seda color verde, los pendientes y aros que Omer le había regalo, y obviamente el anillo que nunca salía de su mano.
Durante la celebración, que vino después de la ceremonia de bautizo, Omer se acercó a su esposo, trayendo con él dos copas con champaña
-Por nosotros tres. – le dice al oído. – Por mi preciosa esposa, mi maravillosa hija, y por el marido más feliz, y orgulloso de la tierra.
Sí, señor, la vida era maravillosa, Defne suspiró feliz.
Una vez, alguien le había dicho, que el amor verdadero se da una sola vez en la vida y que era para siempre.
Eso era cierto…
FIN.

Esta historia es un Canto al Amor por dos personas que vienen de un Desamor. Tremenda historia y diferente!!!!!! Gracias Marta!!!
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