QUÉDATE CONMIGO. CAPITULO 13 Y FINAL.

-Pero. ¿Por qué? – preguntó Defne al escuchar lo que le dijo la señora Zerá.

-Porque esta será una noche especial para ustedes…

-No sé a que se refiere. – dijo, sonrojándose.

-Señora, soy una mujer adulta, y entiendo más de la vida, de lo que usted piensa. Si hay algo que entiendo ahora mismo, es que usted y el señor necesitan pasar tiempo a solas.

-Pero para eso no tiene que llevarse a Baris.

-¿Confía usted en mí? – le pregunta la mujer, sorprendiéndola. – ¿Cree que puedo cuidar de su hijo?

-Claro que sí. Es solo qué…

-Señora Defne, usted a pasado por mucho en poco tiempo. Por favor disfrute de un tiempo a solas con su marido. Dese el tiempo de estar a solas con él. Ambos lo necesitan.

Defne se quedó en silencio, mirando a la mujer, con la confianza, y el cariño, con el que le hablaba.

-Créame que voy a cuidar muy bien a Baris, de eso no debe preocuparse.

-De eso no tengo dudas.

-Por favor, confíe en mí.

Luego de suspirar con resignación, y reconocer que lo que decía la mujer era por completo verdad, aceptó la oferta de la señora Zerá.

Cuando se despidió de su hijo en la puerta, sintió que su decisión estaba equivocada. Luego de que volviera al interior de la casa, y no escuchara más que el tic tac del reloj, su arrepentimiento fue aún mayor.

-Creo que cometimos un error. – le dijo a Omer.

-¿Un error? – le preguntó él.

-Si. Quizás no debimos dejar que se llevara a Baris.

Omer sonrió, mientras se acercaba a ella, y la rodeaba por la cintura con sus brazos.

-Es normal sentirse así, pero creo que para lo que tenemos planeado esta noche, es mejor estar solos.

-¿Entonces no te importa que Baris no esté aquí ahora?

-Claro que me importa. – respondió él, y la besó. – pero hay momentos como este, en el que los matrimonios deben de estar a solas. Tienes que entender que, con nuestro hijo en la otra habitación, quizás te ibas a cohibir mientras hiciéramos el amor, sin embargo, ahora podrás gritar todo lo que quieras, porque no habrá nadie para impedírtelo. Yo espero hacerte gritar mi nombre esta noche.

Ella sonrió.

-Ay Omer. No hagas promesas que no sabes si puedas cumplir.

Luego pasa los brazos por sobre los hombros de él, y le devolvió el beso, saboreando su boca y su lengua.

No cabía duda de que Omer la deseaba, se dijo, cuando pegó su cuerpo al de él, al notar su sexo duro. Escuchó que un susurro salía de la garganta de él, para luego perderse en su sabor intenso, como el chocolate más fino del mundo.

Omer, con mucha delicadeza, como si tuviera miedo de romper lo más frágil, y valioso que había tenido entre sus brazos, la levanta del suelo, aun llevándola por la cintura, y camina con ella hasta la habitación, donde la deposita en el suelo.

A continuación, comenzó a recorrer su cuello, con suaves, y sugerentes besos.  Luego fue el turno del lóbulo de su oreja, fue allí donde ella soltó el primer suspiro. Aquello le sirvió de incentivo para proseguir con las caricias. Una de sus manos tomó uno de sus senos por encima de la blusa, y comenzó a acariciarlo. Aquella tentadora caricia, la hizo gemir. Al oírla, Omer buscó excitado su boca, y mordisqueó delicadamente sus labios suaves y ardientes.

-¿Estás bien? – le preguntó acariciando el pezón con sus dedos.

-Más que bien. – respondió ella, con un profundo suspiro.

Lo siguiente que hizo Omer, con mucho cuidado, la recostó sobre la cama. Empezó a desnudarla lentamente, como si fuera un regalo que valía la pena esperar para ser desenvuelto.

Ella también quería participar en aquel juego de seducción, y quiso ayudarlo sacándose la ropa, pero él la detuvo.

-Mi amor. – dijo con una inmensa dulzura. – Tenemos todo el tiempo del mundo. Quiero hacerte el amor, pero como lo soñé muchas veces en esta cama.

No entendiendo muy bien lo que eso significaba, ella se recostó nuevamente, y dejó que fuera él quien la desnudara, mientras sentía que su mirada la convertía en llama viva.

Cuando estuvo por completo desnuda, los labios de Omer se movieron seductores sobre los de ella, e introdujo su lengua en su boca de manera erótica.

Después de besarla en la boca con intensidad, se deslizó hacia abajo. Le acarició un pezón con la lengua, y luego pasó al otro seno, mientras ella se retorcía bajo su cuerpo.

-¿Omer? – gimió, cuando sintió que se apartó de ella

-Aquí estoy – le dijo él.

Mientras lo veía deshacerse de su propia ropa, por primera vez pudo disfrutar, sin temor, del hermoso cuerpo del hombre que estaba desnudo frente a ella.  Estiró una mano, y acarició el torso masculino, deslizando un dedo desde su pecho, hasta la cintura, no atreviéndose aún, a ir más abajo.

Omer soltó un profundo suspiro, algo más parecido a un gemido, mientras sus dedos recorrían su torso.

-Debo decirte que esta es mi primera vez. – le soltó ella.

-Lo intuí. – le respondió él. – Por eso quería que esta noche fuera especial para ti. Te amo tanto Defne. – lo último lo dijo con tal emoción, que a ella le costó contener las lágrimas.

-Y yo te amo de igual forma. – le respondió, mirándolo a los ojos, intentando que estos pudieran decirle, aquello que no podía expresar con palabras.

Él, le sonrió, y dijo:

-Si me lo permites, le voy a seguir haciendo el amor a mi mujer.

Ella asintió, y él siguió el recorrido de su cuerpo donde lo dejó.

Le separó las piernas, y despacio, Omer le rozó la piel con la barba, y pasó a besarle el muslo. Se había estado conteniendo para controlar el ritmo, pero ella decidió que se había cansado de esperar. Le puso las manos en el cabello, y lo guio hacia donde quería que fuera. Él le permitió que lo guiara, pero tomó el control cuando su boca rozó su delicioso objetivo. Sabía muy bien qué hacer ahí abajo. Mientras probaba distintos trucos, prestó atención a sus reacciones, y al instante, supo qué le gustaba. Manteniéndole las piernas abiertas, y abriéndose paso con los dedos, ejerció una firme presión con la lengua allí mismo, en su clítoris. Ella tomó su pelo con los dedos, y arqueó la espalda, emitiendo un largo gemido. Él no aflojó el ritmo ni un segundo. Ni siquiera cuando la sacudió un orgasmo.

-Oh Dios, esto es maravilloso… – la escuchó decir

Levantó la cabeza para mirarla, y tuvo frente a si, la visión más gloriosa que jamás se pudo imaginar ver, Defne tenía el pelo alborotado sobre la almohada, y los párpados entrecerrados de tanto placer.

-Justo como te soñé. – le dijo mirándola con todo el amor reflejado en sus ojos.

Con la voz entrecortada ella le preguntó.

-Y… en tu sueño. ¿Qué sucede… después?

 – Esto. – fue su respuesta. Con delicadeza, se acomodó entre sus piernas.

Ella jadeaba y gemía, mirándolo fijamente, con cara de deseo y expectación.

Cuando encontró su abertura, se hundió en ella, con delicadeza. Primero deslizando la punta de su pene entre sus pliegues. Enseguida ella emitió un quejido de dolor, él se detuvo. Pero luego comenzó a moverse lento, pero seguro, una, y otra vez, hasta que escuchó que de ella salió un profundo quejido, mezcla de dolor, y de placer.

– Cariño, voy a ir despacio, si te hago daño, me lo dices, y me detengo. ¿Está bien?

Ella contestó con voz temblorosa:

– Está bien.

Siguió penetrándola, suavemente, cuando se topó con algo que debía ser su himen, la miró fijamente, para ver su reacción. Empujó un poco más, una vez que atravesó ese impedimento, siguió deslizándose suavemente por su virginal vagina. Ella hizo un gesto de dolor, pero no dijo nada, y él siguió entrando, hasta penetrarla por completo.

 – Ya estoy por completo dentro de ti, cariño, y ahora voy a empezar a darte placer. -dijo él

Empezó a moverse con penetraciones lentas, pero profundas. Ella gemía y jadeaba, con una expresión de felicidad que iluminaba su rostro.

Omer comenzó a penetrarla con más fuerza, y más profundamente, hasta que escuchó que de ella salió un profundo gemido de placer. Minutos después, tuvo su primer orgasmo, con él, dentro de ella, todo su cuerpo temblaba, y la cara que puso era preciosa.

-Omer. – gritó, disfrutando de como él seguía hundiéndose en ella.

 Al sentir las fuertes contracciones de su estrecha vagina en su miembro, él también alcanzó el clímax, prácticamente gritando, y tensando el cuerpo.

Mientras tanto, ella seguía deleitándose, con su miembro pulsando dentro de ella, y con el peso de su cuerpo, sobre el suyo.

Omer se relajó, y le besó el cuello, mientras se dejaba caer en la cama, al lado de Defne, atrayéndola hacia si, para abrazarla.

-¿Y bien? —le preguntó él. – cumplí mi promesa

-Como siempre lo has hecho. – le respondió ella, acurrucándose en sus brazos, sintiendo que todo estaba bien, que todo estaba en el lugar que le correspondía estar.

Los días pasaron, y todos volvieron a su rutina, él seguía siendo el jefe, y ella su asistente, eso en la oficina, porque fuera de ella, eran solo, Defne y Omer.

Una tarde, un tiempo después, mientras Omer le daba la cena a Baris, el pequeño lo miró, y con la simpleza, e inocencia propia de los niños le dijo.

-Papá.

Omer sintió un nudo en la garganta

-Lo escuchaste. – le dijo a Defne. – Me dijo papá.

Defne solo pudo mover la cabeza emocionada al ver cuanto había significado para Omer aquella palabra.

 Él se acercó al pequeño, y le besó la frente.

-Hijo. – le dice con los ojos nublados.

Baris le respondió regalándole una sonrisa, y volviendo a decir.

-Papá

Cuando Omer le puso su apellido a Baris, fue el mismo día en el que la señora Neriman, y por extensión el señor Necmi, lo aceptaron como su sobrino, como si nada hubiera sucedido.

-Ahora es un Iplikci. – se defendía la mujer, en cuanto le recordaban que algún día lo llamó un bastardo.

-Además, ustedes se casaron, aunque haya sido solo una ceremonia en esta casa, y no como me hubiera gustado la boda de mi sobrino, lo hicieron, y eso significa que ya no viven en concubinato.

En cuanto a la otra abuela, no volvieron a saber algo de ella. Defne prefirió dejarla en el pasado, y concentrarse en el futuro. Un futuro que se veía maravilloso, como el hombre que se había convertido en su esposo.

El sol brillaba en el cielo, y Baris corría riendo sin preocupaciones, desde la casa, Omer lo miraba, con una taza de café en la mano.

-Mira papá. – le gritaba el pequeño mientras intentaba atrapar una mariposa con las manos.

Él le sonrió, y se emocionó, como cada vez que lo escuchaba llamarlo de aquella manera. Desde aquel día, cuando lo llamó papá por primera vez, esa palabra, se convirtió en su palabra favorita.

Nunca imaginó que su vida cambiaría tanto, ya no vivía en una casa silenciosa, pero en cambio, podía escuchar cada día, como su hijo lo llamaba papá, y como la mujer que amaba, le expresaba su amor.

Defne se acercó, lo abrazó, y apoyó la cabeza en su hombro

-¿En que piensas? – le preguntó

Omer la rodeó con su brazo por los hombros.

-En lo increíble que es todo esto. Imagina como hubieran sido nuestras vidas, si no hubiera aparecido en ellas nuestro hijo.

-Hace unos meses no había imaginado que estuviéramos aquí. – le respondió ella.

Omer la observó en silencio.

-Yo tampoco. – luego le tomó la mano. – Pero me alegra que estén aquí.

Defne apretó su mano con suavidad.

-A mí también. – le dijo

-Gracias por aceptar, cuando te dije, quédate conmigo. – dijo él.

-Gracias por pedirme que nos quedáramos contigo. – respondió ella.

Por primera vez, en años, tanto Defne, como Omer, sentían que su vida tenía sentido, porque ahora tenían una familia. Su familia, que era su alegría, y su bendición.

Fin

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