ELLA, O YO. ¿DÓNDE ESTÁ TU AMOR? CAPITULO 11

CAPITULO 11

-Ven aquí. – escuchó decir a Omer

Enseguida obedeció. Cuando estuvo a su lado, él se levantó, quedando frente a ella.

-Te voy a dar una oportunidad. – le escuchó decir. – pero Defne, si me lastimas otra vez, si desapareces, no habrá una tercera oportunidad.

Ella sintió como si hubiera ganado la lotería, y escalado el Everest al mismo tiempo.

-No habrá necesidad de una tercera oportunidad. -prometió.

Él le acarició la mejilla con un dedo, y luego le apartó un mechón de pelo de la frente. Dibujó una línea por su cara hasta llegar a los labios mientras acercaba su cuerpo al de ella.

-Durante años he sido un hombre que lo tenía todo, pero miserable al mismo tiempo. He tenido todo lo que el dinero puede comprar, y no he sido feliz ni un solo día. Pero a los 5 minutos de haberte conocido, me sentí más vivo de lo que me había sentido en años.

Luego se quedó en silencio.

-Esta última hora, fue un infierno. El dolor de saberte lejos de mí, es peor que cualquier dolor que haya sentido antes. No creo que pueda volver a vivir sin ti, Defne

-Oh, cariño. – dijo ella lanzándose a sus brazos. – gracias.

-Te amo, Defne. Por favor no lo olvides.

-Y yo te amo a ti.

La rodeó por la cintura con un brazo, y con la otra mano la tomó por la nuca. Esta vez, cuando la besó, no hubo la contención que había visto la vez anterior. El beso fue ardiente y arrollador. Fue como si descargara todo el dolor, que dijo haber sufrido, el tiempo que sintió que su relación había llegado a su fin. ¿Cómo podía un beso, con tamaña cantidad de sentimientos, provocarle aquel efecto?

Cuando se quedó sin aliento, descansó del beso, mientras tanto, con la lengua rozaba los labios de ella, suavemente al principio, y con más fuerza después, haciendo presión para que abriera la boca.

Ella se relajó, y se dejó llevar. Podía sentir como aumentaban los latidos en las sienes, en el cuello, y en lo más profundo de su cuerpo. Por primera vez sintió deseo sexual. A veces le daba la sensación de que llevaba toda la vida esperando al hombre que causara tal efecto en ella. Era el momento, el lugar, y el hombre perfecto.

-Quédate conmigo. – le susurró, luego de suspirar. – Déjame amarte.

Incluso antes de que él le hiciera la proposición, Defne sabía lo que quería, pero escucharlo de su boca, solo vino a confirmar lo que ambos deseaban.

–Hay algo que tengo que decirte antes, algo que debes saber. – le dijo.

Él frunció el ceño, y buscó sus ojos como preparándose a escuchar otro secreto oculto.

–Adelante, cuéntame lo que quieras.

Ella tragó saliva, pero sintió que el nudo de su garganta había crecido. Nunca había imaginado que fuera tan difícil decirlo y se sintió como una tonta. Quizá no debería decir nada y dejar que las cosas ocurrieran. Pero, no, aquella iba a ser una noche especial, y él debía saberlo.

–Yo… Nunca he hecho esto. –dijo nerviosa, aferrándose a su brazo–. Lo que quiero decir es que nunca he hecho el amor antes.

Algo oscuro, y primitivo brilló en sus ojos. Al principio no dijo nada. Luego, la besó con ansia, se apartó, y una expresión de satisfacción asomó a su rostro.

–Me alegro. Después de esta noche serás mía para siempre. Me alegro de ser el primero.

–Yo también. –murmuró ella.

Él se inclinó hacia delante, y la besó en la ceja. Se quedó así durante largos segundos antes de tomarla por los hombros.

–No quiero que tengas miedo. Seré muy suave contigo, cariño. Quiero que disfrutes cada momento.

Ella se puso de puntillas, y lo rodeó por el cuello.

–Entonces, hazme el amor. – dijo ella

-Enseguida. Llevo mucho tiempo esperando por ti. – respondió él

Le dio otro beso en la frente antes de tomarla en sus brazos, y llevarla hasta su habitación. Ella suspiró, y apoyó la cabeza en su hombro.

–Siempre soñé con que me llevaran en brazos a la cama cuando llegara el momento.

–Me alegro de poder cumplir tus fantasías.

Cuando llegaron a la habitación de Omer, la que ella conocía muy bien, él la dejó de pie en el piso de madera, pero manteniéndola apagada a él.

–Voy a desnudarte, cariño –dijo él con voz sensual–. Lo haré lentamente. Si te sientes incómoda en algún momento, detenme. Tenemos toda la noche. No hay ninguna prisa.

Su corazón se derritió ante la dulzura de su voz. Parecía paciente y aunque lo agradecía, estaba deseando que se diera prisa.

Unos segundos después, el sonido de la cremallera de su vestido al bajar, fue lo único que se escuchó en la habitación.

Defne se sujetó el vestido justo antes de que cayera. Omer la tomó por los hombros desnudos, y la besó en el cuello.

–Relájate.

La hizo girar, y esbozó una sonrisa que la derritió por dentro. Lentamente la hizo soltar el vestido hasta que cayó al suelo, dejándola solo en bragas.

Ella se sonrojó ante la intensidad de su mirada sobre sus senos desnudos.

–Eres tan hermosa. – le dijo

Los ojos no mentían, se dijo, ella podía ver la excitación, y el deseo en los suyos.

Él la tomó por los hombros, y suavemente tiró de ella para volver a besarla. En segundos, el beso fue tierno, como si le estuviera diciendo que no iba a abrumarla.

Él se separó un momento, y ella se quedó mirándolo con ojos, le acarició una mejilla con un dedo. Luego, volvió a besarla una, y otra vez. Sus besos eran ardientes. Deslizó la lengua entre sus labios, y jugueteó con la suya. Su sabor era cálido y exquisito, haciéndola desear más. Omer dejó escapar un gemido, y suspiró junto a su rostro.

–Me vuelves loco.

Continuó besándola por el cuello. Un escalofrío de placer le recorrió los hombros. Sus labios continuaron bajando por la curva de sus hombros hacia su seno.

Se puso de rodillas frente a ella, y su boca quedó a la altura del pezón. Defne contuvo la respiración, deseando que la acariciara. Le daba igual si era con la boca, los labios o la lengua.

Él bajó la cabeza, y la besó en el ombligo. Luego subió unos centímetros, y continuó el recorrido entre sus senos hasta que finalmente la besó encima del corazón.

Una sonrisa se dibujó en los labios de Omer.

–Tu corazón late deprisa –murmuró.

Ella continuó en silencio. No hacía falta decir nada. El corazón estaba a punto de salírsele del pecho. Pero sus manos no podían estarse quietas. Tenía los dedos hundidos en los mechones de su pelo negro.

Él levantó la mirada.

–¿Estás asustada?

–Aterrada –admitió.

Su mirada se dulcificó, y la rodeó con los brazos, atrayéndola hacia él. La sensación de su cuerpo desnudo contra el suyo vestido, hizo que sintiera un estremecimiento.

–Estaría menos asustada si tú también estuvieras desnudo.

Él parpadeó sorprendido, y luego rio, echando la cabeza hacia atrás.

–Está bien –dijo poniéndose de pie ante ella–. Me alegra complacerte.

Ella se pasó la lengua por los labios húmedos, mientras él se apartaba y empezaba a desabrocharse la camisa. Permaneció quieta, disfrutando. Deseaba acariciarlo, tenía que acariciarlo. Estaba empezando a desabrocharse los pantalones cuando ella deslizó las manos por su pecho, y sus hombros. Él se quedó quieto, y por un instante cerró los ojos.

Su respuesta le fascinó. ¿Le producían sus caricias tanto placer como a ella las suyas? Una sensación de poder la invadió. Se acercó aún más, deseando sentir su piel desnuda junto a la suya. Dejó escapar un gemido cuando sus senos rozaron su pecho. Fue una sensación eléctrica que la hizo desear más, mucho más.

–¿Qué estás haciendo? –preguntó él con voz quebrada.

–Pasármelo bien.

Él sonrió, y permaneció quieto, con las manos en la cremallera del pantalón. Defne le acarició con las manos abiertas el pecho, explorando cada músculo, y disfrutando del contraste de la fortaleza de su cuerpo, y de la delicadeza del de ella.

–Quítatelos –susurró.

–¿Acaso la tímida virgen se ha vuelto toda una seductora?

Justo en aquel instante se sonrojó, entonces él sonrió, y soltó sus pantalones para tomar su rostro entre las manos. Luego la besó, tirando con fuerza de sus labios.

El repentino nerviosismo hizo que sus manos se movieran con torpeza, mientras buscaba sus pantalones. Él permaneció paciente, acariciando su rostro, con los ojos fijos en los de ella, mientras le bajaba los pantalones.

Defne tragó saliva, y se aventuró a mirar allí, donde su erección se adivinaba bajo el bóxer.

–Acaríciame –dijo en aquel tono sensual que la hacía derretirse.

A tientas, metió la mano bajo la cintura de su ropa interior y siguió bajando hasta que se encontró con la dureza de su erección. Animada por la expresión de deseo de los ojos de Omer, rodeó con sus dedos la base de su pene, y lentamente, los deslizó hacia arriba, recorriendo su longitud.

Omer soltó su rostro, e impacientemente se bajó los calzoncillos hasta quedar completamente desnudo, mientras ella continuaba acariciándolo suavemente.

Lo escuchó gemir, y suspirar, mientras ella continuaba con las caricias, hasta que a tomó de las muñecas, y le apartó las manos de su erección, aprisionándoselas contra el pecho.

–Cariño, me estás volviendo loco. Se supone que era yo el que iba a seducirte, y sin embargo, eres tú la que me esclaviza con cada caricia.

Ella se sonrojó de placer. La besó de nuevo, y la abrazó, haciéndola caminar de vuelta a la cama. La detuvo cuando sus piernas estuvieron a punto de rozar la cama. Luego, la rodeó por la cintura, y la echó hacia atrás hasta recostarla en ella.

–Si en algún momento hago algo que te asuste, dímelo, y me detendré. Si quieres que vaya más despacio, dímelo también.

Tiró de él para que la besara. Omer se echó sobre ella y comenzó a devorarle los labios. Luego, metió la lengua en su boca y empezó a jugar con la suya.

CONTINUARÁ

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