EL ROJO HILO DEL DESTINO CAPITULO 11

Omer cumplió su palabra, e hizo, como si ella nunca le hubiera dicho que lo amaba, por lo que las cosas volvieron a lo que Defne consideraba: la normalidad. Ella seguía teniendo el control de la situación, la pelota estaba nuevamente en su lado de la cancha. Seguía de vez en cuando aceptando las invitaciones de su compañero, ya fuere, a cenar, o el cine. Los momentos que compartían lo disfrutaba, pero cuando él intentaba llevar la relación a algo más allá, ella inventaba una excusa para evitarlo.

Y Omer… Omer seguía estando allí, cerca, pero no hostigándola.

-Viste a la pelirroja. – escuchó decir.

Aquella noche había venido al cine con su compañero. La invitó a ver una película de estreno, y ella aceptó con la idea de poder conversar con él, y terminar todo lo que existía entre ellos.

Lo había pensado la noche anterior, no veía motivos para continuar saliendo con él, si su corazón se lo había entregado a Omer, hacía mucho tiempo.

Lamentablemente, no había lugar en su vida para nadie más que Omer. Aun cuando lo intentó, no logró sentir nada por ese hombre.

Una vez que salieron del cine, y antes de ir a cenar, Defne se excusó, y se vino a encerrar al baño, para pensar en la mejor manera de terminar con su compañero. En eso estaba, encerrada en el cubículo, cuando escuchó a las mujeres hablar de una pelirroja. Y aunque sería ingenua al creer que era la única pelirroja de Estambul, se quedó en silencio para escuchar lo que las mujeres dirían a continuación.

-¿Le tomaste fotos?

-Por supuesto. A eso vinimos. Mañana mismo se las voy a mostrar a Omer, para que, de una vez por todas, entienda que esa mujer está jugando con él.

¿Omer? ¿Pelirroja? Era claro quiénes eran los protagonistas de esa conversación.

-Pobre mi morocho. – seguía diciendo una de las mujeres, de quienes solo podía escuchar su voz, porque no podía verles las caras. – Parece un cachorrito a la siga de esa estúpida.

-Eso es cierto. – decía la otra voz. – Nada que ver con el Omer Iplikci de hace unos meses. Era tan macho. Tan hombre. Y míralo ahora, yendo detrás de una mujer, que ni siquiera le puede ser fiel.

-En cambio yo. – la interrumpió la primera mujer. – Yo le seré fiel. ¿Cómo podría tener ojos para otro Hombre, si él es perfecto?

-¿Sabrá que todos sus amigos lo llaman cachorrito?

-Lo sabe. Yo misma se lo dije cuando fui a su habitación, después de que me rechazara

-¿Qué pasó con ustedes? Yo creí que estabas a un paso de conseguir ser su primera novia en la universidad.

-Me faltó tiempo, pero es que desde que llegó la pelirroja, perdió todo el interés en mí.

-No veo porque le pasó eso. Tú eres mucho más hermosa que esa mujer.

-Lo sé. – afirmó muy confiada. – Pero ya verás, una vez que le muestre las fotos, se arrepentirá de haberme rechazado.

-Y si te lo pide. ¿Irás al baile con él?

-Por supuesto que sí, y si no me lo pide, lo haré yo, y esa noche no se me escapará. Esa noche haré que se olvide de todas las demás mujeres, incluida esa pelirroja, y será mi cachorrito personal. Eso es una promesa.

Luego de esa conversación, las mujeres salieron del baño riendo.

-¿Cachorrito? – repitió Defne cuando salió del cubículo, mientras se miraba en el espejo.

Tuvo ganas de llorar al imaginar todo lo que Omer estaba viviendo por su culpa.

-¿Cachorrito? ¿Cómo se atrevían a llamarlo con ese nombre?

Se atrevían porque de esa forma lo veían. Siempre cerca de ella. Siempre acudía cuando ella lo necesitaba. Y mientras tanto ella se dejaba ver con su compañero prácticamente todas las semanas.

-¿Qué he estado haciendo? – se preguntó. – ¿Cómo pude permitir que el hombre que digo amar, pase por todas esas humillaciones, mientras yo me siento orgullosa de no haber reconocido mis sentimientos frente a él? ¿Qué clase de amiga soy?

Salió del baño, y afuera de este la esperaba su compañero.

-Tenemos que hablar. – le dijo sin rodeos.

-Claro. Lo hacemos mientras cenamos.

-No. – lo cortó de inmediato. – Esto no puede esperar. Lo siento, pero lo que hay entre nosotros no puede seguir.

-¿A qué te refieres? – la miró confundido.

-Yo amo a otro hombre. Y no es justo lo que he hecho contigo, y tampoco con él.

-¿Me has estado engañando?

-No en el sentido clásico? -le respondió ella. – Intenté sentir amor por ti, pero no pude, y ya no quiero hacerte seguir perdiendo el tiempo. Por favor perdóname.

-¿Estás loca? Por supuesto que no te perdono. Crees que puedes jugar con los sentimientos de las personas, y luego decir lo siento, y todo se soluciona. Hazme un favor, y no vuelvas a dirigirme la palabra, tampoco me mires si nos vemos alguna vez.

Finalmente, molesto, como era de esperarse, el hombre la dejó de pie, sola en medio del pasillo, a vista de todas las personas.

Su primer instinto luego de haber salido del shock fue tomar su teléfono, y llamar a Omer para pedirle una explicación de, porque no le había dicho nada de lo que estaba sucediendo, pero enseguida se dijo que esa conversación debía hacerse en persona. Así que salió a la calle, y como su compañero era quien la trajo hasta el lugar, no tuvo más remedio que pedir un taxi para ir hasta el edificio donde estaba el dormitorio de Omer.

-¿Podemos vernos? – le envió un mensaje.

-¿Ahora mismo? – recibió como respuesta unos segundos después.

-Si. Por favor.

-Bien. Voy para allá.

-No. Voy de camino. ¿Puedes esperarme afuera del edificio? Por favor

-Está bien. ¿Sucedió algo? – le preguntó

-Si. Pero lo conversamos cuando llegue.

-Como gustes.

Luego de aquello apagó su teléfono. Nerviosa, miró por la ventana hacia afuera a las personas que caminaban por la calle.

Unos minutos después, el taxi se detenía a las afueras del edificio, donde Omer ya la estaba esperando. Antes de que ella se bajara del auto, él le pagó al chofer, y dándole las gracias, le abrió la puerta, ayudándola a salir del auto.

-¿Qué sucedió, me tienes asustado?

-¿Hay algún lugar donde podamos conversar solos? – le preguntó ella.

-En mi habitación, si no te incomoda.

-No. Por supuesto que no me incomoda.

Las miradas que recibían ambos, ahora tenían otro significado para Defne. Se preguntaba cuántos de esos hombres llamarían a Omer por su apodo: “Cachorrito” y cuántos de ellos se estarían burlando de él, en este preciso momento. Sintió el impulso de golpearlos a todos, y decirles que dejaran de molestarlo, tal como lo había hecho años atrás, cuando tuvo que defenderlo, pero como bien le dijo Omer, ya no eran niños, ni siquiera adolescentes.

-¿Por qué no me lo dijiste? – fue lo que preguntó una vez que él cerró la puerta de la habitación.

-¿Qué cosa? – dijo él sin entender.

-Porque no me dijiste que te llamaban cachorrito, y todo por mi culpa.

-Ah, eso. Es una tontera, no es importante.

-¿Cómo que no es importante? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué no me lo contaste? Creí que éramos amigos.

-¿Cómo te lo iba a decir Defne? Sabes que mis amigos, y algunos que no lo son, me llaman cachorrito, porque dicen que eso parezco por andar siempre detrás de ti.

-Tenías que habérmelo dicho. Debías habérmelo dicho. Así yo me hubiera dado cuenta antes, de lo estúpida que he sido todo este tiempo. – gritó ella al borde de las lágrimas.

Luego se dejó caer sobre el sillón que estaba cerca de ella, y comenzó a llorar.

-No te pongas así, no es nada tan terrible. A todos nos han puesto sobrenombre en algún momento de nuestras vidas. – le dijo él intentando tranquilizarla, sentándose a su lado.

-Soy una horrible persona. Mi abuela estaría muy desilusionada de mí.

-No digas eso.

-¿Por qué no, si es la verdad?

-¿Cómo te enteraste? – le preguntó Omer

-Escuché a unas mujeres mientras estaba en el baño del cine.

-¿En el cine? ¿Fuiste al cine con ese hombre? – preguntó levantándose del sillón.

-Si. Fui con él, pero solo porque había tomado la decisión de terminar todo entre nosotros, aunque en realidad nunca hubo un nosotros.

-¿Terminaste con él?

-Si, lo hice. No es justo pretender que puede haber algo más entre nosotros, cuando aún te sigo amando. – dice ella.

Omer, quien se había levantado del sillón, incómodo por lo que ella había dicho, se volvió a sentar a su lado.

-¿Esta vez debo fingir que no me dijiste que me amas?

-No, no tienes que fingir. Te amo, fui una tonta al perder el tiempo, y me siento más estúpida aun, por no haberme dado cuenta de todo lo que estabas pasando por mi culpa.

-Todo lo que haya vivido, valió la pena solo por tenerte aquí, y escucharte decir que me amas.

-Te amo, Omer, nunca dejé de amarte.

-Yo también te amo, mi vida. Siempre te he amado, y siempre te amaré.

-¿Lo prometes?

-Sé que tienes motivos para no creer en mis promesas, pero te lo prometo.

-Olvídate de todo lo que sucedió en estos años. Hagamos de cuenta que nos hemos reencontrado hoy. – dice ella.

-Tienes razón. -dice él. – Espera.

Omer se levanta del sillón, y se va hacia el lugar que ocupaba su cama, abre el cajón de la mesa de noche, saca algo de dentro, y vuelve donde ella.

-¿Recuerdas que dijimos que cuando nos reuniéramos, nos casaríamos, y haríamos realidad nuestros sueños?

-Si, lo recuerdo. – emocionada, sabiendo bien lo que sucedería después, ella se lleva la mano a la boca, intentando controlar las lágrimas, que se transformaron en lagrimas de felicidad.

Omer se arrodilló, y frente a ella abrió una pequeña caja, la que en su interior mantenía un hermoso anillo.

-Defne Topal, mi novia – amiga. ¿Me harías el favor de convertirte en mi esposa – amiga?

Entre lágrimas, y risas, ella responde.

-Nada me haría más feliz en este mundo.

CONTINUARÁ

Deja un comentario