
CAPITULO 9
Los dos quedaron en un completo silencio, luego de su mutua confesión. El primero en reaccionar fue Omer.
-¿De verdad? ¿Estás segura? – se obligó a preguntarle, luchando contra esa parte salvaje de sí mismo que quería lanzarse sobre ella.
-Sí – respondió.
-Quiero besarte aquí mismo.
-A mí me pasa lo mismo – le dijo ella.
-Entonces… ¿No temes que nos vean juntos?
Como respuesta, ella levantó el rostro, él aceptó aquella muda invitación, y la besó. Al principio fue un beso tierno, pero poco a poco fue convirtiéndose en algo mucho más intenso. Creyó que el corazón iba a salírsele del pecho. Defne gimió, el poco autocontrol que le quedaba se desintegró.
El beso, resultó increíblemente sensual, y Omer se sintió embriagado por él. De pronto se encontró haciendo el beso más profundo, y ella respondía con la intensidad. Sin embargo, para su desgracia, aquel momento mágico duró muy poco. Defne se apartó de él, justo cuando las puertas del ascensor se abrieron.
-Vaya, vaya – les dice el productor y mentor de Defne. – si son la directora, y el actor más comentado en las redes sociales.
-No bromees – le dice ella.
-No es ninguna broma. Sus fotos, y video se esparció como pólvora en la internet.
– ¿Qué haremos al respecto? – pregunta Defne.
-Nada. – fue la respuesta de su mentor.
-¿Cómo que nada? – pregunta un Omer molesto. -Por supuesto que tenemos que hacer algo. Se supone que en este hotel debemos sentirnos seguros. ¿Qué seguridad nos dará saber que en cualquier momento nuestras imágenes serás difundidas en las redes sociales?
-Creo que estas exagerando. – lo reprende el otro hombre.
-Estoy de acuerdo con Omer. – añade Defne. – De hecho, si el hotel no nos da una buena explicación de lo sucedido, y no toma medidas para salvaguardar nuestra privacidad, personalmente yo me iré a otro hotel. Eso significa que tendrán más trabajo, buscándome un hotel en el que me sienta cómoda, y un transporte para cada día de grabación.
-Y yo me uno a Defne.
-¿Quién diría lo contrario? – dice el hombre riendo. – Está bien. Iré a reunirme con el director del hotel, y pediré una explicación, y que la persona responsable de la filtración a sus imágenes.
-Te lo agradezco – le dice Defne.
-En todo caso, por hoy, eviten hacer escenas como las que vi al salir del ascensor. No, mejor aún, tómense el día libre, y aléjense de este lugar.
-¿Y dónde se supone que iremos? – pregunta Defne.
-Búsquense un lugar con más privacidad – le dice su mentor guiñándole un ojo. – Lárguense de aquí, y déjenme todo a mí, ya verán que cuando estén de vuelta, ya sabremos el nombre del responsable.
Cuando se quedaron solos nuevamente, ambos se miraron, y sonrieron.
-Conozco el lugar perfecto donde estaremos en completa privacidad – le dice Omer.
-¿Así? ¿se puede saber cuál es ese lugar?
-Es mejor que sea una sorpresa.
-¿Sorpresa? ¿Eh?
-Exactamente. Ahora, ve a prepararte, te doy media hora. Nos juntamos en el estacionamiento.
-¿Adónde vamos? – le preguntó ella una hora más tarde, cuando vio que iban saliendo de la ciudad.
-Es una sorpresa
-Tú no lo sabes, pero me encantan las sorpresas.
-Entonces mucho mejor. Disfruta del paisaje.
Omer no detuvo el auto hasta llegar a una casa bastante retirada de la ciudad.
-Oh, por Dios, y ¿esta casa tan hermosa? – mientras hablaba, ella se bajó del auto, y miró todo a su alrededor.
-¿Te gusta?
-No se nota.
Él largó una risotada.
-Creo que sí. La casa es de un amigo. Se llama Sinan, es como un hermano para mí. Esta es su casa de veraneo.
-No lo puedo creer, incluso tiene piscina.
Omer la llevaba de la mano al interior de la casa, cuando se encontró de frente con una gran piscina
-Si. – le responde él, sin darle mayor importancia a aquello, él solo tenía interés de llevarla al interior de la casa, y cerrar la puerta detrás de ellos. Cuando finalmente logró su cometido, se giró para mirarla a la cara.
-Gracias – le dice Defne dándole un beso en los labios, sin darle tiempo para que él la tomara y la besara, como quería hacerlo.
-Gracias ¿Por qué? – le pregunta.
-Por traerme a este lugar.
-Sí te digo la verdad, te traje a esta casa, por esto.
Omer se llevó la mano al bolsillo de la chaqueta, y sacó una pequeña cajita de terciopelo. Poniéndola frente a los ojos de ella, la abrió y sacó el anillo más impresionante que Defne había visto en su vida.
– Mi ninfa de cabellos rojos, y piel blanca como la nieve. ¿Quieres hacerme el honor de casarte con este pobre mortal que te ama más que a la vida misma?
Ella sorprendida con lo que estaba sucediendo, se queda muda. Inseguro él añade.
-Puedes tomarte todo el tiempo que necesites. Quiero que estés segura.
– Ay Dios. – exclama ella, despertando de su letargo – Sí, sí quiero casarme contigo. Estoy segura.
Se echó a sus brazos, y lo besó con todas sus fuerzas.
-¿Eso es un sí? – preguntó Omer incrédulo.
-Sí, sí, sí.
-Nunca creí que una palabra tan pequeña me hiciera tan feliz. – dijo él riendo.
-Yo soy la que soy feliz. Nunca pensé que mis sueños se hicieran realidad.
-Pues se hizo realidad, al igual que los míos. Defne Topal, nunca más dejaré que te vayas de mi lado.
Luego de decir aquello, tomó la mano de ella, y deslizó el anillo por su dedo. A continuación, la besó, y ella le respondió igualando su pasión. Cuando encontró su lengua la acarició con su propia lengua.
Los pechos de Defne, se tensaron en anticipación a las caricias que sabía que iban a producirse en cuanto el beso se profundizara. El cuerpo se le encendió y jadeó cuando los dedos de él buscaron los pezones que el fino algodón del vestido no podía contener.
Omer soltó un gemido, y se apartó, manteniéndola abrazada. El beso la dejó sin respiración y también le dejó muy claro cuáles eran las intenciones de Omer al traerla a este apartado lugar.
Tenía los ojos resplandecientes por la pasión y el deseo, cuando la miró.
–Me vuelves loco, mujer – le confesó él. – Te deseo tanto, que me da miedo
-¿Yo te doy miedo?
-Me da miedo la intensidad de mis sentimientos por ti. – responde Omer – Cuando estoy contigo, mi cuerpo me pide a gritos que te toque, que te posea. ¿Tú, me deseas tanto como yo?
Ella no respondió, simplemente levantó las manos, y desabrochó un botón de su camisa, luego otro, y otro, incapaz de resistir la tentación, apretó sus labios contra la piel que iba quedando al desnudo. Él, emitió un gruñido, y ella notó los fuertes latidos de su corazón a través de las yemas de los dedos, que permanecían aún sobre su pecho. Encantada, ella desabrochó otros dos botones, y de pronto se encontró con el cinturón del pantalón. Tragó saliva, tiró para sacar la camisa, y desabrochó el último botón, y comenzó a tocarlo por sobre la tela del bóxer.
-¿Defne?…
Ella se mordió el labio, y levantó el rostro para mirar el de él, había cerrado los ojos, y tenía la mandíbula apretada, en un claro intento por controlar el deseo.
-Esto no es justo. – lo escucha decir con la voz llena de deseo, y ansiedad.
-Si quieres que sea justo, puedes hacerme lo mismo.
-Estás juguetona, ¿acaso me extrañaste?
– ¿Tengo que ser sincera?
-A mí me gustaría que lo fueras siempre.
-Entonces diré que, extrañé tus caricias, y lo que me haces sentir con ellas.
-Mmmm
-Fuiste mi compañero en la ducha.
-¿Pensabas en mi mientras te duchabas? Si sigues diciendo esas cosas, te llevaré de inmediato a la cama para hacerte el amor.
-Entonces hazlo, o, podemos hacerlo aquí mismo…
Mientras hablaba lo empujaba hacia uno de los sillones que estaban en la sala.
-¿De verdad lo dices?
-Si. Me preguntaste si te deseaba tanto como tú, pues si, te deseo… ahora mismo… ¿tiene algo de malo?
A esa altura, ya Defne, se las había ingeniado para abrirle el pantalón, y dejar expuesto su pene erecto mientras lo masajeaba.
Él se sentó y le dijo.
-Ven aquí.
Ella hizo lo que le pidió, y se sentó a horcajadas sobre él.
-La cama tendrá que esperar -le dijo, mientras sus manos se abrían paso por entre su ropa.
Le levantó el vestido dejándola solo con el brasier y las braguitas, luego pasó su lengua húmeda sobre los pezones de ella, hasta sentirlos duros y erectos, luego los liberó de la ropa y comenzó a chuparlos. Mientras tanto, ella comenzaba a moverse sobre su miembro, haciéndolo temblar de placer.
-Lo siento, pero no creo que pueda soportarlo mucho tiempo, necesito estar dentro de ti – le dice él
-Y ¿Qué esperas?
-A que te quites las braguitas – le dice maliciosamente.
-Quítamelas tú.
-Defne… no me hagas esto… Omer se quedó mirando sus pechos, sostenidos por un mínimo sujetador de encaje negro. -Esto… no puedes ser tan hermosa … -carraspeó. Sin embargo, se apresuró a apoderarse de su boca con fuerza.
Ella estaba de lo más emocionada. Sobre todo, cuando sintió las manos recorriendo su columna vertebral enviando aleadas de placer, por todo su cuerpo.
El beso no paraba, no terminaba nunca.
Defne notó que el mundo comenzaba a dar vueltas, y que el cuerpo le temblaba de desesperación. Sintió las manos de Omer deslizándose desde su cuello, a su trasero, y lo oyó gemir de satisfacción. Estaba fuera de control, desesperado. La acariciaba por todas partes. Por fin ella sintió sus dedos en el lugar más íntimo de su cuerpo.
Aquellas caricias eran tan maravillosamente buenas, que no podía dejar de jadear de placer. Se apretó contra su mano, sin parar de besarlo con pasión. Era tal el deseo que Defne ya no pudo esperar más, así que, sin pensar en lo que hacía, dejándose llevar, deslizó una mano en la entrepierna de él hasta que encontró su dura erección. Deslizó la braguita aun lado, dejando libre la entrada a su cuerpo. A continuación, acomodó el miembro de Omer en el lugar exacto para ser penetrada por él.
-Creo que no voy a poder ser delicado -le susurró él al oído con una voz áspera.
Ella aceptó sin saber cómo, y él entró con una sola acometida. Ella gritó con las manos entre su pelo y atrayéndolo hacia sí.
Él la tomó de las caderas, y ella comenzó a moverse por intuición, seduciendo con la lengua a Omer, mientras sus movimientos rítmicos los conducían a ambos, al borde de la locura.
Sus cuerpos se fundidos en uno, empezaron a jadear al unísono, dejando que el ritmo los transportara a otra dimensión. Él, rodeándola con los brazos, no paraba de repetir su nombre, de besarla, y ella de pedirle que siguiera, que no se detuviera.
Con ímpetu, la reclamaba, la arrastraba con él con más intensidad que nunca porque ya sabía lo que los esperaba al final de esa ascensión. Ella, podía notar que el cuerpo iba preparándose para explotar, gritaba con todas sus fuerzas y sin inhibición, Omer sudaba, no quedaba ningún vestigio del caballero refinado, solo había un hombre que se dejaba llevar por la pasión y el deseo. Volaban, como Ícaro hacia el sol. Entonces, se derritió muy lentamente.
Cuando llegaron al clímax, la carne pareció estallar en mil pedazos, quebrada por una tensión desmesurada que ya eran incapaces de soportar. Entre espasmos, ambos se abrazaron. Entonces, se derritieron muy lentamente. Sosteniéndose el uno al otro, para no desmoronarse.
Él no la soltó hasta que el pulso de su erección se calmó, y lo músculos de las paredes vaginales de ella se relajaron.
-Omer… – murmuró con la voz llena de emoción. A continuación, lo besó con ternura, él no contestó inmediatamente. Tenía los ojos cerrados, pero, al final, controló su respiración lo suficiente como para hablar.
-¿Te he hecho daño? He sido bastante brusco.
-¿Omer?
-Dime
-Te amo.
-Yo te amo más – respondió él.
CONTINUARÁ
