VUÉLVEME A QUERER CAPITULO 12 Y FINAL

CAPITULO 12

Al llegar a la habitación, ella cerró la puerta detrás de si, mientras Omer estaba en medio de la habitación, expectante. A continuación, ella se acercó, y lo besó en los labios levemente.

-Antes de seguir, y que conste que no te detendría si no lo sintiera como algo absolutamente necesario…

-¿Vamos a hablar? – le pregunta ella levantando las cejas.

-Necesito decirlo, ya sé que quedamos en dejarlo todo en el pasado, pero, Defne, por favor, perdóname por haberme paseado con esas mujeres…

Pero ella lo silenció posando uno de sus dedos sobre los labios de él.

-Después de haberte visto al borde de la muerte, descubrí que no me importaba que hubieras tenido sexo con ellas. Mientras hagas el amor solo conmigo. Lo único que si me importa es que, en el futuro, sólo llevarás a cabo esas actividades conmigo.

Omer la abrazó fuertemente.

-Te juro por mi alma, que no tocaré a otra mujer que no seas tú. Te amo. Y no me di cuenta de cuánto, hasta que creí que te había perdido

 -Ah, pero ese sentimiento te debe durar por lo menos otros veinte años.

-Por el resto de mi vida. – fue su respuesta.

-Eso tengo que verlo – dice ella con una sonrisa coqueta.

Luego Omer abrió la cajonera de la mesa de noche, y sacó de ella una cajita, y se la ofreció.

-Ábrela – le dijo él.

Ella hizo lo que le pedía, y descubrió en el interior de la caja su anillo de compromiso, aquel que le devolvió cuando él canceló la boda.

-Omer – susurró ella emocionada

-Por favor no te lo vuelvas a quitar – dijo él – Las piedras no brillan tanto como tus ojos.

-Son las lágrimas. Ay Omer, me sentí tan desgraciada todo el tiempo que estuvimos separados.

 -Nunca más- prometió él – Ahora, ¿vamos a hablar o hacer el amor? – preguntó sonriendo.

-Vamos a hacer el amor, pero como el doctor dijo que no debías hacer mucha fuerza….

Mientras hablaba, ella le fue desabrochando los botones de la camisa, a medida que la piel iba quedando al descubierto, ella la acariciaba. Después de las caricias con las manos, su boca siguió el mismo camino, y recorrió cada centímetro del torso masculino, tomándose tanto tiempo que a él le pareció como si los nervios le fueran a estallar. Una vez que hizo el recorrido completo de su torso, siguió acariciándole los musculosos hombros con dedos ansiosos, y siguiendo luego por la espalda para encontrar, por fin, la dura y pulsante prueba del deseo de él.

Omer gimió, cuando perdió el control que estaba ejerciendo sobre sí mismo, y sin perder tiempo, se deshizo del vestido que llevaba ella sin ningún cuidado, rasgando en el proceso la tela. Luego empezó a acariciarle los senos, deteniéndose en los pezones, hasta que estuvieron duros como piedras. Mientras que una de sus manos se dedicaba a acariciar los senos, la que le quedaba libre, la llevó hasta su pelvis, y le hizo abrir las piernas, dándole así, acceso al cálido y oculto lugar que empezó a responder a sus caricias.

Tocarla le produjo tanto placer que tuvo que sonreír, mientras sus manos se encargaban de darle placer a la mujer que amaba, él, volvió la cabeza un poco, buscando su boca.

Defne se dejó llevar por su naturaleza apasionada, besándolo sin descanso, acariciándolo y explorando las líneas duras, y suaves de su cuerpo. Le encantaba tocar su pecho. Deslizó la lengua por los pequeños pezones, tal como lo había hecho él, muchas veces antes, y lo sintió estremecerse. Perdió la noción de todo lo que no fuera el placer de besar y acariciar cada centímetro de su cuerpo. Él por su parte, hundió una mano entre sus rizos, acariciando salvajemente su nuca, mientras ella lo tocaba con infinita ternura. Sonrió al oír los gemidos, de su único amor, como respuesta a lo que le estaba haciendo.

Luego, ella lo instó a sacarse la ropa, para cuando estuvo desnudo, le dijo que se sentara en la orilla de la cama.

-¿Qué me vas a hacer? – preguntó él con voz ronca de deseo.

-Solo lo que el doctor indicó.

A continuación, se arrodilla frente a él, lo toma de las rodillas, y lentamente le separa las piernas, sin dejar de mirarlo, se acomodándose entre ellas, luego, toma entre sus manos su masculinidad, y suavemente comienza a masajearlo, cuando lo escuchó suspirar, tomó con apetito el miembro, pasando su lengua a todo lo largo de él, repitiendo la caricia una y otra vez, provocando que él gimiera intensamente.

Omer se abrió a ella, aceptándola y animándola a poseerlo por completo con su boca. Y cuando ella lo hizo, suspiró de alivio. y felicidad.

Él movía la pelvis con fuerza, casi con desesperación, como queriendo que la tortura de sus caricias no terminara jamás. El placer que ella le daba consiguió que jadeara gustoso, y deseoso de más, unos minutos más tarde, él apoyó una de sus manos sobre la cabeza de ella, y la guía para alcanzar el ritmo que necesitaba, mientras susurraba, y balbuceaba.

-Oh Dios… Defne… me vas a matar… de placer

Cuando ella sintió que los músculos de sus piernas, y nalgas se tensaban, cambió la boca por sus manos, siguiendo un ritmo constante, hasta que él, no pudo soportarlo por más tiempo, y su cuerpo se convulsionó. Omer dio el empuje final, jadeando casi, llegó al clímax, y se quedó muy quieto, mientras ella aun mantenía su masculinidad entre sus manos.

Luego dejó que él se relajara.

-Cuando tengas que ir a control con el doctor, no tendrás que mentirle. – dice ella.

-Dios santo Defne. Eso fue increíble.

A continuación, ella se levantó para besarlo, cuando sus lenguas se tocaron, prendió una chispa, y estalló una llama que ninguna cantidad de agua podría haber extinguido. Ella interrumpió el beso, y se deshizo de las bragas, quedando completamente desnuda frente a él. Dejó que la recorriera con sus ojos, y luego con sus manos, después de eso, ella se sentó a horcajadas sobre él, le rodeó con las piernas las caderas mientras se besaban, pasando de la exploración a la pasión y luego más allá.

Sintió su erección entre los muslos y se habría dejado penetrar en ese instante, si él hubiera querido, pero en cambio, él, la besó hasta hacerla enloquecer, y le acarició los pechos hasta que ella logró soltarse, y echarse hacia atrás para ofrecérselos. Entonces él, le lamió los pezones, chupándolos hasta que las piernas de ella se aflojaron.

Luego Omer se tendió en la cama, y la hizo arrodillarse sobre las almohadas a horcajadas sobre su cabeza. Ella se tomó del respaldo de la cama, y tomando sus caderas, él la hizo descender sobre su boca para una verdadera cabalgada.

Ella se arqueó, jadeante, y dejó escapar un gritito, cuando sintió su aliento cálido. Separando los rizos que cubrían su zona intima, él acercó los labios a su femineidad. Sujetándola por las nalgas, para así darle mayor acceso al lugar que quería llegar, empezó a lamerla, a mordisquearla, a jugar con ella pasando la lengua con la delicadeza del aleteo de una mariposa. La puso al borde del clímax y la dejó allí, temblando. Ella gemía, desfallecida.

La vulnerabilidad de Defne era total, y también lo fue su rendición. El primer orgasmo la hizo gemir en voz alta, arrastrada por el ardor de una rápida descarga.

Ahora, pensó, lo quería dentro de ella. Pero no fue así. él la hizo gozar otra vez, más intensamente, y la sujetó mientras ella se mecía, y se tensaba, y un grito de abandono, ronco y primitivo, emergía de su garganta. Le sudaban las manos allí donde sujetaba al respaldo de la cama. En realidad, todo su cuerpo estaba cubierto de sudor. Omer siguió lamiéndola hasta que su cuerpo se convulsionó desde su núcleo fundido, como un pequeño planeta que escupiera fuego.

-Quiero tenerte dentro mío…  ya – era al mismo tiempo la exigencia de una amazona, y una súplica.

Quería sentir a Omer dentro de sí, formando parte de ella, duro y poderoso, conquistándola, y al mismo tiempo prestando homenaje al poder sagrado que le daba vida. Él respondió, brindándole otro orgasmo, tan feroz que se dejó caer en la cama, indefensa, y exhausta, atrapada en el espacio sobrecargado de energía entre un orgasmo y el siguiente.

-¿Te sientes bien? – pregunta ella unos minutos después.

-Creo que sí – responde él.

-¿Crees? – le pregunta, mientras toma su miembro con una mano, y comienza a masajearlo.

Cuando el sexo de Omer se puso duro, ella se levantó, y se sentó a horcajadas sobre él, empalándose en el miembro erecto, quedándose ambos, momentáneamente sin respiración.

Instantes después, al ver el deseo en su mirada, él comenzó a acariciar sus pechos, deleitándose principalmente en sus pezones ya erectos.

Luego, empezaron a moverse rítmicamente, como si sus cuerpos se mandaran solos, y fueran en busca de más placer, balanceándose convulsivamente con un ritmo frenético que pronto los llevó a los dos a una mutua culminación. Finalmente, exhausta ella se deja caer sobre Omer, recibiendo un quejido de dolor de su esposo.

-Oh, lo siento – le dice bajándose de él – ¿te duele mucho?

-Mi amor, tal como me siento ahora mismo podrías bailar sobre mis costillas, y no me importaría.

Ella se recostó suspirando en la cama.

-Dios, creo que después de todo este ejercicio voy a dormir por un par de días – le dice Defne riendo.

-Aunque hiciste el mayor esfuerzo tú, yo me siento igual. Hoy he descubierto otra faceta tuya, y debo decir que me encanta. Prometo que cuando esté completamente recuperado, te voy a devolver todo el placer que me has dado.

-Pero… yo he disfrutado tanto, o, más que tú – le aclara ella mirándolo sorprendida.

-Me hubiese gustado participar más…

-Tenemos toda la vida – le recuerda ella interrumpiéndolo.

-Cierto – le dice él sonriendo, mientras la acercaba a él, y la abrigaba con la ropa de cama – ahora descansa. Yo igual lo haré sabiendo que cuando despierte estarás a mi lado.

Y así fue, ella se despertó en los brazos de Omer. La abrazaba con fuerza, y tenía la cabeza hundida en sus rizos. Así debe de ser el paraíso, pensó Defne, todavía medio en sueños. Besó el cuello de Omer. Podía percibir el olor de su loción de afeitar. Volvió a besarlo, con mucha suavidad, y luego otra vez, y otra… él gimió, y casi pareció un gemido de dolor.

-¿Omer? – murmuró – ¿estás bien?

Le puso la mano en el pecho. Estaba demasiado caliente.

-¿Te duele?

Omer tomó su mano y la atrajo hacia su cuerpo.

-Me duele todo, pero valió la pena – le responde

-¿Quieres que llame al doctor? – preguntó ella asustada.

-No, solo alcánzame los calmantes.

-Enseguida – dice ella bajándose de la cama – ¿Dónde están?

-En el bolso que traje del hospital.

Ella bajó corriendo las escaleras, buscó los medicamentos, y junto con un vaso con agua, volvió a la habitación. Luego de ayudarlo a sentarse en la cama, le dio los medicamentos, y el agua.

-Solo dame unos minutos para reponerme – dice él.

-Nada de unos minutos, hoy descansarás como te lo ordenó el doctor.

-¿Eso quiere decir que no haremos el amor?

-Tendremos toda la vida para amarnos, ahora debes cuidarte. Si queremos casarnos pronto, e irnos de luna de miel en barco por el mediterráneo, debes estar completamente repuesto – le recordó ella

-Tienes razón – admitió él entregándole el vaso con agua.

-¿Quieres que te prepare algo para comer?

-No. – respondió él – Lo que quiero es que me cuentas lo que sucede con mi tía. Sé que algo pasó, pero nadie me ha querido decir.

-No sé si soy yo la más indicada para contártelo.

-Claro que sí, eres mi esposa, y entre nosotros no deben existir secretos. Si temes que mi tío se entere que me contaste, te prometo que nunca le diré.

-Te voy a contar lo que yo sé. Kadir, ¿te acuerdas de Kadir?

-El novio de Zeynep

-Si. Pues él llegó a la conclusión de que la señora Neriman te envió el video.

-¿Cómo es eso? Explícame.

-La verdad ella se puso en evidencia. El día que me enteré del accidente, fui al hospital, quería estar a tu lado…pero ella me echó…

-¿Cómo?

-Si, me mandó a sacar con los guardias, y prohibió que yo entrara a la sala donde estabas tú.

-Pero, ¿y entonces como lo hiciste?

-A Kadir se le ocurrió un plan. Aprovecharíamos el parecido que existe entre Zeynep y yo. El plan era sacar a la señora Neriman del hospital con una excusa, así yo aprovecharía de entrar a verte, pero el plan fracasó, porque la señora Neriman sabía bien quienes eran Kadir y Zeynep, fue así donde Kadir supo que tu tía estaba detrás del vídeo.

-Pero, ¿Qué tiene en la cabeza mi tía?, y ¿mi tío Necmí no hizo nada. Sinan…?

-Sinan me ayudó a entrar al hospital a escondidas, y tu tío cuando supo lo que pasó con el video, y las sospechas de Kadir, me permitió entrar donde estabas tú, diciéndole a todos que era tu esposa.

-Vaya… y yo sin saber nada. Pero cuando vea a mi tía le pediré cuentas de todo lo que hizo, lo que te hizo.

Finalmente, Omer no pudo pedirle cuentas a su tía, porque cuando su tío lo visitó dos días después, se enteró que le había pedido el divorcio a la mujer. Y como el abuelo exigió que firmaran un acuerdo prenupcial, la mujer se fue solo con una pequeña pensión mensual, lo que la obligó a irse a vivir a Estados Unidos con su hija.

-Ya no puede hacerles daño – dijo el hombre.

-Lo siento tío – le dijo Omer

-No lo sientas hijo, lamento no haberlo hecho antes, les habría ahorrado, a ustedes, el dolor de la separación.

-Pero ya estamos juntos – dice Defne

Y aunque ninguno lo dijo en voz alta, todos los presentes sabían que la siguiente frase era… y esa mujer lejos de nosotros.

-Y entonces, ¿Cuándo será la boda? – les pregunta el tío.

-Dentro de un mes. El doctor dijo que para esa fecha Omer ya estaría bien.

-Y claro, Omer debe de estar al cien por ciento para la luna de miel – añade Sinan, lo que le vale un regaño de parte de Omer y del señor Necmí

-La boda es el mes que viene… – exclamó Sinan cambiando el tema para que ya no lo miraran molestos – tendremos que ponernos las pilas.

Tal como lo presagió Sinan, tuvieron que ponerse las pilas con todo el trabajo que significaba sacar una boda adelante en tan poco tiempo. Afortunadamente tanto Omer como ella se inclinaron por hacer una boda más pequeña que la que planificaron la vez anterior.

Como la boda fue tan repentina, la familia de Defne solo pudo organizarse para llegar dos días antes de la ceremonia, por lo que Zeynep se en su principal dama de honor. Ella acompañó a Defne a elegir el vestido, los zapatos, y el ramo de novia.

Por su parte, Sinan, como padrino del novio, se encargó de organizar la celebración que vendría después de la boda, y el señor Necmi pidió que le permitieran organizar la ceremonia que se llevaría a cabo en su propia casa. Ahora que ya no estaba la señora Neriman, Defne aceptó sin ningún problema, pues conocía la casa, y sabía que en ese lugar se podría organizar una hermosa boda. Por supuesto la exmujer del tío de Omer, no estaba invitada a la boda, independiente a esto, Sude confirmó su asistencia.

El día de la boda amaneció frío, y gris, pero por la tarde un tímido sol asomó en el cielo, como para darle la enhorabuena a los novios.

Omer, normalmente un hombre muy tranquilo, estaba nerviosísimo, paseando de un lado a otro hasta que llegó su tío para llevarlo al lugar de la ceremonia.

Defne seria acompañada hasta el altar por su hermano Serdar.

Contrario a lo que se podría haber pensado, la familia de ella no se sorprendió al notificarles que se casarían. De hecho, se alegraron cuando les dieron la noticia. Iso, fue a quien más costó convencer, él estaba muy dolido por su amiga, pero finalmente entendió que Omer era la felicidad de Defne, así como Defne era la felicidad de Omer.

Nervioso como había estado durante todo el día, Omer se paseaba de un lado para el otro en el altar, esperando a su futura esposa.

Cuando escuchó los acordes de la marcha nupcial, se quedó quieto como una estatua, mirando a su novia avanzar por el pasillo, del brazo de su hermano. Ella llevaba un hermoso vestido blanco que la hacía parecer como si volara en lugar de caminar. Cubría su rostro con un velo, por el cual él podía ver sus rasgos, y la sonrisa que traía en sus labios.

Cuando ella llegó al altar, él la recibió de manos de su hermano, y la ayudó a llegar al lugar donde comenzaría la ceremonia. Lo primero que hizo fue levantar el velo para ver el rostro de su amada, y así, juntos tomar los lugares que le correspondían.

Al ver como Omer fruncia el ceño, la novia le preguntó.

-¿Sucede algo?

Muy serio él responde

-¿Dónde está Defne?

-¿Qué dices?

-Tú no eres mi Defne.

-¿Cómo? – pregunta ella.

-Muy gracioso Zeynep, pero ¿Dónde está Defne?

-Pero…

-No, no trates de engañarme, tú no eres Defne. Nunca más confundiré a mi amor. ¿Dónde está ella? – exclama él al borde del desespero, luego añade desolado – ¿es que acaso no va a venir?

-¿Cómo podría no venir? – escucha decir detrás de Zeynep.

Defne sonreía mientras miraba el cambio de expresión en el rostro de Omer.

Luego de suspirar aliviado, él, se acercó a ella, y le dice.

-Creí que me ibas a dejar plantado.

-No, por supuesto que no. Por favor no te enojes por lo que hicimos. Solo quería saber si eras capaz de diferenciarnos.

-Podrán existir muchas mujeres iguales a ti, pero tú, para mí, eres única.

Luego se acerca a ella, y la susurra al oído.

-Esta noche, en el hotel, te cobraré el susto que me has hecho pasar.

-Lo espero con ansias – responde ella.

Para cuando se giraron para tomar sus lugares frente al altar, Zeynep ya había desaparecido. Momentos después se le podía ver sentada con su elegante vestido, al lado de su novio, e hija.

Luego de prometerse ante Dios, y los presentes, amarse por siempre, fueron llevados al lugar de la celebración, donde bailaron, y disfrutaron junto a todos sus seres queridos.

Ya, a media noche, se despidieron de los invitados, y se fueron a pasar la noche a un hotel desde donde saldrían a su tan esperada, y soñada luna de miel.

El yate era lo suficientemente grande para que Omer pudiera navegarlo, por lo que el recorrido lo hicieron ellos solos. Al medio día, del día siguiente, encallaron el yate. En una lancha acuática, se fueron a una isla que estaba cerca. Estando ahí, ambos se dedicaron a tomar sol tirados en la arena blanca del lugar.

-Hubo un tiempo en que no creí que esto fuera a suceder. – dijo ella

-Yo pensé lo mismo – respondió él – pero estoy muy feliz y agradecido contigo porque esto se haga realidad.

-Yo también estoy feliz – dice ella.

-¿Dónde quieres que vayamos?

-No lo sé. Tú has estado en más lugares, tú decide.

-Ahora todos os lugares los miraré como si fuera la primera vez, porque estarás conmigo.

-Eso suena maravilloso.

-Contigo todo es maravilloso. Incluso yo me siento maravilloso a tu lado.

-Entonces para que te sigas sintiendo maravilloso, debería quedarme contigo para siempre.

-Quédate conmigo para siempre, por favor. Nunca me dejes.

Luego de aquella solemne petición, hicieron el amor sobre la blanca arena, y bajo el radiante sol.

Para cuando volvieron de la luna de miel, las palabras dichas por Defne mientras tomaba la mano de Omer en aquel hospital, se cumplieron, porque exactamente nueve meses después, en el mismo hospital, nació el primogénito del matrimonio Iplikci Topal, el pequeño Aslan. Quien vino a formar parte, de la ya inmensa felicidad de sus padres.

-Te amo- le dijo Omer a su mujer mientras esta amamantaba a su hijo – nunca creí que pudiera existir mayor felicidad que tenerte a mi lado, pero tenerlo a él, suma más felicidad a mi vida.

-Y yo te amo, mejor dicho, te amamos, y somos inmensamente felices de tenerte nuestro lado – le responde ella

Luego, Omer se sienta en la cama, los abraza a ella, y a su hijo. Dejando un hermoso cuadro de una familia perfecta.

FIN.

Deja un comentario