
De todos los viajes que había realizado a lo largo de su carrera como fotógrafo, sin duda este era el más amargo, el peor, y el que nunca le hubiera gustado realizar.
Le tomó dos días conseguir un vuelo de vuelta a Estambul, y otro día llegar, solo porque no logró un vuelo directo al País. Tampoco era que tuviera mucho interés en llegar rápido a la ciudad, sabía muy bien que lo esperaba en ella.
Desde Colombia logró contratar un abogado, y este le informó que la familia, o mejor dicho el novio de Zeliha había interpuesto una demanda por secuestro en su contra, fue el mismo abogado que le recomendó al bajar del avión que cuando se fuera a presentar a la policía, no respondiera ninguna pregunta, que hiciera valer su derecho a guardar silencio. En vista de aquello, el juez lo envió a la cárcel mientras se preparaba el juicio.
De Zeliha no supo nada durante días, e incluso semanas, y la extrañaba como jamás creyó posible, soñaba con ella cada noche, y durante el día recordaba los momentos maravillosos que vivieron juntos, recordaba su boda, la primera noche que pasaron en aquella choza, donde hicieron el amor por primera vez, donde descubrió a la mujer sensual que lo volvía loco.
Un mes y una semana llevaba encerrado, cuando uno de los guardias le notificó que tenía visitas.
-¿Quién es? – preguntó manteniendo viva la esperanza que Zeliha lo extrañara tanto como él a ella, y se apiadara y viniera verlo.
-Tu abogado – fue la corta respuesta del guardia.
Fue esposado y llevado a la sala de visitas, ahí lo esperaba su abogado, quien se veía bastante contento.
-Le tengo excelentes noticias para usted– le dijo una vez que los dejaron solos.
-¿Qué sucede?
-La señorita Zeliha recuperó la memoria.
-¿De verdad? – dijo él más preocupado, que aliviado – ¿y por qué serian buenas noticias para mí?
-Porque cuando recuperó la memoria, ella le contó a su familia lo que realmente sucedió.
-Sigo sin entender.
-Ella reconoció que usted no la secuestró, que se fue de manera voluntaria.
-Pero, ¿Cómo?
-Ya escribió su testimonio y se lo entregamos al juez, según mi experiencia, no debería pasar de dos días, en lo que el juez ordene su excarcelación.
-¿Qué significa eso?
-Su libertad amigo mío, ya no hay razones para mantenerlo en este aquí, así que vaya arreglando sus cosas que pronto dejará este lugar.
-No lo puedo creer. Pero, ¿está seguro que eso fue lo que recordó Zeliha.
-Como le digo, ya escribió su testimonio, y este se encuentra en manos del juez.
¿Qué fue lo que sucedió? se preguntaba Celim en su celda, es imposible que Zeliha haya recordado que se fue de manera voluntaria con él, seria acaso que volvió a crear un mundo paralelo a la realidad.
-Si es así, espero que haya espacio para mí en ese nuevo mundo – le habló al silencio de la celda.
Tal cual le dijo el abogado, dos días después estaba de vuelta en su departamento, lo primero que hizo fue darse una larga ducha con agua caliente, luego recortó su barba, y se puso ropa limpia y fragante.
Cuando hubo comido, se preparó para salir, debía encontrar la manera de hablar con Zeliha, tenía que buscar alguna forma para que ella lo perdonara, sino lo lograba, no podría seguir viviendo, ella era el aire que respiraba y la necesitaba, solo esperaba que ella lo necesitara a él de igual manera.
Tomó las llaves del departamento, abrió la puerta, casi se va de espaldas al ver que ahí en el umbral estaba ella. Tenía una mano puesta en el timbre, y en su cara se reflejaba la incertidumbre de no estar segura de lo que iba a hacer.
-Oh, cariño – exclama él abalanzándose a abrazarla – te he extrañado tanto.
Ella le permitió que la abrazara, pero no le devolvió el abrazo.
-Necesitamos conversar – le dice
-Por supuesto que tenemos que hablar, por favor pasa – mientras hablaba entraba con ella al departamento, luego la lleva hasta la sala
-¿Quieres tomar algo?, un café, un té
-No, yo solo quiero que hablemos.
-Si, yo… lo lamento, lamento haberte obligado a irte conmigo, no debí hacerlo…
-Entonces, ¿te arrepientes?
-Si, me arrepiento – le dice con una sonrisa avergonzada en su rostro, pero luego de unos segundos la mira y le dice – no, no me arrepiento, si pudiera regresar en el tiempo, hubiera hecho exactamente lo mismo, habría arruinado tu boda, te hubiera secuestrado y llevado lejos de aquí, porque era la única forma en la que reconocieras que me amas, lo lamento, de verdad lo siento, pero no me arrepiento.
Como si estuviera desesperado camina tomándose la cabeza con las manos.
-Perdón, pero es lo que siento en realidad. Estaba enfermo de celos y aterrorizado viendo cómo te perdía.
Ella se mantuvo en silencio observándolo, Celim no soportó más y se acercó tomando con sus manos la cara de ella.
-¿Por qué no logras entender que te amo más que la vida misma?
Incapaz de resistirse, se inclinó hacia ella para besarla en los labios, los ojos, las mejillas, finalmente en el cuello y el lóbulo de la oreja, y la sintió estremecerse.
-Celim, yo… quiero decirte algo… – balbució ella nerviosa – lo que sucede… es que yo…
-Zeliha, ¿qué estás intentando decir?, te estás haciendo un lío.
-Déjame hablar – exigió ella irritada.
-Está bien no te molestes, pero será mejor que te pongas cómoda, deshagamos de esto – mientras hablaba le sacaba el abrigo, luego lo dejó sobre una silla.
-¿Qué sucedió aquí? – le pregunta – mira esos botones están a punto de explotar.
-Si, lo sé – responde ella irritada – estoy más gorda, pero si te vas a burlar de mí, mejor me voy.
-Ey, ey, jamás me burlaría de ti, acaso no sabes que te amo en todas tus formas, amo todo de ti – dijo él sonriendo – eres preciosa.
Ella se sonrojó y sonrió como una tonta.
-Ya, seguro.
-Tienes que dejar de infravalorarte – le dijo Celim suavemente.
-Déjame deshacerme de esto igual – dice desabotonando su blusa, dejando al descubierto sus fabulosos y grandes pechos
¿Qué había visto en esas mujeres delgadas sin curvas?, se preguntó mientras le sacaba lentamente la blusa por los hombros.
Cuando le hubo quitado también el brasier, Zeliha quedó desnuda ante él, en todo su voluptuoso esplendor, y él la devoró con los ojos, luego agachó la cabeza y frotó su rostro contra los generosos senos antes de masajearlos extasiado. Tal como los recordaba, sus pechos eran frutos maduros con pezones grandes, y bien definidos, que se endurecieron cuando comenzó a lamerlos y succionarlos, su piel era tan tersa, tan suave, al cabo de un rato se apartó de mala gana de sus senos para besarla de nuevo en los labios con sensualidad.
Ella le respondió afanosa, gimiendo y suspirando.
-Te gusta, ¿verdad? —murmuró besándola en el cuello – mi boca devorando tus pechos… esos espectaculares pechos… nunca había visto unos pezones tan suculentos, y son solo míos, debes recordarlo siempre, toda tú eres mía, como lo soy yo, soy todo tuyo Zeliha, para siempre.
Luego la toma en sus brazos y la lleva a su habitación, donde la terminó de desnudar, para luego él hacer lo mismo.
Ella lo miró desnudarse y levantó una mano para acariciarlo como deseaba hacerlo, bajó una mano para tocar su sexo, pero él la detuvo.
-Todavía no, cariño. tenemos que ir despacio o esto se habrá acabado antes siquiera de que haya empezado.
-No comprendo – dice ella
-Estoy demasiado excitado, mi vida, tenemos que ir despacio.
Suspiró de puro placer cuando él comenzó a masajear de nuevo sus senos, levantándolos para besarlos, lamerlos, y mordisquear suavemente los pezones, se arqueó hacia él, jadeante, y abrió los ojos cuando notó que los labios de Celim descendían por su cuerpo hasta llegar a la unión entre sus muslos, la lengua de Celim empezó a lamer los pliegues sonrosados y luego se adentró entre ellos.
Zeliha sintió como si estuviera metiéndose en una espiral creciente de placer, se sentía cada vez más cerca del orgasmo, pero no quería que aquello acabara tan pronto, lo quería dentro de ella, alargó los brazos, lo tomó por el cabello y tiró suavemente para indicarle que quería que parara.
Celim interrumpió aquel asedio que amenazaba con hacerle perder el control, levantó la cabeza y se rió.
Le abrió las piernas y se hundió dentro de ella con una embestida certera, y comenzó a moverse despacio, con sacudidas rítmicas de sus caderas. Sabía exactamente cómo funcionaba su cuerpo, por lo que cuando sentía que ella estaba rozando el límite, aminoraba el ritmo para que descendiese de las alturas, y poco a poco llevarla a ellas de nuevo. Finalmente alcanzaron el orgasmo juntos.
Cuando tuvo lugar la explosión de placer, sintió los brazos fuertes de él a su alrededor, protegiéndola mientras alcanzaban la cima, y caían en un remolinante abismo. Pero Celim seguía allí, abrazándola mientras temblaba. Cerró los ojos y se aferró a él, sintiendo que el éxtasis se convertía en satisfacción. Al fin había llegado a casa, y era un lugar maravilloso, como siempre había sido.
Luego de recobrar el aliento, Celim se acomodó en la cama para mirarla.
-Ya sé adonde se fueron los kilos demás – le dice – aquí – mientras habla recorre con sus dedos los pechos – aquí – pasa por sus caderas – y aquí – deja su mano en su abdomen, – y me gusta cada gramo que has ganado.
-Me alegro que te guste – dice ella por fin – porque es un hecho que mi cuerpo seguirá creciendo.
-Y yo te seguiré amando – le aseguró él.
Ella suspiró.
-Zeliha, quiero preguntarte si es verdad lo que me dijo el abogado, ¿recuperaste la memoria?
-No, no la he recuperado.
-Entonces, no entiendo, lo que contaste no es la verdad, ¿Por qué lo hiciste?, ¿por qué mentiste?
Zeliha levantó su cara y lo miró seria.
-Simplemente porque no podía permitir que el padre de mi hijo siguiera en la cárcel.
-¿El padre… de tu… hijo? – pregunta él aturdido.
CONTINUARÁ
