
-¿Qué te parece si nos casamos dentro de tres meses? – le pregunta Omer mientras, sentados en el sofá, la mantenía abrazada. – Para ese entonces yo habré terminado mi carrera.
-¿Tres meses? No crees que te estás apresurando un poco.
-Hemos esperado 3 largos años para casarnos, Defne. ¿Cuánto más debemos esperar?
-Omer, sé realista. Yo estoy estudiando, me quedan aun dos años para finalizar mi carrera.
-Pero el que nos casemos no significa que no puedas seguir estudiando. Una vez que tenga el titulo de mi carrera, tengo un trabajo seguro en la empresa de mi abuelo.
-¿Cómo crees que voy a dejar que me mantengas? – preguntó ella, horrorizada.
-¿Por qué no? Voy a ser tu marido, a nadie le va extrañar que lo haga. Por favor, Defne, hazme feliz, y acepta ser mi esposa este verano.
-¿Me dejas pensarlo?
-Pero. ¿Qué tienes que pensar?
-Omer, por favor…
-Está bien. Solo no me tengas tanto tiempo en ascuas. Ya quiero estar contigo para siempre.
Ella sonríe, se acerca, y le da un beso en los labios, luego se levanta.
-Es tarde, debo irme. ¿Puedes llamar un taxi?
-¿Por qué no te quedas? – dice él, levantándose también del sofá.
-¿Cómo? – le pregunta ella con su rostro reflejando temor. -Omer, no quiero apresurar…
-No. No. – aclara él enseguida. – No quiero que te quedes para lo que tu mente está pensando.
-¿Entonces?
-Mira, es tarde, y estoy seguro de que no cenaste.
Esperó a que respondiera, pero ella solo hizo un movimiento de cabeza, confirmando lo que él, acababa de decir.
-Podemos pedir algo para comer, y vemos una película juntos. – ofreció.
-No vine preparada para quedarme aquí, contigo.
-Eso tiene solución, puedes ponerte algo de mi ropa mientras ponemos tu ropa a lavar.
-Tienes donde lavar ropa. ¿Aquí?
-Tengo todo lo que necesito aquí. Eso incluye tu presencia en este departamento. – le responde caballerosamente.
-Que lindo eres, Omer Iplikci. Esa es una de las razones por las que me enamoré de ti como una tonta.
-Créeme cuando te digo que tu amor es correspondido al cien por ciento.
Ambos se quedaron mirando, mientras con los ojos, se decían todas esas palabras que no pudieron ser dichas por años, palabras llenas de amor.
-¿Quédate, por favor? – dijo finalmente Omer. -Si necesitas algo, podemos pedirlo a la farmacia de la esquina.
-Está bien. – responde ella sonriendo. -Debo reconocer que todos estos años he extrañado nuestras pijamadas.
-No se diga más. Dime que necesitas de la farmacia para hacer el pedido.
-Un cepillo de dientes, es lo único que necesito.
-Tengo cepillos extras. En el baño lo encontrarás, usa el que gustes.
-¿Puedo tomar una ducha?
-Claro que sí, y mientras lo haces, pediré la comida. ¿Te parece?
Omer la llevó hasta el baño, le enseñó donde encontrar todo lo que pudiera necesitar, luego la dejó sola, para que ella se duchara tranquilamente. Cuando Defne salió de la ducha, encontró sobre la cama la ropa que Omer seleccionó para ella, por lo que se vistió, mientras escuchaba a Omer silbar una canción en la sala.
-¿Dónde puedo lavar mi ropa? – le preguntó, una vez que llegó donde estaba él.
Para su sorpresa, Omer había acomodado la comida en la mesa de centro, acercando el sofá para quedar frente al televisor.
-Dámela, yo puedo… – comienza a decirle él, pero lo interrumpió.
-Prefiero hacerlo yo, solo dime donde encuentro la lavadora.
Él sonrió al ver como ella se había sonrojado.
-Te ves muy hermosa cuando te sonrojas.
-Omer. – dice ella con voz suplicante.
-Está bien, está bien. – le dijo él, riendo.
Luego la llevó a la habitación que estaba al final del pasillo.
-Allí encontrarás la lavadora.
-Gracias. – dice ella.
-Te espero para comer.
-No me tardo.
Una vez que se sentaron a comer, y la película comenzó, volvieron a ser los adolescentes de hace siete años. A medida que la risa se los permitía, tomaban bocados de comida. En más de una ocasión, Defne le dio de su comida a Omer, llevándola directamente a su boca, y él, hizo lo mismo, tal como acostumbraban de adolescentes.
-Creí que nunca volvería a estar así contigo. – dijo Omer una vez que la película, y la comida se hubieran acabado.
-¿Por qué no me invitaste a salir después de aquella conversación?
-No quería presionarte. – dice él con simpleza.
-Gracias. Muchas gracias. – responde ella.
-Nada de gracias, tienes mucho porque compensarme. Esta noche, por ejemplo, me hiciste vivir un infierno al saber que aceptaste la invitación de ese estúpido.
-Solo acepté para poder decirle que no volvería a salir con él nuevamente.
-Pero eso, yo no lo sabía. – le reclamó él
-¿Cómo puedo compensarte por todo lo sucedido?
-Cuando nos casemos me compensarás todo? Es una promesa.
-Me das miedo cuando hablas así.
-Te he esperado tanto tiempo Defne.
-Yo también he esperado por ti. – le recuerda ella.
-Lo sé, amor, pero ahora ya estamos juntos, y nadie nos volverá a separar.
-Nunca más- dijo ella con mucha seguridad.
-Me gustaría llevarte a conocer a mis tíos. Ocuparon el lugar de mis padres luego de que ellos fallecieran.
-Lamento no haber podido estar contigo cuando aquello ocurrió.
-Mi madre te quería mucho. Me dijo muchas veces que debía buscarte, y esperarte, porque un amor como el nuestro es para siempre, que la distancia no lo podría matar. Que nuestros corazones, como el de ella, y el de mi padre, estaban unidos por un hilo rojo, y ese hilo, nunca se rompe.
-Tenía toda la razón. – reconoció ella. -Ni la distancia, ni los malos entendidos, ni las malas decisiones pudieron impedir que nos reconectáramos, y siguiéramos amándonos.
-Te amo tanto Defne. – le dice él, con la voz llena de emoción.
-Y yo te amo a ti de la misma manera. – responde ella.
Luego de aquella confesión, e incapaz de encontrar las palabras adecuadas para expresarle cuanto la amaba, y la necesitaba, Omer se inclinó hasta rozar los sensuales labios de Defne con los suyos. No fue más que un fugaz instante, pero el contacto fue pura dinamita. Pese a la sorpresa inicial, Defne no se apartó. Se quedó completamente quieta, el dulce rostro vuelto hacia arriba, en posición de ser besado. Y por un instante, el planeta entero se detuvo. Incapaz de resistirse, Omer nuevamente la besó. Sintió el estremecimiento del delgado cuerpo, y el temblor de los labios bajo los suyos, seguido de la llamarada de la respuesta que prendió en esos dulces labios. La atrajo hacia sí con fuerza, ansioso por sentir sus pechos contra el cuerpo, ansioso por tenerla.
Animándola a que separara los labios, hundió la lengua en su boca. Acariciar la boca de ella con la lengua se convirtió en un tormento. Se besaron, se devoraron. Por un momento, el tiempo pareció detenerse.
De los labios de Defne escapó un pequeño, y gutural gemido. El beso se hizo más intenso y ella respondió, abrazándose a él, y devolviéndole toda la pasión que un hombre podría soñar, recibir de una mujer. De inmediato se pegó a su cuerpo, desmoronándose sobre él. Cuanto más cómoda la sentía en sus brazos, más sentía que perdía el autocontrol. Como un torrente de lava, la sangre ardiente lo endurecía hasta límites insoportables.
Con el torso masculino apretado contra ella, Defne luchaba entre el deseo, y el pánico… hasta que el deseo ganó. Había muchas dudas en su cerebro, pero no les hizo caso. En aquel momento, lo único que importaba era aquel beso intenso, hambriento. Un beso que era todo lo que ella había soñado, todo lo que había echado de menos durante aquellas semanas.
Omer sostenía su delgado cuerpo entre sus brazos, mientras tomaba su boca como si fuera un banquete. Se daba un festín con sus labios, con su lengua, hasta que los dos estuvieron sin aliento.
En su enloquecida mente surgió la idea de tomarla allí mismo. Sin embargo, aún le quedaba un mínimo de cordura y se contuvo. Defne debía haberlo comprendido también, pues su cuerpo se tensó, interrumpió el beso, y lo apartó.
–¿Tomamos un café? –fue lo único que consiguió decir Omer
-Creo que mejor me voy a la cama. – le dijo ella
Omer enarcó una ceja, y ella enrojeció por completo al entender el significado que él le dio a sus palabras.
-No… quise… no…
-Tranquila amor, ve a dormir a la cama, yo me quedaré aquí en el sofá. Duerme bien cariño. -le dice él dándole un suave beso en los labios.
-Buenas noches. – responde ella. – Duerme bien igual tú.
Cuando estuvo acostada en la cama que era de Omer, y aun con el corazón acelerado por la experiencia vivida en brazos de su amor, Defne llegó a la loca conclusión de que, tres meses, era más que suficiente tiempo para su boda. Porque si Omer la seguía besando así, no podría soportar mucho más tiempo.
-Buenos días cariño. – escucha que le dicen, mientras sentía como si las alas de una mariposa le rosaran la mejilla.
-Buenos días dormilona. Ya tengo listo el desayuno.
-Mmmm. Solo unos minutos más. – responde finalmente.
-Tenemos que ir donde mis tíos. – insiste Omer.
Inmediatamente escuchado aquello, Defne se sienta en la cama.
-¿Cómo? ¿Qué? – luego mira fijamente a Omer. – ¿Entonces lo que sucedió no fue un sueño? – le pregunta sorprendida.
-¿Cuál parte? – le pregunta él, divertido.
-Todo.
-No, no fue un sueño. – luego de decir aquello se acercó para besarla en la boca.
-No. No me he lavado los dientes. – le dice ella tapándose la boca con una mano.
Omer le apartó la mano, la atrajo hacia él, y la besó profundamente, saboreando hasta el último rincón de su boca.
-Sabes a gloria. – le dijo cuando dejó de besarla.
Luego, como si no hubiera sucedido nada, añade.
-Tu ropa está lista, si quieres te duchas para que luego desayunemos juntos.
Ella solo pudo mover la cabeza afirmativamente.
En aquel justo momento el timbre comenzó a sonar.
-¿Quién será tan temprano? – se preguntó Omer en voz alta.
-Esperas a alguien.
– No, a nadie, pero no te preocupes, quien sea, le diré que se vaya, porque quiero pasar todo este día en compañía de mi amor.
Omer salió de la habitación, e inmediatamente Defne se levantó de la cama con la intención de ir rápidamente a bañarse, pero al escuchar la misma voz del día anterior en el baño del cine, en silencio se acercó a la puerta, y la entreabrió para escuchar lo que tenía que decir aquella mujer.
-Necesitamos hablar. – la escucha decir. – Tengo algo que mostrarte.
-No tengo tiempo para esto. – la voz de Omer se escuchaba frustrada. – Además, ¿Nadie te enseñó que estas no son horas para visitar a alguien?
-No vengo a visitarte. Vengo a que abras los ojos. Quiero que veas lo que la pelirroja hace mientras tú no estás con ella.
Al escuchar esas palabras, Defne abrió la puerta por completo, salió de la habitación, y se dirigió hasta la sala donde estaba Omer, y la mujer, a la que ahora ya le podía poner un rostro.
Fue un poema ver el cambio de expresión en el rostro de la mujer, a medida que ella iba acercándose a Omer, para finalmente abrazarlo por la cintura.
-Es temprano para visitar el departamento de un hombre, sobre todo, cuando este está comprometido. – dijo Defne.
-¿Comprometido? – preguntó la mujer, evidentemente choqueada con la noticia. – ¿Cómo que comprometido?
-Si. – le responde Omer. – Defne y yo estamos comprometidos.
-Nos casamos en tres meses. – añadió Defne.
-¿Tres meses? – pregunta Omer con una amplia sonrisa.
-Si. Tres meses. – le confirma ella.
CONTINUARÁ
