MI MEJOR ERROR

CAPITULO 5

-No puedo creer que estes molesta conmigo, con quien deberías estar enojada es con ese doctor de pacotilla que te estaba…

-Ese doctor de pacotilla es mi jefe – dice ella interrumpiéndolo, mientras se dirigía a la cocina

Omer la siguió

-Y yo soy tu marido – le reclamó

-Si, lo eres según un papel que ni siquiera recuerdo haber firmado – una vez que guardó el helado en el refrigerador se vuelve para mirar a Omer – lo siento, lamento que tuvieras que ver lo que viste, pero esta es mi vida, trabajo con un troglodita, un maldito patán que se cree un regalo de Dios para las mujeres, pero él es mi jefe, crees que no me gustaría poder pegarle, y sacarme toda la rabia, y los miedos que he acumulado durante todos estos años.

-¿Por qué no cambias de lugar de trabajo?

-Tú crees que si fuera tan fácil no lo haría. Cuando ese hombre pone la mirada sobre una mujer, se obsesiona con ella, lamentablemente para mí, soy su obsesión desde que entré a trabajar.

-Pero Defne, no puedes vivir así.

-¿Así cómo?, ¿con el miedo a quedarme a solas con él, o estar siempre pendiente que no esté cerca, porque es seguro que me tocará sin mi permiso?, pero lo hará de tal manera que no puedas reclamarle algo.

-Cuéntame. – le dice Omer llevándola hasta una silla y ayudándola a sentar, haciendo él lo mismo.

-¿Qué quieres que te cuente?

-¿Cómo empezó?

-¿Para qué quieres saberlo?

-Soy tu marido, debo saberlo todo de ti.

-Podrías dejar de decir que eres mi marido, ambos sabemos que todo esto es temporal, tú te vas a ir, seguramente nos divorciaremos y yo seguiré con mi vida tal cual lo he hecho hasta ahora.

-No te vayas por las ramas, cuéntame todo desde el principio.

Luego de unos segundos, donde parecía que la obstinación de Defne ganaría, y no le diría lo que él quería saber, la escucha decir.

-No lo sé en realidad, no podría decir en momento exacto en que todo comenzó, porque todo fue, lentamente, tan lento que no me di cuenta, primero fueron los elogios, al principio me sentía halagada, él es un gran médico, muy reconocido en Turquía, tampoco le di importancia cuando me llamaba cielo, preciosa, linda, o me miraba y me decía lo bien que se veía el uniforme en mí. El momento en que sonaron las alarmas en mi cabeza, fue cuando él, descaradamente me miraba de arriba abajo, y se saboreaba, claro que se preocupaba de hacerlo cuando sabía que nadie lo miraba.

-Maldito – exclama Omer.

-Después comenzaron los encuentros fortuitos, de fortuitos no tenían mucho como me enteré después, él sabía muy bien donde estaba, y cuando me encontraba, bloqueaba mi camino, según él, para hacerme regalos, los que nunca acepté, ya me habían contado el tipo de regalos que hacía. Durante los últimos dos años se mantuvo alejado de mí, porque tenía a una enfermera como juguete, la pobre terminó cediendo a sus presiones.

-¿Cómo puedes llamarla pobre?, ella podía haber resistido igual que tú.

-No digas que es fácil, ese hombre tiene mucho poder, no solo en el hospital, en toda Turquía, su familia es reconocida en el país, tiene familiares políticos muy influyentes, aquellas que han osado acusarlo, se han visto aplastadas por los abogados y jueces, todos miembros de la misma familia.

-¿Lo que sucedió hoy, ha pasado antes?

-¿Tú que crees?, el muy… comenzó por tocarme la ropa, mi cabello, decía riendo que le gustaba mis risos, que se los imaginaba en su cama luego de… después vinieron los roces, en el ascensor se apegaba a mí, y podía sentir su… – se detuvo sin terminar la frase – no quiero seguir, no puedo, me da rabia y vergüenza, pero sobre todo impotencia, porque no puedo hacer nada al respecto

Omer la atrajo hacia si, y la abrazó.

-Está bien, todo estará bien – le decía mientras la acunaba en sus brazos.

-Tengo hambre – dice ella sorpresivamente separándose de él – será mejor que cocine algo.

-No, ve a lavarte mientras caliento la cena – dice Omer.

Esta mujer lo iba a volver loco, no lograba entenderla, podía verse apagada, sin vida un día, y al siguiente te dabas cuenta que era fuerte como ninguna otra, ¿Cómo podía viéndose tan frágil enfrentarse a semejante problema? Maldito hombre, si lo tuviera frente a él lo mataría a golpes, eso sí, la pelirroja debía estar lo más lejos posible, así no correría el riesgo de que ella lo apartara del maldito doctor, como lo había hecho esa tarde.

Comieron en silencio, él no quiso interrumpir lo que fuera que ella estuviera pensando, y se concentró en sus propios pensamientos.

-Cocinas muy bien – dice Defne una vez que terminó de cenar.

-Gracias – le respondió él.

-Si no te molesta me gustaría ir a descansar, han sido unos días muy estresantes, y mañana debo volver al trabajo.

-Pelirroja, estás en tu casa, puedes hacer lo que quieras.

-¿Por qué me llamas así?

-¿Cómo?

-Pelirroja, comenzaste a hacerlo hace un momento.

-La verdad no lo había notado, espero que no te moleste.

-No, no me molesta, solo me llamó la atención.

-Buenas noches – le dice él – yo limpiaré la cocina, luego me iré a mi habitación.

-Esta bien, buenas noches para ti también, y Omer, muchas gracias por todo.

-No te preocupes – ella caminó hacia la puerta, pero él la detuvo al decir – Defne, está vez no me voy a ir… hasta que tu me digas que lo haga.

Sin volver la mirada ella salió de la cocina y se fue a su habitación.

Era casi medianoche cuando Omer comenzó a escuchar un ruido que lo despertó, al principio creyó que era un gato, pero al agudizar el oído, supo que era el sollozo de una persona. Entendiendo que los sollozos provenían de la habitación de la pelirroja, decidió quedarse quieto, y escucharla mientras ella se desahogaba.

A los pocos minutos, los sollozos dieron lugar a gritos desgarradores, por lo que salió de la cama y corrió a la habitación de Defne, abrió la puerta y prendió la luz, para encontrarla llorando, y moviéndose desesperadamente mientras gritaba.

-No, no quiero, no me toques

Omer se acercó a la cama, y le comenzó a hablar para despertarla de a poco, hasta que por fin la vio abrir los ojos, desesperada ella, se sentó en la cama y se abalanzó sobre él.

-Él estaba aquí – le decía sollozando – no quería que me tocara, pero lo hizo.

-No – trataba de explicarle Omer – no hay nadie más que nosotros en esta habitación.

-Yo lo vi, no podía moverme, no dejes que se acerque, no dejes que me toque, yo no quiero.

-No lo hará, te lo prometo, nunca más te volverá a molestar, ni siquiera en tus sueños – le decía acariciando su cabello, acongojado por lo desesperadas de sus palabras.

De pronto ella comenzó a besarle el cuello.

-¿Defne? – dijo, tratando de apartarla, pero ella estaba aferrada a él, y Omer solo llevaba puesto los boxer, y la tela de la camisa de dormir que ella llevaba era tan delgada, que sentía los pezones en su torso.

-Pelirroja – volvió a decir – es mejor que te acuestes, te traeré un vaso de agua, aun estás en estado de schok.

Pero ella parecía no escucharlo.

-Que Dios me ayude – se dijo, mientras la acomodaba en la cama.

Llevaba ya mucho tiempo deseándola, tanto tiempo sin saber si lo ocurrido aquella noche fue real o solo producto de una fantasía, creía que, tal vez las circunstancias fueron lo que hizo que pareciera que lo que hicieron fuera tan… extraordinario.

Entonces, ella se movió y le rozó el hombro con los labios. Se acercó más a él, lo que hizo que Omer lanzara un gruñido en voz alta. Le enredó los dedos de una mano en el cabello, como último intento para apartarla, pero no pudo.

Con los ojos aún cerrados y maldiciéndose por diez razones diferentes, se acostó a su lado. Tenía el cuerpo cálido y suave, deliciosamente cálido y él estaba muy excitado.

¿Qué podía hacer? él, no tenía por costumbre obtener todo lo que deseaba sin pensar en las consecuencias. Decidió que tenía que quitarse de encima de ella. Entonces, Defne se movió e hizo un sonido parecido al de un gatito cuando se acurrucaba en busca de calor.

A continuación, él, se movió con ella, alineando su cuerpo de manera que su firme masculinidad descansara contra la entrepierna de ella. Gruñó, porque sabía que no debería estar haciendo aquello, pero resultaba tan erótico… Como si sus manos tuvieran vida propia, se deslizaron por la espalda de la pelirroja. Lenta, muy lentamente, él trazó una línea imaginaria con los dedos a lo largo de la espina dorsal y saboreó la forma y la textura. Ella se movió, frotándose contra él. Los dedos de Omer habían alcanzado el borde de las braguitas. Había llegado el momento de detenerse.

-Pelirroja -susurró, como respuesta ella colocó las manos sobre el torso de él

-Pelirroja -dijo con voz ronca – tienes que apartarte de mí – pero ella no movió ni un músculo, él tampoco.

Entonces, muy lentamente, Defne comenzó a moverse contra él. Las manos de Omer se tensaron sobre el trasero, deseando mucho más de ella, pero al mismo tiempo dispuesto a detenerse si ella se lo ordenaba. Pero ella no hizo, ni dijo nada.

Las palmas de una de sus manos, seguía cabalgando sobre su sedoso muslo, mientras que los pulgares de la otra, se metían por debajo del elástico de las braguitas, deseando entrar un poco más.

-¿Defne?

-Lo sé – susurró ella – hazme olvidar – le dijo a continuación.

-¿Estás segura que es esto lo que quieres?

-Completamente segura

-Está bien… – le dijo, al mismo tiempo que el pulgar se deslizaba debajo de las braguitas y encontraba la cálida humedad de su centro.

Mientras tanto, ella atrapó el jugoso labio inferior entre los dientes y realizó un ligero movimiento hacia él. Estaban perdidos.

Los labios de Defne tocaron los de él, suaves y tentadores. No se podía decir que aquello fuera ni siquiera un beso, hasta que él inclinó un poco la cabeza y lo profundizó, y comenzó a delinear los labios de ella con la lengua. Quería entrar. Quería saborearla. No podía creer lo mucho que deseaba hundirse en ella.

Debía de ser un loco, porque sentía que el tiempo había retrocedido y se veía en la habitación de aquel hotel, disfrutando de amar a la mujer que eligió como esposa. Entonces, ella entreabrió los labios, y cuando la saboreó, se sintió como si cayera nuevamente de los confines de la tierra.

Defne sabía que al día siguiente se arrepentiría de lo que estaba sucediendo…pero Omer parecía conocer todo lo que su cuerpo ansiaba… El sabor de su boca se le subió a la cabeza y le quitó toda capacidad de razonamiento.

Ella no supo cuando él se deshizo del pantalón, o cuando apartó las braguitas a un lado, y reemplazó el algodón con su sedosa masculinidad, y se hundía dentro de ella.

Entonces, los dos empezaron a moverse y el placer se multiplicó.

¿Cómo podía saber…? ¿Cómo podía saber que el hecho de que le acariciara suavemente la espalda la excitaba tanto y le permitiría una posesión mucho más profunda?, la única explicación es que aquella noche, hicieron el amor, no una sino más veces.

Cómo le gustaría recordar lo que sucedió, así ella también sabría que era lo que le gustaba a él.

Las sensaciones se multiplicaron cuando él comenzó a moverse dentro de ella como si estuvieran atrapados en un lánguido y dulce sueño.

Estaba haciendo el amor con un hombre muy atractivo, de hermoso cuerpo y táctiles manos, con una forma de acariciarla que la mandó directamente al orgasmo más potente que ella había experimentado nunca, y ese hombre era su esposo.

Él gruñó y la abrazó con fuerza, le sujetó la cabeza para que ella apretara la boca en su piel y se hundió en su cuerpo por última vez, con urgencia, mientras ella cabalgaba una oleada de placer, y lo mordía con fuerza.

En el interior de su cuerpo, una y otra vez, él vertió su cálida semilla muy dentro de ella.

-No era mi imaginación – dice él, cuando recuperó el aliento – es tan real como lo recordaba.

CONTINUARÁ

4 comentarios sobre “MI MEJOR ERROR

  1. Precioso capítulo, desde ya esperando el próximo , lo que le viene encima al médico jefe después de la noche que Defne esposa le ha dado a Omer, será terrible. Que dios lo ayude . Maldito acosador.

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