
CAPITULO 2
Nunca había creído en los cuentos de hadas, pero enamorarse de Omer se había sentido peligrosamente cerca de uno, por un tiempo. Había sido más de lo que jamás soñó.
Recordaba el calor en sus ojos, cuando la miraba como si fuera la única persona en el mundo. Recordaba la noche en la casa de la montaña. Recordaba a Omer con voz susurrante decir:
– Ricordatevi questa notte perché è l’inizio di tutto.
Para luego, con un suspiro de felicidad, darle un beso en los labios, acomodándose entre sus brazos, después. Aceptó la copa de vino que él le ofreció. No creía haber experimentado nada tan sofisticado en toda su vida.
Por segundos su mirada estuvo puesta en el líquido que contenía la copa. Para cuando se volvió hacia Omer, se encontró con su mirada.
-Me estás mirando fijamente otra vez.
Omer parpadeó, y apuró la copa de un solo trago.
-Eso parece.
Dejó su copa en el piso, y la atrajo contra sí. Ella abrió mucho los ojos y apoyó las manos contra su torso.
-Defne.
El sonido susurrante de su nombre en sus labios, hizo que su cuerpo se estremeciera. Entonces, él la besó, y ella se abandonó, se sintió derretir. Era mejor de lo que había imaginado, más ardiente, más dulce. Su boca se deslizó sobre la de ella, húmeda y profunda. Defne entreabrió los labios, dándole la bienvenida a su lengua.
Cada vez que recordaba el instante preciso en que los labios de Omer habían tocado los suyos, sentía una oleada de lánguido placer. La experiencia no se había parecido a nada de lo vivido hasta ahora.
Había leído sobre esas ardientes sensaciones, pero jamás se había imaginado que existieran realmente.
Había conocido besos muy sensuales, pero jamás experimentado esas llamaradas en los labios. No podía negar que había resultado sobrecogedor.
Entonces ella alzó las manos, le rodeo el cuello y se pegó a él como un velo de seda. Omer la apretó un poco más contra sí, y ella dejó escapar un gemido desde su garganta. Y aquella idea de que ella fuera salvaje, se convirtió en realidad.
Omer gimió, mientras profundizaba el beso, sintiendo la forma de su cuerpo. El calor de la mano de él, traspasaba la tela de la ropa que llevaba puesta, y ella sintió que su piel se quemaba. Él había despertado un fuego que ella no sabía controlar. El aire a su alrededor pareció vibrar de expectación, ante el siguiente movimiento.
Tener a Omer tan cerca, le revolucionaba los sentidos; su potente energía, la envolvía, y le hacía desear quitarse la ropa, y yacer junto a él desnuda.
En el calor de su cuerpo al acomodarla más cerca, y con el pulso disparado, oyó su murmullo de aprobación, mientras se derretía contra él, como mantequilla.
Un placer oscuro. Gemidos y murmullos. Las lenguas unidas, terciopelo sobre satén, y su sabor tan dulce como el algodón de azúcar, la llenaron por completo.
-Te amo. – escuchó que decía él, sin saber cómo, porque sus labios no habían dejado los suyos en ningún momento, o por lo menos ella los seguía sintiendo en los suyos
Sintió como comenzaba a recorrer su cuello, con suaves, y sugerentes besos. Luego fue el turno del lóbulo de su oreja, fue allí donde ella soltó el primer suspiro. Aquello le sirvió a Omer de incentivo para proseguir con las caricias. Una de sus manos se metió debajo de la blusa que ella llevaba puesta. Con las yemas de los dedos, hizo un recorrido desde la cintura, hasta el borde de uno de sus senos, deteniéndose en el valle, recorriéndolo con sus dedos.
Cuando la escuchó suspirar nuevamente, se atrevió, y tomó uno de los senos en su mano, procediendo a acariciarlo, poniendo énfasis en el pezón, excitándolo, hasta endurecerlo. Ella respondía, gimiendo contra su boca, antes de que él le rozara la lengua con la suya.
-¿Estás bien? – le preguntó Omer acariciando el pezón entre sus dedos.
-Sí, sí. – respondió ella jadeante.
Lo siguiente que supo fue que, él la tomaba en brazos, y la llevaba hasta la habitación, a la cama. Con mucho cuidado, la recostó sobre ella.
Empezó besándole la boca, después, pasó a mordisquearla desde los lóbulos de las orejas, hasta el cuello, luego la besó, dejando caer su peso, y su calor sobre ella, aplastándola contra el colchón de un modo de lo más placentero.
Después de besarla en la boca con intensidad, se deslizó hacia abajo. Y sobre la tela de la blusa, le acarició un pezón con la lengua, y luego pasó al otro seno, mientras ella se retorcía bajo su cuerpo.
-¿Omer? – gimió.
-Aquí estoy – le dijo él.
A continuación, le quitó la blusa por encima de la cabeza, por fin sus hermosos senos quedaron libres para ser admirados por él. Luego comenzó a deshacerse del resto de ropa que le impedía hacer lo que quería. En pocos segundos, ambos estaban desnudos.
Ella gimió cuando él le separó las piernas, y le besó la cara interna de los muslos. Despacio, Omer le rozó la piel con la barba, y pasó a besarle el otro muslo. Se había estado conteniendo para controlar el ritmo, pero ella decidió que se había cansado de esperar. Le puso las manos en el cabello, y lo guio hacia donde quería que fuera. Él le permitió que lo guiara, pero tomó el control cuando su boca rozó su delicioso objetivo. Sabía muy bien qué hacer ahí abajo.
Mientras probaba distintos trucos, prestó atención a sus reacciones, y al instante supo qué le gustaba. Manteniéndole las piernas abiertas, y abriéndose paso con los dedos, ejerció una firme presión con la lengua, allí mismo, en su clítoris.
Ella tomó su pelo con los dedos, y arqueó la espalda, emitiendo un largo gemido. Él no aflojó el ritmo ni un segundo. Ni siquiera cuando la sacudió un orgasmo.
-Oh Dios, esto es magnífico… – la escuchó decir
Ella estaba recostada en la cama, así que le levantó las piernas, buscó con su miembro, ayudado de una de sus manos, la entrada a su cuerpo, y cuando la encontró, empujó un poco, y se introdujo.
Ella jadeaba y gemía, mirándolo fijamente, con cara de deseo y expectación. Se hundió en ella con delicadeza, primero deslizando la punta de su miembro entre sus pliegues, y luego ladeándose, y embistiéndola.
Defne emitió un quejido de dolor, él se detuvo enseguida. Pero luego comenzó a moverse lento, pero seguro, una, y otra vez, hasta que escuchó que de ella salió un profundo quejido, mezcla de dolor, y de placer.
– Cariño, voy a ir despacio. Si te hago daño, me lo dices, y me detengo. ¿Está bien?
Ella contestó con voz temblorosa:
– Está bien.
Siguió penetrándola suavemente, enseguida se topó con algo que debía ser su himen. La miró fijamente, para ver su reacción, empujó un poco más, atravesó ese impedimento, y siguió deslizándose suavemente por su virginal vagina. Ella hizo un gesto de dolor, pero no dijo nada, y él siguió entrando, hasta penetrarla por completo.
– Ya estoy por completo dentro de ti, cariño, y ahora voy a empezar a darte placer. -dijo él
– Si… ah ah ah – recibió por respuesta.
Empezó a moverse con penetraciones lentas, pero profundas.
Ella se había tomado a los cojines de la cama, gemía, y jadeaba, con una expresión de felicidad que iluminaba su rostro. Luego, Omer, comenzó a acelerar, hasta que escuchó que de ella salió un profundo gemido de placer. Minutos después, tuvo su primer orgasmo con él dentro de ella, todo su cuerpo temblaba.
-Siento que me hundo en un mar de puro placer. – le dijo ella.
Pero el placer duró solo una noche, porque lo que vino después, fue solo aflicción.
Ella lo esperó, lo buscó, le dejó mensajes, luego otro, pero el silencio que siguió no fue vacío, fue deliberado, fue definitivo, y entonces ella dejó de esperar.
Se volcó en buscar un nuevo trabajo, ya que a Passionis no pudo volver. Vertió su desamor en diseños. Intentó perderse en sus estudios.
Pero pocas semanas después, empezó a notar los cambios en su cuerpo, el cansancio, las náuseas, el retraso. Se dijo que era estrés, pero cuando se hizo la prueba de embarazo, y vio el resultado, se quedó sin aliento. No lloró, simplemente se quedó de pie en el baño, mirando la palabra positivo, como si estuviera escrita en otro idioma. Luego se sentó en el borde de la cama, y guardó silencio.
Como esperaba, el médico confirmó el embarazo, pero la ecografía reveló algo que no esperaba. Dos latidos, dos niños, dos vidas creciendo dentro de ella. Dos recordatorios del hombre que se había ido, sin mirar atrás.
CONTINUARÁ
