
CAPITULO 15
Los labios de Omer, recorrieron la línea de su mandíbula con pequeños besos, hasta alcanzar su boca de nuevo, ella le respondió con pasión.
Tuvo que apretar los puños para reprimir el impulso de empujar sus caderas contra las de ella, pero Defne le ahorró la vergüenza de hacerlo, porque se apegó a él, en una invitación muda.
Quería desnudarla para poder adorar su cuerpo, desde la cabeza, hasta los pies, se dijo Omer, mientras una de sus manos se dirigió a la cremallera del maravilloso, pero molesto vestido de novia, que ella llevaba puesto.
-¿Te he dicho que te ves hermosa con este vestido? – le preguntó él
-Creo que unas diez veces. – responde ella con la voz entrecortada.
-Lo repito, pero ahora añado, que quiero verte sin él.
Los ojos de ella descendieron hasta la mano que estaba bajándole lentamente la cremallera que estaba al costado del vestido.
Una vez que se deshizo del molesto vestido, ella lo miró, se humedeció el labio inferior, y empujó las caderas contra la de su marido, y al tocar su sexo, con su pierna, suspiró, y se dijo: Dios, esto será mucho mejor de lo que alguna vez se pudo imaginar.
Como el vestido era muy amplio, le molestaba para lo que deseaba, pegar su torso al de ella, que solo llevaba puesto un brasier. Se agachó, y lo apartó, pero al ir a incorporarse, vio la liga blanca sobre su muslo. La acarició desde las pantorrillas, la parte trasera de los muslos, regocijándose en el suave tacto de su piel, tomó la liga con sus dientes, y la deslizó por su pierna hacia la parte baja. Cuando se deshizo de la liga, volvió a su recorrido. Ella se estremeció, cuando sus manos pasaron sobre la curva de sus nalgas.
Ya de pie frente a ella, y sin dejar de acariciarle las nalgas, volvió a besarla, tentado por el aspecto sensual de sus labios ligeramente hinchados. Su recorrido siguió por la espalda, rozando con lentitud la columna vertebral, haciendo que ella se estremeciera, y suspirara profundamente en el proceso.
No pudiendo soportar el no sentir la piel de Defne en contacto con la suya, se quitó la camisa. Cuando ella comenzó a frotarse contra su torso, creyó que iba a enloquecer al sentir sus senos a través del brasier, consciente de que le faltaba poco para perder el control, la llevó a la cama.
Cuando la tuvo recostada sobre la cama, e inspirando profundamente, recorrió su cuerpo con una mano, y mientras lo hacía, notó que se le secaba la boca de deseo. Levantó la cabeza, y se quedó admirándola. Era perfecta, la perfección personificada, todas sus fantasías hechas realidad.
Nunca había estado con una mujer, porque quería que su primera vez, fuera con una mujer, a la que además de desear, amase, pero ninguna mujer provocó en él, el deseo, ni mucho menos el amor, que sentía por Defne justo en este momento.
-¿Qué haces? -le preguntó ella.
-Mirarte -le dijo – Eres tan hermosa que podría mirarte durante horas, aunque admito que la tentación de tocarte sería difícil de resistir.
Y, tras decir eso, acarició la curva de su cadera.
Inclinándose, la besó suavemente en los labios, una, y otra vez.
-Creo que llegó la hora de que conozcamos más, acerca de lo que es hacer el amor.
Defne subió las manos a sus hombros, y él la besó en el cuello, antes de deslizar una mano por debajo de ella para desabrochar el brasier.
Sin apartar sus ojos de los de él, Defne se bajó los tirantes, se quitó el brasier, y lo arrojó al suelo.
Omer tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no acariciar inmediatamente esos hermosos senos.
-Durante años, pensé, que jamás estaríamos así– le dice ella
-Mmm… ¿Así cómo?
La sonrisa que se había dibujado en los labios de ella se tornó sensual.
-Tú sobre mí, desnudos, acariciándonos, a punto de hacer el amor, como marido, y mujer.
Omer la besó con una ternura infinita, hasta casi dejarla sin aliento. A continuación, comenzó a acariciar su cuerpo deleitándose en su tacto aterciopelado. Quería besar cada centímetro de su piel, ir muy despacio, prestando más atención a esas zonas del cuerpo femenino, que sabía por los libros, que eran erógenas. Comenzó por sus senos, cuando estaba concentrado acariciándolos con las manos, sintió que quería tomarlos en su boca.
Ella se arqueó al tirar él, suavemente de un pezón con los dientes, y más tarde, cuando sus dos senos estaban brillantes por las caricias de su lengua, su respiración se había vuelto agitada.
Las manos de Omer se aventuraron más abajo, y cuando se encontraron con las braguitas, le faltó tiempo para deshacerse de ellas, antes de continuar su expedición por aquel terreno lleno de colinas, y valles.
Defne se arqueó involuntariamente, cuando los largos dedos de Omer se deslizaron sobre su vientre, y cuando su mano bajó por la cadera para ir a descansar sobre la sensible piel del muslo, tan cerca del lugar cálido, y húmedo, de entre sus piernas.
-¿Estoy yendo demasiado rápido?
-¿Rápido? – repitió ella. – No sabría decirte, pero que me gusta, eso si te lo puedo decir.
Él esbozó una sonrisa maliciosa, que estuvo muy cerca de ser una carcajada, pero sabía que no era el momento idóneo para hacer aquello. En cambio, su mano se deslizó hacia la delicada piel de la cara interna de uno de sus muslos, al instante un gemido escapó de los labios de ella.
Sin nada ya que los separase, y con la mano acariciando la cara interna de uno de los muslos de ella, Defne se estremeció, y abrió sus piernas para él.
Con mucho cuidado, Omer colocó una de las piernas en torno a su cintura, y ella siguió su ejemplo con la otra, antes de que él comenzara a imprimir un reguero de besos desde su boca hasta sus senos. La mano de él se deslizó entre sus cuerpos para tocarla del modo más íntimo posible, y ella exhaló un gemido ahogado de placer.
Se aferró a sus hombros, y él comenzó a hacerle el amor con los dedos, acariciándola por dentro. Al oírla gemir de nuevo, Omer dedicó atención a sus senos, redoblando así las ráfagas de calor que estaban sacudiéndola.
Incapaz de articular palabra, ella lo besó, y lo acarició también, pero la respiración se le cortó cuando de pronto los músculos de su vagina comenzaron a estrecharse en torno a los dedos de Omer. De pronto, fue como si en su interior explotaran los más increíbles fuegos de artificio.
Cuando las ondas del placer se fueron disipando segundos después, y recobró la capacidad de pensar, le susurró:
-Omer, eso fue… maravilloso.
-La siguiente vez llegaremos juntos – le prometió él, posicionándose para penetrarla.
-Si soy muy brusco. Si te causo dolor, por favor solo dímelo. – le pide a ella.
Defne le acarició la mejilla con una de sus manos.
-Tú jamás me podrías causar daño, Omer. Pondría mi vida en tus manos, sin temor.
-Defne. Te amo tanto como jamás podrías llegar a imaginarte.
-Lo sé, porque yo te amo de la misma forma. – le responde ella.
Defne le enmarcó el rostro con la mano, sintiendo el áspero roce de su barba sobre la palma, luego bajó la mano hasta posarla en su garganta, sintiendo agitarse los músculos allí. Él capturó su mano, se la llevó a la boca, besándole una a una la punta de los dedos, haciéndola desfallecer de placer.
-¿Estás lista?
-Si. – le dijo junto con un firme movimiento de cabeza.
Sus ojos negros como fuego se posaron en los de ella, y el mensaje que leyó en ellos, le inundó de fuego el vientre.
-Sí, sí… —susurró ella, dándole así su permiso para que la tocara como jamás un hombre lo había hecho antes.
Cerró los ojos, esperando a que él la penetrara, pero en su lugar, sintió nuevamente la boca de Omer sobre su sensible piel. Un gemido gozoso, brotó de su garganta cuando los dientes de Omer se cerraron con suavidad sobre un erecto pezón.
-Defne, mi Defne – repetía él
Aturdida, sentía como él depositaba ardientes, feroces besos sobre su garganta, su rostro, y la firmeza de su excitación sobre su piel. Su propio cuerpo respondía de forma instintiva, recorriendo con sus manos, el cuerpo de su esposo, acariciándolo, conociéndolo.
Omer levantó la cabeza, vio que ella había abierto los ojos, y que lo estaba mirando con ojos brillantes.
-Eres tan hermosa -susurró con voz temblorosa.
-Tú también -dijo ella dulcemente
Cuando se acomodó para comenzar a penetrarla, esta vez, Defne no cerró los ojos, quería ver la expresión en el rostro de su marido, cuando por primera vez sus cuerpos se volvieran uno solo. Omer comenzó con suavidad a penetrarla, pero de igual manera sus sensibles pliegues se estremecieron, siguió buscando el camino hacia el interior de su esposa, pero cuando se topó con la barrera natural de su cuerpo, y antes de convertirla en su mujer, se detuvo.
-Te amo. – le dijo. – Me guardé para ti, porque quise que fuera así. Porque eres la única mujer con la que soñaba hacer el amor.
-Fuiste, eres, y serás el único hombre para mí. No querría a nadie más que tú, para hacer el amor por primera vez. – respondió ella.
Omer se quedó quieto, esperando a que el cuerpo de su esposa – amiga, se acomodara al de él, y al cabo de un instante, y de una sola embestida, se hundió por completo dentro de ella, para luego comenzar a mover las caderas, a un ritmo lento, y suave, que fue encendiendo poco a poco la pasión en el interior de ella.
Defne descubrió, que el dolor inicial, había sido reemplazado por el placer, que se tornaba más apasionado, y ardiente a medida que él le hacía el amor.
Al silenciar con la boca, los gemidos de placer de su esposa, las palabras de amor fueron dichas por medio de caricias, que llenaron sus almas.
Defne era suya… Omer era suyo
Con las emociones potenciadas por aquel pensamiento, ella, respondió con tal fervor a la felicidad desconocida de la posesión, que se olvidó de todo, menos de su esposo- amigo, con el que, por primera vez, conocían el placer de hacer el amor.
Él comenzó a moverse en su interior, como si siempre hubiera estado allí. Ella se entregó a la maravillosa sensación de sentirlo dentro de ella. La realidad ya no existía, sólo aquel momento de maravillosa intimidad entre ellos. Cuando se acercó el orgasmo, gritó, y él se unió a ella en el clímax, arqueándose sobre ella, con el cuerpo tenso. Al final, ambos se dejaron caer sobre la cama, jadeando. Esta vez alcanzaron el cielo juntos.
Luego de unos segundos, donde él, descansó sobre el cuerpo de ella, Omer rodó, y se quedó de espalda en la cama, la estrechó entre sus brazos y Defne se acurrucó contra él, estremecida.
-Te amo, mi hermosa esposa. – dice él.
-Te amo, mi guapo esposo. – respondió ella.
CONTINUARÁ.
