SOLO TÚ CAPITULO 8 Y FINAL

CAPITULO 8

 -Así que… ¿además de amigo, quieres ser mi amante?  – preguntó Defne.

– Más que nada en el mundo – respondió él.

-Estás seguro, ¿Por qué no hay vuelta atrás?, porque, yo no seré como tu nada serio, soy celosa, no voy a compartirte con nadie, me gusta ser lo primero, lo más importante en la vida de mi amante… esposo – terminó de decir

– No hay nada de lo que esté más seguro en esta vida. Te amo, y las promesas que te hice en el altar las pretendo cumplir al pie de la letra.  ¿Qué tengo que hacer para convencerte? – le preguntó él, preocupado.

Ella simuló meditar profundamente su pregunta.

-En primer lugar, besarme, besarme, y besarme.

Exhalando un profundo y sonoro suspiro, se relajó.

-Eso es fácil- le dice sonriendo, comenzando un regadero de besos por todo su rostro, luego se deslizó hacia su cuello.

-¿Así? – le pregunta él.

-Perfecto.

-¿Y ahora qué tengo que hacer?

-Usa tu imaginación.

-No necesito imaginación, solo debo hacer realidad uno de muchos de mis sueños

A continuación, se movió, deslizando la mano por su espalda, con la otra, le tomó la barbilla y la besó. Fue uno de los besos más dulces que le habían dado nunca. Casi una bendición. Y como por arte de magia Defne empezó a relajarse con la tierna presión de sus labios.

Omer volvió a moverse para hacer que sus cuerpos estuvieran más cerca, pero ella apenas lo notó, transportada por los sentimientos que aquel beso estaba provocando en su interior. Era una sensación de prodigio, de algo justo y maravilloso. Y sin darse cuenta se entregó a las sensaciones, apretándose contra él.

El primer beso se convirtió en el segundo y luego en el tercero, y en un abrir y cerrar de ojos, la deseaba tanto que no podía parar de tocarla.

La escuchó gemir, siguió besándola, mientras sus manos seguían recorriendo su cuerpo.

Omer dejó los labios de ella, y la besó en la base del cuello y detrás de las orejas.

– Hueles maravillosamente. Podría comerte, ¿sabes? Como el lobo del cuento – murmuró, acomodándola para que la cabeza de ella descansara en su pecho

-Eres tan bella, que me da miedo tocarte por temor a que no seas real -dijo él.

-Soy real -le aseguró ella, poniéndole una mano en el pecho.

Omer le acarició el pelo, y delineó el lóbulo de su oreja con un dedo.

Defne levantó la cabeza y lo miró, sus ojos negros brillaban y vio la tensión reflejada en su rostro. Por primera vez se dio cuenta de que él estaba tan nervioso como ella y eso la tranquilizó un poco. Levantó la cabeza para poder besarlo. Conocía bien su boca. Recordó todas las veces en los que, despierta en su cama, había soñado que él la besaba. En ese momento, sus sueños se estaban haciendo realidad.

Omer estaba allí para compartir su amor con ella.

Volvió a besarlo, y el beso se fue intensificando, y la ternura de un principio se volvió ardiente, húmeda, más exigente. Se sentía arder, mientras él dibujaba con las manos el contorno de su cuerpo.

Aunque era la primera vez que mantenían una relación tan íntima, Defne no tenía ningún reparo. Era Omer, y la estaba haciendo arder de pasión.

Cuando los besos descendieron por el escote de su vestido, ella se estremeció. Él levantó la cabeza y la miró.

– ¿Hice algo mal?

Ella negó con la cabeza.

– ¿Preferirías que no te tocara? – preguntó él.

-Me encanta que me toques, Omer.

La mirada de Omer quedó fija en los ojos de ella, y como si le estuviera pidiendo permiso para realizar cada uno de sus movimientos, él puso una mano en cada uno de sus hombros, y lentamente deslizó los tirantes del vestido que llevaba puesto, le bajó la prenda hasta dejar sus pechos al descubierto, dejando expuesto el brasier.

Ella estaba nerviosa, pero la expresión de Omer al contemplarla la emocionó, y tranquilizó.

Él tomó en sus manos sus pechos, y los acarició sobre la tela, mientras ella cerraba los ojos disfrutando de las sensaciones que le producían sus caricias.

Respirando agitadamente, él la tomó de la mano y la llevó de prisa a la habitación, donde ella se quitó los zapatos y se dispuso a librarse del resto de la ropa, pero Omer la tomó de la mano.

–No. Déjame a mí –le ordenó – quiero hacer realidad cada uno de los sueños que he tenido contigo.

A continuación, al igual que lo hizo con el vestido, muy lentamente le deslizó el tirante del brasier por los hombros, luego por los brazos, finalmente llevó sus manos a la espalda de ella, y sin dejar de mirarla, lo desabrochó, y se deshizo de él, dejándola desnuda, y expuesta a su ardiente mirada.

Defne se estremeció, cuando él la recostó en la cama para terminar de desnudarla, quitándole primero el vestido, por los pies, después admiró su cuerpo, para finalmente, deslizar la seda de las bragas sobre su piel, mientras la miraba con ojos enturbiados por un deseo que hizo que ella se metiera debajo de las sábanas cuando estuvo desnuda, ocultando la cara sonrojada contra la almohada.

Omer se despojó de sus ropas, y luego se deslizó dentro de la cama, la tomó en sus brazos, acariciándole la espalda, mientras la besaba, jugando con su lengua en una caricia que la puso en llamas.

Ella notó su excitación, y restregó las caderas contra él, entregándose con placer a su reacción cuando él se inclinó para besarle los pechos. Se estremeció al sentir el contacto de sus labios fríos y de su lengua cálida y suave, y se apretó contra él, jadeando cuando acarició con los dedos sus pezones erectos.

Él se deslizó más abajo para besarle la piel suave y satinada de la cintura y el vientre, y dejó escapar un gemido al sentir que, primero sus dedos y luego su lengua, se apoderaban de su femineidad, deslizaba lentamente su lengua, por los pliegues de su vagina, mordiendo luego su clítoris.

 Poseída por un frenesí de deseo, Defne arqueó la espalda. Los labios y la lengua de Omer exigieron una respuesta que ella ofreció con tal abandono que la dejó sin aliento.

Él se impulsaba entre sus piernas abiertas, sumiéndolos a ambos en una oleada de sensaciones que dejó a Defne inerte, cuando los espasmos del placer la sacudieron.

Omer subió las manos por los muslos de Defne para acariciarle el contorno de las caderas y la cintura, luego le tomó los dos pechos y los acaricio con ambas manos.

-Omer. Debo… -jadeó, pero él se colocó encima y le acalló las palabras con un beso tan explícito que le despejó la cabeza de todo.

-No me pares ahora, cariño -musitó sobre sus labios-. Te deseo tanto que duele. Pero necesito que lo desees igual que yo.

Siguió besándola y ella emitió un gemido ahogado cuando la boca descendió para unirse a los dedos que le acariciaban los pechos. Tembló con las sensaciones casi insoportables que le arrancaba de lo más hondo mientras tiraba de cada pezón sensibilizado.

 Él deslizó una mano entre sus piernas para encontrar la prueba ardiente y líquida de ello y con la vista la paralizó mientras los dedos expertos le provocaban una sensación tras otra de placer encendido y palpitante. Contuvo un grito y reclinó la cabeza sin dejar de mirarlo. Omer sonrió con gesto triunfal, le besó la boca entreabierta y se situó entre sus muslos abiertos.

-Omer… -volvió a intentarlo, pero él le puso un dedo en los labios.

– ¿Me deseas? -quiso saber.

-Sí. Desesperadamente… pero… nunca he hecho esto -soltó.

Él la miró con absoluta incredulidad. Se habría apartado, pero ella movió las caderas en ardiente exigencia.

– ¿Quieres que me detenga? – le preguntó inseguro.

-Si lo haces te mato -dijo ella con los dientes apretados-. Así que, será mejor que me hagas el amor ahora o me volveré loca.

Omer no necesitó que se lo ordenara otra vez. La penetró con una suave embestida, a la que ella respondió con aliento contenido por el breve y desgarrador dolor. Él alzó la cabeza, pero ella le sonrió y juntó las manos detrás de su cuello.

 -No pares

-No puedo -gimió y comenzó a moverse dentro de ella.

-Aaahhh.

-¿Ya no te duele? – le preguntó él

-No, ya no – le dice ella finalizando con un suspiro de placer

-Así, preciosa – le preguntaba mientras comenzaba a moverse lentamente dentro de ella.

-Siii… Que bien se siente

– Que bueno que te gusta

Con paciencia, Omer esperó a que ella se adaptara a él para empezar el eterno ritmo que los llevó a ambos hasta el punto más alto del placer. Él, le murmuraba palabras llenas de amor, y esperó a sentir las contracciones en lo más profundo del cuerpo de ella para dar rienda suelta a su deseo.

Defne descubrió que el dolor había sido reemplazado por el placer, que se tornaba más apasionado y ardiente a medida que él le hacía el amor con toda destreza. Con las emociones potenciadas, respondió con tal fervor a la felicidad desconocida de la posesión, que él no tardó en olvidarse de todo y en abrazarla mientras se lanzaban a una realización que los dominó mucho antes de lo que habían querido.

-Oh, – susurró ella entre jadeos, cuando pudo recuperar el aliento – Nunca imaginé que pudiera ser así. Nunca creí que hacer el amor fuera tan maravilloso. ¿Cómo he podido esperar tanto tiempo?

Ella sonrió, besándolo.

-Si lo hubiera sabido…

-Defne- le susurró interrumpiéndola – En todos estos años jamás imaginé que un día llegaríamos a hacer esto. Me estabas volviendo loco. Lo sabes, ¿verdad? Nunca había deseado a una mujer hasta este punto.

-Eso espero, porque así al menos estamos empatados -murmuró acariciándole el abdomen.

La respiración de Omer se tornó entrecortada.

Omer sabía que era una locura, pero todo su cuerpo le estaba gritando que la necesitaba. ¿Cómo podía negarse? Inclinándose hacia ella, sus labios volvieron a posarse sobre los de ella en un beso lánguido y sensual. Después, alzó apenas un centímetro la cabeza, y murmuró.

-Dame un minuto y te demuestro que la segunda es mejor que la primera, y así sucesivamente.

¿Cómo podía haber esperado tanto tiempo para sentir algo tan bello y placentero? Si hubiera sabido lo que se estaba perdiendo…

Más tarde, antes de quedarse dormida, Defne pensó que debía preguntarle a Omer dónde había aprendido a ser un amante tan delicado, y sobre todo experimentado.

Defne disfrutó descubriendo, poco a poco, todos los puntos débiles de su esposo. Se dio cuenta de que conocer a una persona tan bien, suponía una importante ventaja.

Siempre creyó que no era una persona demasiado sensual, pero en pocas horas había cambiado de opinión por completo. Habían hecho el amor en varias oportunidades y tal como le dijo Omer, las siguientes fueron aún mejor.

Cuando se despertó, Omer aún dormía. La tenía abrazada de tal modo que no podía moverse.

-Omer -susurró.

-Por el amor de Dios, Defne. Eres insaciable -murmuró.

-¿Te importaría soltarme?

Omer abrió los ojos de par en par al notar el tono de su voz.

-¿Qué te pasa? -preguntó angustiado.

Ella esperó a que se separara poco a poco de ella, y luego se sentó en la cama.

-Mi abuela – le dijo ella – debe estar angustiado, nunca he estado tanto tiempo afuera de casa.

-Me asustaste – le reclamó él.

-Yo estoy asusta, no sé que me hará mi abuela.

-Defne, estamos casados – le explicó él con paciencia – es normal que el marido con su mujer, sobre todo en los primeros días del matrimonio quieran estar juntos y solos.

-Si, pero…

-Tenemos que hablar – le dijo, suavemente, acariciando amorosamente el cuerpo de su esposa. – Pero primero debemos comer algo, o, de otra manera moriremos de hambre o de falta de energía.

Dicho aquello se levantó de la cama, mientras ella iba al baño.

Mientras preparaba algo para comer, Omer pensaba que después de una noche como aquella, se sentía en mejor disposición para hablar de su futuro juntos.

– ¿Te quedarás conmigo? —le preguntó él, mientras tomaban el café.

-Supongo que sí. La verdad es que no había pensado en ello.

-En las circunstancias en que nos casamos me parece comprensible, pero después de lo de hoy – le dice él pícaramente.

-Mi abuela estará feliz cuando lo sepa.

-Ella es encantadora – le dijo él riendo.

-Fue la primera en darse cuenta que nosotros somos el uno para el otro.

-El uno para el otro, que lindo se escuchó eso, sobre todo dicho por ti, mi amor.

Defne miró a Omer, parecía relajado y feliz. No podía imaginarse a Selim sentado en aquella cocina bebiendo un café con ella así de relajado. Eran tan distintos. Ella se sintió atraída por Selim porque lo creyó más estable. Su instinto le había fallado, pero Omer no.

Recordó la frase que tantas veces él le había repetido. Para eso están los amigos.

-Gracias -dijo mirándolo con ternura.

Él la miró interrogante.

-Gracias por amarme. Gracias por comprenderme, y hacer todo lo posible por salvarme de mis equivocaciones.

El rostro de Omer estaba radiante de felicidad.

-Lo que hizo Selim fue brutal e imperdonable. Saber que fue capaz de semejante comportamiento me impresionó mucho. Me di cuenta que lo conocía muy poco. Me alegro mucho de no haberme casado con él – luego bebió de su café – Lo nuestro no habría funcionado.

-Temía que nunca llegaras a esa conclusión -dijo él aliviado.

Defne rodeó la mesa y se sentó en las piernas de su marido.

-Sin embargo, quiero preguntarte una cosa.

– ¿Qué? -preguntó con cautela.

-Te conozco de toda la vida – empezó diciendo con suavidad.

-Sí.

-Siempre estuvimos muy unidos.

-A ha.

-Entonces, ¿podrías explicarme cómo te has convertido en un amante tan experimentado? Me parece que me he perdido algo en estos años.

Omer soltó una carcajada, y la llevó en brazos hasta la habitación. Como sólo vestía una bata de baño, que apenas cubría sus encantos, no perdió mucho tiempo en dejarla desnuda.

-No te has perdido nada, cariño, porque te voy a enseñar lo que sé. – Y le volvió a dedicar su devastadora sonrisa.

El amor se leía en sus ojos, y dejaba muy claro que sólo una, ocupaba su corazón. Ella lo abrazó, y se sintió afortunada de haber tenido la oportunidad de descubrir… para qué están los amigos

-¿Así que me enseñarás todo?

-Todo – le responde él – Porque te cuento cariño, que para eso están los amigos.

-¿De verdad?, ¿para eso están los amigos? – le dice ella riendo.

-Te advierto enseguida, que enseñarte todo, tomará mucho tiempo.

-No te preocupes, estaré a tu lado por siempre jamás, para eso están los amigos.

FIN

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