MI SUEÑO. CAPITULO 3

CAPITULO 3

Nerviosa como nunca se había sentido antes, se miraba al espejo, preguntándose cómo debía vestirse esa noche. ¿Pantalón, y blusa? Algo cómodo, pero que no pareciera descuidada.

Una vez que se decidió, dejó la ropa sobre la cama, y se sentó frente al espejo para maquillarse, y peinarse para la ocasión. Finalmente se vistió con una blusa, y pantalones de tela, era cómodo, y al mismo tiempo lo suficientemente elegante para ir a un lugar bonito.

Suspiró fuertemente antes de salir de la habitación. Estaba lista para lo que le deparara esa noche, se dijo.

-Pero que linda estás. – le dijo Nihan.

-Gracias. – respondió con una sonrisa que reflejaba su nerviosismo.

-¿Adónde te llevará?

– A ver las estrellas

-Vaya, que sugerente.

-No es lo que te imaginas. – la regañó Defne, aunque internamente sabía bien que estaba mintiendo. –  Vamos literalmente a ver las estrellas.

-Está bien. Está bien, te creo. – responde Nihan riendo.

El timbre de la puerta sonó, e inmediatamente Defne tomó su bolso, su chaqueta, y abrió la puerta.

-Nos vemos. – le dijo a Nihan, cerrando la puerta detrás de ella.

-Hola. – la saluda Omer. – te ves… hermosa.

-Gracias. – responde casi sin aliento. – Tú igual estás guapo.

-Nos vamos. El auto nos espera.

-¿Adónde iremos? – le pregunta ella, al ver que una gran, van negra, los esperaba.

-Iremos a un lugar casi perdido en las montañas, donde hay oscuridad absoluta y donde solo escucharás el canto de los grillos.

-¿Cómo? – preguntó ella asustada.

-Tranquila, es un recorrido turístico. Solo que esta vez solo seremos nosotros, y obviamente el chofer de la van. Espero que no tengas miedo.

-No. ¿Por qué tendría miedo? – respondió muy segura ella.

Después de, por lo menos, una hora en el vehículo, este se detuvo. Omer bajó de la van, y luego la ayudó a bajar

-Los espera una fogata, una copa de pisco sour casero, y uno de los cielos estrellados más limpios que verán nunca. – les informó el chofer de la van, antes de subir de vuelta al vehículo, y alejarse del lugar.

Y eso fue exactamente lo que vio Defne. Una fogata, que también servía para dar un poco de iluminación a la oscura noche.

-Nos sentamos. – le ofreció Omer.

-Me alegro de no haber elegido un vestido. – dijo ella.

A continuación, ambos se acomodaron sobre la manta que estaba extendida en el suelo cerca de la fogata. Omer sirvió champán en dos copas, y una se la pasó a ella.

-Por nuestra primera cita. – dijo.

-Por nuestra primera cita. – repitió ella, luego ambos le dieron un sorbo al líquido transparente. Para finalmente dejar la copa sobre la bandeja.

Defne se recostó en la manta.

-Esto es increíble, y maravilloso. – exclama Defne mirando el cielo estrellado.

-Opino lo mismo. – respondió Omer.

-Nunca pensé que podría mirar algo tan tranquilo, y hermoso.

-Lo sé. – le dijo él.

Defne quitó la vista del cielo, y la volvió hacia él. En lugar de mirar las estrellas, el hombre la miraba a ella.

-Yo hablo de las estrellas. – le dice.

-Yo también hablo de estrellas, pero de las que iluminan tu rostro.

-Oh, que romántico eres. – exclamó ella con satisfacción.

-¿Nadie se molestará al saber que estás a sola con un hombre en este lugar tan apartado?

–No te parece un poco tarde para pensar en eso. Si quieres saber si estoy comprometida con otro hombre, solo tienes que preguntar.

–¿Estás saliendo con algún hombre, Marta?

–Sí.

-¿Quién?

-Aun no sé su nombre

-¿Cómo?

 –Lo único que sé de él, es que quiere crear su propio vino, y que besa muy bien.

–¿En serio? – dijo Omer aliviado. –. Debes hablarme más de ese tipo.

–Si supiera más de él, te lo diría.

-¿Qué te gustaría saber?

-Quisiera saber si está consiente de cuanto nos gustamos. Y de la verdadera razón por la que estamos en este lugar bajo las estrellas, solos.

–Yo sé cuánto me gustas –dijo él. –Está claro que hay chispa entre nosotros, y siento curiosidad por saber qué pasaría si la alimentáramos.

Después de mirarlo intensamente, analizando sus palabras, ella tiró de él, y lo besó.

Omer solo tuvo un instante para darse cuenta de lo que estaba sucediendo. En cuanto la mujer presionó los labios contra los suyos, sintió que su cuerpo se incendiaba. Tomó el rostro de ella entre las manos, y le hizo inclinar la cabeza hacia un lado. Un pequeño y delicioso gemido escapó de la garganta de ella, a la vez que lo atraía aún más hacia sí. Él, la besó hasta que dejó de pensar, incapaz de detenerse. Un incendiario deseo sustituyó su capacidad de razonar. Era como si ya hubieran hecho aquello muchas veces. Pero estaba besando a una casi desconocida, y eso no estaba bien, no debería estarlo… Pero sentía que estaba muy bien. El corazón le latía con fuerza en el pecho, la sangre le corría ardiente por las venas, a medida que el beso se intensificaba. Finalmente, ella se apartó, y lo miró a los ojos, jadeante.

–Lo siento.

–¿Por qué?

–No debería haber hecho eso –dijo ella.

–Claro que sí.

Ella respiró profundamente, lo que hizo que sus pechos presionaran tentadoramente contra el de él.

–Me gustas, y quizás me haya vuelto loca, pero vine esta noche con intensiones perversas. –dijo ella con total sinceridad. – Es malo lo que siento.

–No, no es malo lo que sientes, yo siento lo mismo. – le respondió con una leve sonrisa.

–Eso está bien. –dijo ella a la vez que le retiraba la mano de la barbilla. Omer la retiró, pero solo para enlazar los dedos con algunos de los rizos sueltos de su pelo.

–Eso está mejor que bien. – reconoció él. –  Me gusta lo que siento cuando se funden nuestros labios.

Defne experimentó un cálido estremecimiento que le alcanzó todas las zonas erógenas.

En el instante en que Omer posó los labios en los suyos, sintió por segunda vez que se convertía en mercurio líquido. Aquel hombre era un maestro, ardiente, impulsivo, y sintió que sus labios se entreabrían por voluntad propia, bajo la divina presión de los suyos. Gimió, y ladeó la cabeza, invitándolo a profundizar el beso.

Omer se sumergió de lleno en ella. Su lengua sabía deliciosamente a champán. Pero Defne necesitaba más, necesitaba saciar la sed que le recorría las venas con aquel hombre tan increíblemente excitante y tan evidentemente excitado.

–Acaríciame –ordenó con voz ronca.

Él apoyó tímidamente su mano sobre uno de sus pechos. Ella estuvo a punto de gruñir de frustración. Sin pensarlo, tomó la otra mano de Omer, y la guio directamente a su trasero.

Omer dejó escapar un leve gruñido al apoyar la mano en una deliciosa nalga.

–Esto es increíblemente sexy.

–No tanto como tu mano en mi trasero mientras aún sigo vestida.

Cuando él deslizó con delicadeza su mano por el interior del pantalón, y se deslizó por la curva de sus nalgas, Defne suplicó.

-No pares… sigue, sigue…

Omer volvió a adueñarse de sus labios casi con voracidad, a la vez que acariciaba la piel desnuda bajo el pantalón. Ella movió instintivamente en círculos la pelvis, rogándole en silencio que continuara.

Hubiera planeado, o no, llegar tan lejos, su cuerpo no se estaba conteniendo. Estaba a punto de deshacerse bajo las caricias de las capaces manos de ese hombre. Pero él la sorprendió apartándose y dejando escapar un profundo suspiro.

–Tengo que confesarte algo. – le dijo

–Estás casado

–No. Soy completamente libre. Pero no… no…

–No te sientes atraído por mí –dijo Defne a pesar de haber sentido contra su vientre la prueba evidente de su excitación.

–¿Cómo puedes pensar eso? Nunca me he sentido más excitado en mi vida. Pero hay un problema, no quiero que pienses que te traje a este lugar para aprovecharme de ti.

Se veía tan atractivo mientras se pasaba una mano por el pelo con evidente frustración… Aquello la conmovió más de lo que habría esperado. Tiró nuevamente de él, y lo besó con dulzura.

-¿Y si fuera yo quien me quiero aprovechar de ti?

–¿Qué? –preguntó él, sorprendido.

–Ya no estamos en la Edad Media. La mujer también puede tomar la iniciativa. – dijo ella

–Me alegra que el viento nos llevara al mismo sitio –susurró él.

Sin entender bien el significado de aquella frase, ella respondió.

–Yo también me alegro de que el viento nos trajera a este lugar. Te deseo. – termina de decir mirándolo directamente a los ojos.

–Eso está bien, porque estoy a punto de hacerte el amor.

Defne anhelaba que lo hiciera, anhelaba sentirse colmada por aquel hombre tan distinto, quería sentir la conexión de sus cuerpos, de sus mentes. De sus almas.

–Marta –murmuró Omer casi reverencialmente a la vez que le pasaba una mano por el cuello.

Bajó la vista a su boca, y ella contuvo la respiración. Él le llevó una mano a la barbilla y le levantó la cara, para mirarla. —¿Qué…?

—Podrías volver loco a un hombre con la manera en la que me miras en este momento.

Omer lo sabía. Sabía que estaba viendo en los ojos de ella las mismas emociones que sin duda estaba viendo en los suyos. Había una comunicación no verbal, pero muy real entre ellos.  Se le aceleró el pulso, y su corazón volvió a latir con fuerza. Aquellas sensaciones nuevas lo dejaban atónito.

Ella gimió, y pasó los brazos alrededor de su cuello. Omer la besó con dulzura, inhalando su aroma, probándola, fascinado por las extrañas sensaciones que asaltaban su corazón y su cabeza. Y no se detuvo allí. Llevado por el deseo, el beso se hizo más apasionado. Ella entreabrió la boca de forma instintiva y se dejó llevar. Sus senos se apretaban contra el pecho de él, duro y cálido.

-Me encantan tus besos, y como me acaricias. – dijo ella tras un suspiro de satisfacción.

-¿Siempre dices lo que piensas?

-No lo sé.

-¿Qué estás pensando ahora? —preguntó, a escasos milímetros de su boca.

-Estaba pensando que tienes los ojos más negros que he visto en mi vida, y que mi corazón no podría latir más deprisa. Ah, y que quiero que me beses.

Sonriendo, Omer obedeció, ella dejó escapar un gemido que lo excitó aún más, Deseaba poseerla.

En silencio, e iluminados solo por la fogata, ambos se deshicieron de sus ropas. Cuando ella se quitó el brasier, él quedó sin respiración durante unos segundos. No había visto nunca una piel tan delicada y pálida. Sus pezones eran de color rosado, y estaban duros.  Luego la acomodó a él, sobre la manta.  En contraste con tanta belleza, la manta resultaba insultante.

Omer se inclinó, y empezó a besarla. Mordió el lóbulo de sus orejas, y regresó después a su boca. Esta vez, la besó con mayor apasionamiento que nunca. Impaciente, ella apretó las manos contra él.

-Tócame. – le ordenó

Omer obedeció.

-¿Siempre es tan maravilloso que te toquen?

-Solo cuando es la persona indicada. – respondió él.

-No lo sabía.

Omer pasó los dedos por su cabello, y se colocó sobre ella. Al ver que se estremecía, preguntó:

-¿Tienes frío?

-No.

A continuación, su lengua empezó a juguetear con su garganta. Descendió poco a poco hasta llegar a sus senos, y acto seguido, los succionó con delicadeza. Jugaba con ella, excitándola, pero al mismo tiempo su autocontrol desaparecía. Dominado por su deseo, introdujo una mano por entre sus piernas, y la posó allí. Ella gimió y lo besó con pasión.

-¿Sabes adonde nos lleva todo esto? – le preguntó él

-Creo… que sí

Omer le cubrió un seno con la mano libre, y después con la lengua, desatando respuestas de ella, que lo excitaron hasta la locura. Casi con desesperación, él, jugaba con su clítoris, mientras su lengua y boca, atacaban sus senos ya sensibles, y sus pezones duros como piedras.

La pasión recorrió el cuerpo de Defne como una marea, latiendo en sus venas y despertándole todos los nervios. Acarició la piel de Omer, apretando como si quisiera introducirse dentro de él.

Una vez que las caricias no fueron suficiente, él se colocó entre sus muslos. Colocó una mano entre sus cuerpos, y se guio al interior de ella en medio de la oscuridad. Ella estuvo a punto de sentir un ataque de pánico al notar aquella dureza contra su suave piel. Pero la tranquilizó con un beso.

Un escalofrío de placer recorrió el cuerpo de Defne, y la excitación hizo que se sintiera como si lo estuviera absorbiendo. Omer quitó la mano, y se adentró en ella, temblando y quitándole con el pulgar las lágrimas que se le habían formado en los ojos. De forma milagrosa, el cuerpo de Defne se ensanchó hasta darle cabida, y él se movió contra ella, gimiendo de placer.

Se había entregado completamente a él, y por primera vez, Defne disfrutaba de su feminidad.

Se movieron al unísono, ella se arqueaba contra él, emitiendo frenéticos sonidos de placer contra sus labios y su cuello. Una sublime locura se apoderó de Defne, y le rogó que parase, que siguiese, que la llevara consigo. Y lo hizo. Ella se abrazó a él, embriagada con la fuerza, y la belleza de lo que compartían. Con un último estremecimiento compulsivo, se quedaron inmóviles y se recostaron de lado, abrazados. Omer le apartó el pelo de la cara, le besó los ojos, la nariz y la barbilla.

-Te amo. – le dijo él.

-Yo también te amo. – recibió como respuesta.

CONTINUARÁ

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