
CAPITULO 15
¿Qué estás haciendo? Se preguntó nuevamente. ¿Cuántas veces se había hecho esa misma pregunta? Innumerables veces.
Desde la noche que Omer le había dado la noticia de su divorcio, parecía que sus facultades mentales no estaban en su mejor nivel. Aquella noche no durmió, intentando entender sus emociones. ¿Por qué no lloraba? ¿Por qué no reía? Simplemente porque todo fue como si le hubieran acertado un golpe directamente al centro de su corazón, la dejaron sin sentimientos, y actuando solo por inercia. Ya cerca del amanecer se rindió a su destino, levantándose de la cama, se puso a preparar sus maletas.
A la mañana siguiente, esperó a que Omer se fuera a la oficina, para salir de su habitación. Bajó una a una, las maletas, y luego pidió un taxi. Afortunadamente la noche anterior Omer le dio la dirección del departamento que le arrendó, y ella le recibió las llaves, con el compromiso que le iba a devolver el dinero de los meses que él había pagado por adelantado, luego se excusó, solo para encerrarse en su habitación para estar sola, y digerir la noticia de su inminente divorcio.
De eso ya habían pasado 15 días, y cada uno de esos días, se sintió como si todo lo que tenía, incluida su libertad, no significaran nada, al lado de la soledad que la había consumido.
Y aquí estaba, sentada con su abogado al lado, esperando a que el juez llegara, y le dijera que a contar de hoy era una mujer libre. ¿Y libre para qué? Se preguntó. ¿Cómo podía ser libre, si su corazón se lo había llevado el hombre que estaba sentado al otro extremo de la sala?
¿Qué haría luego de que se divorciara? Nada. ¿Qué iba a hacer? Hacia mucho tiempo que entendía que el amor que sentía por Omer no se extinguiría de su alma nunca jamás.
¿Y entonces que estás haciendo? Se volvió a preguntar. Tu esposo te ama, tú lo amas. ¿Por qué te vas a divorciar de él?
Si es así, ¿Por qué se rindió tan fácilmente? ¿Por qué me dejó ir de esa manera?
Se rindió, porque tú no fuiste capaz de perdonarlo por algo que ni siquiera recuerda haber hecho. ¿Por qué no eres tú capaz de perdonarlo? ¿De verdad no puedes perdonarlo?
El aire del tribunal estaba lleno de tensión, y todo estaba tan silencioso, que hasta le pareció que podía escuchar la conversación que mantenía en su cabeza, consigo misma.
Miró a su marido, y lo vio tan frágil, tan tenso, lo podía notar en la expresión de su rostro, y en la postura de su cuerpo. Él pareció adivinar que ella lo observaba, porque levantó la cabeza, y cuando sus ojos se encontraron, pudo ver reflejado, un dolor tan intenso, que sintió que su corazón se fragmentaba, incluso más que en el momento que recibió los papeles del divorcio.
¿Qué estás haciendo? Se preguntó nuevamente.
La batalla interna que libraba era feroz, era una lucha por descubrir que era capaz, y que era lo que realmente importaba en su vida. Sabe que debe dejar el pasado atrás, y todo lo que la llevó a este punto, pero también sabe que necesita encontrar el valor para hacerlo.
Te vas a arrepentir de lo que estás haciendo por el resto de tu vida. Ese hombre te ama, tú lo amas. Haz algo, antes de que te arrepientas. Sacudida por aquellos pensamientos, Defne comienza a sentir, que en su interior se enciende una chispa de determinación. Tal vez haya tiempo de redimirse, de encontrar el perdón, y quizás una nueva oportunidad. Pero primero debía detener lo absurdo de esta situación.
Inmediatamente se levantó, y sin escuchar las palabras de su abogado, se dirigió hasta donde estaba Omer con su propio abogado.
-No me quiero divorciar. – le dice sin mediar palabras.
-¿Cómo? – le pregunta él pareciendo aturdido.
-No me quiero divorciar. – repitió. – he pensado mucho en lo que hice.
Adrede repitió cada palabra que Omer le había dicho mientras estaban en la costanera.
-En lo que te hice a ti, y a nuestro matrimonio. – siguió diciendo ella. – Me equivoqué Omer, dejé que mis dudas, y temores dictaran mis actos. No podemos cambiar el pasado, ambos nos lastimamos mutuamente, pero quiero creer que podemos ser capaces de perdonarnos, y luchar por nuestro amor…Si realmente lo deseas. – termina de decir no tan segura.
Omer asintió con los ojos brillantes.
-Quiero ser parte de tu vida Defne, porque te amo. Quizás nunca recuerde porque hice las cosas mal durante nuestro matrimonio. Pero si tú estás dispuesta a darme una oportunidad, prometo no hacer algo que pueda volver a lastimarte.
Ambos sabían, que este era el momento del inicio de un nuevo capítulo, en su historia de amor.
-Esta vez lo haremos bien. – aseguró Omer.
-Lo haremos bien. -repitió ella. – ¿Entonces? – le pregunta, ofreciéndole la mano.
Omer le sonríe, y va al encuentro de la mano de su esposa, luego le informa a su abogado.
-Ya no habrá divorcio.
Mientras tanto, Defne mira a su propio abogado, y añade
-Ya no necesitaré de sus servicios.
Y justo en el momento, en el que se abrió la puerta para dejar entrar al juez, ambos se dirigieron a la salida del tribunal, logrando escuchar cuando sus abogados se disculpaban porque sus clientes se habían arrepentido de divorciarse.
Tal como lo dijo Omer, esta vez fue todo distinto, y tanto así, que se tomaron un tiempo para reconquistarse, un tiempo donde se dedicaron a salir juntos, conversar, conocerse.
Con cada día que pasaba, Defne se sentía más segura de haber tomado la decisión correcta, al darle una nueva oportunidad a su matrimonio, a su historia de amor. Porque esta vez, todo fue como siempre lo soñó.
Tres meses después, Defne se miraba en el espejo. Se suponía que éste sería el día más feliz de su vida, pero estaba al borde de las lágrimas.
-No llore. – le pidió la maquilladora haciendo un mohín, y espolvoreando rápidamente un velo de polvos faciales bajo sus ojos. – Arruinará mi trabajo.
Al otro lado de la habitación, su abuela esbozó una fina sonrisa.
-¿Lágrimas de alegría? -preguntó.
-Solo de felicidad. – respondió ella, lo que hizo que la anciana sonriera con placer.
-Te ves radiante hija mía.
-Me siento radiante, abuela. No creí que existiera la felicidad que siento en este momento.
-Me alegra tanto escuchar eso.
Ella suspiró, y bajó el delicado velo de encaje que cubría su rostro.
-Estoy lista. – dijo.
Estaba más que lista para caminar hacia el altar, con su hermoso vestido blanco, y su séquito de damas de honor
Recogió el ramo y salió por la puerta del salón que la catedral había dispuesto para la novia.
Defne siempre había soñado con el día de su boda. Desde niña se imaginaba caminando por el pasillo de la iglesia con un vestido blanco rumbo a su verdadero amor, y finalmente, hoy, ese sueño se hacía realidad. Sabía que Omer era el hombre de su vida, y no podía esperar para comenzar oficialmente esta nueva etapa con él
Cuando llegó junto a su esposo, este le levantó el velo con ternura, y le besó la frente. Como respuesta, recibió de ella una radiante sonrisa, reflejo de la inmensa felicidad de estar a minutos de casarse con el hombre que amaba.
La ceremonia fue hermosa, el ministro se tomó mucho tiempo hablando del amor verdadero, y de las segundas oportunidades, que en la vida solo se les da a algunos afortunados.
Para cuando los declaró marido, y mujer, Omer tomó a su esposa, y le dio un tierno beso, luego le susurró.
-Estoy deseando estar a solas con mi mujer… finalmente.
Ella sonrió, intentando ocultar que deseaba estar a solas tanto como él.
La familia de Omer no escatimó en gastos para la celebración de la boda, por lo que el hotel estaba lleno de invitados, y muchos eran, completos desconocidos para ellos. Los ahora esposos estaban desesperados para que todo terminara lo antes posible, pero lamentablemente para ellos, los invitados estaban disfrutando mucho de la fiesta. Ya a media noche, se disculparon, y dejaron la fiesta con la excusa de que al día siguiente debían viajar muy temprano a su luna de miel, aunque para todos era claro que querían estar solos.
Todos salieron a despedirlos, y los vieron cuando ellos se subieron al auto, y esperaron hasta que se perdieran en la noche oscura.
Omer condujo solo unos minutos, y detuvo el auto afuera de un hotel
-Creí que iríamos a tu casa.
-Cariño, mi casa está muy lejos, y no te miento si te digo que estoy desesperado por hacerte el amor.
Ella lo miró sorprendida por las palabras elegidas por él, luego le sonrió coquetamente, y respondió.
-Ya somos dos.
Entonces él abrió la puerta de su lado del auto, y le entregó las llaves al conserje, la ayudó a bajar, y prácticamente corriendo la llevó hasta el ascensor.
-Tenemos que pedir una habitación. – le recordó ella.
-Ya lo hice. – le dice él, mientras avanzaba el ascensor.
Apenas se hubieron abierto las puertas, él la tomó de la mano, y caminó apresuradamente con ella. Se quedó sin respiración, luego de que Omer cerrara la puerta de la habitación, y la mirara con los ojos impregnados de deseo.
-Te voy a hacer el amor. -es todo lo que le dice.
Ella asiente con la cabeza, cerrando los ojos mientras sus labios rozaban los suyos con tanta sensualidad que sintió que se le aflojaban las piernas. Apoyó las manos en el pecho de su esposo, en busca de equilibrio, dejó escapar un gemido, al sentir, que él exploraba sus labios con la punta de su lengua. El beso se hizo interminable, Omer hundió las manos en su pelo para sujetarla por la cabeza, y besarla más profundamente.
Defne comenzó a jadear, mientras respondía con el mismo ardor a sus besos. Dentro de su boca, la lengua de Omer envolvió la suya en un baile erótico. La sensación del beso hizo que le ardiera la sangre en las venas. Dejó caer la cabeza hacia atrás, a la vez que él deslizaba sus labios por su cuello.
Trató de contener un estremecimiento, mientras él seguía besándola por la clavícula hasta el cuello.
Omer le mordisqueo el hombro, deslizando los dedos debajo del tirante del vestido para bajarlo. Enseguida, ella abrió los ojos al sentir que la tela caía por la curva de sus pechos, dejando al descubierto el sujetador de encaje que llevaba debajo del vestido de novia.
-Cariño. – dice Omer tomándola por la barbilla para que lo mirara a los ojos. Te he extrañado tanto que creí que me iba a volver loco, he esperado este momento hace mucho tiempo.
Nuevamente él inclinó la cabeza hasta que sus labios rozaron los suyos, y tomó su boca con voracidad. La escuchó gemir, siguió besándola, mientras con sus manos seguía recorriendo su cuerpo, deteniéndose en sus preciosos senos.
Comenzó a acariciar los pezones con los pulgares, y al instante se endurecieron bajo el encaje del sujetador. Ella cerró con fuerza los ojos, deleitándose ante aquella
sensación tan erótica. El placer aumentó, cuando él, bajó, y lamió por encima del encaje uno de sus pezones, mientras seguía acariciando el otro con la mano. Una oleada de deseo se extendió por todo su cuerpo, invadiendo su vientre, y entrepierna. Los movimientos de su lengua, sobre sus pezones, le provocaban una sensación tan placentera, que se olvidó de todo, excepto de lo bien que la hacía sentir.
Entonces él cerró los labios sobre un pezón, y lo apretó entre los dientes hasta que comenzó a sentir dolor, y placer a la vez
-Omer… susurró
-Dime. – le dijo él mientras tomaba el otro pezón entre sus dientes
-Umm
Él deslizó las manos por sus caderas sin dejar de succionar su pezón.
-Cariño, vas a acabar conmigo. – murmura Omer apartando la cara de sus senos para mirarla
Se agachó para pasarle el brazo por detrás de las rodillas y tomarla en brazos, caminó con ella hasta donde estaba la cama, allí la dejó en el suelo, e inmediatamente le desabrochó el sujetador con facilidad, y lo dejó caer al suelo. Sintió el aire fresco en la piel mientras el vestido caía por sus caderas hasta el suelo, quedándose quieta, mientras él deslizaba las bragas por sus piernas.
-Eres preciosa, y te deseo tanto que duele. – se sincera él. – Esta será la primera vez que te haga el amor, lo sé, y quizás debería ir lento, pero te necesito tanto…
Mientras hablaba se fue desabrochando los botones de la camisa, descubriendo su torso bronceado, y musculoso, luego la deslizó por los hombros. Ella sentía la misma necesidad que Omer, o quizás más, puesto que recordaba lo que sentía al hacer el amor con él, por ello, bajó las manos hasta el cinturón de su esposo, lo desabrochó, y a continuación tiró de él. Lo siguiente fue la cremallera. Lo hizo rozando su erección mientras la bajaba, y lo escuchó soltar un gemido. Metió las manos por la cintura de sus pantalones, y se los bajó hasta el suelo, tal como lo había hecho él con su vestido, y bragas.
A continuación, la tomó en brazos, y la recostó en la cama. Luego le dio uno de esos besos interminables.
Ella notó su excitación, y restregó las caderas contra él, entregándose con placer a su reacción cuando se inclinó para besarle los pechos. Se estremeció al sentir el contacto de sus labios. y de su lengua cálida y suave, y se apretó contra él, jadeando cuando acarició con los dedos sus pezones erectos.
Él se deslizó más abajo para besarle la piel suave, y satinada de la cintura y el vientre, y dejó escapar un gemido al sentir que, primero sus dedos y luego su lengua, se apoderaban de su femineidad. Deslizaba lentamente su lengua, por los pliegues de su vagina, para finalmente morder con delicadeza su clítoris.
Poseída por un frenesí de deseo, Defne arqueó la espalda. Los labios y la lengua de Omer exigieron una respuesta que ella ofreció con tal abandono que la dejó sin aliento.
Él se impulsaba entre sus piernas abiertas, sumiéndolos a ambos en una oleada de sensaciones que dejó a Defne inerte, cuando los espasmos del placer la sacudieron.
Omer subió las manos por los muslos para acariciarle el contorno de las caderas, y la cintura, luego le tomó los dos pechos y los acarició con ambas manos.
-Omer. -lo apresuró. Deseaba sentirlo dentro.
Él se puso sobre ella, deslizó las manos bajo sus caderas, elevándolas. Ella jadeo, al sentir que la penetraba unos centímetros. Poco a poco, su cuerpo fue aflojándose, dándose de sí, para recibirlo.
Su embestida al penetrarla completamente, le quitó la respiración, y clavó las uñas en las sábanas. Él la tomó con fuerza por las caderas, salió lentamente, y volvió a hundirse en ella.
-Dios Defne, te amo tanto.
Poco a poco Omer fue alimentando su fuego con cada una de las rítmicas embestidas. Con paciencia, él esperó a que ella se adaptara a él para empezar el eterno ritmo que los llevó a ambos hasta el punto más alto del placer. Él, le murmuraba palabras llenas de amor, y esperó a sentir las contracciones en lo más profundo del cuerpo de ella, para dar rienda suelta a su propio deseo.
Ella lo abrazó con sus piernas, de esa manera lo sintió más adentro, entonces perdió el control, solo sentía cada vez que se hundía, y salía de ella. En cada embestida, sus miradas se encontraban, y así, sin dejar de observarla, la llevó al límite.
-Mi amor, no puedo seguir aguantando más. -dijo con unas gotas de sudor en la frente
Ella apretó las piernas alrededor de sus caderas, clavando los ojos en él
-Ahora.
Él volvió a hundirse en ella más rápido, y con más fuerza, hasta que con un estallido de placer la hizo contraer el cuerpo alrededor de él, provocándole una espiral de sensaciones sin fin. Él jadeó, al sentirse aprisionado y se dejó ir.
-Defne- le susurró él –. Me estabas volviendo loco. Lo sabes, ¿verdad? Nunca había deseado a una mujer hasta este punto.
-Eso espero, porque así al menos estamos empatados -murmuró acariciándolo.
Una noche, años después, mientras Omer acariciaba el vientre abultado de su mujer, ella sonrió. En todo este tiempo, se había dado cuenta que no todas las historias de amor son como un cuento de hadas, con un beso apasionado, o un vivieron felices para siempre, en la primera oportunidad. A veces las historias pueden ser agridulces, con valiosas lecciones, y un nuevo comienzo.
En el caso de su historia, el paréntesis que hubo, los hizo trabajar cada día en su amor, juntos se hicieron más fuertes, y más agradecidos de la vida que habían construido. El amor que compartían era profundo, y verdadero, nacido, no de un cuento de hadas, si no de decisiones reales, y momentos imperfectos.
Omer nunca recuperó los recuerdos, del verano en que se conocieron, pero crearon recuerdos de muchos otros veranos, y ahora que ya no serían solo ellos, los recuerdos se tornarían aún más hermosos.
Mientras se quedaba dormida, sintiendo a su hijo moverse en su vientre, Defne sintió la paz que solo experimentaba estando allí, en los brazos de su esposo.
Porque estando allí, sabía que el futuro estaba lleno de promesas, y todas ellas hermosas.
FIN
