
CAPITULO 9
En cuanto lo vio cruzar la puerta, que había dejado abierta para él, ella suspiró. Pero él, no supo si era de alivio, emoción, o un poco de ambas.
-Viniste. – le dijo con simpleza.
-¿Cómo podría no hacerlo? Si he deseado esto, con todo mi corazón, desde hace mucho tiempo.
Con una sonrisa de satisfacción en sus labios, ella se acercó a Omer, se puso de puntillas, y lo besó suavemente en los labios, al principio, luego con pasión, para finalmente, quedar abrazada a él
Él, a su vez, la apretó contra su pecho, sintiendo que estaba en las nubes. Incapaz de resistir la proximidad de ella, y sintiendo el calor que emanaba de su cuerpo. Se liberó del abrazo. No pudo menos que reír al contemplarla: tenía las mejillas encendidas, los ojos brillantes y los labios ligeramente hinchados.
La miró, con la total seguridad, de que ambos estaban sintiendo lo mismo. En ese mismo instante, estaban dejándose llevar por un destino que ninguno podía controlar.
Defne supo, exactamente, cuando Omer dio rienda suelta a lo que los dos querían que sucediera. Sus brazos la estrecharon con tanta fuerza, que, por un momento, temió que pudiera romperle las costillas. Fue un pensamiento fugaz, después de todo, un abrazo como ese, merecía el riesgo de sufrir cualquier pequeño accidente.
La besó largamente, y en ese beso le expresó todo el deseo contenido hasta ese momento. Hizo una pausa para poder respirar, y ella le susurró:
-Ámame. Por favor, ámame.
-Dios mío, Defne. ¿No te das cuenta de cuánto te amo?
-Demuéstramelo.
Omer no necesitó más estímulos.
-Amor mío —murmuró. Estaba feliz, y sorprendido a la vez, de que lo deseara con la misma intensidad, que él la deseaba a ella.
Omer le enmarcó la barbilla con la mano, y la besó en los labios, saboreándolos, atormentándolos. Finalmente los abrió, con una apagada violencia que la hizo estremecer de placer, endureció sus pezones y despertó un volcán en sus entrañas. Enlazó las manos detrás de la nuca de él, sus dedos perdidos en la maraña de sus cabellos.
La presión de la boca masculina se tornó más suave, incitante, reduciendo la fuerza de voluntad de ella a la oleada de su deseo. Instintos que no creía poseer la guiaron, y su cuerpo se tornó fluido, dócil, flexible. Lentamente, fueron acomodando sus cuerpos para quedar, como si estuvieran pegados.
Conspiraba con el cuerpo masculino para verificar que ella no pudiera resistir la lenta, y embriagadora fuerza de su propio deseo.
Sus uñas se hundieron con suavidad en la piel de Omer, y él lanzó un gemido de placer desde lo profundo de la garganta, apartando su boca de la boca femenina para mirarla con ojos brillantes, embriagados de deseo.
Ella le enmarcó el rostro con las manos, sintiendo el áspero roce de su barba sobre las palmas, y luego bajó las manos hasta posarlas en su garganta. Sintió agitarse los músculos allí, él le atrapó la mano, y se la llevó a la boca, besándole una a una la punta de los dedos, haciéndola desfallecer de placer.
Incluso a través de la tela, sus pechos respondieron al calor y a la proximidad del hombre. Todo era nuevo para ella, la dolorosa ternura que alimentaba su imaginación, con locos deseos, la necesidad que la hacía anhelar el íntimo contacto de la piel masculina contra la suya…
-Déjame verte. Déjame tocarte —suplicó Omer sobre sus labios, con tono vehemente y apasionado.
Era tan dulce, tan delicioso… Le desabrochó los botones de la blusa. Ella se sentía complacida de poder provocar esa reacción en él, y su espalda se arqueó con orgullo cuando la despojó del sujetador.
Sus ojos negros como fuego, se posaron en los de ella, y el mensaje que leyó en ellos, le inundó de fuego el vientre.
El deseo se desparramó por toda su piel al contemplarla en su gloriosa desnudez. Su mano tembló al trazar la delicada línea del cuello femenino, y luego se deslizó hacia la curva exterior del pecho, casi rozando con el pulgar la oscura aureola que lo coronaba, antes de cerrarse sobre el suave montículo con una vehemencia casi dolorosa. Saboreó sus senos, dando especial atención a los pezones, dejándolos húmedos, erectos, y duros.
Después le bajó los pantalones, sin que ella hiciera el menor intento por detenerlo; no podía ni quería hacer otra cosa que no fuera permitir que continuara acariciándole el cuerpo. Cuando volvió a estar de pie frente a ella, le lamió desde mis labios, hasta el cuello, y pasó su lujuriosa lengua entre sus senos…
-Esta fue mi invitación. – le dijo ella con la voz entrecortada. – Soy yo quien debe hacer los honores…
Él se apartó, dándole espacio para ver lo que ella tenía planificado. Defne se acercó, le desabrochó la camisa que llevaba puesta.
-Waoo… – exclamó al ver su torso desnudo por primera vez.
Omer tenía un cuerpo muy… sexy. Unos pectorales muy bien marcados, y trabajados.
Al igual como lo hizo él, Defne le lamió los pezones, luego bajó a su vientre, y lo recorrió con su lengua hasta llegar a su ombligo… bajó hasta su cintura. Con delicadeza, y muy despacio, le fue desabrochando el pantalón. Todo lo hizo mientras sus miradas estaban fijas el uno, en el otro
Le bajó el pantalón, luego el bóxer, dejando su miembro al desnudo. Dejó de mirarlo para tomar su pene, ya erecto, con una mano, y disfrutarlo como si fuese el más delicioso de los helados… le hizo el amor con la boca.
-Amor… – suplicó él.
Ella entendió su agonía, y en silencio, se levantó para quedar nuevamente frente a él.
Tras un largo suspiro, que usó para recomponerse, Omer se terminó de desnudar. Para finalmente, de la mano, llevarla hasta la cama, dejándola boca arriba, con su cuerpo totalmente expuesto, y desnudo…
Yo tendida boca arriba, Defne miraba con mucho deseo a Omer… que hombre más hermoso… pensaba, sus pectorales, se veían divinos, su vientre muy bien formado y trabajado, se notaba que, con muchas horas de gimnasio, cuidaba su cuerpo
Verla completamente desnuda fue un deleite para Omer. Ver sus cabellos rojos esparcidos en la almohada de la cama, fue su sueño hecho realidad. Comenzó a recorrer su cuerpo con las manos, y lengua.
Darle placer, era su finalidad, y lo estaba consiguiendo, porque la sentía retorcerse bajo su cuerpo.
Se deslizó por su vientre, hasta encontrar lo que quería: el oscuro triángulo en la entrepierna de ella. El vello que cubría unos húmedos labios vaginales. Le separó las piernas, deleitándose en cómo ese sexo se abría a su mirada. Entonces, se arrodilló, preparándose para hacer lo que quería hacer. La saboreó, y la acarició con la lengua, allí, donde explota el placer de la mujer. La besó, la chupó y la lamió, hasta saciarse de su esencia femenina. Alzó la mirada en el momento en que ella levantaba la cabeza. En los ojos de ella vio placer, y deseo. La tomó por las caderas, y continuó dándole placer hasta que, por fin, gritó, y estalló en su boca.
Omer se deslizó por su cuerpo, y la abrazó hasta que la sintió más tranquila. Después, con los pechos de ella en las manos, se acomodó para penetrarla.
Ella lo recibió, aun gimiendo por el placer del orgasmo producto del sexo oral, que él le había practicado. Poco a poco, Omer empezó a deslizar su pene, suavemente adentro de su vagina.
Defne iba imitando cada una de sus caricias, complacida al percibir la inmediata respuesta del cuerpo de él. Cuando llegó el momento cumbre, ella estaba tan ansiosa por que le mostrara el siguiente paso de su juego amoroso, que sintió un indescriptible placer cuando él finalmente la hizo suya.
Omer se movía deliciosamente, empujándose dentro de ella… cuando estuvo por completo en el interior de Defne, se detuvo un momento, sin sacar su pene, y a los pocos segundos, Defne decidió pasar a la acción, así que lo tomó, y lo atrajo hacia sí, dándole un profundo beso, mientras con la lengua le mostraba lo que quería de él.
Sus cuerpos se comenzaron a mover, en perfecta armonía, para buscar el placer propio, y el del otro… y lo encontraron.
–Eso es, cariño –le susurró Omer
Cuando lo sintió dentro suyo, lo apretaba contra ella, incitándolo a tomar, más, y más. Estaba perdida en el fiero ritmo del deseo, moviéndose con él, cada vez más rápido. La sensación de él, moviéndose dentro de ella, fue un deleite casi insoportable, y respondió frenética a cada poderosa embestida, hasta que llegó el poderoso final.
Omer intentó alargar el placer de ella con cada embestida, pero al cabo de un instante, estalló también, dejándose caer sobre ella, casi sin respiración.
Después, cuando volvió a la realidad, descubrió que estaban abrazados como sí ambos buscasen seguridad en el otro.
Unos segundos después, salió de ella, y se recostó a su lado. Poco a poco, comenzaron a respirar más pausadamente. Él la atrajo hacia si, para continuar abrazándola.
Durmieron hasta bien entrada la mañana. Trataban de recuperar el sueño que, gustosamente, habían interrumpido varias veces durante la noche.
Defne disfrutó descubriendo, poco a poco, todos los puntos débiles de Omer. Se dio cuenta de que, conocer a una persona, tan bien, suponía una importante ventaja.
Compartir una cama podía resultar una apasionante aventura.
CONTINUARÁ
