CORAZÓN EN HIELO CAPITULO 9

–Dios Santo. –exclamó Defne. – ¿Que voy a hacer para compensarte por lo que me acabas de hacer?

Omer sonrió.

–Solo disfrutar. – recibió como respuesta.

–Pero… – Defne intentó hablar, pero él la acalló besándola apasionadamente.

La sensación de embriaguez volvió a invadir sus sentidos, se pegó a él como una víctima de electrocución a la fuente sexual del alto voltaje. De inmediato sintió la viril protuberancia de su miembro, aun contenido por el pantalón, presionar contra su estómago, por instinto se comenzó a retorcer para ajustarlo a su cuerpo, y Omer intensificó el beso de inmediato.

Sumergida en un mundo de sensaciones, estimulada por lo que sabía vendría después, se frustró cuando él interrumpió el beso. Ella quería más. Mucho más.

Omer la apartó ligeramente para contemplarla, antes de girarla para desabrocharle el sujetador. Suave y lentamente, él le acarició la columna con un pulgar, sintiendo la respuesta eléctrica de su piel. Tras localizar la cremallera de la falda, la bajó, y se puso aún más duro al pensar en el momento en que la tendría completamente desnuda. Le quitó la falda, la dejó caer al suelo.

Sintió toda la sangre de su cuerpo concentrarse en la entrepierna, mientras contemplaba las elegantes curvas de su cuello y cintura, la deliciosa redondez de las caderas y el suave trasero. Se moría por hundirse en su interior, pero se contuvo, y se limitó a besarle la parte final de la espalda antes de girarla nuevamente para poder mirarla a la cara.

Defne se quemaba bajo la mirada de los ojos negros sobre su cuerpo desnudo. El deseo, o la adrenalina, habían ahogado su ansiedad.

Al mirar el bulto en su entrepierna, dejaba entrever el tamaño de su erección, los ojos de Defne se abrieron ampliamente, su boca se llenó de agua, y todo aquello se vio reflejado en su mirada, y no pudo, ni quiso ocultar el placer que le causaba saber que todo aquello muy pronto estaría a su disposición, dándole placer. Mismo placer que a ella le encantaría dar.

Cuando sus ojos se encontraron, Omer pareció leer sus pensamientos, porque lo escuchó decir.

-Tócame. – fue tanto una orden como una petición dicha en un tono grave, y ronco por el deseo, como un gruñido primitivo.

Enseguida ella se levantó, se bajó de la cama, y así, desnuda, le ayudó a bajarse el pantalón, un movimiento que siempre había sido fluido y que en ese momento fue torpe por la precipitación y el anhelo.

-Tómame, por favor.

Fue una súplica, y ella se sintió arrastrada por la locura del deseo, se deleitaba por la capacidad de complacerlo, y sin pérdida de tiempo llevó su sexo a la boca. Lo comenzó a lamer con la lengua, se sentía poderosa sintiendo los gemidos que él emitía, le causaba placer verlo tan entregado al placer que le proporcionaba.

Tal como había hecho con ella, lo comenzó a lamer, como si su miembro fuera el más delicioso de los manjares, continuó haciendo aquello, hasta que sintió que él, exigía algo más. Finalmente lo introdujo a su boca, desesperada, lo deseaba. Cada una de sus succiones, hacía que él gimiese de placer, le encantaba lo que le estaba proporcionando, lo metió totalmente en su boca, a pesar de alguna arcada que le producía, no se detenía en su intención

Notó sus palpitaciones e, instintivamente, aceleró el ritmo de las caricias hasta que él gimió profundamente, en ese instante, cambió su boca por las manos, y no dejó de acariciarlo hasta que se estremeció en su mano, palpitó una vez más, y se liberó.

Había sido el momento más íntimo de su vida. ¿Había algo más íntimo que ver a un hombre alcanzar el placer? Que además fuese Omer, lo hacía más íntimo todavía.

Luego, la levantó, y estrechó fieramente contra él, finalmente la besó en los labios, y en la punta de la barbilla, mientras la recostaba nuevamente en la cama. La contempló, su cabello se esparcía sobre la almohada, y los pechos, con los rosados pezones erectos, pedían a gritos sus atenciones.

 –Eres tan hermosa –afirmó él con voz gutural – Te amo tanto, como he deseado estar así contigo

Defne se sintió conmovida por la calidez y sinceridad que reflejaban los ojos de Omer. Una calidez que rápidamente se tornó en ardiente lujuria. Inclinándose sobre ella, le acarició los labios con la punta de la lengua antes de besarla apasionadamente, instándole con la fuerza de su pasión a olvidar todo, salvo ese instante.

Sus agitadas respiraciones se mezclaron. Rodeada por los fuertes brazos, los pechos de Defne recibían las caricias del torso de Omer, incendiando su piel, mientras sentía que la erección, palpitaba contra la íntima entrada.

Omer interrumpió el beso, pero el cuerpo de Defne había despertado con un deseo primitivo que no podía ser ignorado.

Cuando se inclinó de nuevo sobre ella para tomar un rosado pezón con la boca, ronroneó de placer. Cada caricia aplicada con las expertas manos por todo su cuerpo le arrancaba gemidos de los labios, hasta que su cuerpo se retorció sin control. Una criatura salvaje, incandescente de deseo, presa de la mutua e insaciable pasión.

Con la pasión reflejándose en sus ojos negros, le separó las piernas, y acarició los delicados pliegues de su zona intima, hasta que estuvieron hinchados y palpitantes.

–Oh. Dios –jadeó ella arqueando la espalda.

La besó, y empujó con fuerza, lo que le arrancó un gemido.

Él observaba atentamente su rostro, y sonrió mientras disfrutaba de sentirse por fin dentro de ella. A continuación, comenzó a mover las caderas, acariciándola por dentro con sus seductores movimientos. Ella sintió la dureza tocarle un punto en su interior que despertó una oleada del placer más intenso que hubiera sentido jamás.

Él empezó a moverse con un ritmo suave, que fue aumentando cuando ella lo acompañó levantando las caderas hacia el final apocalíptico, y afilando el placer como una cuchilla de afeitar, cada embate los acercaba más a la liberación.

La reacción de su cuerpo fue tan intensa que no tuvo ni tiempo ni capacidad para plantearse nada, solo pudo sentir que le gustaba tenerlo en lo más íntimo de sí misma. Era pura magia y se entregó a ella, se arqueó y gimió a medida que aumentaba el placer, hasta que creyó que iba a estallar en mil pedazos.

–Sigue –le urgió, pues quería más de ese placer–. Sigue.

Omer aumentó el ritmo, y ella se dejó llevar, sintiendo crecer el fuego. Le rodeó la cintura con las piernas y se deleitó en las sensaciones físicas que le producía la fuerte y dura masculinidad.

Él apretó los dientes, transportado en el sublime placer mientras su dureza se inflamaba dentro del cuerpo de ella. Fuertemente abrazada a él, Defne ascendió la cima cada vez más rápido, cada vez más alto, hasta que se sintió de nuevo lanzada al glorioso vacío. Aferrada a Omer, aguardó el momento en que de nuevo se sentiría en una oleada de éxtasis.

Omer acometió una última vez y la catapultó a un éxtasis que la dejó exhausta y plena, y el deseo saciado. La acompañaba en esa oscuridad resplandeciente con la cabeza apoyada en su cuello, con la respiración entrecortada por el placer. Saber que habían llegado juntos a ese lugar increíble fue otro motivo de placer.

La única palabra que se le ocurrió para describir lo que vivieron juntos, fue, extraordinaria. Sencillamente, extraordinario, una palabra que describía al hombre, y a ese momento. Le susurró la palabra, y él levantó un poco la cabeza.

-Tú me inspiras. – susurró él.

Ella se rio levemente

–Debía saber que, así como en todo, también serías un experto al momento de hacer el amor – le dijo ella

Estaban recostados en una especie de trance, abrazados. Habían hecho el amor de forma apasionada, ambos perdiéndose en una tormenta de sentimientos. Sus cuerpos se acoplaban a la perfección, y cuando así sucedía, las palabras perdían todo sentido.

Sin duda, estaba escrito que compartieran el mismo destino, pensó Defne. Porque de otra manera, ¿Dónde si no, iba a encontrar a un hombre a quien amar tanto, como amaba a Omer?

Cuando la neblina del deseo se fue esfumando, las preguntas tomaron su lugar en la mente de Defne.

– ¿Qué sucederá con nosotros? – preguntó temerosa.

– ¿A qué te refieres? – dijo él especulativamente.

– ¿A qué tú te vas a Italia, y yo me quedaré aquí?

– Estaba justamente pensando en eso, y llegué a la conclusión de que, tengo dos opciones. Me voy a Italia, confío en tu amor y fidelidad, mientras estamos lejos. ¿Si hago eso, me esperarás?

-Por supuesto que si – asegura ella.

-El problema es que soy un hombre inmensamente celoso, y contigo lo he sido más de lo que creía posible, tanto que no podría vivir pensando que te he dejado cerca de tu ex novio…

-Él no significa nada para mí.- aclaró ella inmediatamente.

-Puede ser, pero para él lo eres todo en este momento. Y no confío en ese hombre.

-Pero, ¿confías en mí?

-Si, lo hago. Aunque no me gustó verte abrazada a él.

-Ah. Si…bueno eso tiene una explicación…

-Mis celos no serían el único problema. – la interrumpe él, porque no quería saber nada del ex de Defne – además después de lo sucedido entre nosotros esta noche. ¿Cómo podría soportar los días y las noches lejos de ti? ¿Cómo podría dormir sin tenerte a mi lado? Claro que… dormir después de haberte hecho el amor.

-Entonces ¿Qué harás?

– ¿Qué te gustaría que hiciera?

-Que te quedaras, o me llevaras contigo.

-¿No te importaría dejar todo por lo que trabajaste tan arduamente?

-¿Para estar contigo? Por supuesto que no.

-¿Y la venganza? – le pregunta él expectante.

Luego de pensar un momento ella respondió.

– Tengo grabada en mi mente lo que me dijiste hace dos años atrás. La mejor venganza es demostrarles a tus enemigos que eres capaz de llegar más lejos, y más alto que ellos. Enrostrarles cuanto es en verdad mi valor, sobre todo, cuan feliz puedo ser lejos de ellos. En ese sentido mi venganza está cumplida. – dijo ella – Solo añadiré a tus palabras que, la mejor venganza es ser diferente a aquellos que me causaron el daño. Pero…

-¿Pero? – le pregunta él mirándola a los ojos.

-Eso no significa que no pueda ayudar a que reciban un poco de su propia medicina, para que así, de una vez por todos, aprendan a no jugar con los sentimientos de las personas.

CONTINUARÁ.

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