EL BESO DEL DESTINO CAPITULO 12 FINAL

CAPITULO 12

Cuando la familia extendida se enteró, que la fecha de la boda se mantenía tal como la tenían planificada, la respuesta fue dispar. Por su parte, la familia de Omer estaba feliz con la noticia, felices por Omer, y también por Defne. En cambio, la familia de ella, tomó la noticia con mucho recelo.

-No creo que deban hacerlo tan pronto. – dijo la abuela. – Después de lo que sucedió, sería aconsejable que se tomen un tiempo para pensar mejor, si deberían casarse…

-Señora Turkan, sé que usted teme que haga sufrir a su nieta. – la interrumpe Omer. –  Y también sé que no le puedo pedir que confié en mí, porque con lo que hice, perdí todo el cariño y respeto que usted me tenía. Solo puedo decir que amo a su nieta, y que recuperaré su confianza, así como la de Iso, cuando vean lo feliz que será Defne a mi lado.

-Nunca he dudado que usted ame a mi nieta. – dijo la mujer mayor. – Pero no puedo dejar de pensar en que usted puede volver a tomar la decisión de abandonarla, y no quiero volver a ver a mi hija como ya la he visto.

-No volverá a suceder. Nunca más permitiré que Defne se aleje de mi vida. Aprendí esa dura lección, y al igual que usted, no quiero volver a ver a mi amor en las condiciones en las que estaba en aquel hospital. Fue culpa mía aquello, lo sé, y me faltará vida para arrepentirme. Sí, le voy a prometer por mi madre, que haré a su hija feliz, y a menos que ella decida apartarse de mi lado, nunca la dejaré.

-Casarse, o, no casarse con usted finalmente es decisión de ella. – dijo la anciana, no convencida con todo lo que él le acababa de decir. – Pero si le voy a decir, que estaré pendiente a que cumpla con la promesa que acaba de hacer.

-Gracias. – dice él.

El amigo de Defne se acercó luego a Omer.

-No confío en ti, como tampoco confío en que hagas feliz a mi amiga. – luego le extiende la mano. – Por favor demuéstrame que estoy equivocado.

Omer acepta la mano, y la aprieta fuertemente con la suya.

-Lo haré. – le promete.

La fecha de la boda se mantuvo como la original, solo cambió el lugar donde se llevaría a cabo, a diferencia de la anterior, donde estaban invitados no solo la familia y amigos, sino además los clientes de la empresa, y amigos de sus tíos, y vecinos del barrio de Defne, los novios decidieron que la ceremonia se llevaría a cabo solo con los más cercanos. Querían una boda íntima, y sencilla, por lo que se llevaría a cabo en la casa de la montaña, de esa manera, sentían que tendrían como testigos, a su hijo, y a la madre de Omer, ya que el bosque de álamos, y el jardín, estaban a poca distancia de dicho lugar.

Llegó el día de la boda, y fue perfecto. El sol brillaba y una suave brisa soplaba entre los árboles, como dando muestras de la aprobación a la ceremonia que se llevaría a cabo en ese lugar.

-Que bien que elegí este vestido. – se dijo Defne, al mirarse en el espejo.

-Te ves hermosa. – le dijo su abuela al entrar a la habitación.

-Maravillosa. – añade la tía de Omer.

-Es el regalo del señor Ulusi. – responde Defne girando para mostrar su vestido. – Me enamoré de él en cuanto lo vi. – añade.

– ¿Estás lista entonces? – pregunta su abuela.

-Si. – confirma ella con mucha seguridad.

-Deseo que seas muy feliz. – la señora Turkan estaba visiblemente emocionada.

-Lo seré abuela. Ya lo soy.

-Me alegro. Entonces te dejamos, porque el novio está nervioso, quiere que la ceremonia comience cuanto antes.

A los pocos minutos que las mujeres dejaron la habitación, unos pequeños golpes en la puerta anunciaron la llegada de Omer.

-Estás maravillosa. – le dice en cuanto la ve.

-Y tú muy guapo.

Mientras ella decía aquello, él se acercó.

-Hoy comienza nuestra vida Defne. Desde hoy, ya no seremos dos, solo uno, y nadie podrá separarnos. Formaremos una familia, nuestra familia.

Él tomó el ramo de la novia, y desde el bolsillo de su chaqueta sacó una rosa blanca.

-Para que nuestro hijo esté junto a nosotros. – le dice, luego besa suavemente los labios, de quien, en unos minutos más, sería su esposa.

Mientras caminaban hacia el altar, ambos se miraban como si no existiera nadie más que ellos en ese lugar. Ambos sentían una sensación de paz. Era el comienzo de su nueva vida juntos, libres de las sombras del pasado.

Cuando llegaron al altar, sus miradas finalmente se dirigieron a aquellos que los acompañaban en aquel maravilloso día.

Cuando volvieron a mirarse de frente con los ojos llenos de amor y promesas, Omer le dijo:

-No puedo creer que hayamos llegado hasta aquí.

Tras las primeras palabras del ministro, ambos se giraron hacia él. El ministro bendijo los anillos. El primero en decir sus votos, fue Omer.

– Estamos aceptando un compromiso muy decisivo para toda nuestra vida. – comenzó diciendo. – Y de solo saber que ello significa permanecer a tu lado el resto de mi existencia, me hace sentir muy dichoso, porque sé que, en esta vida, estabas destinada para mí, así, como yo para ti. Qué bueno que fui al restaurant aquel día. Qué bueno que te robé aquel beso. Qué bueno que me abofetearas. Qué bueno que llegaste a mi vida. Qué bueno que me enamoraste. Qué bueno que me amaste. Qué bueno que me perdonaste. Qué bueno que aceptaras casarte conmigo. Qué bueno que estés aquí hoy. Si alguna de esas cosas no hubiera ocurrido, mi vida no tendría razón de ser. Tú eres mi vida Defne. Tú, y solo tú me haces feliz. En cualquier línea de tiempo, te amaré. Por favor, en cualquier línea de tiempo, ámame. Porque sin tu amor, mi vida no tiene razón de ser. – termina de decir.

Luego fue el turno de Defne:

-Yo decidí amarte, y asumir todas las consecuencias que eso conlleva. – desbordada de la emoción por los votos de Omer comienza a decir ella. – Elegí que fueses la persona que llena mis días de sonrisas. Elegí que fueras la única persona que acariciara mi cabello. Elegí que tu fueras mi locura, y mi cordura. Elegí las idas, y venidas, las despedidas. Elegí arriesgarme, y dejarme caer. Elegí amarte pese a todo, y todos. Elegí ser tu amor. Elegí que seas mi marido, el padre de mis hijos. Te elegí, no porque quisiera hacerlo, lo hice, porque siempre he sabido que estábamos destinados a estar juntos, a amarnos, a formar una familia. Te elegí, aunque no tuve opción, porque me enamoré de ti la primera vez que te vi. – dijo ella.

Sus votos fueron sinceros. Prometieron amarse y apoyarse mutuamente, ser sinceros, y creer siempre en su amor. Mientras intercambiaban los anillos, tanto Omer como Defne, sentían una abrumadora gratitud por esta segunda oportunidad

 -Lo hicimos. – dijo ella con la voz temblorosa por la emoción. – Ya somos marido, y mujer.

-Y me alegro mucho. – respondió él

Después de la ceremonia, celebraron con los amigos más íntimos, y los familiares. La alegría era contagiosa, y todo el mundo podía ver lo profundamente enamorados que estaban. La noche terminó cuando el último de los invitados abandonó la propiedad.

Cuando finalmente se quedaron solos, Omer llevó a su mujer hasta la casa.

-¿Omer? – le preguntó Defne. – ¿sucede algo?

-Estoy un poco ansioso. – fue su respuesta.

-¿Por qué?

-Porque tengo muchos deseos de hacerte el amor, pero no sé si estás aun preparada.

-¿Por eso no querías estar a solas conmigo estas semanas?

-Si. Quiero que sepas que para mí eres lo más importante, y esperaré todo el tiempo que necesites, porque entiendo que…

-Hazme el amor. – le dijo ella interrumpiéndolo

-¿Estás segura?… yo puedo esperar. No quiero que te sientas presionada por ser esta, nuestra noche de bodas.

-¿Cómo puedes pensar que me sentiría presionada al hacer el amor contigo?

-¿De verdad estás segura? – se obligó a preguntarle él.

Cuando ella levantó el rostro, él aceptó aquella muda invitación, y la besó. Al principio fue un beso tierno, pero poco a poco fue convirtiéndose en algo mucho más intenso. Dejándose llevar, comenzó a besarla como había deseado hacerlo, al tiempo que sus manos recorrían su cuerpo como si estuviera redescubriendo cada rincón de su esposa.

Minutos después, ella dejó que su esposo le quitara el vestido, dejándolo en el suelo. Ella quedó de pie frente a él, vestida sólo con una diminuta braguita. Él la observó, sabiendo que existió la posibilidad real, de nunca haber vuelto a ver su piel tan hermosa, con ese brillo tan lleno de vida…

-¿Omer? – le preguntó ella.

Con aquella pregunta se interrumpió su pensamiento.

Con una sonrisa, se acercó a ella, y le besó el cuello, luego el lóbulo de la oreja, para luego volver al cuello. Sus labios abandonaron su cuello, y recorrieron la línea de su mandíbula con pequeños besos, hasta alcanzar su boca de nuevo, y ella le respondió con pasión.

La erección de Omer se apretó contra su blando vientre cuando se arqueó, y él tuvo que apretar los puños para reprimir el impulso de empujar sus caderas contra las de ella, pero Defne se apegó aún más a él, en una invitación muda, para que tomara lo que quisiese, pero lo que él quería, era amar su cuerpo desde la cabeza a los pies.

Detuvo el beso, y se apartó de ella, solo para poner un dedo a cada lado de la braga, y comenzar a deslizarla por los muslos de ella. Cuando llegó a sus pantorrillas, Defne levantó un pie, y luego el otro, y se deshizo de la última prenda de ropa que llevaba puesta. Al ir incorporándose, él, le acarició las pantorrillas, la parte trasera de los muslos, regocijándose en el suave tacto de su piel, y en el modo en que ella se estremecía, sobre todo, cuando sus manos pasaron sobre la curva de sus nalgas.

Ya de pie frente a ella, volvió a besarla, tentado por el aspecto sensual de sus labios ligeramente hinchados, y entreabiertos.

Luego fue su turno, se quitó la chaqueta, luego la camisa, inmediatamente, ella comenzó a frotarse contra su torso desnudo. Sintió que iba a enloquecer al sentir sus senos desnudos. Consciente de que le faltaba poco para perder el control, la llevó a la cama. La depositó con mucha ternura sobre el edredón, para luego despojarse de la ropa, que aún llevaba puesta.

Inspirando profundamente, recorrió el cuerpo de su mujer con la mirada, grabándose en las pupilas cada milímetro de la blanca piel.

-¿Qué haces? -le preguntó ella.

-Mirarte -le dijo – Eres tan hermosa que podría mirarte durante horas.

Y, tras decir eso, la besó suavemente en los labios una, y otra vez.

-Te he extrañado tanto. – le dijo él.

A continuación, la besó hasta casi dejarla sin aliento, y comenzó a acariciar su cuerpo de nuevo, deleitándose en su tacto. Cuando estaba concentrado en sus senos, sintió que no podía más, que las manos ya no eran suficiente, quería tomarlos en su boca.

Llevando a cabo sus pensamientos, él se adueñó de uno de sus senos, ella se arqueó cuando tiró suavemente un pezón con los dientes. Más tarde, cuando sus dos senos estaban brillantes por las caricias de su lengua, y su respiración se había vuelto agitada, las manos de Omer se aventuraron más abajo, para continuar su expedición por aquel terreno lleno de colinas, y valles.

Defne se arqueó involuntariamente cuando los largos dedos de Omer se deslizaron sobre su vientre, y cuando su mano bajó por la cadera para ir a descansar sobre la sensible piel del muslo, tan cerca del lugar cálido y húmedo de entre sus piernas. Sintió deseos de suplicarle que diera el siguiente paso.

Él esbozó una sonrisa maliciosa, adivinando sus pensamientos. Su mano se deslizó hacia la delicada piel de la cara interna de uno de sus muslos. Como había esperado, un gemido escapó de los labios de ella.

Sin nada ya que los separase, y con la mano acariciando la cara interna de uno de los muslos de ella, Defne se estremeció y abrió sus piernas para él.

Con mucho cuidado, Omer colocó una de las piernas en torno a su cintura, y ella siguió su ejemplo con la otra, antes de que él comenzara a imprimir un reguero de besos desde su boca hasta sus senos. La mano de él se deslizó entre sus cuerpos para tocarla del modo más íntimo posible, y ella exhaló un gemido ahogado de placer.

Se aferró a sus hombros, y él comenzó a hacerle el amor con los dedos, acariciándola por dentro. Al oírla gemir de nuevo, Omer dedicó también atención a sus senos, redoblando así las ráfagas de calor que estaban sacudiéndola.

Incapaz de articular palabra, ella lo besó, y lo acarició también, pero la respiración se le cortó cuando de pronto los músculos de su vagina comenzaron a estrecharse en torno a él, y pronto, fue como si en su interior explotaran los más increíbles fuegos de artificio. Llegó el primer orgasmo.

Cuando las ondas del placer se fueron disipando segundos después, y recobró la capacidad de pensar, él fue sacando los dedos de su interior, y posicionándose para penetrarla.

Cuando se introdujo en ella, sus sensibles pliegues se estremecieron, pero rodeándolo con los brazos, y las piernas, le dio la bienvenida.

Luego, se quedó quieto, al cabo de un instante, y de una sola embestida se hundió por completo dentro de ella, para luego comenzar a mover las caderas a un ritmo lento, y suave. Con cada embestida la pasión se iba incrementando, y con ella la velocidad, y rudeza en las acometidas.

Aunque intentó retrasar lo inevitable, con cada golpe que daba al entrar y salir del cuerpo de ella, su placer fue en aumento. Cuando la escuchó gritar su nombre, supo que Defne había llegado a un nuevo orgasmo, por lo que se arqueó y se dejó llevar, perdiendo control sobre el mismo, la embistió, hasta llegar a su propio orgasmo, el que recibió con un gruñido de placer puro.

Luego de unos segundos donde él descansó sobre el cuerpo de ella, rodó, y la estrechó entre sus brazos, Defne se acurrucó contra él, inmensamente feliz.

Al despertar a la mañana siguiente Omer se levantó de la cama silenciosamente, y se dirigió a la ventana. El sol estaba asomándose por entre los árboles. Un nuevo día comenzaba, pero para él no era solo otro día, era el primero que tenía, para comenzar a cumplir todas las promesas que hizo, y que se hizo.

Miró hacia la cama donde aún estaba dormida Defne, su ya esposa, y agradeció a quien le dio la oportunidad, de en otra vida, haberla perdido, para en esta vida haberla recuperado.

¿Cómo podría explicar de manera que fuera creíble lo que vivió en aquellos tres meses?  Si ni siquiera él lograba entender bien lo que le sucedió. Pero sea lo que haya sido, lo agradecía, y se hizo una nueva promesa, cada día que abriera los ojos, desearía que ella estuviera siempre con él. Y así lo hizo, cada día, de cada semana, de cada mes, de cada año, su primer pensamiento al despertar, era desear con todo su corazón que este no fuera el último día de despertar a su lado.

Durante ese tiempo, volvió a ganarse la confianza y el cariño de todos a los que un día defraudó. La felicidad de Defne fue su prioridad, y se vio reflejada en la mirada de ella, lo que hizo que finalmente su abuela, y el mismo Iso, volvieran a tratarlo como parte de la familia.

Una mañana en particular, dos años después de su boda, al abrir los ojos, no encontró a su esposa a su lado en la cama.

-¿Defne? – preguntó con un toque de angustia en su voz.

-Defne. – volvió a repetir al salir de la habitación.

-Aquí. – escucha que le grita ella.

Suspiró aliviado, y se dirigió al lugar de donde provenía la voz.

-Cariño. – le dice al verla. – es muy temprano para que estés fuera de la cama.

-Lo sé, pero ya no podía esperar más.

-¿Sucede algo?

-Si. Si sucede. – responde ella sin poder ocultar su felicidad, logrando que, al verla, como un tonto y sin entender, él sonriera igual que ella.

-¿Me lo vas a contar, o quieres que adivine?

-Te doy una pista. – dice ella pasándole un test de embarazo.

-¿Qué significa esto?

-Tiene dos rayitas. – le dice ella riendo.

-¿Y si tiene dos rayitas significa que…

-Vamos a ser padres. – exclama lanzándose a sus brazos. – estoy embarazada.

-Oh, Dios. – dijo él dejándose caer con ella al suelo. – Creo que me falta el aire.

-¿Omer? ¿Cariño? No me asustes…

-Vamos a ser padres. – repite como si estuviera en un trance. – Vamos a ser padres. ¿Tú serás madre, y yo seré padre?

Ella le confirma con un movimiento de cabeza, una y otra vez.

-Vamos a ser padres. – repite, y ella sigue respondiendo con un movimiento de cabeza. – Oh, Dios, no sé que decir, no sé que hacer, me siento tan feliz que creo que mi mente dejó de funcionar.

-Pues hazla funcionar, porque según mis cálculos seremos padres en aproximadamente siete meses más.

-¿Siete meses? – y ella volvió a confirmar con un movimiento de cabeza.

-Siete meses. – repitió Omer

Siete meses que pasaron volando. El primer llanto de la pequeña Emine Iplikci Topal, se escuchó un domingo de madrugada, y bajo la atenta mirada de su padre, fue puesta en el regazo de su madre para que la pequeña comenzara a alimentarse.

Un par de horas después, Omer sostenía en sus manos a la pequeña mientras le presentaba a toda la familia, para finalmente devolverla a su madre.

Mientras miraba como su hija era alimentada por su madre, su mente fue invadida por un pensamiento. Cuando los deseos responden a un anhelo profundo, pueden hacerse realidad. Pero para eso, hay que atreverse a tenerlos… y a perseguirlos.

Aunque finalmente, es el destino, o el universo, quien decide, si te concede el deseo…

FIN.

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