
Durante las siguientes dos semanas, Omer se comportó como si fueran cualquier pareja normal a punto de casarse, salía con ella, la presentaba a sus amigos, no dejaba de tomarla de la mano… Y cada noche la besaba posesivamente ante la puerta de su casa, dejándola aturdida e insatisfecha.
Decidieron que se casarían tres semanas después.
Elif, Emma y Defne, pasaron unos días muy entretenidos yendo de compras para elegir el vestido que usaría para la ceremonia, cuando por fin dio con el vestido que le gustó, compraron otro igual, pero más pequeño, para Emma.
-Va a ser el día más feliz de mi vida – exclamaba la pequeña girando frente al espejo mirándose con el vestido puesto.
Cinco días después, Defne abrió los ojos, y se dio cuenta que era el día de su boda. Todo había sucedido tan rápidamente.
Aquella mañana, el día de su boda, se sentía extraña, lo cierto era que tenía mariposas en el estómago y le parecía que todo aquello era irreal. Se levantó de la cama de un salto, presa del pánico, y tuvo que tomar aire varias veces. ¿Qué demonios había hecho? ¿Por qué demonios se apoderaba de ella ahora el pánico, precisamente el día de su boda? Siempre había tenido sus reservas, pero, ¿de qué tenía miedo realmente?
Él día había amanecido claro y despejado y la ceremonia comenzaría al mediodía. Y se llevaría a cabo en la casa de Defne. El oficial del registro civil estaba citado a la una de la tarde, al igual que los invitados.
A la ceremonia los acompañaron la familia de Omer, quienes quedaron fascinados con Emma, además de ellos, obviamente estaba Elif, quien era el testigo de Defne en la ceremonia, por parte de Omer lo hizo su mejor amigo y socio de la empresa.
Defne estuvo lista temprano. A la casa habían llegado peluqueros y maquilladores, quienes también se encargaron de preparar a Emma y Elif. El vestido de Defne era de seda, color marfil, y hacía que su piel brillase y su pelo pareciese más rojo que nunca, ella lo llevaba recogido con una diadema de perlas.
La puerta de la habitación donde estaban las tres mujeres se abrió intempestivamente. Cuando vio entrar a Omer, apuesto, con su traje oscuro, camisa crema y un capullo de rosa en el ojal de la chaqueta, se sintió irremediablemente atraída por él.
-¿Qué haces aquí? – le preguntó Elif cuando lo vio – se supone que no puedes ver a la novia antes de la ceremonia.
-No creo en supersticiones – dijo él sin dejar de mirar a Defne.
-Estás hermosa – le dice.
-Papá, se supone que debes esperar a mamá en el altar – le reclama Emma, quien estaba vestida como su madre.
–Lo sé cariño –respondió él – Pero, nuestra boda será especial, porque pienso llegar al altar con las dos mujeres de mi vida
Tomó a Emma en brazos, y a Defne de la mano, y las llevó hasta el lugar donde los esperaban para dar inicio a la ceremonia.
Emma empezaba a caminar por el pasillo, delante de ellos, llevando consigo los anillos, mientras Omer llevaba del brazo a Defne.
La ceremonia fue sencilla, pero hermosa, donde ambos se prometieron ser fiel, y amarse y respetarse hasta que la muerte los separe.
Una vez terminada la ceremonia y siendo ya marido y mujer, comenzó la celebración, que también se hizo en la casa de Defne.
Sin duda quien más feliz estaba era Emma, quien no dejaba de correr de un lado para otro, repartiendo sonrisas.
Llegado un momento durante la celebración, Omer carraspeó para llamar la atención de los pocos invitados. Tenía una copa de vino en la mano. Cuando todo quedó en silencio, dijo.
–Gracias por estar con nosotros este día, para Defne y para mí, y como se habrán dado cuenta para Emma nuestra hija, este es un día feliz. – luego dirige su mirada a quien era su esposa – Me enamoré de ti en la universidad, fui el deportista que creyó que tendría una oportunidad con la chica inteligente que se sentaba delante de él en la clase de literatura. La chica que tenía un cerebro y un cuerpo que a uno lo dejaban fuera de combate.
Defne lo miraba tratando de averiguar si lo que decía era la verdad, o unas simples frases que estuvieran de acuerdo con la ocasión.
–Así que hice lo lógico, – estaba diciendo Omer cuando ella volvió a la realidad – ocultar mis sentimientos y no hablar de ellos con nadie. De eso, hace seis años. Tuve la suerte de que la mujer de mis sueños volviese a aparecer en mi vida. Y esta vez, supe que no iba a dejarla escapar. Le pedí que se casara conmigo.
A continuación, le ofreció la mano.
–Defne.
Ella aceptó la mano, y los familiares y amigos aplaudieron.
–Menudo discurso –le murmuró ella– casi me lo creo, y he estado a punto de estropearme el maquillaje – como respuesta él la besó suavemente en los labios.
-Esta noche te demostraré que cada palabra fue verdadera.
Enseguida y sonriendo, se volvió hacia los invitados, sin soltarla de la mano.
La celebración aún seguía en marcha cuando los ahora esposos dejaron el lugar. Todos los presentes creían que se iban de luna de miel, pero en la realidad, solo se fueron hasta la casa que habían comprado para vivir juntos con Emma.
Cuando entraron a la casa, vieron sobre una mesa una cubeta con una botella de champán en hielo y dos copas.
-¿Quieres? – le dijo él.
Defne asintió sonriendo, rompiendo la tensión que había ido aumentando durante el viaje hasta el hotel. Un momento después Omer le entregaba una copa llena y alzaba la suya para un brindis.
–Por nosotros y por nuestro futuro.
Ella se bebió el champán de un golpe, y la sensación del líquido frio recorriendo su cuerpo, la hizo estremecer.
–¿Tienes frío? –pregunto él.
–En realidad no.
–¿Estás cansada?
– Un poco ha sido un día ajetreado. ¿Y tú?
Omer rio con suavidad, y se acercó a ella quitándole la copa de las manos.
–No demasiado como para hacerte el amor –alzó una mano para acariciar a Defne en la mejilla– Pero tú pareces un poco tensa.
–Un poco –admitió ella.
–Si quieres descansar… – él deslizó la mano hasta un hombro de ella, donde jugueteó con el tirante del vestido– sólo tienes que decirlo. Cuando te haga el amor quiero que estés muy despierta y que disfrutes cada segundo – tomó una mano de ella en la suya y se la llevó a los labios para besarla, pero no en el dorso, sino en la palma.
–Estoy… bien –susurró ella, y así era.
Omer volvió a besarla en la mano y luego en la muñeca.
–Me alegra escuchar eso.
Luego la toma de la mano y camina con ella hacia la habitación.
-¿Te he dicho lo preciosa que estabas durante la ceremonia? – le dice y se inclinó para besarla en el hombro
–No –susurró ella, cuyo cuerpo estaba totalmente concentrado en los labios de Omer sobre su piel.
Sintió la frescura del aire en sus pechos cuando él le deslizó las tiras del vestido por los hombros hasta dejarlos expuestos. Cuando los acarició con sus cálidas manos, sus centros brotaron como dos capullos en busca del sol. Luego inclinó la cabeza para tomarlos en su boca y una oleada de increíbles sensaciones recorrió el cuerpo de Defne mientras él los saboreaba a su antojo, para luego seguir acariciándolos con sus manos.
Apagó con sus labios el delicado gemido que surgió de la garganta de ella, y la besó apasionadamente. Un instante después el vestido estaba en el suelo, y él, la recostó en la cama
A continuación, la boca de Omer administró su magia a lo largo de todo el cuerpo de Defne, en su empeine, en su tobillo, en la delicada piel de la parte trasera de sus rodillas, de sus muslos, en la delicada curva de sus nalgas… Le hizo el amor como si estuviera adorando su cuerpo, descubriéndolo con exquisito cuidado, enseñándole a conocer el suyo. Unos minutos después estaba sobre ella, desnudo. Apoyó un dedo en sus labios y lo fue deslizando lentamente hacia abajo hasta alcanzar los de su sexo, ya húmedo. Un tembloroso suspiro escapó de la garganta de ella mientras separaba las piernas.
-Antes de hacernos uno, debo confesarte algo – le dice Omer.
-Justo ahora – dice ella un tanto frustrada.
Él sonrió, y le dio un beso en los labios
–No he querido a nadie más que a ti durante todos estos años. – le confiesa muy serio – te quiero, te he querido siempre.
Defne hizo una mueca
-No tienes que mentir, recuerda que cuando nos volvimos a ver estabas comprometido en matrimonio con otra mujer.
–Solo ha habido una mujer para mí, y eres tú.
-Omer, no es necesario que…
-Siento mucho no haberte creído hace seis años, – la interrumpió él – pero te aseguro que no volverá a ocurrir – prometió él con la voz ronca de emoción–. Te quiero, Defne, sé que me va a costar que aceptes mi amor, pero estoy dispuesto a intentarlo todos los días de nuestras vidas.
En lo que a él le pareció una eternidad, ella escudriñó sus ojos, hasta que finalmente y sonriendo, ella lo besó, beso que él le devolvió apasionadamente.
-Te creo – le respondió – pero aun así te voy a cobrar la palabra cada día… yo también te quiero.
Él sonrió feliz, y se acomodó entre sus piernas.
–¿Ya estás lista? –preguntó él con inesperada ternura.
–Sí –susurró ella, y lo rodeó por el cuello con los brazos, mientras él, la colmaba con su sexo, ensanchándola, dándole tal placer que temió desmayarse. Y tal como le prometió, ella dijo su nombre mientras la penetraba.
De pronto Defne se encontró flotando en un mar de sensaciones, con la boca de Omer en la de ella, absorbiendo sus gemidos de éxtasis a la vez que la estrechaba con tal fuerza que ella casi pudo sentir como se fundía cada centímetro de su poderoso y varonil cuerpo con el de ella mientras el clímax parecía arrebatarla de la faz de la tierra.
Juntos llegaron a la cima del placer, con él susurrando su nombre, una y otra vez.
Cuando, finalmente, él se apartó de ella, se sintió vacía y despojada. Pero unos momentos después él volvió a abrazarla y la besó en los labios.
–Pretendía ser más paciente. ¿He ido demasiado rápido?
La paciencia no había sido necesaria, pensó ella. A lo largo del mes transcurrido, Omer había ido alimentando su deseo, que ya necesitaba con urgencia un desahogo.
–No –dijo, y bostezó contra su piel.
Omer rio suavemente.
–¿Ya estás aburrida?
–Cansada –corrigió – Pero es un cansancio muy agradable. Gracias. Estaba nerviosa –confesó tímidamente.
–Lo sé. Gracias a ti por confiar en mí. Y ahora, duérmete mientras yo me dedicó a practicar la virtud de la paciencia… Al menos hasta mañana
Al despertar a la mañana siguiente encontró a su esposo mirándola fijamente.
-Dime que me quieres otra vez – le pidió.
-No te quiero otra vez. Siempre te he querido —lo corrigió, antes de besarlo con un ansia que confirmó sus palabras
Omer la abrazó con fuerza, besándola de tal forma que puso fin temporalmente a la conversación, hasta que ella lo apartó porque su estómago hizo un ruido poco romántico.
-No he comido nada desde ayer, me muero de hambre
-Hacer el amor estimula el apetito.
-¿Sabes mucho más de eso que yo? —se vistió de prisa, sin mirarlo.
-Defne, independientemente de mi pasado… no tan libertino como supones… mi futuro te pertenece sólo a ti.
-Me parece justo, porque has sido un terrible impedimento en mi vida amorosa. Por tu culpa, nunca me ha interesado ningún otro hombre.
-¿De verdad?
-Sí.
Omer, se levantó de la cama, y así desnudo como estaba, se arrodillo ante ella y le dijo.
-Defne, mi amada Defne, se que debí hacer esto hace muchos años, así que por favor perdóname por tardar tanto. ¿Te quieres casar conmigo?
-Pero si nos casamos hace un par de horas.
-Lo sé, pero no fue una petición, prácticamente te obligué a hacerlo.
-Todavía no ha nacido quien me obligue a hacer algo que yo no quiera – responde ella sonriendo.
-¿Defne?
-Si
-Me vas a tener todo el día arrodillado a tus pies.
-Bueno no sé, ¿Cuánto tiempo podrías soportar?
-Literalmente no mucho, pero metafóricamente, estaré siempre arrodillado a tus pies.
-Bien…
-Entonces, ¿Aceptas casarte conmigo?, pero esta vez por ti, por mí, por nosotros, porque me amas, porque te amo, porque nos amamos.
Ella volvió a sonreír.
-Porque me amas, porque te amo, porque nos amamos, acepto.
Seis meses después
-Pareces una princesa de cuento -le dijo su madre a Emma. Acababa de colocar la diadema en la cabeza de la pequeña. Instante después la pequeña jugaba con los pétalos de las flores que llevaba en un pequeño cesto.
-¿Quién habría pensado que Omer resultaría ser un príncipe? – comentó Elif – Si hace uno o dos años me hubieras dicho que acabarías casándote con él, habría creído que te casabas con un ogro.
– Omer es un hombre encantador… cortés, considerado, buen amante, y si todo eso no cuenta, un excelente padre.
-Lo sé, Emma tiene mucha suerte.
-Y él también la tiene, su hija lo ama incondicionalmente.
-Nunca he asistido a una boda tan grande – continúo diciendo Elif.
-Gracias a Dios que la boda la organizó una agencia especializada o me habría vuelto loca en el proceso. Omer dice que como ésta será su única boda por la iglesia, quiere celebrarla a lo grande.
-Ha invitado a medio mundo.
Llamaron a la puerta interrumpiendo la conversación de las amigas
-Adelante -exclamaron las amigas al mismo tiempo.
La organizadora de la boda abrió la puerta y les dijo
-Todo el mundo está esperando, y el novio no da más de los nervios.
-Está más nervioso que la boda anterior – dijo Elif
La puerta de la habitación se volvió a abrir, e inmediatamente Omer entra.
-Pero, ¿Qué hace usted aquí? – le reclama la organizadora – debe esperar en la iglesia, ¿no sabe acaso que es mala suerte ver a la novia antes de la boda – pero Omer no escuchó nada de lo que le dijo la mujer, porque estaba embobado mirando a Defne.
-Él no es supersticioso – le aclara Elif a la mujer.
-¿Tienes un momento para un simple mortal? –le preguntó finalmente Omer a Defne.
–¿De qué se trata, hermoso mortal?
–Solo he venido a darte un regalo, que sé, que te hará un poquito más feliz –dijo pasándole un periódico.
Ella miró el artículo que le señalaba
–¿Este es…?
–Si, es él.
-¿De quien hablan? – preguntó Elif.
-De la persona que hizo llorar a Emma
-¿Quién mami? – preguntó la pequeña.
-El hombre del centro comercial, el que te mintió diciendo que tu padre no te amaba.
-Ah. – fue lo único que dijo la pequeña.
–¿Tuviste algo que ver en esto? – se dirigió a su marido
–Nadie que quiera destrozar la felicidad de mi familia quedará impune –contestó– solo me aseguré de buscar sus trapos sucios y exponerlos a la luz. Eso es todo lo que hice.
–Ya lo decía yo. Eres tan maquiavélico que me asustas
–Debería estar agradecido por haber perdido solo su trabajo, porque después de haber hecho llorar a mi hija, merecía la muerte.
Defne le pasó los brazos alrededor del cuello y lo besó en los labios.
–Gracias por ser un caballero andante. Pero me da un poco de pena.
–Pues que no te la dé, menos hoy, hoy son solo buenas noticias. Bueno, ahora, me voy a esperar a mis mujeres en el altar. No tardes por favor – dice mirando a Defne, y luego sale de la habitación.
-No entendí – dice Elif levantando los hombros.
-Entonces, que empiece el espectáculo de una vez. – le dice a Defne la organizadora de la boda.
Las tres mujeres, más Emma se dirigieron a la catedral donde se llevaría a cabo la boda.
Media hora después, Emma estaba lista para repartir pétalos de rosas por todo el camino que llevaría a su madre hasta el altar.
Defne había pedido a compañeras de trabajo que fueran sus damas de honor, y eran ellas quienes caminarían detrás de Emma. Y Elif, su fiel amiga, y compañera, sería quien la llevara hasta el altar.
Cuando llegaron a la puerta de la iglesia, empezó a sonar la marcha nupcial y los invitados se pusieron en pie. A Defne se le cerró la garganta. No iba a llorar, no lloraría…
Entonces vio a Omer esperando ante el altar, y las lágrimas empezaron a surcar sus mejillas, mientras sonreía embobada.
Apenas se concentró en la ceremonia. Oía la voz profunda de Omer y contestaba cuando le correspondía.
-Puede besar a la novia.
Las palabras del ministro la sobresaltaron, se volvió hacia Omer, que la contemplaba divertido.
-Por fin – le susurró él, antes de besarla.
La besó de verdad. No fue un besito ritual, sino intenso y apasionado. Cuando por fin alzó la cabeza, a ella le ardía la cara y los invitados reían y aplaudían,
–Te amo tanto, Defne –dijo mirándola a los ojos–. Nos ha costado mucho tiempo llegar hasta aquí, pero ahora que hemos llegado, sé que ha merecido la pena.
–Yo también lo sé –susurró rozando los labios de Omer con los suyos.
Los invitados afirmaron que era la boda más bonita a la que habían asistido. Se respiraba amor entre los novios, eran algunos de los comentarios que se leyeron en las revistas de cotilleo.
FIN
