TÚ, ME CAMBIASTE LA VIDA CAPITULO 4

La semana siguió con normalidad y cada día Omer encontraba una excusa para llegar hasta el escritorio de Defne y quedarse ahí, solo para conversar de cosas triviales.

Una de esas ocasiones, logró ver la foto de sus bebés, miró en su escritorio la foto de sus hijos, no pasaban de tener meses de vida._ ¿Son tus hijos? _ le preguntó.

A ella se le iluminó el rostro_Si son Arik y Leyla, claro que ahora ya están mucho más grande.

_ ¿Qué edad tienen?

Defne iba a contestar cuando se vio interrumpida por una llamada de teléfono. _Muy bien _terminó de decir, _enseguida voy, lo lamento _ le dice cuando dejó el teléfono en su lugar _ surgió algo urgente, podemos dejar la conversación para después.

_Por supuesto, pero ¿qué pasó? _ le pregunta al ver que su rostro cambió completamente de expresión._

No lo sé aún, me llamarón del estacionamiento algo le ocurrió a mi auto, así que voy a ver que sucede.

_Espera te acompaño.

_No _ le dice _ bueno no es necesario, no quiero molestarte.

_Créeme si me molestaras no me habría ofrecido a acompañarte.

_Bien entonces vamos.

Como era posible que alguien chocara tu auto estando estacionado, pero eso era lo que había sucedido, un empleado había perdido el control de su auto y choco el de Defne.

_Por favor perdóneme _ le decía a cada momento_ no fue mi intención hacerlo, es solo que confundí el freno con el acelerador._

Ya está bien_ le responde ella al verlo tan afligido.

_Tengo seguro así que si me da sus datos se los pasaré a la aseguradora y arreglaran su auto.

_De eso no tengo dudas. Luego ella observó como una grúa se llevaba su auto, solo podía pensar en cómo viajaría todos los días y los niños, pero bueno, se dijo mientras movía la cabeza.

_Tranquila ya pasó lo peor.

_Tú no entiendes!! _ le reprochó _ el lugar donde vivo queda lejos de acá ,y viajar, el autobús me llevara mucho tiempo y dinero para pagar taxi todos los días no tengo._

Pues por hoy no debes preocuparte, te llevaré hasta donde vives_

¿Verdad?, no sabes cuánto te lo voy a agradecer.

A la hora de la salida, puntual Omer la esperaba en su escritorio para llevarla hasta su casa.

_ ¿Dime la verdad? _ le pregunta ella _ ¿tienes algún tipo de relación con Yasemin?

_No, ¿Porque lo preguntas?

_Porque aún puedo sentir sus dagas enterradas en mi espalda _ le dice haciendo referencia a las miradas que la mujer le dio cuando los vio subir al ascensor.

_Te prometo que no he hecho nada que le haga pensar que estoy interesado en ella.

_A mí no me tienes que dar explicaciones, solo te digo que debes tener cuidado es de temer, cuando un hombre la rechaza o no le corresponde.

_Pues agradezco tu consejo y tendré cuidado.

El resto del camino hablaron de la empresa y de quienes trabajaban en ella._

Ahí _ le dice ella _ en el edificio que tiene la flores, ahí vivo yo, te agradezco mucho…

Él no dijo nada solo se limitó a estacionar el auto, bajarse y abrirle la puerta, ella solo lo miró extrañada, pero no le dijo nada, se subieron al ascensor y salieron juntos en el mismo piso.

—Realmente no hacía falta que me acompañaras hasta la puerta —dijo.

—Jamás lo hubiera hecho si no diera la casualidad de que vivo en el departamento de al lado.

—¿En el departamento de al lado? —pregunto ella sorprendida.

—No me mires así, estoy tan sorprendido como tú y antes de que pienses que te estoy siguiendo, debo decir que soy dueño del departamento hace dos años ya._

Entonces debo decir muchas gracias por traerme vecino.

_De nada vecina _ y se va a su departamento.

Mientras Defne entra al suyo para ser recibido por los dos pequeños, que corrieron a sus brazos, como cada noche después de despedir a la niñera, ella los baña, acuesta, lee un cuento y espera se queden dormidos, para ir a cenar.

Esta vez decidió tomar una ducha antes de preparar algo para comer, luego de vestirse caminó hasta la cocina y descubrió que por algún motivo que la niñera no le dijo que la cocina eléctrica estaba desconectado, la enchufó y saltaron chispas, mientras se oía una explosión y la casa se quedaba totalmente a oscuras.

Gritó despavorida le temblaron las piernas, al tiempo que los latidos de su corazón saltaba desbocado. Estaba sola con los niños y completamente a oscuras, procura serenarse, solo se había fundido un fusible, eso era todo, ella era perfectamente capaz de cambiar un fusible sola. Lo primero que debía hacer era encontrar la caja de fusibles, se frotó las mejillas y considero la situación, recordó de que el pasillo del edificio estaba muy bien iluminado y pensó que si abría la puerta del apartamento quizás entrará un poco de luz al departamento.

Satisfecha consigo misma, se dirigió hacia la puerta y la abrió.

Un grito de auténtico terror salió de su garganta al tropezarse de frente con un hombre alto al que solo podía ver a contraluz.

Alarmado, el hombre se retiró un poco y pudo reconocer a Omer que, al parecer, estaba a punto de tocar el timbre de su departamento, llevaba en la mano una caja de cartón de las que se utilizan para servir las pizzas y el estómago de Defne reaccionó rugiendo sin que ella pudiera evitarlo.

—¿Sí? —le pregunto ella.—

¿Paso algo?, ¿te escuche gritar.

—Solo me asusté —repuso, a la espera de superar la taquicardia que le sacudía todo el cuerpo— ¿Qué quieres?

—No me refiero al grito que soltaste al abrir la puerta, te escuche gritar antes, cuando estaba pagándole al repartidor –eso quería decir que solo habían pasado un par de minutos desde que se había cortado la luz…, parecía una eternidad.

—Lo siento, no pensaba molestarte, estoy sin electricidad, al parecer se fundió un fusible, pero no veo para poder cambiarlo.

—¿Sabes hacerlo? — preguntó sin ocultar su incredulidad.

—Por supuesto que si —repuso.—¿Tienes un fusible nuevo?.

—Me temo que no —dijo con la mejor sonrisa de la que fue capaz.

—Entiendo. ¿Por qué no buscas el fusible fundido mientras yo voy a mi departamento por uno nuevo?

—De acuerdo, en realidad, me vendría bien un destornillador, si es que tienes alguno.

—Bien, un destornillador, comprendido.

—Y… ¿una linterna?

Él no contestó, pero le entregó la pizza y salió disparado hacia su departamento.

Su estómago se retorcía de hambre, pero resistió la tentación de abrir la caja y comerse un trozo, dejó la caja sobre una repisa. Se dirigió hacia donde debía estar la caja de fusibles, aun no daba con él, cuando Omer ya estaba de vuelta con un fusible nuevo, un destornillador y una pequeña linterna, por fin logró localizar el desperfecto.

_¿Qué fue lo que paso? —preguntó él entregándole el fusible nuevo y el destornillador mientras alumbraba la caja.

—Enchufé la cocina y explotó —repuso sintiéndose enrojecer ante su proximidad.

—Voy a asegurarme de que está desconectada —dijo — Te recomiendo que llames a un electricista para que la revise antes de volver a enchufarla.

Una vez que la electricidad había vuelto al departamento, lo primero que hizo fue ir a la habitación de los pequeños, pero ellos no se dieron cuenta de lo que había sucedido, dormían plácidamente—

¿Ibas a compartir la pizza con alguien? —pregunto Defne, la idea de cocinar ya no le parecía tan agradable.

—No, en realidad no, iba a cenar solo, pero al oírte gritar se me ocurrió pensar que tu seguridad era más importante que mi estómago, ¿te gustaría cenar conmigo? —propuso.—¿Estabas rogando que lo ofrecieras? —le responde. Él rio.

—Entonces iré a buscar una botella de vino que tengo para ocasiones especiales.

Ella no le veía nada de especial a la ocasión, pero esta vez no iba a decir nada hasta tener el estómago satisfecho.—No me puedo negar eso tampoco —repuso a su vez con una cálida sonrisa.

—Por qué no preparas la mesa, mientras voy por el vino?

Mientras preparaba la mesa pensó que Omer era el primer hombre en entrar a su departamento, esa también era una promesa que se había hecho, nada de hombres hasta que sus hijos estuvieran más grandes, pero esta vez lo dejaría pasar, además tenía demasiada hambre, para ponerse quisquillosa.

Mientras él regresaba con el vino, Defne había estado ocupada buscando platos, copas y servilletas, y ni siquiera había abierto la caja para echar un vistazo a la pizza. Estaba muerta de hambre y se hubiera comido un buey.

Omer llegó se sentaron a la mesa y él sirvió un vino tan oscuro que parecía púrpura.

Defne no estaba acostumbrada a beber, la única vez que había probado el vino, se había levantado al día siguiente con un terrible dolor de cabeza, así que no había vuelto a repetir la experiencia, sin embargo, no dijo nada, no quería pasar por maleducada, se limitaría a tomar un par de sorbos y con eso cumpliría.

Él se acomodó en su asiento e hizo un gesto indicando con el dedo la caja de la pizza.—Sírvete sin reparos —pidió.

No necesitaba que se lo dijeran dos veces, abrió la caja y una oleada de satisfacción recorrió todo su cuerpo.

Omer había elegido la pizza clásica, con anchoas y un extra de aceitunas negras.

—Puedes retirar las anchoas si no te gustan —sugirió él con ánimo complaciente.

—Ni de broma, son mis preferidas —le dijo separando una enorme porción mientras enredaba los dedos en las tiras de mozzarella derretida que habían quedado colgando, antes de propinarle un buen bocado.

Omer estiró el brazo para servirse a su vez una porción de pizza, y cuando rozó inadvertidamente su brazo, ella dio un salto como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

Al parecer a él no le había pasado lo mismo porque la miró mientras daba un bocado enorme a la pizza.—

¿Tus hijos? —preguntó.—

Duermen —contestó— no se percataron de nada de que sucedió.

_Que bien, ¿vives sola con ellos?

_Si desde que llegue de Manisa, vivimos los tres, claro que cuento con la ayuda de una persona que los cuida durante el tiempo que estoy fuera de casa.

_Eres increíble Defne, al verte por primera vez , pensarías que era una mujer frágil, pero es todo lo contrario, eres fuerte y además de eso sabes cambiar un fusible _ termina de decir y ambos se ríen.—

¿Por qué no me contaste que vivíamos en el mismo edificio?—

La verdad, lo supe solo cuando me dijiste que aquí estaba tu departamento.

—Ah…entonces tampoco sabias que éramos vecinos—

No, pero eso es bueno—

Mmm —murmuró, sin comprometer una respuesta. En realidad, aun no sabía que tan bueno sería el riesgo, al menos eso era lo que le hacía pensar el ritmo ligeramente acelerado del corazón, seguía sintiendo que algo en él le era familiar, pero aún no lograba identificar que era.—Gracias por tu ayuda _ le dice para evitar el silencio que se formó entre ellos.

—Para eso estamos los vecinos —repuso él con soltura mientras le ofrecía una copa de vino— prueba esto, te hará sentir mejor.

—No suelo beber vino tinto —le dijo.—

Hay que hacer algo nuevo cada día —intervino él poniéndo una copa en su mano y cerrando el puño sobre sus dedos para que la sostuviera.

El contacto físico la dejó temblando no estaba acostumbrada a que los hombres la hicieran reaccionar de esa manera, al lado de Omer se sentía como si estuviera al borde de un precipicio y la sensación era tan excitante, recordaba que solo una vez en su vida tuvo esa sensación… Tomó un buen trago de vino, el líquido bajó por su garganta a toda velocidad provocándole una oleada de calor por todo el cuerpo.

Era cierto, el vino le había sentado de maravilla, estaba más relajada y dispuesta a olvidar los desastres del día.—¡Caramba, que bueno está! —exclamó antes de dar un segundo trago y empezar a atacar otro trozo de pizza.—

Beber vino es un placer, sobre todo cuando se está en tan buena compañía —le dijo él.

—Y tú, cuéntame, ¿A qué te dedicas cuando no estas salvándole la vida a una mujer en apuros?

—Vivía en Roma, pintaba cuadros para vivir.

—¿En Roma?—

Sí, claro, en Roma, ya sabes, Italia… exponía mis pinturas en galerías, me iba bastante bien.

—¿De veras?, jamás se me habría ocurrido pensar que fueras un artista.

—Bueno, a veces tengo que hacer cosas más aburridas, como por ejemplo dirigir una empresa.

—¿Y eso es aburrido? —preguntó sorprendida.

Él sonrió.

Ah, estás bromeando.

_Cuéntame _le dice serio _ el padre de tus hijos ¿dónde está?_

Por favor no quiero hablar de eso_

¿Tan terrible fue la experiencia? _ le comenta_

No… solo que no quiero hablar, algún día puede que te responda, pero hoy no será ese día.

Él solo asintió—No te preocupes esperaré a que tú me lo cuentes — declaró apurando el último trago de vino.

— Tengo que irme — anunció de pronto, poniéndose en pie.—

¿En serio? —preguntó, sorprendida—. ¿No quieres una taza de café?

—Gracias, pero creo que es mejor no tocar la cocina hasta que alguien la haya revisado. Intentaré conseguir que venga un electricista mañana por la mañana.—

No tienes por qué molestarte.

—No es ninguna molestia, ¿paso por ti mañana? Así nos vamos juntos a la oficina.

—Gracias, gracias por… —pero él ya se había marchado, ¿Qué había sucedido?, ella no entendió nada. Miró como la puerta se cerraba tras él. Y se quedó ahí de pie sola, pero por alguna razón ya no se sentía tan sola.

CONTINUARA.

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