DEL ODIO AL AMOR UN CAMINO A LA SEDUCCION CAPITULO 7

La camioneta avanzaba demasiado rápido para el gusto de Yiliz.

-Arik, por favor quiero llegar viva a la casa – le pidió ella.

Él la escuchó y aminoró la velocidad, pero llegando a la casa, la llevó a una de las habitaciones, cerró la puerta y con los ojos despidiendo llamaradas, le dijo

-Nunca más hagas eso

Ella se sentó

– Ojo por ojo – susurró.

-Hoy quise hacer eso, para ver tu reacción. Asli, no significa nada para mí.

Luego se sentó a su lado.

-Por que diablos no te comportas como otras esposas, si te molesta que otra mujer me mire, o me toque, porque simplemente no me lo gritas a la cara. No, la señora, ella prefiere pagar siempre con la misma moneda, porque no me reclamas, así yo…

-¿Así tú qué…?

-Así yo tendría una excusa para besarte.

-¿Quieres besarme?

-Me estoy volviendo loco por besarte, por tocarte, por amarte

La verdad era que ambos estaban tan preocupados en esconderse detrás del orgullo, que rechazaban ceder un sólo milímetro, pero… ella podría ceder un poco solo para disfrutar de las caricias de Arik, porque debía reconocer que también lo deseaba.

– Durante este tiempo, mis días han sido largos y frustrantes, y he luchado con el deseo de tocarte – se quejó.

Había una mesa de billar en el centro de la habitación, Yiliz había aprendido a jugar al billar con su padre y le gustaba mucho.

-¿Juegas? – le preguntó levantándose.

Él la miró sorprendido y la siguió.

-Hace muchos años que no juego.

-¿Quieres jugar? —le propuso  pasándole un taco.

-Por supuesto -contestó.

-¿Quieres que le demos un toque interesante? -dijo ella mirándolo con un brillo malicioso en los ojos.

-¿Quieres que apostemos?

Yiliz supuso que debería decirle que jugaba muy bien al billar, pero estaba deseosa de ver hasta dónde era capaz de llegar él.

-Sí

– ¿Qué tienes en mente? Nunca juego por dinero – le dice él mirándola.

-Entonces, tendremos que apostar otras cosas.

-Te escucho -él se acercó a ella y se apoyó en la mesa de billar.

-¿Qué te parece la ropa?

-¿Una especie de stripbillar?

-Más o menos, puedes apostar la prenda que tú quieras.

– Entonces, ¿el que pierde la partida se quita una prenda?

-Mejor, el que pierde una tirada, se quita una prenda

Yiliz se mordió el labio inferior, esperando su respuesta, la que llegó en forma de sonrisa en el rostro de su esposo.

-¿Te acuerdas más o menos de cómo se juega, o quieres que te enseñe unos cuantos movimientos? – le preguntó Arik

-Creo que será mejor que me enseñes unos cuantos movimientos —contestó ella

 Él se puso detrás de ella, apoyó el taco en la mesa y colocó los brazos alrededor de Yiliz, mientras le hablaba al oído.

-Lo primero que tienes que hacer, es formar un puente con los dedos —le indicó.

Cuando echó hacia atrás el taco para golpear la bola, ella, frotó adrede su trasero contra su entrepierna, y sintió cómo se estremecía y se le caía el taco en la mesa.

-¿Estás bien? -le preguntó.

-Sí, ¿entendiste algo? -le dijo él apartándose y tomando otro taco.

-Sí -contestó ella comenzando a jugar

-Veo que sí sabes jugar – le dijo él al ver que había metido una bola rayada.

-Sólo he jugado un par de veces -mintió, luego le ordenó – quítate los pantalones.

Arik se quitó el cinturón lentamente, y lo dejó sobre la mesa mientras se quitaba los zapatos y los calcetines. A continuación, se desabrochó los pantalones y los dejó caer al suelo. La camisa le llegaba por la mitad de los muslos, ella se dio cuenta que no llevaba ropa interior.

Había subestimado a su enemigo, y falló su siguiente tiro

-Quítate el vestido —dijo él metiendo una bola lisa y girándose hacia ella para obtener su premio.

-¿Me lo tengo que quitar por completo? – preguntó

-Yo me quité los pantalones sin cuestionar

-Sí, tienes razón. ¿Y si me desabrocho el vestido y me lo dejo abierto? ¿Sería suficiente?

Arik le acarició el escote del vestido. Le había lamido los pezones y conocía su sabor, pero ahora más que nunca quería verlos.

-Sí, pero sólo si no llevas braguitas -contestó.

Ella se mordió el labio inferior y le tomó el rostro entre las manos para besarlo.

-Siento mucho decepcionarte, pero llevo braguitas. Debe de ser que la ropa interior de las mujeres es más barata que la de los hombres.

Arik la besó con pasión, ella sintió su erección entre las piernas, y aprovechó para acariciarle las nalgas.

-No me hagas esperar más – le dijo él abrazándola

-Si insistes – contestó Yiliz dando unos pasos atrás y desabrochándose el vestido lentamente.

Al llegar a la cintura, dejó caer el vestido hasta el suelo, dejando al descubierto unas braguitas.

Arik sintió que se excitaba todavía más, y pensó que en aquellos momentos era capaz de alcanzar el clímax sin necesidad de encontrarse dentro de su cuerpo. A pesar de que lo que realmente quería era acostarla, y poseerla allí mismo, tomó el taco y se dirigió a la mesa.

-Lo próximo van a ser las braguitas.

-¿Seguro que no prefieres el sujetador? —dijo acariciándose los pezones por encima de la tela

-Sí, claro que lo quiero, pero no todavía.

Arik cerró los ojos, la deseaba tanto que aquel juego estaba dejando de tener gracia y se estaba convirtiendo en una tortura. Abrió los ojos y vio que Yiliz lo estaba observando. La tomó de la cintura y la sentó en la mesa delante de él. Se inclinó sobre ella y le tomó un pezón entre los labios. A continuación, se lo lamió hasta que sintió las manos de ella en el pelo, le desabrochó el sujetador y se lo quitó con los dientes.

-Llevo pensando en hacer esto desde hace demasiado tiempo

Yiliz se estremeció y le desabrochó la camisa.

Estaba prácticamente desnuda ante él y deslizó la mano entre sus cuerpos hasta encontrar su erección, que acarició lentamente con ambas manos. Arik apretó las mandíbulas.

-Quítate las bragas -ordenó

Ella asintió y obedeció.

-No puedo esperar más – dijo él.

-Me alegro -contestó ella echándose hacia atrás en la mesa, apoyándose sobre los codos.

Arik le puso las manos en los muslos y le separó las piernas, inclinó la cabeza y la besó en el centro de su femineidad, ella gimió su nombre, mientras le acariciaba el pelo.

Él le acarició los pezones con las manos mientras seguía lamiéndole la entrepierna. Yiliz se estremeció de placer con las caderas echadas hacia delante, él siguió acariciándola con la lengua hasta hacerla alcanzar el clímax y gritar su nombre.

A continuación, miró a su mujer, y la penetró. Ella le abrazó la cintura con las piernas para ayudarlo y él se inclinó sobre sus pechos y le tomó las caderas con las manos para poder embestirla con facilidad, lo que continuó haciendo hasta que la oyó gemir de placer de nuevo y supo que había tenido otro orgasmo. Entonces, sintió un escalofrío en la columna vertebral y supo que a él tampoco le faltaba mucho. La miró y a continuación, la tomó en brazos y la llevó a su dormitorio. 

-¿Estás bien? —le preguntó ella

 Él la miró a los ojos y le dijo.

-¿Bien? No creía que fuera a volver a estar bien jamás.

La única luz de la habitación entraba por la ventana, era la de la luna. La oscuridad los envolvía como un capullo, como si nadie existiera más que ellos dos.

Los aterciopelados pezones parecían llamarlo.  Cuando rozó uno de ellos con los dientes, la sintió temblar de arriba abajo, usó la mano para estimular el otro pezón, haciendo círculos con el dedo, y pasando la uña por el centro, con cuidado, mientras, al mismo tiempo, mordía suavemente el primero.

Dejando escapar un gemido de placer, ella lo tentaba, pasando un dedo de arriba abajo por su espalda… Yiliz dejó escapar un gemido ronco, abriendo un poco más las piernas… y él se colocó sobre ella.

-¿Tienes que estar siempre encima?

-Es una manía de los hombres – respondió él.

Ella sonrió, levantó sus piernas y las echó hacia atrás, dejándola totalmente expuesta a su mirada.

-Tómame – le ordenó ella.

Y él lo hizo, la penetró hasta el fondo, deteniéndose sólo al final, cuando sintió que los músculos femeninos se tensaban a su alrededor. Sabía que lo hacía intencionadamente, y le sonrió mientras inclinaba la cabeza para besarla. Pero no dejaba de moverse mientras lo hacía, repitiendo con la lengua el movimiento de su pelvis… y verla tan entregada, con los ojos cerrados, fue lo que necesitaba para lanzarlo al precipicio, sintió el escalofrío en la base de la espina dorsal, y luego se vació en ella.

CONTINUARÁ.

2 comentarios sobre “DEL ODIO AL AMOR UN CAMINO A LA SEDUCCION CAPITULO 7

  1. Por Dios!!esto es demasiado, la cabeza me da vueltas imaginándome la escena. La verdad Marta, tienes una imaginación increíble, voy a tener que confesarme todos los domingos cuando vaya a misa, me haces pecar solo con leer tus novelas, pero este capítulo es demasiado pecaminoso. 🤭🤭😅🔥🔥🔥😰😰😰

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